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La verdad sin matices: memoria, dignidad y la disputa por el relato histórico en el Perú

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26/09/2026

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Raúl Allain
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Por Raúl Allain (*)

No deja de ser curioso cómo una sola frase, hábilmente introducida en el debate público, puede alterar la percepción colectiva de toda una época. Durante más de dos décadas, hemos sido testigos de un paulatino, pero feroz, intento de reescritura histórica. Nos han repetido hasta la saciedad, en seminarios académicos, publicaciones financiadas desde el extranjero y exposiciones museográficas, que lo vivido en el Perú entre 1980 y el año 2000 fue un “conflicto armado interno”.

A primera vista, la expresión suena neutra, técnica, casi aséptica. Pero en la sociología política sabemos que el lenguaje nunca es inocente: es el primer campo de batalla ideológico.

Al calificar la embestida senderista como un “conflicto armado interno”, la narrativa progresista y de izquierda logró su cometido principal: diluir la responsabilidad moral y jurídica de los victimarios. Ciertamente, colocar al mismo nivel a una banda terrorista de corte mesiánico, como Sendero Luminoso o el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), y al Estado democrático peruano no es un mero error de apreciación; es una operación de ingeniería cultural perfectamente calculada.

Recuerdo claramente las conversaciones que sostenía hace años con colegas en el ámbito sociológico y periodístico. La consigna dominante imponía una suerte de relativismo en el que el policía que arriesgaba su vida en la cordillera y el subversivo que dinamitaba una torre de alta tensión o ejecutaba a un alcalde comunal eran vistos como dos caras de una misma moneda trágica.

Esa falsa equivalencia me pareció siempre no solo insostenible desde el punto de vista del derecho constitucional, sino francamente ruin con la memoria de los peruanos.

El panorama en América Latina no es ajeno a este fenómeno. Basta con echar un vistazo a la región para entender que el Perú no ha sido un laboratorio aislado. Desde Colombia hasta el Cono Sur, la izquierda ideologizada ha utilizado la causa de los derechos humanos no como un fin universal, sino como una trinchera política.

Se apoderaron de los relatos de postconflicto para imponer una hegemonía cultural que criminaliza la respuesta del Estado mientras victimiza a las organizaciones armadas. En Argentina, la memoria tuerta silenció durante décadas las acciones de los grupos guerrilleros previo al golpe del 76; en Colombia, los acuerdos de paz terminaron otorgando curules parlamentarias a responsables de crímenes atroces sin una verdadera reparación moral a las víctimas.

El patrón es claro: sustituir la verdad histórica por una mitología militante.

En nuestro país, el epicentro de este monopolio ideológico encontró su trinchera más visible en ciertas ONG financiadas con cooperación internacional y en instituciones estatales capturadas por esta misma corriente, cuyo símbolo más representativo es el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM).

Nadie en su sano juicio se opondría a la existencia de un espacio dedicado al recuerdo y a la dignificación de las víctimas. El problema surge cuando la curaduría de la memoria se convierte en un panfleto. El LUM, desde su concepción, adoptó el sesgo conceptual fundado por la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), priorizando un relato donde las Fuerzas Armadas y Policiales aparecen de manera casi sistemática como agentes opresores, descuidando el rol crucial que cumplieron como salvaguardas de la república.

¿Acaso podemos olvidar lo que significó el terrorismo para el ciudadano de a pie? Para quien vivió la pesadilla de los apagones, los coches bomba en Tarata, los paros armados en los Andes o el asesinato inclemente de dirigentes populares como María Elena Moyano, el dilema nunca fue entre dos barbaries equivalentes.

La sociedad peruana de los años ochenta y noventa clamaba por orden, por supervivencia. El Estado peruano, con todas sus imperfecciones y las desviaciones individuales que la justicia debe sancionar con rigor, actuó en legítima defensa democrática. Desconocer esto es condenar a nuestras Fuerzas Armadas a la sospecha permanente y arrebatarles el honor institucional que se ganaron en las cordilleras y en la selva.

Frente a esta hegemonía desgastada, surge la necesidad impostergable de articular una alternativa firme desde la derecha soberanista y patriótica. Durante mucho tiempo, la derecha en el Perú cometió el error táctico de concentrarse únicamente en el modelo económico, en los números macroeconómicos y la atracción de inversiones, dejando el terreno de las ideas, la educación y la cultura completamente desamparado.

Fue una renuncia trágica. Mientras los economistas celebraban el crecimiento del PBI, la izquierda construía el sentido común de las nuevas generaciones en las aulas universitarias y en los medios de comunicación.

Es hora de entender que la cohesión social de una nación no se edifica solo con estabilidad monetaria, sino con valores comunes, patriotismo y justicia objetiva. La derecha soberanista no propone una memoria chauvinista ni la negación de los excesos cometidos; lo que exige es un principio fundamental de la justicia: la verdad equitativa.

Una verdad que reconozca que las verdaderas víctimas primigenias del terrorismo fueron los miles de campesinos, civiles desarmados, policías y soldados que entregaron su vida para que hoy el Perú exista como viabilidad constitucional.

La reparación integral no puede seguir siendo un coto privado manejado bajo criterios ideológicos. Es indignante observar cómo, durante años, la narrativa oficial pareció mostrar una empatía desproporcionada hacia los procesados por terrorismo y sus familias, mientras que los deudos de los policías y militares fallecidos o lesionados en combate debían mendigar pensiones miserables y soportar el olvido estatal.

Defender la dignidad de las víctimas de las Fuerzas Armadas y de las Rondas Campesinas no es una postura revanchista; es un acto de estricta justicia histórica y un pilar indispensable para restablecer el orgullo nacional.

Pensemos por un momento en las implicancias sociológicas de esta batalla por el relato. Un país que avergüenza a sus defensores es una nación moralmente vulnerable.

¿Con qué autoridad moral podemos pedirle hoy a un joven oficial de la Policía Nacional o del Ejército que arriesgue su vida contra la criminalidad organizada o el narcoterrorismo en el VRAEM, si sabe que el día de mañana la burocracia caviar lo sentará en el banquillo de los acusados mientras los delincuentes reciben el amparo de los organismos internacionales?

La erosión del principio de autoridad en el Perú actual es, en gran medida, la consecuencia directa de esa campaña sistemática de desacreditación de las instituciones de orden.

Por ello, el proyecto de una derecha soberanista debe ir más allá de la mera crítica defensiva. Debe ofrecer una visión de futuro basada en la reconstrucción del tejido social.

Esto implica recuperar la enseñanza de la historia escolar sin los filtros distorsionadores del sesgo de izquierda. Los jóvenes peruanos deben saber, con nombres y apellidos, lo que Sendero Luminoso y el MRTA pretendieron hacer con esta patria: imponer un régimen totalitario y sangriento basándose en una ideología de odio.

Deben saber también que fue la alianza entre el pueblo organizado —las rondas campesinas—, las Fuerzas Armadas y la inteligencia policial lo que salvó al Perú del abismo.

Reivindicar la verdad objetiva no significa reabrir heridas, sino cicatrizarlas correctamente. Las heridas mal cerradas, infectadas por la mentira y el resentimiento ideológico, terminan por supurar y dividir a la sociedad.

La estabilidad política que tanto anhelamos para atraer inversiones, generar empleo y modernizar el país requiere una base sólida de confianza institucional. Y no habrá confianza mientras el Estado siga financiando espacios que deshonran a sus propios defensores o alimenten la retórica del odio de clases.

El Perú se encuentra en una encrucijada histórica. Seguir cediendo ante la presión de una narrativa progresista que debilita el Estado de derecho y atomiza la identidad nacional, o dar el paso definitivo hacia una afirmación patriótica de nuestra memoria.

La derecha no debe temer a la batalla cultural; por el contrario, debe liderarla con argumentos, con solidez sociológica y con la convicción moral de quien defiende la verdad.

Desmontar la fábula del “conflicto armado interno” no es un capricho académico, es una obligación con los caídos y un deber sagrado con el futuro de la patria. Solo cuando el Perú honre sin ambigüedades a quienes lo defendieron y llame a las cosas por su nombre —terrorismo sin atenuantes— podremos hablar de una verdadera cohesión social y de un destino de prosperidad y orden para todos los peruanos.

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Jaime Bayly no irá a Trujillo

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Raúl Allain. Escritor, poeta, editor y sociólogo peruano (Lima, 1989). Estudió en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha sido incluido en antologías como Antología de poetas críticos (Cisnegro, México DF, 2019), Antología décimo aniversario de Lord Byron Ediciones (Liber Factory - Lord Byron Ediciones, Madrid, 2013), Veinte poetas: muestra de poesía contemporánea (I.F.D. Editor; Lima, 2010), Poesía y narrativa hispanoamericana actual (Visión Libros - Lord Byron Ediciones, Madrid, 2010), Abofeteando a un cadáver (Bizarro Ediciones - Centro Cultural de España, 2007), entre otras. Sus textos aparecen en diversos medios literarios tanto nacionales como internacionales. Actualmente preside el Instituto Peruano de la Juventud (IPJ) y dirige el sello independiente Río Negro. Ha publicado Poéticas, Poiesis hispanoamericana: selección de poesía contemporánea, Eros & Tánatos: poesía y arte contemporáneos, entre otras antologías, ¡Yo no hice nada!: Sobre la idiosincrasia peruana, ¡Palaciego In Memoriam!: Selección de textos de Humberto Pinedo, así como el ensayo La cientificidad del consciente (Editorial Emooby, 2011). Premio Mundial a la Excelencia Cultural y Premio Mundial el Águila Internacional a la Excelencia Sociológica de la Unión Hispanomundial de Escritores (UHE).

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Jaime Bayly no irá a Trujillo

Lee la columna de Edwin Cavello

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2 días ago

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25/09/2026

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Edwin Cavello Limas

Jaime Bayly no irá a la Feria Internacional del Libro de Trujillo. El escritor ha decidido no poner el cuello donde otros apenas ponen un afiche. La organización de la FILT confirmó que su participación, prevista para el encuentro que se desarrollará del 26 de septiembre al 8 de octubre, finalmente quedó descartada por la inseguridad que golpea a la ciudad.

Bayly, autor de Los últimos días de La Prensa y No se lo digas a nadie, sabe perfectamente que una cosa es escribir sobre la muerte y otra muy distinta es encontrársela esperando en una esquina. El hombre podrá ser polémico, irreverente y hasta provocador, pero tampoco parece dispuesto a convertir una presentación literaria en su último capítulo.

Y razones no le faltan. El 30 de agosto, cuatro personas fueron asesinadas dentro de una camioneta durante el secuestro de un empresario minero en una concurrida avenida de Trujillo. Los atacantes simularon una intervención policial y utilizaron prendas similares a las de agentes de la Policía.

En ese contexto, decirle a un escritor: “Jaime, ven tranquilo, tenemos todas las garantías”, debe sonar casi tan tranquilizador como decirle a un pasajero del Titanic “llegaremos a tierra a salvo”.

Bayly, además, conoce el terreno político. Ha criticado y satirizado a numerosos personajes públicos y, en más de una ocasión, se ha burlado de César Acuña, líder de Alianza para el Progreso. Trujillo tampoco es una ciudad cualquiera para alguien que ha construido buena parte de su carrera literaria y periodística observando y cuestionando el poder.

Y luego están los nombres que ya forman parte del vocabulario del miedo: Los Pulpos y La Jauría. Así que Bayly no quiere ponerse en bandeja.

El problema verdadero es otro: cuando un escritor decide no asistir a una feria del libro porque teme por su vida, la noticia ya no habla solamente de literatura. Habla de una ciudad donde el crimen empieza a ponerle condiciones hasta a la cultura.

La FILT seguirá adelante, por supuesto. Pero una feria del libro no debería parecer una pequeña isla cultural rodeada de sangre y plomo. Porque cuando hasta los escritores prefieren quedarse lejos, quizá el problema ya no sea quién viene a Trujillo, sino qué estamos haciendo para que Trujillo vuelva a ser un lugar al que cualquiera quiera venir.

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Archivos audios visuales

Lee la columna de María Luz Crevoisier

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3 días ago

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24/09/2026

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Redacción Lima Gris

Por: María Luz Crevoisier

El Perú sufre de diversas carencias, entre las que se cuenta la ausencia de un archivo audio visual, vale decir de esta entidad que tiene como objetivo la conservación, legitimización, restauración y otras operaciones de audios y videos.

No sabemos a ciencia cierta cómo y dónde se guardan los documentales de Javier Corcuera o los realizados por Felipe Degrégori, Lorena Best Urday, Patricia Wiese Risso, Nora de Izcue o de los cineastas de provincias, tan exentos de todo tipo de apoyo institucional.Entre estos nombres tenemos los de la huancaína Jacqueline Riveros, Jaime Huamán (Abancay) y Flaviano Quispe (Juliaca), entre otros.

Por falta de un archivo, seguramente se perdieron joyas cinematográficas que ahora son irrecuperables. Para que no suceda con su propio trabajo, un cineasta cusqueño y de origen campesino, está implementando su particular archivo.

Se trata de José Huamán Turpo, un cultivador del séptimo arte que de manera estoica e irrenunciable sigue en lo suyo cumpliendo múltiples oficios. Porque además de director, es guionista, director de fotografía, editor y post editor.

Ahora se encuentra formando su propio archivo para digitalizar 40 años de material audiovisual que será compendiado en su Archivo Andes Imagen y Memoria Audiovisual.

La importancia de este registro, es que podrá salvaguardar la memoria de los pueblos de la América originaria, recogiendo costumbres y tradiciones de manera artística y testimonial, a diferencia de una visión puramente antropológica que se centra en criterios europeizantes.

José Huamán, ha trabajado los cortometrajes, Voces que Sanan, Inkarri, 500 Años de Resistencia, Ñawinchasqa, Yuyaypaq Apu, Q´eswachaka y otros más.

Esperemos que alguna vez alguna entidad cercana al cine nacional, como podría ser PROMPERU, por su promoción al turismo y el cine nacional es una puerta abierta para esa difusión, promuevan la creación de un archivo audiovisual nacional.

Entendemos también, que los espacios alternativos como las plataformas digitales, son un medio apropiado para la difusión de las producciones peruanas. Nada de ello, sin embargo  puede funcionar bien, si no se cuida el valioso material que lo sustenta.

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Sobre Álbum de familia, de Joel Calero (2024)

Lee la columna de Mario Castro Cobos

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3 días ago

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24/09/2026

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Mario Castro Cobos

El final desvela el principio constructor en su desnudez estructural. De modo semejante al personaje de Días de Santiago, de Josué Méndez, el hijo o no ejecuta ‘la buena acción’ o ‘la acción decisiva’ o reparadora o la ejecuta a medias o con las justas. Arrepentido, acobardado en la hora crucial. Luchador contra sí, ¿para siempre mutilado o vencido?

Indecisión que es (en el contexto de egos experimentales de una ficción como ésta) ‘una falla de fondo’ o ‘una falla de fábrica’ (más que una ambigüedad enriquecedora ¡cuando hay que pulverizar lo que bloquea la potencia de un cambio!): detener al personaje a puertas del abismo. A partir de la ‘fe’ en el personaje que salta ‘al otro lado’ podríamos postular un futuro que dialogue con el pasado que no se ha ido, que sigue muy presente. ¿No es claro que tenemos que imaginar o inventar lo que no existe (lo que no se ha hecho) para enfrentar lo que nos amenaza como cuerpo social?

Hay un es y no es, un podría ser, pero mejor no, un casi-casi, como si el miedo permeara la ficción, en vez de ser un laboratorio de ¿por qué no? nuevas posibilidades y respuestas de cara a asuntos ni siquiera sin resolver: sin plantear bien. ¿Ni siquiera en ficción podemos representar posiciones más valientes? ¿No queremos saber qué pasaría si…? ¿Por qué sucede esto con películas peruanas que procuran representar la violencia, quiero decir -se supone- sus efectos y causas, su anatomía?

La tarea que queda abierta y pendiente es -por lo menos- ver qué sucede si se construyen personajes o mitos que no proporcionen las reacciones o conductas standard a situaciones o traumas harto conocidos. Si intentamos hacer un cine que supere el estadio de la ‘memoria’ automatizada y conformista, que no quiere pensar fuera de sus marcos acostumbrados, que quiere simplificaciones, en suma, simple olvido.  

No creo que se pueda aprehender la violencia con los viejos instrumentos, dispositivos, retóricas o gestos. Cárceles perceptivas o cognoscitivas que no dan más de sí. No creo en una película que se apoya en una concepción teatral pendiente de los efectos dramáticos más superficiales y pasatistas (aunque puedan ser intensos y testimoniales) más que en lo cinematográfico: una inmersión en un puñado de imágenes innegociables que nos determinan.

Matar al padre significa fundar una nueva narrativa.

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La piel más temida (2023)

La piel más temida, de Joel Calero (2023)
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Juguemos en el bosque mientras podamos: arboricidio infame en Lima

Lee la columna de Márlet Ríos

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3 días ago

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23/09/2026

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Redacción Lima Gris

Por Márlet Ríos

Es muy preocupante que, en nombre del progreso y la eficiencia, se quiera dejar a Lima sin un pulmón verde esencial. Las autoridades (Ministerio del Ambiente, Senace, etc.) olvidan que Lima es una de las ciudades más contaminadas de Latinoamérica y las áreas verdes, en cuanto ecosistemas, son imprescindibles no solo porque convierten el anhidrido carbónico en oxígeno y alimento, sino porque son el hábitat de numerosas aves y especies endémicas.

No comprendemos por qué un proyecto como el Anillo Vial Periférico de la Ciudad de Lima y el Callao (tramo III) quiere ser impuesto contra viento y marea, sin tener en cuenta seriamente al principal grupo de interés involucrado (y potencialmente afectado), o sea la población de los distritos de Lurigancho, San Juan de Lurigancho, El Agustino, Santa Anita, Ate, La Molina y San Luis. Al parecer, la polución indiscriminada y el cambio climático global son solo mitos para los funcionarios públicos y para la Sociedad Concesionaria Anillo Vial, un consorcio conformado por las empresas españolas Cintra, Sacyr y ACCIONA. Según su propia web (https://www.anillovial.com/sobre-nosotros.html), la ampliación del aeropuerto internacional Jorge Chávez en Lima es una de las obras realizadas por este consorcio. Es sabido que se presentaron varias deficiencias cuando empezó a funcionar el nuevo aeropuerto internacional de la capital (junio de 2025).  

¿Progreso y desarrollo para quiénes?

Lo que nos alarma es que el mismo Estudio de Impacto Ambiental detallado (EIA-d) del proyecto en mención, a cargo de Walsh Perú, revela que un terrible arboricidio se va a cometer. Así, van a ser descartados 4725 árboles y palmeras, en una deforestación abominable, teniendo en cuenta que nuestro país es uno de los más afectados por el calentamiento global en curso. Eso no es todo, el EIA-d consigna que en la etapa de construcción de la autopista se van a presentar los siguientes impactos ambientales: pérdida de cobertura vegetal urbana, perturbación (y potencial pérdida) de la fauna, disminución de áreas verdes, alteración de la calidad del aire, alteración de los niveles de ruido, etc. Este verdadero atentado al medio ambiente contará con el beneplácito del Estado peruano. El imponente Bosque Urbano Separadora Industrial (el más grande de Lima) será sacrificado en aras de la civilización. La sostenibilidad es un concepto que no existe en la estructura cognitiva de los burócratas estatales y de los políticos de turno de esta república bananera. Debemos deducir que para los empresarios se trataría solo de externalidades negativas de mercado que deben ser soslayadas en función de una rentabilidad futura. Habría que recomendarles leer Desarrollo y libertad, de Amartya Sen. Para el economista indio: “Los fines y los medios del desarrollo obligan a colocar la perspectiva de la libertad en el centro del escenario. En este enfoque, los individuos han de verse como seres que participan activamente (…) en la configuración de su propio destino, no como meros receptores pasivos de los frutos de ingeniosos programas de desarrollo”.

A manera de conclusión

Por otra parte, el EIA-d señala que en la etapa de operación y mantenimiento también van a presentarse graves impactos ambientales: alteración de la calidad del aire (mayor polución), alteración de los niveles de ruido, perturbación de la fauna silvestre,  etc. ¿Vale la pena construir una autopista de casi 12 kilómetros con peajes, sacrificando miles de árboles y arbustos estratégicos (y necesarios) para la urbe? ¿Vale la pena hipotecar el presente y el futuro de las generaciones en nombre de un progreso mal concebido y del interés económico?

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La faraona del cantar huanca

Lee la columna de Rodolfo Ybarra

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4 días ago

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23/09/2026

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Rodolfo Ybarra

Se acaba de estrenar el documental “Flor Pucarina, rebelde hasta los huesos”, de Geraldine Zuasnabar. Un trabajo visual que intenta reconstruir la memoria de una de las cantantes vernaculares míticas y, según se dice, precursora también del antirracismo, el feminismo y la igualdad de derechos entre hombres y mujeres del Perú contemporáneo.

Flor Pucarina, Paula Efegenia Leonor Chávez Rojas, nació en Pucará en 1935, lugar donde Cáceres construyó su cuartel en la Campaña de la Breña. Desde ahí hizo su viaje a Lima con su madre como miles de migrantes, pero a los suburbios, a La Parada, la avenida Aviación, el Porvenir y tuvo que trabajar vendiendo en los mercados y haciendo de empleada del hogar.

Las canciones de Flor Pucarina eran autobiográficas, ella les pedía a sus compositores que les escribieran canciones y estos hacían su tarea. En tiempos modernos esto califica como “coautoría”. De hecho, las disqueras tenían miedo en invertir en ella, los huaynos no eran bien vistos y por eso, solo grababan en 45RPM. En un momento, la faraona del folclore llegó a vender un millón de discos con “Ayrampito”.

Sus conciertos eran masivos, carretilleros, ambulantes, emolienteros y expendedores de comida y baratijas entraban presurosos a ver a su cantante estrella al Coliseo Nacional, un canchón de la avenida 28 de Julio, donde se apretujaban cientos de cholos que huían al maltrato de los limeños clasemedieros que preferían escuchar en las radios temas en inglés porque veían con desidia que sus paisanos pudieran expresarse en quechua. Un estigma que, de alguna manera, nos acompaña hasta el día de hoy.

Destaca el testimonio de nuestro amigo Sergio Castillo, horazeriano y contador nato de historias y una prueba de ello son las pocas veces que nos hemos visto en el Huaytapallana de Huancayo mirando la plaza y contando secretos que, consideramos, nadie más lo sabe. Pues, Sergio interviene en esta película para darnos rasgos esenciales de Flor Pucarina y que dan brillo a este constructo donde el personaje principal solo aparece en fotos o en breves recortes de vídeos antiguos cuando no en las carátulas de sus discos.

En 1987 grabó “Mi último canto» de la composición de Paulino Torres. Fue amada e idolatrada por miles y tuvo compañeros y aliados, pero murió sola. “Sola, siempre sola, voy rodando por el mundo” se escucha a lo lejos por las callecitas de La Victoria.

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El respeto se fue de vacaciones en Perú

Cuando los valores se pierden, la impunidad avanza y el respeto termina pisoteado.

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5 días ago

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21/09/2026

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Luis Felipe Alpaca

El respeto y la educación empiezan en casa. Eso siempre se supo, pero esta época “virtual” y de “plástico”, como la canción de Blades, “porque solo se ven las caras, pero nunca el corazón”, ha trastocado lo elemental: convivencia, valores, educación y cultura, pero sobre todo, respeto.

Ahora la cortesía y el acatamiento se fueron de vacaciones o pasaron a la jubilación, porque casi nadie respeta y tampoco se respetan las normas. Nuestro país tiene gente que no lo ama ni lo defiende, porque le roba desde las instituciones, el Ejecutivo, sus ministerios y el Congreso. Incluso, la Policía degradó su moral y el crimen ya la rebasó; hoy los delincuentes se pasean por el Perú como en su casa.

Los extranjeros ilegales vienen aquí a hacer lo que les da la gana, como si fuera su tierra, porque nadie se une para ponerles freno. Se ha consolidado la cultura de la infraternidad, del irrespeto, y la impunidad.

Quien tiene plata como cancha, apellido compuesto y poder político sale librado de la justicia, aunque la Constitución establece que la ley es igual para todos. Como esos escolares abusadores del Liceo Naval, que insólitamente no han sido expulsados del plantel y encima fueron trasladados en bus turístico directo a Maranga, para permanecer allí 120 días mientras esperan sentencia. Y se librarán de la máxima pena de 35 años solo porque son menores de edad.

De padres decentes no salen hijos desadaptados clasistas y patanes. Pero de padres patanes y malcriados, salen hijos que son plagas sociales. ¿Acaso no vimos a un sujeto que hace unos días le dio un escupitajo a un periodista porque le preguntó por su hijo presuntamente implicado en un ataque sexual? ¿Acaso no vemos a una periodista del ‘prime time’ revelar la identidad de una víctima adolescente, fingiendo error?

¿Acaso no vemos anarquía en las calles, con motorizados temerarios que tomaron las pistas y veredas? cientos de letreros publicitarios por campaña municipal contaminan el paisaje, mientras funcionarios municipales no dicen nada, porque quizá estén metidos en la colada electoral.

Basta ya. Escuchemos a quienes tienen experiencia y sapiencia. A pesar de esta mala racha, donde lo malo e incorrecto se volvió normal, el Perú siempre es más grande que todo.

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Opinión

La broma infinita: Cara de Ángel, Bryce Echenique y los chicos de Larry Clark

Lee la columna de Juan José Sandoval

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6 días ago

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21/09/2026

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Redacción Lima Gris

Por Juan José Sandoval

Todo comenzó en la campaña presidencial, cuando el candidato celestial amenazó con introducirle una tortuga por el recto al jefe de las elecciones. Meses después, ese síntoma se manifiesta en el aberrante caso de bullying en un colegio sanborjino, cuyos autores guardan hoy penitencia en Maranguita.

Durante la detención de los pequeños monstruos, uno de los padres de los presuntos agresores escupió en el rostro a un periodista en la puerta de la comisaría para, al día siguiente, ratificar su bestialidad declarando que se había quedado corto y que debió agredir aún más a los hombres de prensa.

Ese padre de familia fue asesor de imagen del candidato celestial que quiso sodomizar a un funcionario público. Con ello queda ratificada la premisa sintomática de una sociedad impune con serios trastornos de índole sexual.

Si bien el término bullying es de uso reciente —no tiene más de dos décadas de haber sido popularizado—, uno de los primeros casos que involucró a un colegio de pitucos se remonta a 1952, cuando el padre del escritor Alfredo Bryce Echenique denunció públicamente en el diario El Comercio que su hijo había sido víctima de una golpiza. Un instructor militar obligó a «Julius» a pasar por un callejón oscuro formado por un centenar de sus compañeros del colegio Santa María. El beodo de las letras terminó inconsciente en una clínica.

En la década siguiente ya no hablamos de una expresión de los barrios de clase alta, sino de la marginalidad urbana de Los inocentes, donde un adolescente apodado «Cara de Ángel» vive presionado por demostrar su hombría, mientras sus amigos lo llaman «María Félix» o «María Bonita».

Dicho cuento magistral de la literatura peruana propone una realidad que, setenta años después, sigue vigente: la homosexualización como herramienta de sometimiento.

Otro contexto desgarrador que vincula juventud y bullying lo encontramos en los años noventa en las películas de Larry Clark, cineasta norteamericano que retrató la decadencia moral de los jóvenes. Filmes como «Ken Park» , «Bully» y, especialmente, «Kids» —coescrita con Harmony Korine, quien a su vez dirigió «Gummo»—, desarrollan un espectro desolador de las futuras generaciones, donde las drogas, el sexo y la impunidad sociocultural se manifiestan de manera cotidiana y habitual.

No en vano, esta nefasta semana en que el colegio Liceo Naval abrió las vísceras de nuestra miseria, tuvo como cereza del pastel la torpeza cometida por la conductora Milagros Leiva al mencionar el nombre de la víctima: un adolescente que encuentra en su patria un abandono miserable frente a una situación injusta. Eso es el Perú.

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Los bots de Machu Picchu: el escándalo de las entradas

Lee la columna de Edwn Cavello

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6 días ago

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21/09/2026

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Edwin Cavello Limas

Machu Picchu no fue tomada por conquistadores, sino por algoritmos. Y esta vez los invasores no llegaron con espadas, sino con bots. Ocho empresas turísticas quedaron vinculadas con el bloqueo automatizado de 209.051 entradas. Más de 131 mil terminaron anuladas o vencidas. Mientras el turista común veía el calendario lleno, alguien, detrás de una computadora, hacía negocio con la escasez.

Qué maravilla la tecnología cuando sirve para comprar un boleto. Los nombres de las empresas que usaron bots son: Enjoy Machupicchu Travel, Treppid, Inca Path Peru, Enjoy Cusco, Tripscape Travel, Quimbaya Tours, South American Tours y Cóndor Travel. Y aquí conviene decir algo elemental: si una empresa utilizó mecanismos automatizados para acaparar cupos, corresponde que explique qué hizo, cómo lo hizo y para quién lo hizo. Cóndor Travel, por ejemplo, ya rechazó públicamente haber usado bots. Que hablen todos. Que se investigue todo.

Pero el escándalo tiene otra puerta que nadie debería cerrar: la responsabilidad de quienes administraban el sistema. Porque los bots no aparecieron por generación espontánea. Alguien diseñó las reglas, alguien administró la plataforma y alguien permitió que durante meses el sistema pudiera ser bloqueado de esa manera.

Y aquí reaparece el nombre del arqueólogo José Bastante. No lo digo yo: su nombre aparece en actuaciones e informes de Contraloría vinculados al anterior escándalo de la gestión de entradas. El propio Congreso dejó constancia de que Bastante figuraba en ese informe y que correspondía seguir el debido proceso. También se conocieron comunicaciones que Contraloría examinó en relación con la gestión de boletos. Entonces la pregunta es inevitable: ¿qué responsabilidad tuvo Bastante y qué se hizo después?

Hoy Bastante vuelve a aparecer en escena y, según se ha informado, se reunió con el ministro Alberto Beingolea y funcionarios de Cultura. Perfecto. Pero mientras se conversa, hay una pregunta que no puede quedar atrapada en otro bot: ¿qué dice Beingolea sobre las observaciones de Contraloría y sobre la actuación de Bastante?

No basta cambiar el botón de una plataforma. No basta eliminar las reservas temporales y poner quince minutos para pagar. Hay que determinar responsabilidades, revisar quién sabía qué, quién permitió qué y por qué el Estado tardó tanto en detectar una trampa que terminó bloqueando 210 mil entradas.

Machu Picchu es patrimonio de todos nosotros. No puede convertirse en patrimonio de los bots.

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