Opinión
Desafiar a DiosLee la columna de Julio Aguilar
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28/09/2026By
Redacción Lima Gris
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Por Julio Aguilar
Junio de 1986. La Selección Argentina, de la mano de Carlos Bilardo y con la magia de Diego Armando Maradona, conquistó la gloria al proclamarse campeona del mundo por segunda vez en su historia. Aquella final frente a la Alemania de Karl-Heinz Rummenigge y Andreas Brehme terminó 3 a 2, y quedó grabada como una de las más épicas y míticas en los anales del fútbol mundial.
Ese campeonato hizo justicia a una gesta mundialista envuelta en heroísmo, picardía y polémica. Un trayecto cuyo punto cumbre fue la victoria ante Inglaterra: la tarde en que Maradona pareció explicar a todo un país con esos dos goles que lo colocaron al nivel de San Martín y, tal vez, a compartir altares con Cristo.
Sin embargo, detrás del brillo del trofeo y de las mieles de la conquista, se esconde una trama secreta relatada desde la intimidad del vestuario. Quizá muchos no lo sepan, pero existe un solo futbolista en la historia argentina que ostenta el título de bicampeón del mundo: Daniel Alberto Passarella. Capitán y referente en 1978, el Kaiser también formó parte de la nómina en México 1986, aunque una extraña seguidilla de dolencias físicas y una soterrada lucha de egos le impidieron disputar un solo minuto en esa gesta.
Para entender el origen de la rivalidad entre dos de los referentes más grandes del fútbol de aquel país, es necesario remontarse al año 1983, poco después de que Carlos Salvador Bilardo se hiciera cargo del seleccionado argentino. Concretamente, fue un 2 de marzo cuando el Narigón se reunió con Diego en Barcelona, España. Aquel encuentro tuvo lugar en uno de los hoteles más conocidos de la Ciudad Condal.
En un momento dado, tras una breve caminata y una conversación de por medio en los alrededores del hotel, Bilardo le entregó la cinta de capitán a Maradona, dando a entender que el Pelusa sería el gran estandarte de la era bilardista en la Albiceleste. El técnico consumó el acto sin consulta previa a ningún otro integrante de aquel plantel. Por ello, el mismo Passarella, quien hasta ese preciso instante era el capitán, se enteró de la noticia a través de la prensa deportiva días después. Como era de esperarse, el Kaiser sintió aquella decisión como una traición y una burla a su trayectoria por parte de Maradona y del propio Bilardo. A decir verdad, a Passarella nunca le cayó bien Diego: lo respetaba como jugador, pero había aspectos de su personalidad que no le terminaban de cerrar del todo.
Tiempo después, tras la agónica clasificación al Mundial del 86 en el estadio de River frente a la selección peruana —con aquel icónico gol de Ricardo Gareca (curiosamente, el hombre que décadas más tarde nos conduciría al Mundial de Rusia)—, comenzó a sonar con fuerza el rumor de un intento de golpe de estado para destituir a Carlos Salvador Bilardo. Ante tal panorama, Julio Humberto Grondona, por entonces presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), tomó la drástica decisión de mandar a los dirigidos por Bilardo a disputar una serie de partidos amistosos a mediados de mayo de ese año.
En medio de esa gira, lejos del ruido local, se produjo un decisivo cónclave en la habitación de un hotel en Barranquilla. Sucedió el 14 de mayo, justo una noche después de un opaco encuentro disputado frente al Junior de Barranquilla, cuya pobre actuación del combinado argentino terminó en un magro empate 1 a 1.
Sobre aquella reunión, el reconocido periodista deportivo Ernesto Cherquis Bialo sintetizó la hermeticidad del momento y el tono de las declaraciones posteriores:
«Sobre ese cónclave de Barranquilla no trascendieron mayores detalles porque el pacto fue: «Lo que se habla aquí muere aquí». Las frases del día siguiente fueron obvias: «Era necesario que nos juntáramos para aclarar algunas cosas». «Fue un encuentro muy positivo porque hablamos todos y disipamos todas las dudas». Borghi dijo que fue la más importante de todas las reuniones habidas hasta la fecha —no precisó las anteriores— y Giusti la calificó como «extraordinaria e imprescindible»».
Es una locura decir lo que voy a decir, pero uno siempre escuchó que desafiar a Dios es una de las pocas cosas imperdonables que puede cometer el ser humano. Herejía le llaman. ¿Quién en su sano juicio se atrevería a desafiar a Dios? Algunos hablan de un ángel que osó cuestionar la divinidad sin pensar que aquella rebelión terminaría en un estrepitoso fracaso.
Después está Daniel Alberto Passarella, cuya rebelión tuvo un mediano éxito. Fue en una conversación sostenida en plena concentración mundialista, en las instalaciones del Club América de México, apenas unas semanas después de la primera reunión en Colombia en donde se inició todo.
En esa reunión se encontraron dos bandos: uno liderado por Diego Maradona, secundado por jugadores como Óscar Ruggeri o Sergio el Checho Batista; del otro lado se hallaba Passarella, acompañado por figuras de la talla de Jorge Valdano. Era de conocimiento general entre los jugadores que Maradona ya era un consumidor habitual de sustancias alucinógenas, así que era cuestión de tiempo para que en aquel mítico cónclave fuera un tema a tratar.
La tensión era tanta que se podía cortar con un cuchillo. El intercambio de palabras se fue desarrollando hasta que, en un determinado momento, el Kaiser miró a los ojos a Maradona y le dijo:
«Si vos jugás como sabés, somos campeones del mundo; si vos no te drogás, somos campeones del mundo; si vos te cuidás y entrenás a muerte como todos nosotros, somos campeones del mundo… ¿Entendiste, pibe? Dependemos de vos». Y remató: «Y si no lo hacés, te cago a trompadas».
Maradona, después de oír lo que Passarella le dijo, decidió responder:
«¿Vos me venís a apurar? Sos un botón (soplón) y un mentiroso. Entonces también hablemos sobre vos, que sos un mal tipo y un mal amigo».
En medio de ese cruce de palabras, Maradona sacó a relucir una serie de escándalos amorosos de quien fuera capitán del combinado argentino entre 1978 y 1982.
A partir de ese incidente, todo se rompió entre ambos referentes. Nunca más se pudo recomponer la relación entre Maradona y Passarella. Después de eso vino el tema de la intoxicación alimentaria, por la cual el entorno del ídolo de River responsabilizó tanto a Maradona como al Narigón de conspirar en su contra para que no jugara ni un solo partido del certamen mundialista. Aunque, como dato curioso, cabe mencionar la famosa fotografía que salió en la portada del diario El Gráfico, donde se ve a Maradona y a Passarella posar juntos y sonrientes con un sombrero de charro a modo de desestimar cualquier rumor de mala convivencia. El mismo Diego Maradona reconoce esto en su libro autobiográfico Yo soy el Diego de la gente.
El Kaiser Passarella fue el único jugador —y uno de los pocos hombres— que se atrevió a desafiar a «Dios», a pesar de pagar el precio de no jugar un Mundial.
Años más tarde, en 1995, tras la trágica muerte del hijo mayor de Passarella en un accidente de tránsito, Maradona intentó un acercamiento aprovechando el delicado momento. Le pidió a su agente que hablara con Daniel para ir a darle el pésame, a lo que Passarella se negó, cerrando la puerta a todo contacto al responder que «mejor no viniera». Al parecer, de alguna forma, el Barrilete Cósmico sintió cierta culpa por haberle aceptado la capitanía a Bilardo.
Diego murió lleno de voces y de colores; de heridas y de dolores. Y en su breve paso hacia la eternidad, no pudo reconciliarse con el único jugador de toda su carrera que, en un último gesto de admiración, lo amenazó con cagarlo a trompadas.
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Don't MissClave para un nuevo sistema de partidos y para derrotar la crisis moral (López, Belmont, Castro y Chau)
Redacción Lima Gris
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Robbie el magnánimoTras la cancelación de su show, Robbie Williams no huyó. Bajó del hotel a la calle, miró a los ojos a sus fans y regaló un abrazo cantado e inolvidable.
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28/09/2026By
Luis Felipe Alpaca
El apoteósico show de Robbie Williams el pasado 23 de septiembre en la Arena 1, frente al mar de San Miguel, dejó extasiados a más de 25 mil fans. Sin embargo, al día siguiente, antes de su segunda fecha en Lima, el concierto se canceló, dejando con los crespos hechos a miles que esperaban escuchar “Angels”, “Rock DJ”, “Feel”, “Let Me Entertain You”, “Millennium” y “She’s the One”. ¿Las razones? La Municipalidad de San Miguel clausuró el establecimiento por presuntos incumplimientos en los protocolos de seguridad, accesos peatonales y vías de evacuación.
Normalmente, tras cobrar sus onerosos honorarios, un artista de ese calibre aborda su avión sin despeinarse para cumplir una agenda inalterable, dejando que la productora enfrente los reclamos y gestione la devolución de entradas. Pero esta vez la historia tuvo otro desenlace. Tras la cancelación, Robbie no se quedó tranquilo; sintió algo ajeno al ego de muchos divos mundiales, esa bendita sensación de estar en deuda con su gente.
El británico cruzó la puerta de su lujoso hotel para encontrarse con la hinchada que lo aguardaba en las inmediaciones del Parque Domodossola. Acompañado por dos guitarristas que improvisaron al instante, regaló una performance unplugged en plena calle, entonando fragmentos de Feel y Angels. En pleno malecón, la multitud coreaba a viva voz mientras varios fans lloraban incrédulos de tener a su ídolo cantando a escasos metros.
Pero el momento cumbre llegó cuando, con total humildad, Robbie les pidió perdón por la cancelación: “Estoy con el corazón roto por no tener este segundo concierto. Les prometo a ustedes que voy a regresar lo más pronto posible y voy a estar con ustedes, se los puedo jurar”.
Aunque arrastre fama de provocador y políticamente incorrecto, este gesto noble lo consagra como magnánimo, ganándose el amor y respeto eterno del público peruano. Un derroche de humanidad que jamás tendrían los hermanos Gallagher, Morrissey, ni mucho menos Billy Idol, quien en noviembre de 2025, al salir del mismo hotel, se escudó en su seguridad, agachó la cabeza e hizo un ademán de retirada ante el saludo de sus seguidores.
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Clave para un nuevo sistema de partidos y para derrotar la crisis moral (López, Belmont, Castro y Chau)Lee la columna de Rafael Romero
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19 minutos agoon
28/09/2026By
Redacción Lima Gris
Por Rafael Romero
Comparto en esta columna una síntesis de mi análisis del pasado sábado 26 de setiembre, cuyo contenido in extenso se puede encontrar en YouTube (https://www.youtube.com/watch?v=Gg2KDst6now&t=1278s), Facebook (https://www.facebook.com/RafaelRomeroV/videos/1814265693036189?locale=es_LA), y TikTok (https://www.tiktok.com/@rafaelromero.pe/video/7690029070704446740?_r=1&_t=ZS-9A5ourXxbG9).
En primer lugar, tenemos un sistema de partidos políticos que no ha superado la crisis de finales de la década del ochenta del siglo pasado y que se agravó después del golpe de dúo Fujimori-Montesinos (5 de abril de 1992).
Desde entonces se corrompió en todos sus niveles y extremos dicho sistema, dando lugar al transfuguismo en su grado supremo, la falsificación de firmas para inscribir partidos, la compra de curules en el Congreso y de votos en las elecciones, la creación de vientres de alquiler y la configuración de clubes o clanes electorales, además de la generalizada corrupción de alcaldes distritales y provinciales, ministros, congresistas y jefes de Estado.
En segundo lugar, fruto de la crisis del sistema de partidos se agravó la crisis moral de la República, primando las argollas en todos los ámbitos del Estado, las mafias, el amiguismo y el burocratismo arbitrario, taras con las cuales se roba a diestra y siniestra en los más diversos despachos públicos, y lo hacen precisamente funcionarios de derechas e izquierdas, en costa, sierra y selva. Así el Perú no tiene futuro.
En tercer lugar, a partir de la crisis del sistema de partidos y la crisis moral de la República, se amplifica la prepotencia de un Estado fallido, terrorista y desvinculado del ciudadano, con una administración pública que no garantiza el futuro bueno, predecible y justo para millones de adolescentes y jóvenes, vale decir es un Estado y una administración pública que traiciona las esperanzas de las nuevas generaciones. Allí está el abuso de los peajes, el déficit de 50,000 policías, las multas abusivas y antitécnicas, las barreras burocráticas, la falta de servicios básicos de calidad en educación, salud, la débil defensa de los derechos del consumidor, el abuso en las comisiones excesivas de la banca privada, en sus intereses leoninos que se imponen a los ciudadanos en general y a los emprendedores.
En consecuencia, ha transcurrido más de cuarenta años y las salidas a la crisis del sistema de partidos, al caos de inmoralidad y la inestabilidad política se ven imposibles e inalcanzables, mucho más con la actual clase política repleta de operadores políticos, de imitadores de Montesinos, agravándose la ausencia de líderes, la falta de conciencia cívica, con lo cual ellos han creado el medio ambiente propicio para la violencia y la delincuencia callejeras, para el crimen organizado y su vinculación con las transnacionales del delito.
No obstante, en el mensaje transmitido por redes sociales el pasado sábado 26 de setiembre (ver primer párrafo de esta columna) expuse que sí existe una fortaleza esencial que tenemos los peruanos; y que nos puede unir para salir de la crisis y para refundar el sistema de partidos. Precisamente, lo que nos une está en el siguiente dato: el 99% de peruanos está conformado por cristianos católicos y cristianos evangélicos.
Además, somos herederos de dos grandes civilizaciones, la preinca-inca y el imperio español. Igualmente, poblamos una tierra donde no hay bombas atómicas y contamos con el humanismo cristiano más decantado del mundo a través de las encíclicas de grandes líderes como el Papa León XIII, Paulo VI, Juan XXIII, Juan Pablo II y el papa peruano León XIV, cuya primera encíclica (25 de mayo del 2026) se titula “La magnífica humanidad”.
Por tanto, en mi mensaje no solo expongo las razones de la inviabilidad del marxismo-leninismo-maoísmo para el Perú, sino que también señalo que, sobre la base del humanismo cristiano, muchos más cuando nuestros políticos juran con la mano sobre la Biblia y ante un Crucifijo, resulta en el presente que hay políticos como Rafael López Aliaga, Ricardo Belmont, Raúl Castro Stagnaro y Alfonso López Chau con el perfil ideológico adecuado para desarrollar sus concepciones e ideales en grado supremo, pudiendo ellos representar acaso a la derecha cristiana, al centro cristiano y a la izquierda cristiana.
Esto a pesar de que en lo personal estimo que, más allá de hablar de derechas e izquierdas, debemos entender hemisféricamente los retos del norte y del sur, y en ese escenario lo más apropiado es hablar de “soberanistas” versus “globalistas”, ya que las categorías de “derecha” e “izquierda” se encuentran realmente agotadas para la política del presente y del futuro.
También sé que más allá de terminología, lo sustantivo es que los peruanos construyamos un nuevo sistema de partidos, contando en serio con una base moral cristiana que defiende la familia, la vida, al maestro de aula, la paz del barrio y el desarrollo de tu emprendimiento, para que así podamos fortalecer la República y sus instituciones con el objetivo de vencer el caos social y la corrupción del Estado. Solo así seremos fuertes de cara al siglo XXI y ante los desafíos del multilateralismo, de los “hegemones” que lucharán por el agua, por las tierras raras, por la innovación, la tecnología con IA, la robótica, el belicismo y su geopolítica globalista. Apreciados compatriotas, manos a la obra que el tiempo es ahora.
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La verdad sin matices: memoria, dignidad y la disputa por el relato histórico en el PerúLee la columna de Raúl Allain
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1 día agoon
26/09/2026By
Raúl Allain
Por Raúl Allain (*)
No deja de ser curioso cómo una sola frase, hábilmente introducida en el debate público, puede alterar la percepción colectiva de toda una época. Durante más de dos décadas, hemos sido testigos de un paulatino, pero feroz, intento de reescritura histórica. Nos han repetido hasta la saciedad, en seminarios académicos, publicaciones financiadas desde el extranjero y exposiciones museográficas, que lo vivido en el Perú entre 1980 y el año 2000 fue un “conflicto armado interno”.
A primera vista, la expresión suena neutra, técnica, casi aséptica. Pero en la sociología política sabemos que el lenguaje nunca es inocente: es el primer campo de batalla ideológico.
Al calificar la embestida senderista como un “conflicto armado interno”, la narrativa progresista y de izquierda logró su cometido principal: diluir la responsabilidad moral y jurídica de los victimarios. Ciertamente, colocar al mismo nivel a una banda terrorista de corte mesiánico, como Sendero Luminoso o el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), y al Estado democrático peruano no es un mero error de apreciación; es una operación de ingeniería cultural perfectamente calculada.
Recuerdo claramente las conversaciones que sostenía hace años con colegas en el ámbito sociológico y periodístico. La consigna dominante imponía una suerte de relativismo en el que el policía que arriesgaba su vida en la cordillera y el subversivo que dinamitaba una torre de alta tensión o ejecutaba a un alcalde comunal eran vistos como dos caras de una misma moneda trágica.
Esa falsa equivalencia me pareció siempre no solo insostenible desde el punto de vista del derecho constitucional, sino francamente ruin con la memoria de los peruanos.
El panorama en América Latina no es ajeno a este fenómeno. Basta con echar un vistazo a la región para entender que el Perú no ha sido un laboratorio aislado. Desde Colombia hasta el Cono Sur, la izquierda ideologizada ha utilizado la causa de los derechos humanos no como un fin universal, sino como una trinchera política.
Se apoderaron de los relatos de postconflicto para imponer una hegemonía cultural que criminaliza la respuesta del Estado mientras victimiza a las organizaciones armadas. En Argentina, la memoria tuerta silenció durante décadas las acciones de los grupos guerrilleros previo al golpe del 76; en Colombia, los acuerdos de paz terminaron otorgando curules parlamentarias a responsables de crímenes atroces sin una verdadera reparación moral a las víctimas.
El patrón es claro: sustituir la verdad histórica por una mitología militante.
En nuestro país, el epicentro de este monopolio ideológico encontró su trinchera más visible en ciertas ONG financiadas con cooperación internacional y en instituciones estatales capturadas por esta misma corriente, cuyo símbolo más representativo es el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM).
Nadie en su sano juicio se opondría a la existencia de un espacio dedicado al recuerdo y a la dignificación de las víctimas. El problema surge cuando la curaduría de la memoria se convierte en un panfleto. El LUM, desde su concepción, adoptó el sesgo conceptual fundado por la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), priorizando un relato donde las Fuerzas Armadas y Policiales aparecen de manera casi sistemática como agentes opresores, descuidando el rol crucial que cumplieron como salvaguardas de la república.
¿Acaso podemos olvidar lo que significó el terrorismo para el ciudadano de a pie? Para quien vivió la pesadilla de los apagones, los coches bomba en Tarata, los paros armados en los Andes o el asesinato inclemente de dirigentes populares como María Elena Moyano, el dilema nunca fue entre dos barbaries equivalentes.
La sociedad peruana de los años ochenta y noventa clamaba por orden, por supervivencia. El Estado peruano, con todas sus imperfecciones y las desviaciones individuales que la justicia debe sancionar con rigor, actuó en legítima defensa democrática. Desconocer esto es condenar a nuestras Fuerzas Armadas a la sospecha permanente y arrebatarles el honor institucional que se ganaron en las cordilleras y en la selva.
Frente a esta hegemonía desgastada, surge la necesidad impostergable de articular una alternativa firme desde la derecha soberanista y patriótica. Durante mucho tiempo, la derecha en el Perú cometió el error táctico de concentrarse únicamente en el modelo económico, en los números macroeconómicos y la atracción de inversiones, dejando el terreno de las ideas, la educación y la cultura completamente desamparado.
Fue una renuncia trágica. Mientras los economistas celebraban el crecimiento del PBI, la izquierda construía el sentido común de las nuevas generaciones en las aulas universitarias y en los medios de comunicación.
Es hora de entender que la cohesión social de una nación no se edifica solo con estabilidad monetaria, sino con valores comunes, patriotismo y justicia objetiva. La derecha soberanista no propone una memoria chauvinista ni la negación de los excesos cometidos; lo que exige es un principio fundamental de la justicia: la verdad equitativa.
Una verdad que reconozca que las verdaderas víctimas primigenias del terrorismo fueron los miles de campesinos, civiles desarmados, policías y soldados que entregaron su vida para que hoy el Perú exista como viabilidad constitucional.
La reparación integral no puede seguir siendo un coto privado manejado bajo criterios ideológicos. Es indignante observar cómo, durante años, la narrativa oficial pareció mostrar una empatía desproporcionada hacia los procesados por terrorismo y sus familias, mientras que los deudos de los policías y militares fallecidos o lesionados en combate debían mendigar pensiones miserables y soportar el olvido estatal.
Defender la dignidad de las víctimas de las Fuerzas Armadas y de las Rondas Campesinas no es una postura revanchista; es un acto de estricta justicia histórica y un pilar indispensable para restablecer el orgullo nacional.
Pensemos por un momento en las implicancias sociológicas de esta batalla por el relato. Un país que avergüenza a sus defensores es una nación moralmente vulnerable.
¿Con qué autoridad moral podemos pedirle hoy a un joven oficial de la Policía Nacional o del Ejército que arriesgue su vida contra la criminalidad organizada o el narcoterrorismo en el VRAEM, si sabe que el día de mañana la burocracia caviar lo sentará en el banquillo de los acusados mientras los delincuentes reciben el amparo de los organismos internacionales?
La erosión del principio de autoridad en el Perú actual es, en gran medida, la consecuencia directa de esa campaña sistemática de desacreditación de las instituciones de orden.
Por ello, el proyecto de una derecha soberanista debe ir más allá de la mera crítica defensiva. Debe ofrecer una visión de futuro basada en la reconstrucción del tejido social.
Esto implica recuperar la enseñanza de la historia escolar sin los filtros distorsionadores del sesgo de izquierda. Los jóvenes peruanos deben saber, con nombres y apellidos, lo que Sendero Luminoso y el MRTA pretendieron hacer con esta patria: imponer un régimen totalitario y sangriento basándose en una ideología de odio.
Deben saber también que fue la alianza entre el pueblo organizado —las rondas campesinas—, las Fuerzas Armadas y la inteligencia policial lo que salvó al Perú del abismo.
Reivindicar la verdad objetiva no significa reabrir heridas, sino cicatrizarlas correctamente. Las heridas mal cerradas, infectadas por la mentira y el resentimiento ideológico, terminan por supurar y dividir a la sociedad.
La estabilidad política que tanto anhelamos para atraer inversiones, generar empleo y modernizar el país requiere una base sólida de confianza institucional. Y no habrá confianza mientras el Estado siga financiando espacios que deshonran a sus propios defensores o alimenten la retórica del odio de clases.
El Perú se encuentra en una encrucijada histórica. Seguir cediendo ante la presión de una narrativa progresista que debilita el Estado de derecho y atomiza la identidad nacional, o dar el paso definitivo hacia una afirmación patriótica de nuestra memoria.
La derecha no debe temer a la batalla cultural; por el contrario, debe liderarla con argumentos, con solidez sociológica y con la convicción moral de quien defiende la verdad.
Desmontar la fábula del “conflicto armado interno” no es un capricho académico, es una obligación con los caídos y un deber sagrado con el futuro de la patria. Solo cuando el Perú honre sin ambigüedades a quienes lo defendieron y llame a las cosas por su nombre —terrorismo sin atenuantes— podremos hablar de una verdadera cohesión social y de un destino de prosperidad y orden para todos los peruanos.
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Jaime Bayly no irá a TrujilloLee la columna de Edwin Cavello
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3 días agoon
25/09/2026By
Edwin Cavello Limas
Jaime Bayly no irá a la Feria Internacional del Libro de Trujillo. El escritor ha decidido no poner el cuello donde otros apenas ponen un afiche. La organización de la FILT confirmó que su participación, prevista para el encuentro que se desarrollará del 26 de septiembre al 8 de octubre, finalmente quedó descartada por la inseguridad que golpea a la ciudad.
Bayly, autor de Los últimos días de La Prensa y No se lo digas a nadie, sabe perfectamente que una cosa es escribir sobre la muerte y otra muy distinta es encontrársela esperando en una esquina. El hombre podrá ser polémico, irreverente y hasta provocador, pero tampoco parece dispuesto a convertir una presentación literaria en su último capítulo.
Y razones no le faltan. El 30 de agosto, cuatro personas fueron asesinadas dentro de una camioneta durante el secuestro de un empresario minero en una concurrida avenida de Trujillo. Los atacantes simularon una intervención policial y utilizaron prendas similares a las de agentes de la Policía.
En ese contexto, decirle a un escritor: “Jaime, ven tranquilo, tenemos todas las garantías”, debe sonar casi tan tranquilizador como decirle a un pasajero del Titanic “llegaremos a tierra a salvo”.
Bayly, además, conoce el terreno político. Ha criticado y satirizado a numerosos personajes públicos y, en más de una ocasión, se ha burlado de César Acuña, líder de Alianza para el Progreso. Trujillo tampoco es una ciudad cualquiera para alguien que ha construido buena parte de su carrera literaria y periodística observando y cuestionando el poder.
Y luego están los nombres que ya forman parte del vocabulario del miedo: Los Pulpos y La Jauría. Así que Bayly no quiere ponerse en bandeja.
El problema verdadero es otro: cuando un escritor decide no asistir a una feria del libro porque teme por su vida, la noticia ya no habla solamente de literatura. Habla de una ciudad donde el crimen empieza a ponerle condiciones hasta a la cultura.
La FILT seguirá adelante, por supuesto. Pero una feria del libro no debería parecer una pequeña isla cultural rodeada de sangre y plomo. Porque cuando hasta los escritores prefieren quedarse lejos, quizá el problema ya no sea quién viene a Trujillo, sino qué estamos haciendo para que Trujillo vuelva a ser un lugar al que cualquiera quiera venir.
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Archivos audios visualesLee la columna de María Luz Crevoisier
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4 días agoon
24/09/2026By
Redacción Lima Gris
Por: María Luz Crevoisier
El Perú sufre de diversas carencias, entre las que se cuenta la ausencia de un archivo audio visual, vale decir de esta entidad que tiene como objetivo la conservación, legitimización, restauración y otras operaciones de audios y videos.
No sabemos a ciencia cierta cómo y dónde se guardan los documentales de Javier Corcuera o los realizados por Felipe Degrégori, Lorena Best Urday, Patricia Wiese Risso, Nora de Izcue o de los cineastas de provincias, tan exentos de todo tipo de apoyo institucional.Entre estos nombres tenemos los de la huancaína Jacqueline Riveros, Jaime Huamán (Abancay) y Flaviano Quispe (Juliaca), entre otros.
Por falta de un archivo, seguramente se perdieron joyas cinematográficas que ahora son irrecuperables. Para que no suceda con su propio trabajo, un cineasta cusqueño y de origen campesino, está implementando su particular archivo.
Se trata de José Huamán Turpo, un cultivador del séptimo arte que de manera estoica e irrenunciable sigue en lo suyo cumpliendo múltiples oficios. Porque además de director, es guionista, director de fotografía, editor y post editor.
Ahora se encuentra formando su propio archivo para digitalizar 40 años de material audiovisual que será compendiado en su Archivo Andes Imagen y Memoria Audiovisual.

La importancia de este registro, es que podrá salvaguardar la memoria de los pueblos de la América originaria, recogiendo costumbres y tradiciones de manera artística y testimonial, a diferencia de una visión puramente antropológica que se centra en criterios europeizantes.
José Huamán, ha trabajado los cortometrajes, Voces que Sanan, Inkarri, 500 Años de Resistencia, Ñawinchasqa, Yuyaypaq Apu, Q´eswachaka y otros más.
Esperemos que alguna vez alguna entidad cercana al cine nacional, como podría ser PROMPERU, por su promoción al turismo y el cine nacional es una puerta abierta para esa difusión, promuevan la creación de un archivo audiovisual nacional.
Entendemos también, que los espacios alternativos como las plataformas digitales, son un medio apropiado para la difusión de las producciones peruanas. Nada de ello, sin embargo puede funcionar bien, si no se cuida el valioso material que lo sustenta.
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Sobre Álbum de familia, de Joel Calero (2024)Lee la columna de Mario Castro Cobos
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4 días agoon
24/09/2026By
Mario Castro Cobos
El final desvela el principio constructor en su desnudez estructural. De modo semejante al personaje de Días de Santiago, de Josué Méndez, el hijo o no ejecuta ‘la buena acción’ o ‘la acción decisiva’ o reparadora o la ejecuta a medias o con las justas. Arrepentido, acobardado en la hora crucial. Luchador contra sí, ¿para siempre mutilado o vencido?
Indecisión que es (en el contexto de egos experimentales de una ficción como ésta) ‘una falla de fondo’ o ‘una falla de fábrica’ (más que una ambigüedad enriquecedora ¡cuando hay que pulverizar lo que bloquea la potencia de un cambio!): detener al personaje a puertas del abismo. A partir de la ‘fe’ en el personaje que salta ‘al otro lado’ podríamos postular un futuro que dialogue con el pasado que no se ha ido, que sigue muy presente. ¿No es claro que tenemos que imaginar o inventar lo que no existe (lo que no se ha hecho) para enfrentar lo que nos amenaza como cuerpo social?
Hay un es y no es, un podría ser, pero mejor no, un casi-casi, como si el miedo permeara la ficción, en vez de ser un laboratorio de ¿por qué no? nuevas posibilidades y respuestas de cara a asuntos ni siquiera sin resolver: sin plantear bien. ¿Ni siquiera en ficción podemos representar posiciones más valientes? ¿No queremos saber qué pasaría si…? ¿Por qué sucede esto con películas peruanas que procuran representar la violencia, quiero decir -se supone- sus efectos y causas, su anatomía?
La tarea que queda abierta y pendiente es -por lo menos- ver qué sucede si se construyen personajes o mitos que no proporcionen las reacciones o conductas standard a situaciones o traumas harto conocidos. Si intentamos hacer un cine que supere el estadio de la ‘memoria’ automatizada y conformista, que no quiere pensar fuera de sus marcos acostumbrados, que quiere simplificaciones, en suma, simple olvido.
No creo que se pueda aprehender la violencia con los viejos instrumentos, dispositivos, retóricas o gestos. Cárceles perceptivas o cognoscitivas que no dan más de sí. No creo en una película que se apoya en una concepción teatral pendiente de los efectos dramáticos más superficiales y pasatistas (aunque puedan ser intensos y testimoniales) más que en lo cinematográfico: una inmersión en un puñado de imágenes innegociables que nos determinan.
Matar al padre significa fundar una nueva narrativa.
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Opinión
Juguemos en el bosque mientras podamos: arboricidio infame en LimaLee la columna de Márlet Ríos
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4 días agoon
23/09/2026By
Redacción Lima Gris
Por Márlet Ríos
Es muy preocupante que, en nombre del progreso y la eficiencia, se quiera dejar a Lima sin un pulmón verde esencial. Las autoridades (Ministerio del Ambiente, Senace, etc.) olvidan que Lima es una de las ciudades más contaminadas de Latinoamérica y las áreas verdes, en cuanto ecosistemas, son imprescindibles no solo porque convierten el anhidrido carbónico en oxígeno y alimento, sino porque son el hábitat de numerosas aves y especies endémicas.
No comprendemos por qué un proyecto como el Anillo Vial Periférico de la Ciudad de Lima y el Callao (tramo III) quiere ser impuesto contra viento y marea, sin tener en cuenta seriamente al principal grupo de interés involucrado (y potencialmente afectado), o sea la población de los distritos de Lurigancho, San Juan de Lurigancho, El Agustino, Santa Anita, Ate, La Molina y San Luis. Al parecer, la polución indiscriminada y el cambio climático global son solo mitos para los funcionarios públicos y para la Sociedad Concesionaria Anillo Vial, un consorcio conformado por las empresas españolas Cintra, Sacyr y ACCIONA. Según su propia web (https://www.anillovial.com/sobre-nosotros.html), la ampliación del aeropuerto internacional Jorge Chávez en Lima es una de las obras realizadas por este consorcio. Es sabido que se presentaron varias deficiencias cuando empezó a funcionar el nuevo aeropuerto internacional de la capital (junio de 2025).
¿Progreso y desarrollo para quiénes?
Lo que nos alarma es que el mismo Estudio de Impacto Ambiental detallado (EIA-d) del proyecto en mención, a cargo de Walsh Perú, revela que un terrible arboricidio se va a cometer. Así, van a ser descartados 4725 árboles y palmeras, en una deforestación abominable, teniendo en cuenta que nuestro país es uno de los más afectados por el calentamiento global en curso. Eso no es todo, el EIA-d consigna que en la etapa de construcción de la autopista se van a presentar los siguientes impactos ambientales: pérdida de cobertura vegetal urbana, perturbación (y potencial pérdida) de la fauna, disminución de áreas verdes, alteración de la calidad del aire, alteración de los niveles de ruido, etc. Este verdadero atentado al medio ambiente contará con el beneplácito del Estado peruano. El imponente Bosque Urbano Separadora Industrial (el más grande de Lima) será sacrificado en aras de la civilización. La sostenibilidad es un concepto que no existe en la estructura cognitiva de los burócratas estatales y de los políticos de turno de esta república bananera. Debemos deducir que para los empresarios se trataría solo de externalidades negativas de mercado que deben ser soslayadas en función de una rentabilidad futura. Habría que recomendarles leer Desarrollo y libertad, de Amartya Sen. Para el economista indio: “Los fines y los medios del desarrollo obligan a colocar la perspectiva de la libertad en el centro del escenario. En este enfoque, los individuos han de verse como seres que participan activamente (…) en la configuración de su propio destino, no como meros receptores pasivos de los frutos de ingeniosos programas de desarrollo”.
A manera de conclusión
Por otra parte, el EIA-d señala que en la etapa de operación y mantenimiento también van a presentarse graves impactos ambientales: alteración de la calidad del aire (mayor polución), alteración de los niveles de ruido, perturbación de la fauna silvestre, etc. ¿Vale la pena construir una autopista de casi 12 kilómetros con peajes, sacrificando miles de árboles y arbustos estratégicos (y necesarios) para la urbe? ¿Vale la pena hipotecar el presente y el futuro de las generaciones en nombre de un progreso mal concebido y del interés económico?
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La faraona del cantar huancaLee la columna de Rodolfo Ybarra
Published
5 días agoon
23/09/2026By
Rodolfo Ybarra
Se acaba de estrenar el documental “Flor Pucarina, rebelde hasta los huesos”, de Geraldine Zuasnabar. Un trabajo visual que intenta reconstruir la memoria de una de las cantantes vernaculares míticas y, según se dice, precursora también del antirracismo, el feminismo y la igualdad de derechos entre hombres y mujeres del Perú contemporáneo.
Flor Pucarina, Paula Efegenia Leonor Chávez Rojas, nació en Pucará en 1935, lugar donde Cáceres construyó su cuartel en la Campaña de la Breña. Desde ahí hizo su viaje a Lima con su madre como miles de migrantes, pero a los suburbios, a La Parada, la avenida Aviación, el Porvenir y tuvo que trabajar vendiendo en los mercados y haciendo de empleada del hogar.
Las canciones de Flor Pucarina eran autobiográficas, ella les pedía a sus compositores que les escribieran canciones y estos hacían su tarea. En tiempos modernos esto califica como “coautoría”. De hecho, las disqueras tenían miedo en invertir en ella, los huaynos no eran bien vistos y por eso, solo grababan en 45RPM. En un momento, la faraona del folclore llegó a vender un millón de discos con “Ayrampito”.
Sus conciertos eran masivos, carretilleros, ambulantes, emolienteros y expendedores de comida y baratijas entraban presurosos a ver a su cantante estrella al Coliseo Nacional, un canchón de la avenida 28 de Julio, donde se apretujaban cientos de cholos que huían al maltrato de los limeños clasemedieros que preferían escuchar en las radios temas en inglés porque veían con desidia que sus paisanos pudieran expresarse en quechua. Un estigma que, de alguna manera, nos acompaña hasta el día de hoy.
Destaca el testimonio de nuestro amigo Sergio Castillo, horazeriano y contador nato de historias y una prueba de ello son las pocas veces que nos hemos visto en el Huaytapallana de Huancayo mirando la plaza y contando secretos que, consideramos, nadie más lo sabe. Pues, Sergio interviene en esta película para darnos rasgos esenciales de Flor Pucarina y que dan brillo a este constructo donde el personaje principal solo aparece en fotos o en breves recortes de vídeos antiguos cuando no en las carátulas de sus discos.
En 1987 grabó “Mi último canto» de la composición de Paulino Torres. Fue amada e idolatrada por miles y tuvo compañeros y aliados, pero murió sola. “Sola, siempre sola, voy rodando por el mundo” se escucha a lo lejos por las callecitas de La Victoria.
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