Vivo frente al Olivar, en San Isidro, y veo cada mañana cómo la municipalidad mezcla todo en un solo camión. No es solo culpa del vecino. La normativa existe, pero la fiscalización brilla por su ausencia. En mi oficina separamos papel y plástico hace años, y aun así termina en el mismo relleno. El problema no es falta de conciencia, es falta de consecuencia. El 2.7% lo dice todo.