La tarea antológica en la literatura peruana rara vez se limita a la mera recopilación; constituye, en sí mismo, un gesto crítico y estético. En “A la altura del corazón. Poesía peruana circa 1975” (Fondo Editorial Cultura Peruana, 2026), el poeta, crítico y ensayista Róger Santiváñez asume la tarea de cartografiar la poesía nacional entre el ímpetu conversacional e ideológico de la generación de 1975 —dominada conceptualmente por la impronta de Hora Zero— y la posterior irrupción de las estéticas neovanguardistas y marginales que se consolidaron en los años ochenta.

Antólogo

Santiváñez asume el prólogo, selección y notas; y propone un ajuste historiográfico. La lectura nos da clave para distinguir la poesía escrita cerca al año de 1975 del dogmatismo ideológico y de las métricas rígidas del juicio generacional, para ubicarla en el terreno de la pulsión lírica, la intimidad golpeada y la resistencia subjetiva frente a un contexto socio-político convulso. Considerar que “es crítica & testimonio” (p. 11).

Contexto 1975

El año 1975 marca un quiebre estructural en la historia republicana del Perú: el fin de la primera fase del gobierno revolucionario de las fuerzas armadas (se depuso a Juan Velasco) y el paulatino resquebrajamiento de los proyectos de izquierda. En el plano literario, mientras la poética del 70 se articulaba mayoritariamente bajo la supremacía del poema del largo aliento, el habla urbana cotidiana y el compromiso político, la “promoción circa (hacia) 1975” empieza a experimentar un paulatino agotamiento de esas fórmulas. Se advierte interfase entre la utopía colectiva al repliegue subjetivo.

Deslinde

No quiere decir que se esté negando la fundamental importancia de Hora Zero. “Se trata —sencillamente— de cubrir un panorama de autores, ordenados de un modo personal (el nuestro) y no porque hubieren sido “invisibilizados” ni nada por el estilo; sino por el placer de juntarlos con un criterio de valoración temporal y estética que está explicado y desarrollado en este prólogo” (p. 28). Ciertamente, cumple con su “objetiva meta y su modesta contribución a la historia de la poesía peruana del siglo XX” (p. 30).

Los incluidos

En la selección de Santiváñez, los poemas dan cuenta de un descentramiento. Sin renunciar a la permeabilidad de lo cotidiano, la poética de este tramo intermedio empieza a resquebrajar del “nosotros” para devolverle al “yo” su fragilidad. La poesía recopilada no pierde el vínculo con la calle o la urbe, pero la registra con una musicalidad distinta: más atenta a la fragmentación, al erotismo, al desengaño y a las búsquedas fónicas que luego caracterizarían a expresiones de algunos autores de los 80.

Constructor

La postura de Róger Santiváñez al configurar este muestrario no es la del académico distante, sino la del poeta-testigo que participó activamente en los núcleos que transformaron el lenguaje poético peruano. Su labor de edición actúa como un microscopio que amplifica las voces que quedaron opacadas en la historiografía nacional. Desde el titular, “A la altura del corazón”, queda implícito que la validez del poema no radica en su adhesión a un manifiesto ni en su corrección doctrinal, sino en la autenticidad fónica y emocional del verso. Santiváñez rescata textos donde el lenguaje se tensa: la mezcla entre el registro culto, la jerga urbana y la exploración melódica. La antología funciona como una genealogía que conecta a figuras bisagra del periodo con la posterior renovación estética del fin de siglo.

Tensiones

En el corpus del libro, se percibe la tensión entre dos fuerzas: la herencia del tono coloquial (la presencia del paisaje urbano, las referencias a la cultura popular y el ritmo de la conversación cotidiana). Y, la búsqueda de la propia música (frente al riesgo del panfleto o de la narratividad en que a veces caía el conversacionalismo, los autores seleccionados en esta muestra optan por la condensación verbal, el refinamiento del oído y el erotismo como refugio existencial). Entonces, el valor de la obra radica en demostrar que la “promoción del 75” no fue un apéndice estéril entre dos décadas influyentes, sino un territorio de germinación en el que la poesía peruana recuperó la intuición, el ritmo y el lirismo visceral.

Conclusión

Frente a la vigencia y el despliegue de los horazerianos, los poetas de esta promoción 1975 cultivan una ascesis lírica, una mirada más desencantada, conversacional o intimista. Sin renunciar a la materia urbana, su lenguaje se vuelve más sobrio, a veces cínico o teñido de una melancolía urbana muy propia de los años de plomo de la transición militar. “A la altura del corazón. Poesía peruana circa 1975” es un aporte indispensable para la definición del mosaico poético nacional. Róger Santiváñez articula un volumen que mueve el orden establecido para transformarlo en un documento memorable.

Este muestrario comprueba que en medio de la crisis institucional y del desencanto político de mediados de los setenta, la poesía peruana no se detuvo: encontró en el rigor de la forma, en la apertura melódica y en la honestidad de la voz individual un espacio inexpugnable para seguir respirando. Están incluidos quienes deben estar. Hay que releerlos.

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