Uno de mis primos se casó en el patio de su casa con un arroz con pollo de su mamá y todo el barrio bailó hasta las 4. Aquí se gastaron medio Perú en un castillo. Cada uno con su vaina, claro, pero qué diferencia, ¿no? Ojalá les dure la felicidad, que el matrimonio es lo difícil, no la fiesta.