El Chato Matta llegó al restaurante por un cebichito de lenguado y para la sed una chicha morada fresquecita. “María, el gran Pancholón me timbró al celular: ‘Chatito, vente volando a mi sauna preferido porque están cambiando de hierbas y están poniendo eucalipto, menta, romero y cascaritas de naranja y piña. Pero cuidado con los largadores y malaleche’.
Cuando llegué, el abogado mujeriego estaba emocionado con unas chelitas encima: ‘Tenemos que ir al FestiTrome, el tonazo por los 25 años del ‘diario papá’. Van a estar las chicas de Alma Bella que son unas preciosuras’.
Pero le vi la cara y tenía unos arañones. Me contó que se había peleado con la tóxica porque es enferma de los celos y, como estaba molesto, llamó a la ‘señora de las cuatro décadas’, compró una botella de ron y se amaneció en el hostal de los infieles con su ‘incondicional’, que siempre está disponible cuando la llama.
‘Chatito, han pasado algunos años desde que me divorcié de una mala mujer, soy libre, viajo por el mundo, tengo camioneta 4x4, me llueve la chamba, pero no soy feliz’.
‘Qué importa, la vida es una sola, nunca voy a cambiar. Te cuento que la abogada tóxica se arrepintió y me empezó a mandar audios de ‘wasap’ llorando. Me dio pena y la perdoné. Lo malo es que se alucina mi esposa. ‘Panchito, ven a la casa, te he preparado algo rico’, me dijo toda zalamera. Nos pusimos a tomar. Los tragos subieron y puse un video de mi cantante preferido, el gran Cano Estremera cuando interpretó ‘El incomprendido’ en la Ferrer de la avenida Faucett.
Allí estuvo este gordito: ‘Oye, ese soy yo/ Yo, yo, yo, creo que voy, solito a estar cuando me muera,/ He sido el incomprendido, ni tú ni nadie me ha querido querido tal como soy/ Yo, yo, yo, solo estaré y juraré que cuando muera, chalaco, aún así con mis presagios pondré tu nombre flor de labios y moriréeeee...’.
El trago me subió, la saqué a bailar, la apreté fuerte y le susurré al oído: ‘Te amo, mi tóxica, gracias por cuidarme’. Pero le dio un ataque de celos y empezó a gritarme: ‘Oye, viejo zorro, marica, ya leí tus mensajes en el ‘wasap’ cuando te quedaste dormido, eres un maldito cochino, te fuiste a La Posada para revolcarte con esa vieja’.

Yo le respondí: ‘Qué te pasa, mi amorcito, ya he cambiado. Ya estoy plantado como Domínguez’. Pero nada. Estaba poseída por el demonio. Mejor me olvido de esta mujer, ya no estoy para enfermas de los celos’”. Qué cochino y sinvergüenza es ese señor Pancholón. Nunca va a cambiar. Terminará viejo y solo. Me voy, cuídense.
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