Opinión
Europa, un bello museo viejoLee la columna de Tino Santander
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38 segundos agoon
30/10/2026By
Redacción Lima Gris
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Por Tino Santander Joo
Hace varias décadas que Europa dejó de ser el centro del mundo. Ahora es un bello museo viejo, caro, lleno de huecos y con techos que se caen a pedazos. Tiene como curador a los norteamericanos, a quienes no les interesa su decadencia económica, social ni política; al contrario, se sienten felices de verla tan depresiva e iracunda. Su irrelevancia es un buen negocio para ellos: les señalan con quién comerciar, qué comprar y con quién deben ir a la guerra.
La clase política europea saboteó su propia industria al aceptar la destrucción del gasoducto Nord Stream, que proveía de gas barato ruso para su industrialización. Estados Unidos los obligó a comprar su gas (más caro) y a aumentar el gasto militar para que la industria armamentista norteamericana siga enriqueciéndose con la guerra de Ucrania o con el fantasma ruso. No importan la salud, la educación ni la infraestructura; para los gobiernos europeos solo cuentan los negocios de armas que enriquecen a los norteamericanos.
Para la ultraderecha europea, la crisis de la vivienda, la educación y todos los problemas sociales son culpa de los migrantes. Parece escucharse a los voceros del nazismo echándoles la culpa de todos los males de Alemania a los judíos. En el relato de la ultraderecha, los migrantes no tienen alma: todos son ladrones, musulmanes, indios o hispanos que les quitan el trabajo a los españoles. Es como ver el debate entre Juan Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas: Sepúlveda señalaba que los naturales de América no tenían alma, eran inferiores culturalmente y estaban destinados a la servidumbre, legitimando la brutal conquista y evangelización; mientras que Bartolomé de las Casas sostenía que los nativos eran hombres y que la cristianización debía ser pacífica.
Lo cierto es que Europa tiene una tasa de natalidad de 1,5 hijos por mujer, lo que hace insostenible el Estado de bienestar. Este nació en la Alemania de Bismarck y en el Imperio austrohúngaro con el objetivo político de frenar al movimiento obrero y al socialismo; después, las burguesías europeas lo expandieron por todo el continente, muertas de miedo a que la revolución bolchevique se extendiera tras la Segunda Guerra Mundial. La cobardía europea ante la migración condena al viejo continente al envejecimiento y a la pérdida de soberanía que han depositado en Estados Unidos.
La ultraderecha sostiene que la crisis de identidad tiene una influencia musulmana o racial (de los africanos). Es decir, ignora la plataforma de los chalecos amarillos, de los trabajadores ingleses, de los jóvenes belgas, españoles y alemanes que luchan por vivienda, educación y contra los intereses norteamericanos. El capital inmobiliario del entorno de Trump quiere convertir Albania en un resort para los ricos, expoliando las tierras de los albaneses. La ultraderecha busca chivos expiatorios en los más débiles (los migrantes) y en causas religiosas que afectan la identidad occidental, pero no señala al neoliberalismo.
Un historiador inglés me dijo: «Los ingleses viven de la añoranza imperial y han perdido la voluntad de construir una sociedad fuerte y democrática». Las calles de Londres muestran una crisis de hambre en los servicios básicos carísimos y en la privatización de todas las esferas de la vida. El Brexit no fue solo el resultado del neoliberalismo de Thatcher, sino de una alianza entre el centro financiero de Londres (que buscaba escapar de la regulación europea) y los sectores populares, golpeados por la desindustrialización y el miedo a los migrantes de Europa del Este. Los primeros financiaban la campaña para proteger sus intereses; los segundos votaron por anomia social, creyendo que recuperaban el control de un país que ya no les pertenecía.
Lo real es que Europa parece desmoronarse. Los movimientos sociales anticapitalistas están decididos a cambiar el rumbo europeo, y la ultraderecha, asociada a Trump y a los grandes capitales, dará un combate sin tregua. El mundo es testigo del inicio del fin del neoliberalismo. Estas son las lecciones para Hispanoamérica: un frente amplio como el español, una plataforma democrática que exprese la diversidad de reivindicaciones, un rumbo claro y, sobre todo, evitar el infantilismo que ayuda a los poderosos grupos de poder económico. La victoria de Lula renueva la fe de todos los movimientos sociales y de los partidos socialdemócratas y de izquierda.
Nuestra izquierda no puede quedarse en el diagnóstico: tiene que convertirse en una opción sería de poder y desterrar el espíritu tribal, el dogmatismo ideológico y el puritanismo religioso. Sin sectarismo y siendo útil al pueblo, podrá ser una alternativa popular. El voluntarismo revolucionario no crea riqueza ni invierte, como en Venezuela, que sobrevive vendiendo su petróleo y termina sometiéndose a los intereses imperiales de Norteamérica; la lección que debemos aprender: no basta la unidad, sino que hay que producir riqueza, industrializar el país y gestionar bien. El enemigo no solo es la ultraderecha: también lo es la clase política europea cómplice, que se enriquece con el capitalismo contemporáneo y con la protección militar estadounidense. Por eso, las izquierdas deben encarnar el verso que nos convoca: nos llamamos pueblo, pero no nos hablamos; nos llamamos izquierda, pero no nos escuchamos.
Comentarios Related Topics:bello museo viejoeuropatino santander Don't MissSenadora Milagros Jáuregui, ¿El tamaño importa?
Redacción Lima Gris
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Opinión
Senadora Milagros Jáuregui, ¿El tamaño importa?Lee la columna de Edwin Cavello
Published
8 horas agoon
30/10/2026By
Edwin Cavello Limas
Hay congresistas que deberían dedicarse a legislar y terminan metiendo las narices donde la historia, la arqueología y el sentido común les llevan varios siglos de ventaja. La senadora Milagros Jáuregui ha puesto el grito en el cielo por los huacos eróticos de la cultura mochica. Según sostiene, estas representaciones podrían provocar afectaciones neurológicas y psicológicas en los niños. ¡Qué peligro! Miles de años de civilización peruana amenazados por una cerámica voluptuosa y erecta.
La senadora incluso ha confesado que estas piezas le asustan. Imagínense el drama: un museo, una vitrina y una representante de la República enfrentada a un huaco. Si la historia del Perú tuviera que pedir permiso a cada sensibilidad ofendida, nuestros museos terminarían convertidos en depósitos de cerámica sin genitales, esculturas sin desnudos y libros con páginas arrancadas. La censura, con rosario en mano, siempre encuentra una excusa para disfrazarse de virtud.
Los mochicas no fabricaron estas piezas para poner nerviosos a los parlamentarios del futuro. Sus cerámicas eróticas forman parte de un universo simbólico relacionado con la fertilidad, la regeneración de la vida y las concepciones espirituales de aquella sociedad. No son una invitación a la perversión ni una clase clandestina de educación sexual. Son patrimonio cultural. Pero para entenderlo hace falta estudiar algo más que el catecismo y abandonar, aunque sea por un rato, los prejuicios personales.
¿Debemos proteger a los niños? Por supuesto. Pero protegerlos no significa esconderles la historia ni convertir la anatomía humana en un secreto de Estado. Si existen preocupaciones sobre los contenidos que ven los menores, corresponde evaluarlas con evidencia científica y criterios pedagógicos, no con sustos personales.
Mientras tanto, el país tiene asuntos bastante menos decorativos: la delincuencia, la inseguridad ciudadana y la amenaza del fenómeno El Niño, que exige prevención y planificación. Sin embargo, la discusión parlamentaria amenaza con desviarse hacia las dimensiones de los atributos masculinos que los antiguos peruanos representaron en barro.
Y aquí llegamos a la pregunta del título: ¿el tamaño importa? En arqueología, importa el contexto; en política, importa la capacidad para distinguir una amenaza real de una incomodidad personal. Lo verdaderamente pequeño sería reducir una civilización milenaria al tamaño de un prejuicio.
Porque los huacos seguirán ahí, sobreviviendo a imperios, virreyes y políticos de temporada. A la senadora le recomiendo que lea el Kamasutra, no para que se asuste, sino para que se emocione.
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Resurrection, de Bi Gan (2025)Lee la columna de Mario Castro Cobos
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22 horas agoon
29/10/2026By
Mario Castro Cobos
Bi Gan trabaja intensamente entre otras cosas con la topografía del plano, los pequeños planos o planos-secciones o ‘planos irregulares’ o no simétricos dentro del plano general o total, hay una poderosa necesidad de mostrar, exhibir, echar en cara, la bullente pluralidad, la multiplicidad, sea lo que sea que se quiera llamar: mundos, decorados, locaciones, espacios, estratificaciones, piezas interdependientes, tiempos y lugares. También podrías llamarlos directamente sueños, o niveles de retorcida realidad o de franca y escandalosa y agradable irrealidad… Mente materializada… Materia devenida mental… El plano en ocasiones puede ser casi como intentar abarcar con solo un par de ojos el frontis endemoniado de una iglesia barroca, o su interior esmaltado y esculpido con figuras abigarradas en situaciones simbólicas o corrientes más o menos intensas. El plano, para decirlo esta vez de una manera menos lírica, semeja en cierta medida pinturas rupestres, o, para intentar otra formulación más, una suntuosa ratonera-laberinto con semblante autosuficiente y ávido… Deliciosa trampa-engaño para el ojo, lista para darle una bofetada a nuestros largos y cultivados hábitos mentales cinematográficos más conformistas, inerciales y perezosos. Bi Gan sobre todo aquí, en estos momentos privilegiados, me recuerda a Fritz Lang, al cineasta-arquitecto, pendiente y hasta dependiente de todos los juegos posibles en las construcciones de los espacios que quieren secuestrar a la vez que acrecentar nuestra valiosa atención.
En efecto, el cine es visto desde esta película con raptos y rasgos monumentales como una construcción muy autoconsciente, un proceso que aunque no carezca de rupturas es eminentemente acumulativo, y así Bi Gan repasa la construcción de su historia, al mismo tiempo que la del propio cine, las mezcla, las junta, las une, y al mismo tiempo hay una pasión por ese paseo en travelling lateral por los esqueletos de las locaciones, por las mutaciones de tiempos históricos y espacios geográficos, de colores y ambientaciones… No hay que olvidar que el cine es (o fue) una proyección dentro de un teatro.
El soñador, el delirante, el de aspecto patético y lamentable, muerto vivo, cual fantasma de la ópera, sueña a lo largo de distintos periodos como ser reencarnado, sus aventuras y desventuras constituyen la película. ¿Pero el soñar que nos disuelve también nos individualiza? Atención al homenaje al héroe máximo, el propio espectador. Que se tiene por nada y que sostiene y co-crea universos.
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Kaili blues (2015)
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Largo viaje hacia la noche (2018)
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Opinión
Disciplina escolar sí, pero con recursosLee la columna de Leonardo Serrano Zapata
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2 días agoon
28/10/2026By
Leonardo Serrano Zapata
En las escuelas del Perú, la víctima suele terminar cambiándose de colegio mientras el agresor sigue en el aula. El Gobierno anunció que la expulsión es «innegociable», «el agresor sale, no la víctima». Pero los lineamientos son más sofisticados y más frágiles de lo que el discurso sugiere.
Más sofisticados, porque no se reducen a «expulsión y castigo»: incluyen gradualidad, criterios de proporcionalidad, medidas formativas, la presencia activa del comité de bienestar, plazos de apelación y ruta de derivación. Ese es el reglamento que conviene defender; resumirlo como «mano dura» es caricaturizarlo.
Más frágiles, porque dependen de personal capacitado, psicólogos, supervisión y una UGEL proactiva, no una que solo reaccione ante las alertas. Sin esos recursos, el reglamento se aplicará a medias: suspensión, expulsión y regla sobre el cabello, mientras se posterga lo difícil, el acompañamiento, la reinserción y la prevención. La escuela híbrida, por ejemplo, suena razonable en lo urbano, no en lo rural.
Las expulsiones tienen su lugar ante violencia grave y delitos. Pero lo que mejor parece funcionar es lo menos vistoso: prevención temprana, adultos presentes, reglas claras y consistentes, y apoyo a estudiantes cuya conducta suele esconder violencia en casa.
La parte más visible, la presentación personal, es también la menos sólida. Puede defenderse que el uniforme y el aseo formen hábitos y sentido de pertenencia, pero prohibir el cabello largo o las faldas cortas dice poco sobre el aprendizaje y mucho sobre una idea equivocada del «orden». Es lícito discutir ese modelo con argumentos, no con eslóganes. Y hay que evitar que estas normas, por ser las más fáciles de fiscalizar, terminen definiendo la evaluación de la disciplina mientras el acoso, la violencia sexual y el uso de armas quedan sin atender.
Es valioso que la comunidad pueda aportar. Lo pendiente es definir con precisión las faltas ambiguas, garantizar el debido proceso y una apelación real ante la UGEL, asignar presupuesto y personal al acompañamiento antes de exigir cumplimiento, probar la escuela híbrida en pilotos evaluados y medir resultados con indicadores de convivencia, deserción y evaluación formativa.
Normas, por supuesto. Pero sin presupuesto para el acompañamiento y la prevención de la violencia escolar, habremos cambiado la forma sin tocar el fondo.
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Turrones sin octógonosEs fines de octubre y he cedido al clamor popular: iré a comprar un turrón.
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2 días agoon
27/10/2026By
Julio Barco
Pese a mis reparos, a que contienen exceso de azúcar, no pude vencer. Derrotado, altivo, recorro la a avenida Tacna. Octubre y el turrón lo llenan todo. Evito ir por la vereda repleta de tránsito peatonal, y recorro una parte de la pista que, por estos días, se bloquea para evitar accidentes. A cada paso, se oye el trabajo de las anticucheras y el bullicioso de los picarones… veo que hay picarones rosados, verdes, marrones…
¿Por qué ese deseo de comer turrón? ¿Será por la miel de sus rectángulos? ¿Por sus dulces duros y empalagosos? ¿Por la combinación de miel con harina ultra cocinada? No sé. Qué tal si proclamamos el consumo de quinua y maca, más necesarios, digo yo, para la salud nacional. En el Perú hay necesidad de nutrirse, no solo de comer bien taipa. Desde hace años me divorcié del azúcar. Un adiós definitivo.
Dejé de ponerle tres cucharadas a mi café, abandoné las galletas Margarita y Chaplín, no volví a comprar Inka Kola, corté idilio con la torta de chocolate, me despedí del sabor de las tajadas de panetón con mantequilla bañadas en chocolate caliente con leche evaporada. Todo gracias a los octógonos, benditos, negros, furiosos amigos, que ciertos políticos desean eliminar para deleite de los consumidores.
Es que, comprenderán, no es que yo sea un cerrado, pero procuro hacerle caso a los octógonos. Vivimos la dictadura de los octógonos.
¿Por qué los empresarios no empiezan a fabricar productos sin octógonos? ¿Qué perdemos nosotros si le quitan el amarillo a los caramelos de limón? ¿Desde cuando empezaron a usar tartrazina en los turrones? No sé. Camino.
Cuida tu cuerpo como un templo, recetaron hace milenios los estoicos.
Dicen que un kilo de turrón equivale a cuarenta panes con mantequilla.
A la altura de la iglesia Las Nazarena se concentra todo el movimiento religioso: venta de rosarios fosforescentes, palo santo al por mayor, velitas misioneras de todos los colores y tamaños, imágenes del cristo crucificado. Un joven vende una suerte de memes religiosos. ¿Cómo explicarlos? Son como caricaturas que representan la fe morada. Hay para todos los gustos. Sin embargo, yo busco un turrón: uno al menos que no tenga tartrazina. Voy. Pregunto. Hay una sola opción de “turrón integral”. Me acuerdo: siempre que camino por Chancay, veo a una cola que se amontona en las veredas resquebrajadas, afuera de una turronería. Voy. Y, por supuesto, hay cola. Me acomodo detrás de varios comensales. Una señora, de pelo ondulado, aretes, gorrita blanca, coloca y saca un muro de madera, dejando entrar solamente a cuatro para que, adentro, hagan cola para pasar a la caja, y después por su orden. Llegan dos ancianas con rasgos asiáticos. Desde lejos, se percatan que ya no hay turrón de kilo, solo de medio y de cuarto. Disimuladamente veo atrás y, otra vez, la cola se remece. Donde hay cola, hay algo interesante. Donde se amontona la gente es que ocurre algo fantástico. La cosa no es solo poner un negocio sino hacer que le crezcan las colas. Y la gente, por comida, hace infinitas colas en el Perú.
Eso en Lima es clave. Me quedo a esperar. Ya cuando estoy adentro, veo que también venden miel y alfajores. Me pasan la cajita. La tanteo. Leo los ingredientes, con la esperanza de no encontrar saborizantes tóxicos: miel, pedazos de piña… no hay tartra, ni nada por el estilo. Aunque, eso sí, tiene dos octógonos: exceso de azúcar y exceso de grasas saturadas. Casi consigo atinarla, pero, no se puede en una dictadura octogonal. Pienso en el viejo Reynoso: En octubre no hay milagros.
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“Kachuca” 2026Lee la columna de Rodolfo Ybarra
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3 días agoon
27/10/2026By
Rodolfo Ybarra
Foto: Trome.
Hernán René Condori Montero, “Kachuca”, nació en Lima en 1965 y creció en El Agustino. Sus padres fueron migrantes de Puno. Y como todos los que llegan a la capital, tuvieron que esforzarse más de la cuenta para salir adelante. La música le vino por añadidura.
De hecho, lo conocimos a inicios de los noventa en las movidas que organizaba Piero Bustos con César N, “Los Lunes del Sapo”, en el bar Las Rejas del jirón Quilca. Ahí “Kachuca” apoyaba la escena subterránea con sus equipos cochambrosos. Era lo que había y era suficiente.
“Kachuca” siempre tuvo un carácter especial. Bustos cuenta que cuando lo conoció, le dijo que iba a morir porque tenía un cáncer generalizado, entonces por la emoción y la “despedida” la mesa estuvo llena de cervezas. “Compadre, yo lloré esa noche (risas). Acababa de encontrar a uno de los mejores músicos y se iba a morir al toque. Hasta ahora no se muere”. “PerúAvantgarde.blogspot.com.
Por esos años, este escriba acababa de publicar su primer libro “Sinfonía del Kaos” que tuvo el apoyo del maestro y amigo Arturo Corcuera quien amablemente nos cedió las instalaciones del Peruano-Ruso, él era su director. Pero no había equipos para la presentación-concierto que queríamos hacer. Así que fuimos hasta El Agustino y “Kachuca” nos dijo: “no te preocupes, hermano, yo los pongo, pero consíguete un par de punteros para que carguen el material”.
Conocemos de varias historias que se relacionan con la solidaridad de “Hernán Condori”. Aunque también, es cierto, todos los escándalos que lo llevaron a aparecer en Magaly Medina: “esto-no-se-le-hace-a-un-poeta”. Y no es gratuito. El músico de forma subrepticia ha ido grabando los poemas de vates limeños como Ángel Izquierdo Duclós quien tiene su puesto de libros en plena Parada, en las esquinas de la avenida Aviación y 28 de Julio. Y de Miguel Ildefonso y otros escritores undergrounds.
Hace unos días, salió a la luz uno más de los escándalos de “Kachuca”, donde sale gritando a unos músicos. Y la verdad que esto puede incomodar o indignar a muchos. Seguro hay que entender otros asuntos que pasan por la salud. “Kachuca” estuvo en UCI tres veces, fue intubado y es un sobreviviente. Quizás si entendiéramos esto podríamos apreciar el hecho de que este músico marginal todavía pueda cantar sentado frente a un escenario. Sí, claro, nadie está aquí para justificar nada. Aquí solo damos nuestra versión.
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Callar al mensajero: Caso director de la DRELM amenaza con denuncia al diario Expreso y ataque contra Carlos NaveaEl titular de la DRELM Cornelio Gonzales Torres anunció medida judicial contra el diario Expreso, la golpiza con mensaje contra Carlos Navea, periodista de Willax, entre otras son prácticas que muchos políticos y exfuncionarios han normalizado frente a la labor periodística. ¿Estamos en una dictadura?
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4 días agoon
26/10/2026By
Leonardo Serrano Zapata
La libertad de expresión y el derecho de los ciudadanos a estar informados no son favores que concede el poder. Son condiciones mínimas para que una democracia funcione. Por eso preocupa que el director de la Dirección Regional de Educación de Lima Metropolitana (DRELM), Cornelio Gonzales Torres, haya amenazado con denunciar al diario Expreso (https://www.expreso.com.pe/actualidad/cornelio-gonzales-torres-rechaza-falsa-aclaracion-de-expreso-y-amenaza-con-querella-por-difamacion-noticia/1324530/) por informar sobre las investigaciones fiscales que existen en su contra. Mi solidaridad con el diario, con Carlos Navea quién según denunció Beto Ortiz fue golpeado y le dejaron una advertencia: «Toma para que sigas con tus pendejadas». Por realizar investigaciones contra diversas entidades públicas entre ellas ESSALUD y Minsa.

Conviene ser precisos. Según el dato publicado por Expreso, Cornelio Gonzales Torres figura con el caso fiscal 505010103-2011-218, «con dictamen». Las materias registradas incluyen actos contra el pudor de menor de 14 años y omisión o retardo de acto oficial, y la investigación se remonta a 2011. El propio funcionario afirma, en su carta notarial, que los registros corresponden al periodo 2007 a 2011 y que todos los casos están resueltos y archivados de manera definitiva. Esa versión merece ser conocida y difundida con el mismo cuidado. Una investigación fiscal no es una condena, y todo funcionario tiene derecho a la presunción de inocencia y a defenderse. Pero informar sobre registros fiscales de un alto funcionario, con la fuente a la vista y con espacio para su réplica, no es un delito. Es periodismo. Y cuando quien ocupa un cargo de enorme responsabilidad sobre miles de escuelas de Lima Metropolitana responde con amenazas judiciales, la ciudadanía tiene derecho a preocuparse. Un funcionario con registros de esa naturaleza, por antiguos o archivados que sean, debería ser el primero en ofrecer explicaciones públicas, documentos en mano, en lugar de intentar que el tema deje de publicarse o censurarlo en reuniones privadas.

La preocupación pesa más por el contexto. El Minedu anunció S/ 670 364 para contratar, por dos meses, a 64 abogados en las UGEL que aceleren los procesos disciplinarios contra docentes denunciados por violencia sexual. Es una medida necesaria. Pero los padres de familia se preguntan, con toda razón, si la misma firmeza se aplicará a las autoridades del propio sector como funcionarios de las UGEL, DRE o GRE a nivel nacional. La exigencia de probidad empieza por quienes dirigen, no solo por quienes enseñan.
Presionar a la prensa tiene muchas formas. Está el ataque físico contra el periodista, que busca infundir miedo. Está la amenaza, que busca que el reportero lo piense dos veces antes de publicar. Y está la judicialización, la más sofisticada, que convierte a quien informa en acusado y lo obliga a gastar tiempo, dinero y energía en defenderse. Las tres persiguen el mismo fin: hacer tan costoso el informar que la verdad se quede sin quien la cuente.
A estas formas se suma una práctica que en la última década se ha vuelto recurrente: exservidores y exfuncionarios que acuden a los juzgados y al Tribunal Constitucional para exigir que los medios supriman o desindexen notas sobre hechos ocurridos en su momento.

Foto: diario Caracól (Colombia)
El caso más visible es el del diario El Comercio, a quien el Tribunal Constitucional en julio del 2026, ordenó eliminar tres notas de 2014 sobre la supuesta vinculación de una exasesora del Ministerio de Agricultura con la red de Rodolfo Orellana. Para el colegiado, más de una década después, mantener esas notas carecía de interés público y perjudicaba a la demandante. La sentencia no fue unánime: dos magistrados consideraron que el remedio adecuado era actualizar las notas y no suprimirlas. La Sociedad Interamericana de Prensa expresó su preocupación por el fallo.
Para ello suelen presentarse cartas notariales de requerimiento previo, demandas de hábeas data y resoluciones de archivo de las investigaciones, con el propósito de hacer borrón y cuenta nueva.
Los protagonistas de la noticia, sobre todo en el ámbito político, valiéndose de recursos legales, llevan a los medios a instancias judiciales. El objetivo, sea cual sea la vía, es el mismo: que los medios se autocensuren o sean censurados, en desmedro del derecho a la información y de la labor periodística, fundamental en un contexto democrático.
Esta tentación es tan antigua que la mitología griega ya la retrató tres veces.
Cuenta el mito que la cabeza de Orfeo, separada de su cuerpo, siguió emitiendo oráculos en Antisa y que la gente acudía a escucharla. Los oráculos oficiales de Apolo en Delfos quedaron vacíos. El dios, incómodo ante una voz que no controlaba, fue a gritarle que dejara de interferir en sus asuntos, y la obligó a callar. Es la reacción típica del poder ante una voz independiente que le quita el monopolio del relato.
El rey Midas, por su parte, fue castigado con orejas de asno y ordenó a su barbero guardar el secreto bajo pena de muerte. El barbero, incapaz de cargar con él, lo susurró en un hoyo junto a un río y lo tapó con tierra. De ahí brotaron cañas que, movidas por el viento, repitieron el secreto a cuanto caminante pasaba. Midas, al saberlo, condenó al barbero. Castigar al mensajero no deshizo el hecho. La verdad ya estaba en el aire. Lo mismo ocurre con toda información de interés público que llega a la ciudadanía: ninguna denuncia contra el periodista la hará desaparecer.
El tercer relato es el de Casandra, a quien Apolo dio el don de la profecía y, tras ser rechazado, la condenó a que nadie le creyera. Cuando advirtió los peligros que amenazaban a Troya, la desestimaron, y su propio padre, el rey Príamo, la encerró para evitar el escándalo. Troya cayó. Hay una lección clara para la gestión pública: desacreditar o silenciar a quien advierte no elimina el riesgo.
El derecho a la información pertenece a los ciudadanos, no a los medios ni a los funcionarios. Los padres de familia tienen derecho a saber quién dirige las instituciones donde estudian sus hijos y qué registros fiscales pesan, o pesaron, sobre esa persona. La respuesta digna de un funcionario público es rendir cuentas con claridad, ejercer su defensa en la vía correspondiente, acreditar con documentos el archivo de los casos si así corresponde, y aceptar el escrutinio como parte del cargo.
Al Congreso, al Ministerio de Educación, a la Fiscalía y al Colegio de Periodistas les corresponde algo más que comunicados. Les corresponde dejar claro que informar no se castiga. Callar la información solo confirma las sombras que se pretende ocultar. Y eso no es orden presidenta Keiko Fujimori eso se llama censura.
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Barranco cumple 152 años: la cultura no se construye con eventitosCon cero políticas públicas culturales, Barranco celebra aniversario mientras su cultura agoniza en abandono.
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4 días agoon
26/10/2026By
Luis Felipe Alpaca
Barranco tiene memoria de poeta, paisaje de acuarela y una historia que desborda sus antiguas casonas. Sin embargo, a sus 152 años, este distrito emblemático de Lima enfrenta una paradoja porque posee un invaluable legado cultural, pero carece de una política municipal capaz de convertirlo en una verdadera potencia cultural.
En tiempos prehispánicos, los pescadores descendían al mar y adoraban a su deidad Sulcovilca. A comienzos del siglo XIX, florecieron huertas con frondosos pacayares, entre ellas Larrión, San Antonio, Premio Real y La Condesa. En 1834, Flora Tristán describió este oasis: “Atravesamos el Barranco, pequeña aldea situada entre abundante follaje, grandes árboles y mucha agua… al dejar este oasis, no había sino tierras áridas hasta Chorrillos”.
El 26 de octubre de 1874 se fundó oficialmente el distrito, pero años después, tras el saqueo del ejército chileno, el 14 de enero de 1881, La Ermita quedó destruida y felizmente el padre Manuel de la Fuente Chávez impulsó su reconstrucción.
Durante la República, las colonias europeas levantaron grandes casonas. También llegaron intelectuales y artistas como Juan Parra del Riego, Manuel Gonzales Prada, José María Eguren, Abraham Valdelomar, Martín Adán, Blanca Varela, Juan de Arona y el historiador José Antonio del Busto. Sus nombres engrandecieron la identidad barranquina.
Pero ¿qué hicieron las gestiones municipales para preservar y proyectar esa herencia? Barranco no tiene un Centro Cultural Municipal, ni una Galería de Arte Municipal. Tampoco una Feria Internacional del Libro, un Festival de Cine, una Bienal de Arte o un Festival de Teatro consolidado. Carece de un Festival Internacional de la Canción en su playa, como el de Ancón o el de Viña del Mar. Las retretas desaparecieron y el Carnaval de Barranco, creado en 1916 por don Pedro de Osma, dejó de reunir a sus vecinos. Tampoco existe una Ruta Literaria, ni una Ruta Artística.
Entonces, ¿con qué autoridad se promociona como distrito cultural mediante «eventitos» anodinos durante su aniversario? La cultura exige inversión, continuidad, infraestructura y respeto ciudadano y no propaganda; pero pese a ello, las últimas gestiones municipales han afrontado cuestionamientos por presunta corrupción y falta de transparencia. Hoy, la historia de esta comarca merece mucho más que celebraciones pasajeras, porque Barranco siempre será más grande que sus malas autoridades.
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La broma infinita: Charly García, Cachuca y la inteligencia artificialSi Charly García hubiese hecho La lógica del escorpión con inteligencia artificial, probablemente habría tenido un éxito comercial rotundo. A contramano, si una IA analiza el disco Sarita Colonia, de Los Mojarras, encontrará notorias deficiencias técnicas que delatarán la crudeza de la acción humana en su absoluta integridad.
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4 días agoon
26/10/2026By
Redacción Lima Gris
Por Juan José Sandoval
El genial Charly García estuvo de cumpleaños. Es impresionante cómo el artista argentino ha logrado resistir al paso del tiempo y a sus propios excesos, convirtiendo su música en un refugio imprescindible para cualquier paciente psiquiátrico como yo.
En mi espectro emocional, hay varias letras y canciones del bigote con vitiligo que me fragmentaron el corazón y me obligaron a cuestionar el sentido de mi existencia. El playlist de mi locura está plagado de clásicos suyos: Confesiones de invierno, Estación, Quizás por qué, Mientras miro las nuevas olas, De mí, Tuve tu amor, Seminaré, Los dinosaurios, Yo no quiero volverme tan loco y Hablándole a tu corazón, y tanta magia eterna que ha brindado durante décadas.
Sin embargo, su último disco, La lógica del escorpión, editado este año —ya en su base siete, habiendo sobrevivido a todo—, no le hace justicia a su trayectoria. Denota un agotamiento creativo que desconcierta a sus seguidores de toda la vida, tanto como su biografía más oscura: aquella que demolió hoteles, desafió la gravedad y a Superman tirándose desde el noveno piso a una piscina, agredió a gente sin consideración de género y escupió por doquier. Claro que tampoco se libró de recibir lo suyo, como cuando el punkeke Pocavida le profirió un escupitajo en la cara tras acusarlo de «hippie vendido».
Lejos de la verdad no estaba Pocavida, pues García fue desde siempre, dicho en buen argentino, un niño bien, un chetito, o sea, un pituquito. Muy a la manera de Gustavo Cerati o incluso de Fidel Nadal de Todos Tus Muertos. Gente acomodada que escaló por mérito propio, pero a la que la circunstancia social y familiar le inclinó la cancha a favor.
Rompiendo con el orden de las cosas, como si se tratara de una composición del creador de Say No More —capaz de destruir la belleza que construye con un solo acorde—, Charly guarda un insólito y curioso vínculo con la historia del rock peruano. Está la canción Chapi García, grabada en los años ochenta por Miki González: una cumbia-chicha peruana que incluye los coros del propio García, Daniel Melingo y Andrés Calamaro, cuya letra hace explícita mención a la «caspa del inca».
Miki González, a través de sus primeros álbumes como solista, forjó los cimientos de la fusión del rock con lo peruano, dotándolo de una identidad profunda arraigada en las raíces de nuestra cultura, como lo afroperuano junto al histórico clan Ballumbrosio.
Por aquellos años noventa en el Perú, se consolidó lo que hoy llamamos rock nacional, impulsado por el éxito comercial de Los Mojarras, cuyos hits reventaban las radios y musicalizaban las series y telenovelas más sintonizadas de la televisión. Esa fusión de la estética andina con el pulso roquero hizo de Hernán Condori, Cachuca, un ídolo popular de la música urbana. Sin embargo, su comportamiento volcánico lo coloca siempre en el lado más salvaje de un Charly García que emergería directamente de La Parada.
Cachuca encarna la imagen de un frontman de temer. Nunca fue pituco ni cheto: salió de los cerros y, a punta de alaridos descarnados y crónicas policiales, construyó su propia leyenda.
Al igual que Charly, sus presentaciones en vivo son una moneda al aire que puede derivar tanto en un concierto memorable como en un escándalo mayúsculo con cancelaciones abruptas.
El cantante que le dio voz roquera a las clases populares —con piezas hermosas y viscerales como Sarita Colonia, Triciclo Perú y Ópera salvaje para tribus urbanas— jamás ha logrado domar su demonio impulsivo.
La noticia más reciente sobre Cachuca ocurrió en Puno, justo el día del cumpleaños de Charly, donde dejó en evidencia su accidentada relación con los sonidistas, lo cual no justifica que termine agrediendo al público con el poder de su voz amplificada.
Lamentablemente, el liderazgo de Cachuca se ha ido diezmando con el tiempo. No se trata solo de que en la calle le falten el respeto —como aquella vez en que terminó vapuleado y ensangrentado tras negarse a pagar un caldo de gallina, apareciendo luego en televisión con el cabello revuelto y soltando una frase con tinte maradoniano: «¡Esto no se le hace a un poeta!»—.
Por otro lado, ahora que los peruanos hemos vuelto a estar en la palestra cultural de habla hispana gracias a un escribano iqueño que ha convertido la pendejada digital en una novela ganadora de un premio de veinte mil euros —con la particularidad de que se detectó un altísimo uso de inteligencia artificial en su obra, dejando al jurado en jaque, incluida una ganadora del Premio Nobel de Literatura—, el panorama intelectual se estremece.
La ola digital genera nuevos tipos de creadores, tal como ocurrió en su momento con la llegada de la fotografía digital, y más tarde con la música electrónica y los DJs. Si bien existe una natural resistencia al nuevo escenario creativo que impone el algoritmo, es urgente replantear la ética que rige hoy en día el consumo cultural.
Si Charly García hubiese hecho La lógica del escorpión con inteligencia artificial, probablemente habría tenido un éxito comercial rotundo. A contramano, si una IA analiza el disco Sarita Colonia, de Los Mojarras, encontrará notorias deficiencias técnicas que delatarán la crudeza de la acción humana en su absoluta integridad.
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