Opinión
Mary Vásquez: la poesía es un instanteLee la columna de Hélard Fuentes Pastor
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27 minutos agoon
12/10/2026By
Redacción Lima Gris
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Por Hélard Fuentes Pastor
Hay criaturas que parecen un invento de la poesía. El colibrí es una de ellas. Su tamaño diminuto, la velocidad de sus alas, su vinculación con las flores, su capacidad para permanecer suspendido por varios segundos en el aire y su aparición —siempre fugaz—, lo transforman en una de esas presencias de la naturaleza que, difícilmente, podemos contemplar sin convertirla en metáfora.
Por eso, cuando Mary Vásquez Góngora, médico de profesión, catedrática jubilada de la Universidad de San Agustín de Arequipa, titula su poemario Colibríes, realiza una declaración de las formas. El colibrí aquí, anuncia una manera de entender la poesía: una poesía pequeña en su extensión, ligera en su estructura, veloz en su aparición, pero profunda en aquello que pretende comunicar al lector.
Los poemas de este libro son, efectivamente, breves. Esa brevedad no debe confundirse con inconsistencia. En Colibríes, la extensión es el mecanismo que permite que la palabra adquiera una mayor densidad. Cada poema busca fijar una imagen, una emoción, una pregunta o una intuición para reflexionar sobre ella.
Un colibrí no necesita ser grande para captar nuestra atención. No necesita permanecer. Basta un instante de vuelo, un destello, el movimiento casi imperceptible de sus alas, para conectar con el espíritu. Algo semejante ocurre con estos poemas: llegan, se posan y dejan una impresión en el lector.
Desde el primer poema encontramos una forma de condensación. El texto comienza con «Melancólica mirada de luna en plenilunio» y avanza mediante asociaciones sucesivas hasta concluir: «Desnuda la palabra es / Amor» (I). El poema no desarrolla una historia. No necesita hacerlo. Su procedimiento consiste en aproximar imágenes: la luna, la mirada, el color, la ternura, la voz, la fragancia y, finalmente, la palabra desnuda.
Los versos se desvisten de explicaciones, de discursos extensos, de aquello que pudiera interponerse entre ellos y la emoción. Esa es, precisamente, una de las características del colibrí como símbolo. Su pequeñez no significa ausencia, sino concentración.
Hay algo particularmente interesante en la disposición del libro. Los versos son acompañados por pequeñas imágenes de colibríes, que funcionan casi como una presencia constante en el recorrido de las páginas. Esto permite pensar el poemario como un territorio de vuelo, donde cada numeral es una pequeña aparición. El lector pasa las páginas como quien sigue el movimiento de un ave jugueteando por distintos lugares.
Y los lugares donde se sostiene la poesía de Vásquez son diversos. Hay amor, melancolía, soledad, amistad, paso del tiempo, vejez, juventud, naturaleza, sociedad, memoria y muerte.
Hay poemas que juegan con la figura del tiempo. Otros introducen una dimensión afectiva y melancólica. El procedimiento se repite: el poema se aproxima a una experiencia y, en lugar de explicar extensamente, la condensa. De ahí que leer estas líneas requiera cierta disposición a detenerse o a una pausa, en términos ignacianos. Para apreciar a un colibrí hay que detener la mirada. Para interiorizar estos poemas también.
Quizá una de las metáforas más sugerentes para hablar de Colibríes sea la del néctar. La poesía, de alguna manera, también lo busca. No necesita quedarse con toda la realidad: extrae una mínima porción, aquella capaz de contener su esencia. Eso sucede, por ejemplo, cuando el poema XIX afirma: «Quien escribe en el /claroscuro de la horas / […]/ El Poeta». Aquí la palabra «claroscuro» introduce una imagen particularmente fértil en la creación literaria.
El poema XXIII, por ejemplo, pregunta: «¿Quién soy?» y responde mediante una serie de aproximaciones al «ser». La pregunta no queda cerrada en una definición. Por el contrario, permanece abierta. La autora no pretende resolver la identidad, sino convertirla en movimiento.
Y nuevamente aparece el colibrí que no se deja atrapar del todo.
La naturaleza ocupa un lugar particularmente importante en el libro, pero se convierte en una manera de pensar la experiencia humana. Uno de los ejemplos más claros se encuentra en el poema XVIII: «Verde alfombra y alegre arboleda /Oxigeno las ideas /Pasos que van y vienen por mis orillas /Pensantes hombres y mujeres». Aquí la naturaleza y la sociedad se encuentran. La arboleda no es únicamente un espacio de color, se convierte en hogar.
También encontramos otra característica de la poética de Mary Vásquez: la naturaleza es una forma de conocimiento. El árbol, la flor, el sol, el viento, la luna, las estaciones y el propio colibrí nombran aquello que sería más difícil expresar mediante un lenguaje puramente conceptual.
En el poema IX, por ejemplo, la primavera aparece como una fuerza de renovación: «Nacientes pétalos en extendido vuelo» o en el XLI «Flores son de no me olvides». La primavera puede entenderse como una alegoría del renacimiento, pero también de la poesía misma.
El amor es otro de los territorios recurrentes del libro. Pero tampoco aparece tratado desde una sola perspectiva. Hay deseo, ausencia, recuerdo, ternura y pérdida. En el poema XXVIII encontramos una imagen particularmente hermosa: «Ligeritos los días y los años se van /apretaditas hormigas /en el espacio tiempo». Hay una relación profunda entre naturaleza y persona. El tiempo pasa y se ajusta, los cuerpos envejecen, las estaciones cambian, el ser avanza. La naturaleza se convierte en espejo de la existencia.
Los poemas de Colibríes parecen pequeñas criaturas dentro del poemario. Cada uno tiene su propio ritmo, su propia respiración. Algunos son más contemplativos, otros son irónicos; algunos se acercan al amor, otros a la crítica social. Pero todos participan de esa condición de lo pequeño, donde la economía verbal resulta fundamental.
En una época donde con frecuencia se relaciona la profundidad con la extensión, estos poemas proponen otra mirada: la intensidad de lo breve. Quizá el poema XL lo expresa de manera sugerente: «¡Oh! Amada /Ramillete de amor /Amortiguaste mi caída». El poema se construye alrededor de aquello que no termina de suceder. Y esa suspensión es profundamente poética.
Colibríes nos propone una pregunta que parece sencilla, pero que toca uno de los problemas fundamentales de la poesía: ¿cuánto necesita decir un poema? La respuesta de Mary Vásquez está en la brevedad. Un poema puede contener una sola imagen. Puede formular una pregunta y dejarla sin respuesta. Puede nombrar cualquier cosa, una flor, un árbol, una corbata michi, una bolsa de plástico, una mirada o un cuerpo. Puede detenerse ante la muerte sin convertirla en elegía. Puede medir el paso del tiempo desde la dimensión de un instante. Porque la poesía no depende de la cantidad de palabras, sino de aquello que esas palabras son capaces de abrir en nuestras palpitaciones más sentidas.
Leer Colibríes es aceptar que la poesía puede vivir en lo mínimo. Que un verso pequeño puede contener una emoción grande. Que una imagen breve puede abrir una memoria extensa. Que una palabra, cuando está verdaderamente cargada de poesía, no necesita de muchas otras compañeras en la brega que, a veces, significa escribir un verso.
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Redacción Lima Gris
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Lugares históricos de ArequipaLee la columna de Julio Aguilar
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12/10/2026By
Redacción Lima Gris
Por Julio Aguilar
Arequipa, la Blanca Ciudad de eterno resplandor, es sin duda una de las urbes más hermosas del mundo. Su belleza radica en su vasta amalgama cultural: una síntesis perfecta entre la vida cosmopolita y la esencia de barrio que habita en cada rincón. Sus calles guardan en silencio las vivencias de quienes la habitaron en el pasado y de quienes hoy le dan vida.
Sus casonas, plazas y puentes ofrecen un espacio de encuentro donde lugareños y visitantes saborean la auténtica identidad arequipeña. Arequipa es, además, una tierra donde se come de maravilla, sobra el ocio, se respira arte, cultura y se goza de la calidez de su gente.
A propósito de sus 486 años de fundación, me tomo la libertad de recorrer, a través de estas líneas, la memoria urbana de la ciudad. Con el trabajo del historiador Mario Arce Espinoza como brújula, busco rescatar ese pedazo de nuestra historia viva: aquellas tradiciones perennes que nos recuerdan por qué ser arequipeño es un privilegio reservado para pocos.
Para empezar, valga una pregunta sencilla: ¿quién no escuchó a sus madres o abuelas exclamar a viva voz: “¡Cierra la puerta, que la casa no es un tambo!”? Y allí íbamos nosotros, a regañadientes, pidiendo disculpas por un pecado casi imperdonable mientras cerrábamos la puerta de la casa, preguntándonos a qué se referían exactamente.
En la Arequipa de antaño, el comercio giraba en torno a la agricultura y la ganadería. El ganado provenía de Caylloma y La Unión, mientras que el arroz llegaba desde el valle de Camaná. En ese engranaje, los tambos funcionaban como centros de acopio y refugio para los comerciantes, quienes encontraban en ellos descanso, comida y energía para continuar la jornada, convirtiéndolos en núcleos dinámicos de intercambio.
Entre los tambos más representativos destacan El Bronce y La Cabezona, ambos ubicados en el tradicional barrio El Solar. Este último guarda una memoria peculiar: a lo largo del tiempo mutó de molino a recinto comercial, para terminar como vivienda de familias humildes. Su curioso nombre rinde homenaje al apodo de una de sus propietarias, Manuela Bellido, célebre tanto por su fisonomía como por su fama de prestamista severa y usurera.
Historias como esta abundan en recintos donde la vida cotidiana narra memorias. Hacia 1940, por ejemplo, los vecinos de La Cabezona celebraban la fiesta de la Cruz cada mayo, mientras los niños aprovechaban las vacaciones para montar funciones de circo en sus patios.
Si de tradición se trata, es imposible no mencionar a San Lázaro, el barrio más antiguo de Arequipa. Aunque hoy se ha desmentido la creencia de que allí se fundó la ciudad, mantiene su estatus como el corazón de la vida vecinal: el escenario de los primeros partidos de fútbol y de los primeros amores. Sus callejuelas custodian la impronta española y el legado de los yarabayas, los primeros pobladores del valle del Chili. Según la tradición, en este espacio convivieron ambas culturas antes de que el 15 de agosto de 1540 el capitán Garcí Manuel de Carbajal fundara la “Villa Hermosa de Nuestra Señora de la Asunta”, hito conmemorado hoy en la plaza Campo Redondo. Con una estatua, de una arquitectura que entrelaza rasgos renacentistas, barrocos y neoarequipeños, San Lázaro brilla por su valor patrimonial y su animada vida nocturna, donde entre cafés y restaurantes bohemios destaca el Café Ámano, punto de encuentro preferido de quienes nos encontramos en plena juventud.
Para no perder la costumbre y, a modo de cierre, es imprescindible mencionar nuestra emblemática Plaza de Armas, testigo silencioso de innumerables episodios que marcaron el rumbo de nuestra historia. Epicentro de sublevaciones y gestas heroicas, albergó en 1950 la célebre revolución protagonizada por los estudiantes del Colegio Nacional de la Independencia Americana, quienes, indignados ante los abusos y arbitrariedades de las autoridades educativas, se alzaron en busca de justicia. Como huella indeleble de aquel enfrentamiento entre alumnos y fuerzas del orden, en la torre del reloj de la Catedral aún se observa el impacto de una bala perdida. Asimismo, este espacio continúa siendo el gran escenario de actos litúrgicos y culturales; un claro ejemplo son las tradicionales serenatas del 14 de agosto, las cuales se celebran allí mismo poco después de culminada la tradicional Entrada de Ccapo.
Arequipa no es solo una ciudad; es un sentimiento e identidad. No en vano se repite con orgullo aquel popular refrán que hoy cobra más fuerza que nunca: “Arequipa es otro país”.
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El MINEDU ordena y precisa uso de celulares en colegios de Educación InicialLee la columna de Marisol Verónica Giordano Silva
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7 minutos agoon
12/10/2026By
Redacción Lima Gris
Por Marisol Verónica Giordano Silva*
Como se recuerda, el Ejecutivo dispuso, mediante el Decreto Supremo Nº 018-2026-MINEDU, el Reglamento de la Ley Nº 32385, “Ley que regula el uso de teléfonos celulares en todas las instituciones y programas educativos de la educación básica”, en los niveles de Educación Primaria y Educación Secundaria.
Sin embargo, en este contexto, a través de la Resolución Ministerial Nº 612-2026-MINEDU, publicada el domingo 11 de octubre del presente año, en el Diario Oficial El Peruano, el MINEDU dispuso que, durante la jornada escolar en las instituciones y programas educativos públicos y privados del nivel de Educación Inicial, estará restringido el uso personal, recreativo o de carácter no pedagógico de teléfonos celulares por parte de los niños.
En ese sentido, las llamadas, la mensajería, los juegos, el uso de redes sociales, la reproducción de contenidos, la toma de fotografías o videos y cualquier otra actividad quedan restringidos, mientras no respondan a las necesidades educativas.
Igualmente, el MINEDU dispone que las Direcciones Regionales de Educación y las Unidades de Gestión Educativa Local, así como las instituciones y programas educativos públicos y privados del nivel de Educación Inicial, deberán implementar en el ámbito de sus competencias las disposiciones establecidas en la Resolución Ministerial Nº 612-2026-MINEDU.
No obstante, habrá autorización para el uso de celulares cuando resulte necesaria para atender necesidades educativas específicas, barreras para el aprendizaje, necesidades vinculadas con la salud, condiciones de discapacidad u otras circunstancias debidamente sustentadas, bajo la supervisión del personal educativo correspondiente.
Estamos pues ante una norma importante y que permitirá estrechar las relaciones y coordinaciones de las instituciones educativas, públicas y privadas, con los padres de familia, promoviendo el uso responsable y saludable de los celulares, ganándole así a la ansiedad y previniendo la adicción en el uso de equipos tecnológicos, pues la norma fomentará espacios libres que ponderen el juego sano, la actividad física, la lecto-escritura, el desarrollo del talento humano y de las actividades acordes con el desarrollo integral de los infantes.
Todos los padres de familia, los docentes, personal auxiliar y administrativo de las instituciones educativas estamos ahora más comprometidos que nunca, vía la resolución de marras, a fin de proteger el bienestar y desarrollo integral del niño.
Ahora bien, de otro lado, la norma limita las llamadas, los mensajes, los videojuegos, el acceso a redes sociales y la reproducción de contenidos desde estos dispositivos, así como restringe la toma de fotografías y la grabación de videos, como parte de las actividades que quedan fuera del uso permitido en el ámbito escolar.
En consecuencia, la resolución proporciona los criterios claros para que los docentes puedan emplear los celulares, de manera excepcional, solo cuando exista una finalidad pedagógica planificada previamente y adecuada a las características y necesidades de los educandos. Así, la resolución señala, textualmente, que “Su uso es breve, pertinente, con mediación docente y complementario a las experiencias de juego, exploración, movimiento, comunicación e interacción”.
Es un gran acierto del ministro José Antonio Chang y del equipo del MINEDU, el disponer mediante esta resolución, que el uso de la tecnología sea solo para acompañar las experiencias educativas, limitando sustantivamente la utilización de celulares que al final generan alteración en la salud mental de los niños; y por ello es clave la comprensión, participación e involucramiento de los padres de familia en este nuevo escenario, mediante una estrecha coordinación con los docentes y auxiliares de educación.
Sin duda, más temprano que tarde, las disposiciones de la Resolución Ministerial Nº 612-2026-MINEDU tienen que ser incorporados en los planes anuales de trabajo (PAT) y los reglamentos internos (RI) de los colegios públicos y privados.
(*) Dra. en Gestión Pública y pedagoga
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Liberté, Égalité, FraternitéLee la columna de Edwin Cavello
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43 minutos agoon
12/10/2026By
Edwin Cavello Limas
En Francia cuando los estudiantes reclaman educación, el Estado les ofrece represión. Libertad, igualdad y fraternidad, decía aquel lema que terminó convirtiéndose en souvenir turístico. Porque una cosa es imprimirlo en las monedas y otra muy distinta practicarlo cuando los jóvenes exigen que sus escuelas no se caigan a pedazos.
Desde finales de septiembre, liceos bloqueados, calles tomadas y enfrentamientos con la policía sacuden Francia. En París, más de 100 mil estudiantes, universitarios y trabajadores se concentraron en La Bastilla, ese lugar donde alguna vez se derribaron símbolos del poder. Ahora los jóvenes quieren derribar otra muralla: la indiferencia de un gobierno que parece creer que la educación pública funciona con discursos, aplausos y fotografías oficiales.
Los reclamos no son precisamente extravagantes. Faltan profesores, hay docentes que desaparecen durante semanas sin reemplazo y edificios escolares que soportan el calor con la misma dignidad que un horno industrial. Las jornadas se prolongan hasta las seis de la tarde y, para ingresar a la universidad, miles de jóvenes deben atravesar el laberinto de Parcoursup. Al parecer, estudiar en Francia se ha convertido en una carrera de obstáculos.
¿Y cuál es la respuesta del gobierno de Emmanuel Macron? Represión, detenciones y enfrentamientos. Cientos de heridos y miles de detenidos acompañan una crisis que ya no cabe debajo de la alfombra del Palacio del Elíseo. Cuando los estudiantes levantan la voz, el poder parece escuchar únicamente el ruido de las sirenas.
Claro, las cuentas públicas están en rojo y Francia arrastra una deuda enorme. Nadie propone imprimir billetes en la fotocopiadora del colegio. Pero siempre resulta curioso que el dinero sea un problema insoluble cuando se trata de aulas y profesores, mientras la autoridad encuentra recursos suficientes para desplegar uniformes, escudos y gases lacrimógenos. Además, el presidente Macron anda más preocupado en abastecer de armamento militar a Ucrania.
La historia francesa debería advertirle a Macron que la calle no es un decorado. En 2006, los estudiantes consiguieron que se retirara una reforma laboral. Los chalecos amarillos también obligaron al gobierno a retroceder. En Francia, subestimar la protesta suele salir bastante más caro que escucharla.
Macron atraviesa un gobierno debilitado y una sociedad cansada. Responder con fuerza policial a una demanda educativa no resuelve la crisis. Liberté, Égalité, Fraternité, son tres palabras hermosas, que, cuando los estudiantes piden que se cumplan, el gobierno las aplasta con las botas.
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La ilusión multipolar y el rescate de la soberanía: valores occidentales para el Perú del siglo XXILee la columna de Raúl Allain
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2 días agoon
10/10/2026By
Raúl Allain
Por Raúl Allain (*)
No deja de resultar desoladoramente paradojal observar cómo la misma izquierda que durante décadas se rasgó las vestiduras denunciando el supuesto imperialismo y la injerencia extranjera, hoy aplauda con entusiasmo servil el avance impúdico de potencias autocráticas en nuestro territorio. Con un malabarismo ideológico digno de estudio sociológico, los sectores progresistas y la izquierda radical han decidido rebautizar la penetración geopolítica de regímenes autoritarios como Pekín o Moscú bajo el edulcorado eufemismo de la “cooperación Sur-Sur” o la antesala de un prometedor “mundo multipolar”.
Se trata, digámoslo sin rodeos, de una colosal estafa narrativa diseñada para anestesiar la conciencia crítica de los peruanos mientras entregamos las llaves de nuestro futuro.
Como analista y observador de la dinámica social y política de nuestra patria, me asalta con frecuencia una profunda inquietud cuando escucho a ciertos intelectuales de gabinete pontificar en seminarios sobre las supuestas bondades de la neutralidad geopolítica. Sostienen, con un candor que roza la irresponsabilidad, que el Perú debe dejarse querer por todos, aceptando inversiones sin mirar la letra chica ni reparar en la naturaleza moral o política de quienes depositan los cheques.
Pero en la alta política internacional la ingenuidad se paga demasiado cara. El lenguaje del poder no conoce de filantropía ni de solidaridad entre pueblos hermanos; responde, única y exclusivamente, a intereses estratégicos de dominio y expansión.
La narrativa de la izquierda intenta vender la idea de que alinearse con estas autocracias nos otorga autonomía frente a las potencias occidentales tradicionales. Qué trágica ceguera. Lo que en realidad estamos presenciando en América Latina no es el nacimiento de un orden multipolar más justo o democrático, sino la instauración de una nueva forma de subordinación neocolonial, mucho más opaca, voraz e inmune a la rendición de cuentas.
Las autocracias no buscan socios soberanos; buscan satélites dependientes, mercados cautivos y plataformas logísticas para proyectar su hegemonía militar y económica global.
Miremos por un instante el espejo regional para entender la magnitud del riesgo. El recorrido latinoamericano reciente nos muestra un rastro sumamente aleccionador de lo que ocurre cuando un Estado renuncia a sus salvaguardas soberanas en nombre del pragmatismo o la sintonía ideológica. Ahí está la Venezuela destruida por el chavismo, empeñada hasta los tuétanos con Pekín y convertida en la base de operaciones caribeña del aparato de inteligencia de Moscú, habiendo entregado su soberanía petrolera y minera a cambio de financiamiento para mantener a flote a una dictadura sanguinaria.
Ahí está también la Argentina del kirchnerismo, que cedió una porción de su territorio nacional en la Patagonia para la instalación de una misteriosa estación espacial china bajo control de las fuerzas armadas de ese país, envuelta en un secretismo que indigna a cualquier patriota.
En el Perú, lamentablemente, este fenómeno ha alcanzado proporciones alarmantes mientras la clase política miraba hacia otro lado, obnubilada por el brillo del dinero fresco o paralizada por el temor a ser tildada de antiinversionista. El caso del megapuerto de Chancay constituye el ejemplo más emblemático y delicado de esta encrucijada estratégica. Nadie con sentido común puede oponerse a la modernización de la infraestructura nacional ni a la creación de polos de desarrollo que generen empleo para miles de compatriotas.
El problema no radica en el hormigón, en las grúas ni en el comercio exterior; el verdadero problema radica en la estructura de propiedad, la falta de transparencia y los vacíos legales mediante los cuales se entregó la operatividad exclusiva de un activo de seguridad nacional a una empresa estatal vinculada directamente al aparato político de una potencia extranjera.
¿En qué momento decidimos que la infraestructura crítica de la república podía quedar al margen de la soberanía del Estado? ¿Cómo es posible que hayamos permitido que el puerto más importante del Pacífico suramericano, llamado a ser la puerta de entrada y salida de los recursos continentales, opere bajo esquemas de excepción legal que comprometen nuestra propia capacidad de fiscalización y defensa?
No estamos hablando de una fábrica de golosinas ni de una cadena de restaurantes; hablamos del corazón logístico, comercial y geopolítico del Perú.
A esto se suma la alarmante concentración en el sector energético, donde corporaciones estatales extranjeras han ido adquiriendo en silencio monopolios de distribución eléctrica en el norte del país y en la propia capital republicana. Cuando un ciudadano en Lima o en el norte enciende la luz en su hogar, le está pagando la cuenta a una entidad controlada por un régimen autoritario extranjero. En la sociología del poder, esto se llama vulnerabilidad sistémica.
Un país que entrega el control de sus puertos, sus redes de energía y sus comunicaciones a estados autocráticos renuncia implícitamente a su capacidad de tomar decisiones autónomas en momentos de crisis internacional. Nos convertimos, en la práctica, en rehenes de los intereses geopolíticos de otros.
La llamada «diplomacia de la trampa de la deuda» y la invasión silenciosa de capitales opacos no son fantasías geopolíticas ni paranoia de la Guerra Fría. Son tácticas documentadas y probadas en África, Asia y el Caribe, donde países enteros se han visto obligados a ceder el control de sus recursos naturales, minas y puertos marítimos al no poder honrar compromisos financieros leoninos redactados bajo cláusulas de estricta confidencialidad. ¿Queremos que el Perú siga ese mismo camino de servidumbre y pierda la voz en el concierto internacional?
Es precisamente frente a esta amenaza encubierta donde cobra sentido indispensable la articulación de una propuesta sólida desde la derecha soberanista y patriótica. Una propuesta que no debe confundirse jamás con un aislamiento autárquico ni con un proteccionismo mercantilista caduco. Al contrario, la derecha que el Perú necesita en este siglo XXI es una derecha con visión global, pero profundamente arraigada en la defensa de la peruanidad, los valores nacionales y la seguridad de la república.
Debemos proclamar con absoluta firmeza que el desarrollo comercial del Perú no es incompatible con la defensa de nuestra soberanía nacional. El Perú no puede ser una chacra sin portero ni un botín geopolítico. La inversión extranjera es bienvenida, siempre y cuando respete de manera irrestricta nuestras leyes, se someta a los tribunales nacionales, garantice la libre competencia, respete el medio ambiente y, sobre todo, no comprometa los activos estratégicos de la nación.
La verdadera seguridad jurídica no consiste únicamente en ofrecer garantías al inversionista; consiste también en exigir que el inversionista respete la integridad institucional y soberana del país que lo acoge.
En este tablero de ajedrez mundial, el Perú no puede ser neutral respecto a los principios sobre los cuales se edifica la convivencia civilizada. Nuestro destino histórico, cultural y jurídico pertenece de manera inequívoca a la civilización occidental. El alineamiento con los valores de la libertad individual, la propiedad privada, la transparencia institucional, la separación de poderes y el imperio de la ley no es un mero capricho ideológico; es la mejor salvaguardia de nuestra propia democracia y el único marco donde la iniciativa privada puede florecer sin favoritismos ni mafias estatales.
Las autocracias ofrecen dinero rápido y sin preguntas incómodas sobre derechos humanos, democracia o transparencia tributaria. Esa es la carnada con la que seducen a los gobernantes corruptos o débiles de nuestro continente. Sin embargo, ese dinero aparentemente fácil tiene un costo oculto devastador: la erosión de nuestras instituciones y la importación de prácticas corporativas signadas por el secreto, la corrupción y el desprecio por la legalidad democrática.
Cuando permitimos que empresas estatales autocráticas compitan en nuestro mercado, no estamos promoviendo el libre comercio; estamos aceptando una competencia desleal respaldada por el cofre ilimitado de un Estado extranjero, lo que termina desplazando al empresariado nacional y destruyendo la libre competencia genuina.
Por todo ello, la derecha soberanista debe asumir el liderazgo de una agenda de seguridad nacional y desarrollo integral. Esto exige, en primer lugar, la creación de un marco normativo riguroso que someta a revisión y filtrado estratégico toda inversión extranjera en sectores sensibles como la energía, las telecomunicaciones, la minería estratégica y la infraestructura portuaria y aeroportuaria.
Ninguna potencia extranjera, sea de donde sea, debe poseer el monopolio ni el control exclusivo de los nervios vitales de la nación.
En segundo lugar, debemos diversificar inteligentemente nuestros socios comerciales bajo el principio del comercio seguro y transparente. El Perú debe fortalecer sus alianzas estratégicas con las democracias del mundo, atrayendo capitales privados que sí rindan cuentas a sus accionistas, a la prensa libre y a la justicia, y que compitan en igualdad de condiciones sin la sombra de un aparato de inteligencia militar detrás de sus estados financieros. Esa es la manera de construir un capitalismo vigoroso, abierto y resistente a las presiones autoritarias.
En tercer lugar, es urgente recuperar el orgullo y la dignidad en nuestra política exterior. Durante años, la diplomacia peruana ha caído en una especie de pragmatismo tibio que raya en el cinismo, prefiriendo la comodidad del silencio ante las violaciones flagrantes de los derechos humanos y el expansionismo autocrático en el mundo. Un Perú fuerte y soberano debe hablar con voz clara en los foros internacionales, defendiendo la libertad, el derecho internacional y la autodeterminación frente a las aventuras imperiales que amenazan la paz global.
No nos engañemos más con las fábulas románticas de la izquierda. El cuento de la «cooperación Sur-Sur» es la envoltura dorada de un regalo envenenado. La verdadera independencia del Perú no se logra cambiando una supuesta dependencia por una subordinación real ante regímenes autoritarios que desprecian los valores democráticos. La verdadera independencia se ejerce haciendo cumplir la Constitución, protegiendo nuestros recursos estratégicos, defendiendo la libertad de nuestros ciudadanos y abriendo nuestra economía al mundo con reglas claras, patriotismo y altivez.
Estamos a tiempo de corregir el rumbo y blindar a nuestra patria contra las garras del neocolonialismo autocrático. La defensa de la soberanía nacional, la libertad de empresa bajo el imperio de la ley y el orgullo de pertenecer a la tradición democrática occidental son los pilares indispensables sobre los cuales debemos edificar el Perú de las próximas décadas. No permitamos que nos arrebaten el futuro a cambio de espejitos de colores. Es hora de recuperar la firmeza, la dignidad y el control de nuestro propio destino nacional.
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¿Quién dirige el Liceo Naval Almirante Guise?Lee la columna de Leonardo Serrano Zapata
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2 días agoon
10/10/2026By
Leonardo Serrano Zapata
Esta semana vimos un amplio despliegue de prensa para cubrir la intervención en la I.E. Mariano Melgar («Marianito»), en Breña, realizada el 6 de octubre con la presencia del viceministro de Gestión Institucional, Luis Alemán. Asimismo, se informó de su participación en Arequipa para la restitución del estadio Mariano Melgar por mandato judicial, ejecutada este 9 de octubre. Acompañar y coordinar la desocupación de espacios públicos en manos de inquilinos precarios forma parte del deber de la función pública.
Sin embargo, persiste una pregunta de fondo: ¿quién se encarga de la dirección del Liceo Naval Almirante Guise? Mediante la Resolución Ministerial N.° 576-2026-MINEDU, del 21 de septiembre de 2026, el Ministerio de Educación encargó la dirección del colegio a Luis Antonio Alemán Nakamine, viceministro de Gestión Institucional, «en adición a sus funciones» y mientras se designe a un titular. Es decir, el mismo alto funcionario que recorre colegios del país tiene bajo su responsabilidad directa una de las instituciones más cuestionadas.
Este encargo era temporal. El Decreto Supremo N.° 016-2026-MINEDU, publicado el 18 de septiembre, dispuso que el Minedu adopte las medidas necesarias para nombrar al director responsable del proceso de reorganización. Posteriormente, los lineamientos para dicha designación se aprobaron mediante la Resolución Ministerial N.° 598-2026-MINEDU el 1 de octubre y se publicaron el sábado 3 de octubre. A pesar de que han transcurrido seis días desde su publicación (y ocho desde su aprobación), el Minedu aún no hace público quién asumirá el cargo.
La urgencia de los plazos responde al contexto. El hecho denunciado ocurrió el 15 de septiembre: un estudiante de 16 años fue agredido sexualmente dentro de un bus escolar.
En la actualidad, se investiga la presunta omisión de funciones de los docentes Rafael Ludeña Valdivia (entrenador de la delegación deportiva) y Víctor Muñoz Guerra (docente acompañante), así como la actuación de la exdirectora Carito Ayala. Desde la agresión han transcurrido 24 días, y han pasado 22 días desde que la Presidencia anunció la reorganización el 17 de septiembre.
A esta incertidumbre se suma un aspecto financiero que requiere explicación: según el artículo 21 de los lineamientos, la remuneración del director que liderará la reorganización se financiará con el presupuesto del Sector Defensa y no con el del Ministerio de Educación.
De este modo, el colegio queda bajo la conducción del Minedu, pero el sueldo de su director corre por cuenta de Defensa.
La ciudadanía merece saber quién dirigirá el Liceo Naval Almirante Guise, con qué perfil profesional y a partir de qué fecha. Un plan de trabajo no se improvisa, y menos en una IE. que enfrenta graves antecedentes de violencia escolar que deben ser atendidos por un gestor con perfil técnico especializado en gestión de instituciones educativas, gestión de crisis y un compromiso a tiempo completo y no en adicción a sus funciones.
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El amor hasta la muerte, de Alain Resnais (1984)Lee la columna de Mario Castro Cobos
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3 días agoon
09/10/2026By
Mario Castro Cobos
Resnais jugando a (o con) el cine de la trascendencia… Para no ser una película de Bergman, y para no ser una película de Dreyer…
Es como si no estuviera claro (o no del todo) qué es estar vivo y (como contraparte y como complemento) qué es estar muerto. Y es que (en la película ¿y fuera de ella?) ¿sabemos la diferencia? Vivir y morir es quizá no saberla. Y claro: ¿Por qué tendría que estar claro? Además: se puede filmar a la carne de modo fantasmal. Como si no fuera.
Un hombre, sin previo aviso -suele suceder-, muere. (Por cierto sus gritos suenan como una mujer en parto ¿un parto al revés?) Y luego sin más resucita. ¿Así de fácil? Así de difícil. -Solo así-. ¿Así fue o eso cree él? Vivo o muerto (o mitad y mitad), ya parece muerto aunque siga, o vuelva, a estar vivo. Y eso cómo se resuelve. ¿El amor? Pero este hombre va a volver pronto a morir…
¡El amor loco! La locura amorosa a dúo. El amar y ser amado ‘en virtud de la posesión’ ¿y por qué no en virtud del amor que no quiere poseer? (eros versus ágape) y convertido o descubierto como el Todo, como ‘Dios y el Mundo’. El Principio y el Fin. ‘El amor es fuerte como la muerte’.
Minimalismo. Concentración. Vaciamiento. ‘Cine de cámara’. Economía de medios (ejercicio espiritual, ‘película pequeña’). Cómo volver a la esencia. O quizá no hay esencia. Igual hay que volver ‘al punto de partida’.
Película simple y extraña, ¡así que para llegar a la divinidad se necesita menos juguetería!, vista más atentamente no tan simple, y entonces también menos extraña. Oscura sí, y a la vez sumamente argumentativa, con voluntad clarificadora.
-Pues sí, es de lleno el juego de los nombres, de los entes identificables-.
Dos parejas. Grosso modo los incrédulos y los creyentes. Alguien incrédulo quisiera creer, y alguien creyente no puede (aunque quiera) evitar dudar.
Han destacado la actuación entregada de Sabine Azéma, que es visible y vistosa, pero lo que hace Fanny Ardant, en su lógica creyente y mística y teológica… Y en una escena entre las dos solas… íntima y confesional.
Si en esta ocasión Resnais rivaliza -fraterniza- con Bergman y con Dreyer ¿qué tal es el resultado? Extraño, atrayente, conmovedor, fascinador.
Película
https://ok.ru/video/5835882236514
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Limpieza en Casa de la Literatura PeruanaLee la columna de Edwin Cavello
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3 días agoon
09/10/2026By
Edwin Cavello Limas
Hay gente que confunde una institución pública con la sala de su casa. Entra, se acomoda, consigue que sus amigos entren también y, cuando alguien se atreve a mover los muebles, pone el grito en el cielo. Algo de eso parece ocurrir en la Casa de la Literatura Peruana, donde algunos trabajadores, especialmente ciertos nombrados, actúan como si el Estado les hubiera entregado las llaves de una chacra familiar.
Ahora resulta que retirar locadores es una tragedia cultural, una persecución contra la intelectualidad y casi un atentado contra la literatura. ¡Por favor! Que alguien les alcance un diccionario y les recuerde que la literatura también incluye la palabra renovación.
Nadie discute que la cultura necesita presupuesto. Lo que sí merece discutirse es cómo se administra y quiénes se benefician de él. Porque una cosa es defender el trabajo cultural y otra muy distinta convertir esa defensa en un escudo para proteger puestos de esposas, maridos, amantes, amistades y pequeñas cuotas de poder.
Durante años, la Casa de la Literatura ha arrastrado una gestión que necesita una revisión profunda. Y entre sus problemas está la contratación de locadores que, según los cuestionamientos planteados, no necesariamente llegaron por sus méritos profesionales, sino por relaciones políticas, recomendaciones y la vieja dedocracia peruana: ese sistema de selección donde el currículum no importa.
Así, mientras el presupuesto se reparte entre un pequeño círculo, la institución corre el riesgo de seguir ofreciendo una gestión mediocre, incapaz de sacudirse las costumbres burocráticas que convierten la cultura en una oficina de favores.
Lo curioso es que algunos pretenden presentar cualquier cambio como una cacería de brujas. Sin embargo, cuando se trata de revisar quién trabaja, qué hace y qué resultados ofrece, aparecen de inmediato los defensores de la estabilidad. Se pasan de farsantes.
En el caso de Casalit se trata de exigir que cada puesto tenga sentido, que cada contratación responda a necesidades reales y que los resultados puedan evaluarse sin que aparezca una legión de ofendidos.
El ministro José Antonio Chang tiene una tarea pendiente: reestructurar la Casa de la Literatura Peruana, revisar su funcionamiento y terminar con cualquier práctica que convierta una institución cultural en patrimonio de un grupo. Si realmente pretende que este espacio continúe existiendo con prestigio, debe demostrarlo con decisiones y no con discursos.
La cultura peruana merece algo mejor que una chacra con libros.
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Un pirata de jugueteLee la columna de María Luz Crevoisier
Published
3 días agoon
08/10/2026By
María Luz Crevoisier
Un niño, una habitación y una casa, en cualquier país que tenga mar alrededor, como podría ser Perú y el magnífico Pacífico o México con el mar Caribe, circulando su geografía al sudoeste de la península de Yucatán.
Este es el escenario inicial de la historia de Capitán Ahab, una hermosa novela para niños (y grandes de todas las edades) del escritor mexicano Alejandro Alonso Aguirre, recientemente editada por Lluvia Editores.
Son más de 50 páginas que trazan de manera poética las aventuras del Niño junto a su gata Susana, el único personaje que lleva un nombre. Los demás son los padres, el barrio, la escuela, sustantivos que construyen la historia inspirada en Moby-Dick, novela del escritor norteamericano Herman Melville (1819/1891) teniendo como aliento alguna leyenda de Gustavo Adolfo Bécquer, un acercamiento a las narraciones de Alan Poe y una complicidad literaria y mágica, con la leyenda mexicana, La mulata de Córdoba. Sumemos y combinemos estos antecedentes y surgirá como por encanto EL CAPITÁN AHAB, un libro bellamente ilustrado por el dibujante mexica David Lara y diseñada por el artista cajamarquino William Guillén Padilla. Son muchas manos que se abrazaron para darle forma y presencia al Capitán Ahab en octubre del 2026.
Ese niño pirata
El protagonista de este relato poético, es un niño como cualquiera, al parecer hijo único, que habita en un departamento de los tantos edificios que invaden Lima o México o Santiago o La Paz, con la particularidad de que él sueña en convertirse en un pirata para buscar a una ballena de dimensiones superlativas.
Deja a un lado los videojuegos, seguramente también el celular, el trompo y las canicas, para sumergirse en el amplio mundo de la fantasía. Sus padres le prometieron vacaciones en la playa, si salía aprobado en los estudios escolares. Colegimos que tiene 8,9 o 10 años, preludiando la pre adolescencia, de ahí su afán de hacer realidad aquellos sueños que le inspiraron la lectura de Moby Dick y aquella fascinante leyenda mexicana, La Mulata de Córdoba que le narrara su madre.
Concluido el año escolar, las prometidas vacaciones se frustran, pues el padre, se quedó sin trabajo al ser despedido de manera intempestiva, eventualidad tan común en nuestros tiempos que Alonso no deja de tomar en cuenta, y que podrían equivaler a la frustración de los sueños de este niño.
El proyecto de pirata, se refugia en su dormitorio junto a la gata Susana, a quien ha nombrado como Segundo Oficial de aquél fantástico viaje. Y si bien ha perdido la oportunidad de realizar la gran aventura, no ha dejado la idea.
Y tan firme es su propósito, que con las crayolas del curso de Arte, va trazando un gran barco en la pared detrás del armario para que no lo descubran y cuando lo concluye, aborda el navío (¿una carabela, un galeón?) tomando el timón y el mando, mientras Susana, maúlla una despedida a la ciudad que se va quedando lejos, cada vez más lejos y el barco del niño pirata, surca el cielo de todas las estrellas mientras los puertos de las galaxias, lo esperan con un coro de ángeles.
Esta es la historia de aquel niño, que supo hacer realidad el sueño de su vida de manera onírica y fantástica.
EL CAPITÁN AHAB, está, como dijimos, bellamente ilustrado por el artista mexicano David Lara y diseñado por el escritor y también artista plástico cajamarquino William Guillén Padilla. Y fue precisamente Guillén quien lo seleccionó para que figure en la Feria Virtual del Libro, que se realizará en julio del 2027 en Cajamarca como todos los años, siendo William Guillén el organizador de este evento cultural.
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