“A veces los libros llegan a nuestras manos como llegan las semillas”, dice la maestra Sussy Tacanga, en alusión a LAS AVENTURAS DE ILLA, mágico libro recientemente publicado por la docente y escritora Sonia Guevara Castillo (Chepén, La Libertad).

“Basta con abrirlo —continúa la maestra Sussy— para descubrir que entre sus páginas no solo habitan rimas y hermosas ilustraciones, sino también caminos que invitan a recorrer el Perú con ojos curiosos y el corazón despierto”.

La imagen expresa bien lo que ofrece este libro. Su subtítulo, “26 rimas para un país mágico”, anuncia una travesía de palabras, colores y musicalidad. Aquí, conocer el país significa también imaginarlo, escuchar sus sonidos y acercarse con afecto a las particularidades de cada lugar. La narración, los versos y las ilustraciones se encuentran para hacer de la lectura una experiencia de descubrimiento, imaginación y disfrute.

ABRAZO CON LA NATURALEZA

Y, efectivamente, “Las aventuras de Illa” es una semilla de luz. La aventura comienza en “Tumbes: el bosque que camina”. Illa llega a los manglares, donde las raíces de los árboles parecen piernas largas sumergidas en el agua. Allí conoce al cangrejo rojo, guardián de los secretos de la marea.

Las imágenes acompañan al personaje y muestran la belleza de su entorno; los versos cierran la escena con una invitación a escuchar: “Raíces que van danzando, / en el agua de cristal, / Tumbes nos va regalando / un abrazo vegetal”.

Ese abrazo es también una manera de acercar la naturaleza al corazón de los niños. Entre imágenes y versos, el manglar cobra vida: sus raíces danzan, sus secretos despiertan preguntas y sus aguas invitan a imaginar. El lector puede sentirlo cercano, como si también él recibiera ese abrazo y descubriera, al dejarse envolver, un motivo para quererlo y cuidarlo.

PALABRAS VIAJERAS

La ruta continúa con “Piura: el sol en una tinaja”. Como en el pasaje anterior, la historia de Illa encuentra en la rima una prolongación de su encanto y una síntesis de conocimiento: “Tierra de arena y de fuego, / donde el sol quiere vivir, / en Piura yo siempre ruego / nunca dejes de reír”.

Narración y poesía van revelando aquello que hace singular a cada lugar. Las palabras juegan con un claro propósito que va más allá del simple juego. El juego de las palabras despierta la curiosidad y nos acerca al conocimiento y a la valoración de nuestro país.

El recorrido avanza por la costa hasta Tacna y luego gira, en un cambio de tonalidades, hacia “Cajamarca: el espejo del Inca”. Como una cometa que danza al compás del viento, Illa enlaza paisajes y experiencias. Pasa por Amazonas, Huánuco, Pasco, Junín, Huancavelica, Ayacucho y Apurímac, hasta llegar a “Cusco: el ombligo del mundo”.

COSECHAR ASOMBROS

Hay en esta travesía un revoloteo permanente entre imágenes y palabras. Illa se asoma a “Puno: el lago que toca las estrellas”. Vuelve a Arequipa y hace otra pirueta hacia “Moquegua: el valle de los sabores”. Después vuela a San Martín, entre mariposas; gira hacia “Loreto: el río que es un mar”; descubre “Madre de Dios: el corazón del mundo verde”, y culmina en “Ucayali: el canto de los bordados”.

La sucesión de lugares se sostiene en esa cadencia juguetona. Cada parada propone una imagen, una pequeña historia y una oportunidad de reconocer algo valioso del Perú. El lector acompaña a Illa, pero también descubre valiosas razones para detenerse a apreciar.

Y como si el encanto de este recorrido no hubiera sido suficiente, aparece la voz de una guía imaginaria para decirnos: ¡Misión cumplida! Los granos de Kiwicha se convierten, entonces, en versos hechos para vivir en la memoria e imaginación de nuestros niños.

SEMBRAR AFECTOS

A Illa no le importa que su morral haya quedado vacío. Ella está feliz, pues “ha sembrado sus semillas en las 26 regiones del Perú y en el corazón de cada niño que conoció” en su recorrido de sueños y compromisos.

Coincido con la maestra Sussy Tacanga cuando destaca que las palabras y las imágenes nos invitan a dejarnos sorprender. Un manglar que parece caminar sobre el agua, una ciudad de barro que conversa con el mar o una enorme hoja amazónica convertida en balsa bajo el cielo estrellado abren puertas para imaginar y seguir descubriendo.

En esa relación entre historia, geografía, verso e ilustración se reconoce el compromiso pedagógico de Sonia Guevara Castillo. Su libro invita a apreciar nuestro país de otra manera, a conocerlo desde la curiosidad y a recorrerlo con la imaginación y el afecto.

SEMILLAS DE LUZ

Tal vez allí resida la fuerza de este hermoso libro: en acompañar a los niños a descubrir un país que pueden aprender a querer entrañablemente. Cada paisaje, cada palabra y cada imagen propician un encuentro con lo que somos y siembran un afecto que puede seguir creciendo más allá de sus páginas.

El morral de Illa queda vacío, sí, pero sus semillas viajan ahora con el lector. Quizá un niño cierre este libro y mire su tierra con otros ojos. Si de ese afecto nace el deseo de cuidarla, la aventura habrá echado raíces. El Perú tendrá un lugar en su corazón y él sabrá que también le corresponde protegerlo.

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