¿Qué tal, amigos? Estanos con una nueva entrega de ‘Lateando con Puchungo’. Ahora estamos en Chorrillos, una zona chévere, zona bacán, populosa, cercana a la playa. Gran jugador, bajito él. Se reían con su voz. Goles importantes, no goles, golazos. Respetado y querido por todo lo que ha hecho y por la persona que es. Así que vamos a buscar a su casa a Aldito Olcese. Vamos.
Mira también:Este es tu hogar.
Esta es mi casa. Yo acá nací, acá estuve hasta cerca de los 16, 17 años. Y luego nos mudamos. Acá en Huaylas hay una comisaría, la Comisaría de Huaylas, justo a la espalda. España se llama la avenida. O sea, yo acá crecí desde que nací hasta los 16 años más o menos y luego nos mudamos.
Esta es la casa de la familia.
Claro, exacto. Esta. Nosotros somos cinco hermanos y siempre lo digo, este es un chiste antiguo, pero siempre lo digo: mi viejo ha sido muy ordenado en sus cosas siempre. Entonces, somos cinco hermanos: era hombre, mujer, hombre, mujer y yo...
Tú eras el último.
Yo soy el último, pero mi viejo, ordenado...
¿Qué diferencia con el mayor de edad?
Ah, no sé. José, que ya sabe que está desheredado de la familia. Porque es el único hincha de la ‘U’. Nosotros somos hinchas del Muni, como mi viejo... Y es más, mi viejo por eso nunca ha tenido plata. La familia, cuando el papá muere o mamá muere, los hermanos se pelean por el billete. Mi viejo no tiene ni un carajo. Entonces, los hermanos no tenemos por qué pelearnos. Hasta para eso es ordenado.
Y ya mi viejo dice: mejor no tengo nada de billete. Quiere una buena familia, para que la familia y mis hijos no se peleen. Entonces, mi hermano José tendrá... Sesenta y pico de edad, la verdad.
¿Cómo hacías para pelotear acá?
No, fácil. Yo salía con mi hermano Ángelo, que es el tercero, que jugaba muy bien. Ángelo, un zurdo. Jugaba muy, muy bien.
¿Muni también?
También, hincha del Muni, inteligente mi hermano.
¿Por qué, antes que me cuentes, por qué esa afinidad con Muni?
Por mi papá, por mi papá.
Ah, el viejo era de la época de don Tito.
Claro, mi papá hincha a muerte del Muni. Pero hincha, hincha, loco, fanático del Muni. Entonces, él desde chiquito: Municipal, Municipal, Municipal. Acá nomás, a unas tres, cuatro cuadras, había un club. Primero se llamaba Asociación y luego se llamó Asociación Nicolini. Y yo veía, íbamos, mi papá paraba en ese club jugando bocha, jugando sus cartas. Y era siempre una pelea de mi papá contra tres de la U, contra cuatro de Alianza, contra dos de Cristal.

Él solito: no, que el Muni, que esto, que el otro. Y yo miraba eso, yo lo escuchaba, sus historias. No, que Cueto es el mejor. Sí, pero Cueto salió del Muni. No, que Chumpitaz es el capitán. Sí, pero Chumpitaz tambien jugó en Muni. Entonces, todas esas, las respuestas las tenía mi viejo.
A mí me emocionó mucho, chato. Y yo lo puse en mis redes cuando campeonaste con Muni y lograron el ascenso. Fue muy, muy emocionante. Esa colgada tuya en la reja. Me imagino que tienes un cuadro de eso.
No, tengo ahí mis fotos, todo. Mi papá vino de España para ese partido. Fue algo hermoso, lindo.
Ah, estuvo acá tu viejo.
Sí, claro. Mi viejo estuvo acá. Toda mi familia ya vive en España. Están robando bancos allá. Mi mamá es la campana jajaja. No, mentira.
¿Lo viste cuando saliste a la cancha? ¿Sabías dónde estaba tu viejo?
Sí, claro. Sabía dónde estaba, todo, claro.
¿Cuándo tú te colgaste, estaba ahí tu viejo o no?
No, no, porque mi papá estaba en Occidente. Yo me colgué en la barra del Muni. Cuando apenas acabó el partido, yo me acerqué, le di mi polo, toda la vaina y ya, ¿no?
Qué loco debe ser para tu viejo, hincha del Muni...
No, claro.
Ver a su equipo subir con su hijo en cancha, ¿no? Y tú ya eras el mayor del equipo.
No, yo ya era grande, pues. Yo ya tenía 39 años.
Me imagino que no te habrá costado la decisión de ir a jugar a Liga 2 con Muni y tratar de subir.
No, no, para nada. Ahí, por ejemplo, yo tengo un agradecimiento enorme a Olga (mamá de su hijas) ¿no? Porque cuando a mí me llaman del Muni para firmar en Segunda, me llamaron unos hinchas: “Oye, vente al Muni”. Yo, encantado de la vida, pero hablo con el presidente y yo le digo, antes de salir, yo le digo: “Oye, voy a firmar por el Muni, pero voy a pedir poco, porque es el Muni”, ¿no?
Claro.
¿Cómo voy a pedir algo a mi equipo? Y yo te digo la verdad, yo pensaba pedir cuatro mil dólares, ¿ya? Es más, pedí los cuatro mil dólares.
¿Por mes?
Por mes. Y el presidente, Samuel Astudillo, me dice: No, estás loco. Yo te puedo dar cuatro mil soles. No, entonces, le digo: No, puta, presi, no se puede, imposible, ¿no? De ahí la llamo a Olga. Le digo: Pucha, no, no pasó nada, porque mira, querían dar cuatro mil soles y no, no, no se va a alcanzar.
Olga, en ese momento, trabajaba en una empresa y le iba bien. Y me dijo: Pero esto es tu sueño, tú tranquilo nomás, cumple tu sueño, que ya con mi trabajo, tú tranquilo, es tu sueño, así que dale nomás para adelante. Y sabes qué, colgué en un minuto, bajé y le dije: “Presi, ya está, ahora sí acepto”. Y me quedo en el Muni.
Apoyo total en eso. Que era lo que necesitabas en ese momento.
Exacto.
Porque ahí te ibas y no te quedabas en el aire.
Yo me iba y no pasaba nada. Yo tenía propuestas de equipos de Primera, pero de provincia. Igual, yo me había ido a jugar a provincia mucho tiempo, entonces yo no tenía un problema. Tenía propuestas, pero yo quería jugar en el Muni. Y Olga lo sabía, sabía perfectamente que era mi última oportunidad para jugar en el Municipal. Bueno, felizmente, en ese momento ella estaba trabajando y ganaba.
Terrible decisión, muy buena decisión. Al final, claro, el título lo gozaron toda la familia, ¿no?
TUVE TRES COLEGIOS
¿Dónde estudiabas acá, tu chato?
Yo tuve tres colegios. El primero era el Pedro Ruiz Gallo. Luego me voy al San Agustín porque me dieron beca en el colegio para jugar al Adecore y luego terminé en el Riva Agüero, un colegio que está acá nomás también. Es un colegio estatal que será del tamaño de, no sé, chiquitito. Tuve tres colegios, tres colegios.

Pero, ¿y ahí cómo hacías para irte hasta San Agustín?
Primero, mi hermana Fabiola, que es mayor que yo, me llevaba. Agarrábamos la Vía Expresa, que pasaba por acá, e íbamos a la Vía Expresa y mi hermana me dejaba en la Vía Expresa y ahí se regresaba.
¡A la mierda! ¿Todos los días?
Claro, ya lo hacía, ¿no? Porque tú sabes que antes era mucho más fácil subirte a un micro, no te iba a pasar nada. Me llevaba dos días, por ejemplo. Ya, hasta acá, acá. Ahora, ya sabes, ¿no? Tienes que agarrar tal micro, hasta tal lugar, de ahí te bajas...”.
¿Te equivocaste alguna vez?
No, porque yo era bien preocupado, o sea, bien, digamos, asustado. Yo estaba concentrado siempre en no perderme, ¿no? Entonces, cada vez que mi papá me llevaba a jugar a algún sitio, a Fertiza, por ejemplo, un lugar lejísimo, era lejazos, yo sabía que en algún momento mi papá me iba a decir: “Oye, ya, anda tú solo”, ¿no? Entonces, yo estaba siempre concentrado, miraba una casa o tomaba algo de referencia.
HAGO MENORES EN ALIANZA LIMA
Cuando haces tu primer contrato profesional, me dices en Cristal, ¿no?
Ajá, en Cristal.
¿Pero dónde haces menores primero?
Yo hago Alianza Menores, a los seis años.
¿Por qué llegas a Alianza?
Porque mi viejo me lleva a Alianza y, a esa edad, no había categoría para mí, pero el Cholo Castillo igual me acepta. Y yo entreno con Darío Muchotrigo, con la categoría de Darío, de Juanjo Velázquez. Estaban los hermanos del Coyote Rivera, estaba el Coyote Rivera también, estaba Zamamé, ¿no te acuerdas? Había un central moreno.
Claro, claro, Toño, Toño Moreno, claro.
Mi viejo los llevaba, al Coyote, a Monkey, su hermano y a Óscar. Los llevábamos siempre a entrenar, todos los días. Iban a mi casa y de ahí, porque mi viejo tenía un carrito.
Coyote, chancando siempre.
Y la peor es que yo era chiquito, era inocente, inocente. Entonces, mi viejo los citaba a las 8 de la mañana, por ejemplo, y estos les llegaban 6 y media de la mañana.
Puta, qué puntuales, decías tú.
Y yo les sacaba mis juguetes como huevón. “Vamos a jugar”. Y les sacaba, ¿no? Ya. Pero estos, mañosos de miércoles, iban a mi casa para ver a mi hermana Fabi. Entonces, iban a verla. Claro, yo, como huevón, les sacaba los juguetes. Yo les sacaba un futbolín y se mataban de la risa, pero estos delincuentes iban porque querían ver a mi hermana.

Ah, mira. Se iban a entrenar allá. Te quedaste un tiempo ahí.
Un tiempo, hasta que me dieron beca en el San Agustín. Me fui al San Agustín. Ya después San Agustín acabó, mi viejo me quiso llevar otra vez a Alianza, pero ya el Cholo Castillo, que ya tenía mi categoría copada con Ñol. Entonces me dijo: No, ya tengo mi equipo formado, ya no. Y mi viejo, que entendía de fútbol, dijo: Entonces, vámonos a Cristal, que es un club bueno. Me llevó a Cristal y, como el profe Fernando Mellán me conocía de los campeonatos, al toque me aceptó y ya me quedé en Cristal.
En Cristal. ¿Por qué no Muni?
Porque mi viejo sabía. Sabía que si me iba al Muni, no había, digamos, posibilidad, porque en Muni no había entrenadores, no tenían campo, no tenían nada. Y mi viejo sabía que Cristal era una institución seria y quedaba en el Rímac, imagínate. Pero me llevó allá porque sabía que allá iba a tener alguna posibilidad.
A los 18. Cuando debutas y ya vienes acá con la gente del barrio.
No, todos contentos.
Te imagino, ya jugabas en menores. Cuando hacían palomilladas, ¿te arrimaban? ¿o contaban contigo?
No, no, no. Las palomilladas siempre las hemos hecho conmigo, siempre. Lo único que sí, y eso se lo agradezco un montón a toda la gente, a todos mis amigos de acá, es que cuando venía gente de otro lado y quería ir al malecón a “reírse”... Apenas me decían eso a mí, los demás saltaban: No, no, no. Con él no te metas. Él va a ser futbolista. Entonces, siempre, en ese aspecto, ellos me cuidaron un montón.
¿Y ellos quiénes son? ¿Te acuerdas de los nombres?
Claro. Bueno, todos los del barrio, que son Fabricio, Marco, Pocho, el Pato, Marchena, Rudy, Juancito Alimaña. Están los más grandes, que eran Chinura, Vera, Eduardo. Ellos decían: “A este no lo toques”.
Pero qué chévere el tema del barrio, ¿no? De que los muchachos del barrio, que ya sabían que tú ibas a jugar, que estabas en menores, que ibas a ir a Cristal, te arrimen, ¿no?
Exacto.
Y que tú tengas la personalidad también de decir que no.
Es más, cuando ya era futbolista profesional y todo, y cuando yo sentía que me estaba agrandando, ¿no?. Tú sabes que la gente te dice: este está grandado.
De todas maneras.
Entonces, tú llegas a un momento en que tú dices: Soy el mejor. Cuando yo sentía eso automáticamente venía al barrio. Porque sabía que acá yo ya no era un jugador profesional. Yo acá era ‘Ñaja Ñaja’. Me decían: Oe Maleta, por malo, ¿no? Para ellos yo siempre he sido malo. Entonces, yo venía acá y pasaba a ser el Ñaja, Maleta, malo de mierda. Entonces, era volver a mi realidad. Yo ya no era un jugador, yo era un huevón más.
Qué chévere.
Y ellos siempre me decían Maleta. Yo venía acá al barrio y ellos sabían que, digamos, yo ya cobraba bastante. ¿Y tú crees que acá en algún momento alguien me decía: “Oye, pon todo”? ¿Tú pon todo? No, claro. Yo venía y por ahí ponía una caja. Terminábamos la caja y ahí separaba uno y compraba dos, el otro compraba dos. Y yo, si ya veía que no había, volvía. No, pero nunca fueron esos huevones vivos.
CUANDO JUGABA EN EL BARRIO ERA FRANCO NAVARRO O EL FLACO MALÁSQUEZ
Tu primera imagen viendo al Muni.
En el Estadio Nacional, tripletes. Me acuerdo clarito porque subía de la mano con mi papá. Y vas subiendo y vas viendo cómo aparecen las cabezas, ¿no? Y el Muni, en ese tiempo, tenía medias blancas, rojas, blancas. Me acuerdo clarito. Un short azul con filos rojos. Y la camiseta del Muni, franja roja. Ya enamorado. Yo venía y, en ese tiempo, no vendían camisetas del Muni. No las vendían. Entonces, mi mamá compraba de la selección.
Ah, le ponías el escudo del Muni.
El escudo del Muni. O, si no, me acuerdo que el Muni tenía un hincha que se apellidaba Cabello. Y él salía con el equipo con un poncho del Municipal, que tenía la insignia del Municipal grandote.
Cabello, Cabello. ¿El Barbón?
El Barbón. Y él salía con un poncho. Y yo me enamoré de eso. Le decía: “Mamá, yo quiero comprar”. “¿Y dónde vas a comprar?”. Entonces, mi mamá agarró una sábana, le hizo un hueco y le dibujó una insignia del Muni. Y yo le comencé a poner los jugadores municipales. En ese tiempo, Franco, Malásquez.
¿Qué jugador te impresionó esa primera vez que viste?
Los dos. Franco y Malásquez. Yo, cuando salía al barrio, si me tocaba ir al arco, era Gamarrita.
¿Fito?
Claro, era Gamarra. Yo era Gamarra. Si me tocaba, jugaba de 10, el flaco Malásquez. Si hacía gol, Franco Navarro. O era el Diablo Drago.

Tu cambio, eso de que la gente te conozca, te distinga en cualquier lugar. ¿Cuándo arreglas con Cristal? ¿En qué momento?
Yo creo que fue ya en el 98, que vuelvo a arreglar con Cristal. Yo debuté en el 93. En el 94 somos campeones con Cristal, pero yo casi no jugué. Luego me prestan a Aurich Cañaña, paso a Alianza Sullana. Ahí es donde hago mi mejor campaña. Y ya firmo en Cristal en el 98. A partir de ahí es donde la gente ya realmente me conocía, ya me pasaba la voz. Ya se me hacía un poco más difícil. No difícil, pero, como tú dices, ir a una discoteca, ya sabían quién era.
EL FAIR PLAY NO EXISTE PARA MÍ
El tema es... Yo asumo mi responsabilidad de todo. Para mí, el fair play no existe. Para mí es una mentira. Porque tú estás atacando y uno se tira al piso y, por fair play, la boto acá, pero cuando me la regresas, todo tu equipo ya regresó y te la mandan a tu arco. Para mí no existe el fair play. ¿Cuándo te pasó esa vaina? ¿Te jodía la gente?–Polémica en un Alianza Lima vs. Cienciano, 2004–
Hasta ahora. Hasta ahora me dicen: “Fair play, fair play...”. Yo ya venía molesto a ese partido, porque yo veía que los del Cienciano se tiraban a propósito. Y yo no se la doy. Y no se la di.
Porque todo equipo que está perdiendo, y no solamente en Perú, en la Premier League, hace tiempo, hermano.
Hace unos años atrás, ahí en Punta Negra. Bueno, somos socios, soy socio. Un pata, que ya estaba movido, me increpó eso: “Que tú no eres leal, porque esto, que lo otro...”. Y ya estábamos movidos. Y yo nunca soy de contestar, yo siempre soy tranquilo. Yo me cago de la risa y todo. Después, al día siguiente, ya el pata, bueno, disculpa. Y yo ahí ya le expliqué: “Mira, lo que pasa es esto. El fair play, con lo que tú mismo dices, el fair play no existe”. Ya, todo bacán. Pero sí, hay mucha gente que no lo entiende.

Hermano, no existe. Cuando haces tiempo, ya no es fair play. ¿Quién está ganando 1-0, faltan cinco minutos y va corriendo a traer la pelota? Por favor. Los entrenadores abren las piernas. El otro le esconde.
Preguntas al toque
¿Gol o asistencia?
Asistencia.
¿El técnico más loco que has tenido? ¿O que tenían mucha confianza y se jodían?
El que era un vacilón era el profe Arrué. Con Gustavo Costas también nos llevábamos muy bien. Pero sí, nunca tuve uno de esos rayadazos que te hacían cosas raras.
¿El profe Arrué de verdad que hacía sus equipos con cigarritos?
Con cigarritos, con chapitas. Lo que encontraba, me hacía sus equipos el profe.
¿El compañero más tacaño que has tenido?
Ah, este, Pedrito García. Pedrito García, tacaño, sí. Óscar Ibáñez. Julinho también.
¿La peor cancha que has jugado en el Perú?
Cerro de Pasco era horrible también. Huaral, en algún momento.
Un rival que te hacía renegar o que te golpeaba, que te jodía.
Alan Rodríguez.
¿A qué equipo te gustaba ganarle?
A la ‘U’.
Ya sé, ya sé lo que vas a decir. Por lo que te haciena en tu barrio.
Yo ganaba, le ganaba a la ‘U’ y automáticamente, ahí sí venía al barrio. Me compraba mi cerveza hasta que no saliera alguien de la U, no salía. Y te miraban, te zapeaban. Venía a joder, venía a joder porque a la U era...
¿Y cuándo te ganaban?
Ya no venía.
¿Messi o Maradona?
Maradona. Pero si te digo Maradona o Pelé...
Yo, Maradona.

La selección y su primer gol como profesional
¿Qué significaba cuando te llamaban a la selección?
Esa era una emoción enorme. Justo ayer hablaba con un periodista. O sea, estar en una selección, ya el hecho solamente de ponerte la camiseta, jugar un minuto, ya es algo impresionante. La primera vez que yo me puse a jugar fue en una Sub-17. Un partido amistoso que jugamos en Tacna o en Arica, no me acuerdo, contra Chile. Cuando me llevan el uniforme al hotel, o sea, a la habitación, yo me meto al baño y mirándome al espejo, me pongo la camiseta de Perú, ¿no? Y me miro al espejo. Era una sensación verte y ver la camiseta de la selección peruana puesta, ¿no?
En esa época era así, ¿no? Te daban de chibolo, te llevaban la camiseta un día antes, ¿no? No era que en el camerino. Un día antes te la daban y tú la dormías, ¿no? Tu primer gol en la profesional?
Yo creo, creo que fue en el año 93 con Cristal. Hubo un torneo donde no jugaban los titulares o los que estaban en la selección y fue contra Defensor Lima. Ahí me pasó algo bien curioso también. Yo había hecho un contrato bajo, que es el primer contrato que te cuento.
Con Cristal, correcto.
Y ese partido con Defensor Lima ganamos 3 a 0. Hice un gol, pero me expulsaron, ¿ya? Y en el camerino estaba Don Pancho Lombardi y El Ciego. Y yo estaba sentado y me dijeron: Te llama Don Pancho y El Ciego. Uy, chucha. Me expulsaron. Ya preocupado, pues, chibolito. Don Pancho me dice: ¿cuánto ganas, ah?”. Serio, ¿no? Y le decía cuánto ganaba.
Uy, te van a descontar, por la roja.
Claro, yo le respondí y me dijo: Ya. Vas a ir mañana donde Don Pepe porque te van a subir el sueldo”. Y yo... Hasta no lo podía creer. Al día siguiente fui donde Don Pepe Vergara y me aumentaron considerablemente.
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