¿Qué tal, amigos de Trome? Estamos en una nueva entrega de Lateando con Puchungo. Gracias a todos, siempre, por el apoyo. Estamos en Lince. Este es el límite, el límite de Lince con Santa Beatriz. A esta casa hemos venido muchas veces desde muy jóvenes a pasarla bien con los amigos y a saludar en los cumpleaños.
Mira también:Son hermanos. Ya van a ir saliendo, los hermanos, muy queridos. Uno de ellos, desgraciadamente, estuvo en el fatídico Fokker. Ellos también, peloteros. Mira, son mis hermanitos negros, como yo les digo. Ellos me dicen que soy su hermanito blanco cholo.
Así que vamos a buscar a los hermanos Cavero, Sandro y Aldo Cavero. Seguro que vamos a encontrar a uno bien vestido y al otro no. Esa es la clásica en ellos.
Ah, vamos a buscarlos ahorita acá.
Vamos acá. Ves, ahí están la banda. Está la banda de los Choclitos. Ricky Rincón. Maestro, buenas, mi hermanito. Qué gusto verte.
¿Qué tal acá la gente, los vecinos? ¿Todo bien? O sea, los conocen toda una vida a ellos.
Sandro: Esto es Santa Beatriz, que pertenece al Cercado de Lima y, cruzando esto, es Lince.
Claro. O sea, porque ustedes están identificados siempre con Lince por la zona, toda la vida.
Sandro: Sí. Es más, nosotros hemos nacido en nuestra casa, con partera.
Claro, en ese tiempo, en ese tiempo, esta era la clásica. Bueno, mi familia sí. La misma tía nos hizo nacer a los tres. Sí, a los tres hermanos.
Sandro: Este es Lince. Nosotros vivíamos acá a la vuelta, a una cuadra, y en esa cuadra donde nosotros vivíamos también vivían los Soto, Jorge y Pepe. Ellos, antes de vivir en Matute, vivían acá. Nosotros hemos jugado con ellos.
Después de eso, ellos se han ido a Matute. Y luego, a Precursores. Claro, porque la gente los identifica con Precursores.
Aldo: Pero no, son de Lince, de acá, de chibolos. A Pepe lo conocemos de los 10 años. Mi mamá era bien amiga de su mamá.
Sandro: Acá, en la 15 de Gálvez, se peloteaba cuando estábamos chibolos, pero por esta cuadra pasaban un montón de buses, de micros; entonces, a veces, retardaban los partidos. Entonces nosotros decíamos: «Vamos a jugar con carro o sin carro». No, con carro. Entonces tú tendrías que driblear. Dribleabas al rival y a los carros también. Era recontra peligroso.

Aldo: Y acá estamos, casi en la frontera, porque acá ya empieza La Victoria.
Acá tienen los cuatro: Balconcillo, La Victoria, Santa Beatriz y Lince. ¿Y cómo se movieron de acá?
Aldo: Nosotros nos fuimos ya cuando comenzamos a jugar fútbol. Claro. Ya alquilamos una casa. Sí, alquilamos una acá cerca.
¿Hasta qué edad estuvieron acá ustedes?
Sandro: Nosotros hemos vivido acá hasta los veintitantos años. Es más, cuando falleció mi hermano Milton, todavía vivíamos acá.
Ah, todavía estaban acá. 87. Sí. Y ustedes debutan ahí nomás, 90 y pico.
Yo debuto en el 89.
La juventud de los hermanos Cavero en el colegio Melitón Carvajal
Sandro: Es más, él estudió primaria en un colegio y después se trasladó al Melitón. Yo en el Melitón he estudiado toda mi vida.
Aldo: A mí sí me chocó, no, era mi colegio… era recontra sano. Mi cole, zanahoria; todas mis notas eran azules. Pasé al Melitón. A su madre parecía que había ido al Lurigancho. Encontrabas 50 por aula, acá éramos más que 15, 20.
Sandro: Tú, ahí, en el Melitón, tenías, por ejemplo, primero de media, a uno hasta 20 salones. En la mañana y en la tarde, igual.
Y, ¿qué tal en el colegio? Me dices que acá bien. En el otro te afectó.
Aldo: En el otro sí. No, en el otro sí me chocó, porque, aparte, había más cursos.
Sandro: Y cuando entró este, todo el mundo era de pelearse en el colegio. Entonces él me llamaba; yo ya conocía el colegio. Hasta que ya el hombre solo comenzó a crecer más que yo, más fuerte.
Aldo: Aparte, un día me dijo: Oye, la verdad, yo no te puedo estar defendiendo; entonces ya tienes que pelearte, porque es normal. Y eso que yo, cuando me he peleado, él ha estado ahí. Nadie se va a meter.
Sandro: Ahora, la gente de estas cuadras, de verdad, era sana, porque, o sea, como te digo, chacota y eso, pero tranquila. Pero la gente que venía de otro barrio te decía: Oye, no pasen por la 15, no pasen por la 17. Les tenían miedo a estas cuadras. Pero, de verdad, nosotros caminábamos por el barrio tranquilos; todo el mundo nos conocía, la familia, todo.

Pero, ¿por qué? ¿Por qué era la peligrosidad de este barrio? ¿Gente jodida?
Aldo y Sandro: Aparte que había gente morena, muchas familias morenas, y eran callejones. Entonces salía, y sale la mamá, ponen 10 sillas, salen las hijas, toda la gente; iba a carnavales, sacaba su piscina.
Oh, pero era lata. ¿Cuántas cuadras hemos venido, más o menos? Cinco cuadras. ¿Hasta dónde llegaban ustedes siempre?
Sandro: Mira, a siete cuadras está Javier Prado. A nueve cuadras, más o menos. Y nos íbamos hasta allá.
Aldo: Allá jugábamos; allá íbamos con la gente de Soledad. Todos jugábamos ahí.

Aldo el futbolista y Sandro, el artísta
Esa sangre de escribir un libro, de pintar, ¿eso te nació desde cuándo?
Sandro: Este, lo de la escritura, desde adolescente; yo siempre escribía y guardaba los poemas, pero lo de la pintura ya fue de grande. Es más, yo un día vine a las 6:30 de la mañana, un cuarto para las 7, vine con mi cartulina y me puse a dibujar, y tengo un cuadro de este parque (parque Pedro Ruiz Gallo). Lo voy a mostrar.
¿Y no te ha dado por escribir, por hacer un cuadro de tu zona esta?
Sandro: No, pero chévere, ya no está; ha cambiado esto, porque no había Tambo. En esa casa vivían nuestros amigos; ellos ya se mudaron.
A ti nunca te picó el bichito como a Sandro.
Aldo: No, no, no. Lo que pasa es que, a Sandro, desde chibolo, desde que hacían actuaciones, Sandrito quería ser médico, de verdad. Mi mamá lo vestía, de verdad, todos los años de médico.
Sandro: Todos los años, todos los años, en el colegio, las actuaciones: ¿De qué te visto?. De doctor.
Aldo: A mí, más fácil: dame una pelota. Es que yo, de chibolo, paraba mucho con Milton. Desde chibolo, yo dejaba de ir al colegio, de verdad, por irme con Milton. Milton me llevaba al Salesiano cuando yo tenía 12 años, a Claretiano, me llevaba a todos sitios. Entonces yo lo acompañaba, y Escobar jugaba; cuando iban a los campeonatos, todos, y me llevaba. Yo iba y los veía a todos. Yo me vacilaba y yo los veía, y yo decía: «Ala, qué chévere». En cambio, Sandro le agarraba su libro; él estaba en otra.
Tú, para la pelota, fue tarde lo tuyo —preguntándole a Sandro—.
Sandro: Sí, fue tarde. Yo jugaba en la liga, pero por vacilón, porque no entrenaba. Solamente iba los fines de semana.
Y, ¿quién te animó?
Sandro: Una persona que me había visto en la liga dos años. Vio que me iba bien, que hacía goles, y me dijo: Oye, ¿por qué no te llevo a una prueba?. Me llevó, me quedé. Yo ya iba a ser papá, entonces dije: Ah, mira, es una oportunidad de trabajo»
¿Te acuerdas qué tío fue el que te dijo?
Sandro: Sí, Miguel Cornejo. Él vivía acá, en Lince; ahora vive en Puerto Rico. Él fue el preparador físico de la selección. Como él vivía a dos cuadras del colegio, siempre iba a los partidos de la liga. Entonces me vio, me dijo: «Yo te he visto hace tiempo». Me dijo: «Te llevo si quieres». Bueno, listo, me quedé. Milton ya estaba jugando.
O sea, no utilizaste el apellido y el hermano para que llegues ahí. Tú no querías; tú fuiste a probarte igual.
Sandro: Y este parque es mi parque de toda la vida. Es más, yo en las mañanas, cuando salgo a correr, corro en este parque hasta ahora. Me doy unas 8 o 10 vueltas al parque. Me pongo a hacer un poco de ejercicio acá.
¿Sus hijos han seguido la tradición? Porque, es más, ha cambiado mucho, hay otra gente, es más peligroso, ¿no? Es más complicado, ¿no? Sería bacán que los chibolos sigan.
Sandro: Aparte, llegó una época donde se deterioró mucho la educación, que tú no querías poner a tus hijos en un colegio nacional, no había forma. Tú los ponías en un colegio particular, así, colegio de paga, y ya ellos se han criado diferente. Ellos no han jugado en la pista, o sea, muy poco han parado acá.

Equipo del barrio y fútbol del barrio
¿Había algún personaje en el barrio de ustedes, en su cuadra, que los llevaba a jugar a todos? ¿Algún tío?
Sandro: Don Manuel tenía un lubricante en la siguiente cuadra y le gustaba mucho el fútbol. Él hizo su equipo de menores, nos compraba las camisetas y nos llevaba a todos los campeonatos.
Ah, el hombre era el que organizaba todo. ¿Algún personaje así, pelotero del barrio, amigo de ustedes, que no llegó y que has dicho que habría podido llegar?
Aldo: Tenemos varios. Yiyo, le dicen. Jugaba en la liga, jugaba, que tú decías: Va a llegar. Yo dije: Va a llegar.
¿De qué jugaba el hombre?
Aldo: Delantero. De verdad que era bravo, bravo, bravo. Pero ya, pues, tú sabes, si no eres profesional, ya es muy difícil.
Sandro: Algunos a veces no tienen un buen entorno, entonces no te ayuda. En ese tiempo no era que te llevaba el papá, la mamá: Oye, ¿quieres ser futbolista? Anda, pruébate. Dependía, dependía de cada uno.
Aldo: En verdad, ¿qué hacía mi mamá? Todos los domingos se iba a las 8 de la mañana al Melitón a ver los partidos de liga hasta las 6 de la tarde. Veía todo el partido. Mi mamá conocía a todos. A todos los del fútbol… desde las 8 de la mañana.
Sandro: Y cuando nosotros participamos en algún equipo, mi mamá hacía la chicha, las barras.

¿Iba a los estadios a verlos jugar?
Aldo: Sí y se ponía brava. Iba al estadio a ver a Milton, a nosotros, a Sandro. Mi papá iba al estadio, por Dios. Mi mamá iba a Occidente porque nos daban entrada, y le daban; mi papá compraba su entrada y se iba a Oriente. Solo mi papá, le gusta ver fútbol, no quiere estar con nadie. Él va a ver fútbol. Él no se distrae con nadie que le hable. Mi papá se pone a ver fútbol, a ver a los jugadores, cómo se mueven, ¿no? Pero mi papá no quería que nadie. Mi viejo iba él solito.
Sandro Cavero pide cancha para la Liga de Lince
Aldo: Y Lince, ¿sabes qué? Sales a la avenida Arequipa, sales al Estadio Nacional, para todos lados.
Sandro: Ahora tenemos un problema en Lince: si tú ves, la mayoría de los distritos tiene un estadio municipal. Lince es el único distrito que no tiene estadio municipal. Nunca tuvo. La liga la jugamos en el colegio Melitón Carbajal, pero una vez que se convirtió en colegio emblemático, concesionaron todo. Entonces, la liga de Lince hace más de 6 años que se juega en otro distrito.
Cuando tu viejita iba, se jugaba en Melitón. ¿Y ahora dónde juegan?
Sandro: Ahora la liga de Lince: un año la juegas en Barranco, otro año la juegas en Barbones, otro año la juegas en otro distrito. O sea, nunca la liga de tu distrito la juegas acá. Tendríamos que hablar con el colegio. En algún momento, yo, cuando fui regidor de la municipalidad, hice la gestión, se volvió a jugar, pero después cambiaron de director y entonces…
Aldo: Había un equipo que ha sido sensación, San José. San José de Lince, han pasado jugadores que han llevado a la profesional.
Y no hay lugar acá en Lince como para hacer un estadio.
Sandro: No tenemos, ya no hay, no hay. La única es hacer un convenio con el colegio y que le dé horarios.

Ping Pong con los hermanos Cavero
Vamos a hacer rapidito un ping-pong, mi hermanito, rapidito para los dos. Esperemos que mi compadre tiene chamba ahorita. Mi compadre chambea a las 6 de la mañana, así que tiene tiempo todavía.
¿Cuál recibiría más llamadas de atención de sus padres?
Aldo: De los dos.
Aldo: Yo creo… más inquieto.
¿Cuál llegaba más tarde a los entrenamientos? ¿Quién era más puntual de los dos?
Aldo y Sandro: O sea, para el trabajo siempre, nunca hemos llegado tarde. En casa, acostumbrados así a respetar a las personas.
¿Cuál de los dos era el más renegón cuando perdía?
Aldo: Será que yo pensaba en ser profesional. Sandro jugaba por hobby, o sea, yo lo agarraba ya más… Agarraba su libro y se le pasaba. Yo quería seguir jugando para ganar.
¿Cuál tenía más admiradoras?
Aldo: Sandrito.
¿Cuál era más probable que se olvidara de algo importante? Desmemoriado, a veces se te pasaba algo, algo que tenías que hacer, algo, y no.
Sandro: Para esas cosas siempre hemos sido responsables; siempre atentos.
Aldo: Yo acabé el colegio, la verdad, porque mi vieja era jodida; la verdad, si no, yo no creo que… en tercero ya yo hubiera tirado la toalla. Mi vieja me dijo: Tienes que acabar el colegio. Yo era responsable, hacía mis tareas, todo; no mucho atendía en clase, pero yo me sentaba y era responsable, educado, yo no faltaba, la verdad. Los profes me ayudaban por eso. Jugaba en la selección desde que entré al Melitón, el primer año, hasta el punto que me fui, todos los años encima siempre, y mi mamá siempre, y los profesores me ayudaban porque era respetuoso de casa.
¿Cuál era el más difícil de despertar por las mañanas? ¿Más dormilón?
Aldo: Hemos sido responsables. Vivíamos en una casa pequeña donde mi mamá decía: «A levantarse» y no había forma… ya nos levantábamos y tender su cama. Mi vieja nos ha enseñado bien.
¿Cuál se metió en más problemas?
Aldo: Ya está fijo, Esteban. Esteban es fijo. Ese no, al otro ni lo enfoques.
El más terco de los dos, el que se cerraba y decía: Puta, que tengo que lograrlo sí o sí.
Sandro: Yo tengo un carácter dócil, pero si alguien se quiere propasar, yo, de verdad, soy reactivo. O sea, no te voy a decir un ajo, una cebolla, pero soy determinante.
Los Cavero odian el abuso. Sí, eso lo sé yo de muchos años. Odian el abuso, y eso dice mucho de la familia. Eso es totalmente cierto, y yo puedo dar fe de esa vaina.
Sandro: ¿Sigues en la agremiación tú?
Sí, ya en agosto del próximo año cumplo 25 años ahí. Se me ha pasado la vida. Nunca pensé quedarme tanto tiempo, pero estoy de verdad cómodo, porque sigo defendiendo a los futbolistas y eso me apasiona. Y ahorita, como tú sabes, estuviste en la presentación de mi libro el año antepasado, pero ahora estoy escribiendo un nuevo libro, que parece que lo voy a publicar el otro año, pero va a ser un libro no de poemas, un libro más estructurado sobre el fútbol, todo lo que es el derecho deportivo, esas cosas. Terminé mi segunda carrera
Hermanos, los felicito por la carrera que han hecho. Gracias por su tiempo. Yo sí me jacto de ser muy amigo, casi hermano, con ustedes. Yo los quiero mucho. Son tipos decentes, que siempre… el fútbol siempre requiere, y es lo que nos ha dado el fútbol: poder encontrar a la gente como ellos. Muchas gracias por su tiempo.
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