El Chato Matta llegó al restaurante por un tiradito tricolor y de fondo un chaufita de mariscos. Para calmar la sed pidió una chicha morada. “María, me timbró al celular mi hermano Pancholón. ‘Chatito, vente volando a mi sauna preferido porque ya mandé a cambiar las hierbas y están poniendo eucalipto, manzanilla, romero y cascaritas de piña y naranja. Que no te vayan a seguir los envidiosos y malaleche’.

Cuando llegué estaba en la cámara de vapor, a más de 50 grados, con su ‘hermano’, el goleador Nicolás Sánchez, quien cumplió 25 años de abogado. ‘Chatito, la vida es una sola, papá, nos escapamos de la marcación de La tóxica, para ir a un point del sur de Lima, donde nos esperaban dos lindas chamitas, a quienes les hice un favor y en agradecimiento ambas prometieron hacerme la danza de los tambores.

Cuando las catiras movían las caderas y los ombliguitos, mis ojos ruleteaban, ya estaba virolo y babeando de lujuria. Me descontrolé y me llevé a la más linda a la habitación principal donde dejé bien a los varones con mi internacional ‘salto del chanchito’. Pero pasó algo alucinante, cuando me volvía loco de placer entre las sábanas, La tóxica comenzó a llamarme por celular. No sabía si contestar o seguir con mi faenón, pero tanto timbró que me preocupé y contesté”.

“La tóxica me increpó indignada: ‘¿No me dijiste que tenías una diligencia en la avenida España? Eres un mentiroso, un falso, un maldito. Qué haces en el sur de Lima, exactamente en San Bartolo?’. Me quedé sorprendido. Cómo sabía con exactitud dónde me encontraba si yo había apagado mi iPhone 15 Pro Max recién traído de Estados Unidos.

Me asusté, así que salí de la habitación y llamé al goleador y a las chamitas, diciendo que se cancelaba la reunión. Regresé a casa a toda velocidad para llamarle la atención a la enferma de los celos, pero la encontré llorando: ‘Eres un coño de tu madre, un falso. Te he seguido segundo a segundo hasta donde llegaste porque le puse un chip a tu camioneta. Sé dónde andas desde que regresé de Caracas’.

Esa falta de respeto y de confianza no la podía tolerar. ‘Mañana te compro tu pasaje de regreso a Venezuela y chau’. Ella se asustó y me rejuró que ya no iba a volver a rastrearme, pero ya no confío en ella. ‘Voy a romper ese chip, por favor perdóname’, me prometió. Pero yo seguía ofendido. Por dentro me puse a cantar uno de mis temas preferidos de El Gran Combo, ‘Regresa ya’: ‘Vas de fracaso en fracaso/ Buscando yo no sé qué/ Quizá buscando emociones/ Que yo siempre te brindé/ Si tú me tienes a mí / Que sabes cuánto te quieroooo…’”.

Ese señor Pancholón es un caradura. Engaña a su pareja y se molesta. Va a terminar solo, viejo y enfermo por sinvergüenza. Encima está mal de la próstata y no quiere operarse. Me voy, cuídense.

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