Opinión

Breve historia del perro

Lee la columna de Rodolfo Ybarra

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06/10/2026

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Rodolfo Ybarra
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El perro y el hombre llevan viviendo juntos unos 20 mil años. Seguro los homo sapiens modernos lo domesticaron al dejar restos de comida, huesos, pellejos y el calor de las fogatas. Así estos primeros canes se fueron acercando hasta que terminaron compartiendo el camino de la “civilización”. (Cabe reafirmar que el lobo y el perro tienen un mismo origen y casi el mismo ADN). Esta “unión” se volvió simbiótica y le sirvió al hombre en la caza y en el cuidado al ser el cánido un mejor guardián.

Aunque la representación de los perros en arte rupestre es escaza, existen importantes vestigios como las pinturas de Tassili n’Ajjer en Argelia (con 8.000 años de antigüedad y que muestran escenas de caza e incluso perros con correa). Asimismo, en las culturas antiguas como la egipcia existió el dios-Perro llamado Anubis y en la cultura méxica está el Xólotl, el perro guiador de almas. Lo mismo pasó en nuestras culturas Mochica y Chimú y se han encontrado osamentas de perros enterrados con humanos en tumbas de élite, como en el Complejo Arqueológico El Brujo (Señor de Sipán y Huaca Cao Viejo), lo que demuestra su alto estatus social y religioso.

En la literatura, el perro también aparece como Argos (La Odisea, Homero) que es el arquetipo del “amigo” fiel que espera durante veinte años a su amo Odiseo y es el único en reconocerlo al regresar. Jack London es célebre por escribir famosas novelas protagonizadas por perros, siendo las más representativas La llamada de lo salvaje (1903) y Colmillo Blanco (1906). Ciro Alegría escribió la novela indigenista “Los Perros Hambrientos” (1938) donde destaca el relato de dos sabuesos “Güeso y Pellejo” que salvan a una anciana. Virginia Wolf escribe el cuento “Gipsy, the Mongrel” (1940) que versa sobre una canina. Franz Kafka escribe “investigaciones de un perro” (1922) donde nos habla de un can-filósofo que cuestiona su propia existencia y las normas de su sociedad perruna. Unamuno los hace soñar en Niebla (1907). Y Antón Chejov escribe “Kashtanka” (1887) sobre una perrita recogida en la calle.

El cuadro más famoso sobre un can es Perro semihundido de Goya en 1819 que muestra la cabeza de un perro que, al parecer, se está ahogando y muchos creen que se trata de la soledad o el abandono.

(Este texto está dedicado a mi “Negrita” que partió esta semana).

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La broma infinita: al colegio no voy más

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Rodolfo Ybarra. Ha estudiado matemática pura, física, electrónica y comunicaciones. Ha publicado una veintena de textos entre novelas, cuentos, poemarios y ensayos. Ha dirigido un programa de televisión de contracultura y política, y editado revistas y fanzines. Se expresa también vía el vídeo y la música. Desde el 2007 maneja el blog www.rodolfoybarra.blogspot.com.

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Opinión

La broma infinita: al colegio no voy más

Lee la columna de Juan José Sandoval

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13 minutos ago

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06/10/2026

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Redacción Lima Gris

Por Juan José Sandoval

En una ciudad lejana de cuyo nombre no quiero acordarme, la señora Laica para su carro en la puerta de un colegio secundario. No le importa que una decena de autos le toquen el claxon: para ella, la salida de sus hijas es lo más importante. Los demás vehículos logran pasarla no sin antes putearla por la imbecilidad que ejerce en nombre de la maternidad digna.

La señora Laica hace oídos sordos y prosigue mirando su celular con atención. De pronto, dos niñas de colas bien amarradas y lentes grandes con aumento de «tapa de botella» abordan el auto.

—¡Mamáaaaa! —gritan las dos al unísono—. ¡No sabes lo que ha pasado!

La señora Laica, sin dejar de mirar su celular pero llenando de besos a sus dos hijas, les responde:

—No me digan que alguna se volvió a hacer la caca en el calzón. ¡Ay de ti, que te muelo a palos!

—¡Noooo, mamá! Aunque la verdad, mamita, me dio tanto miedo que sí me oriné.

—¡Te lo dije, pedazo de mierda! Ven aquí para olerte.

La otra niña le agarra la muñeca a su mamá para que deje de mirar el celular.

—¡Mamá!, a López se lo ha llevado la Policía. Dicen que ha querido meterle un palo de escoba por el…

—¡Carajo! —corta en seco la señora Laica—. ¡No vuelvas a decirlo! ¿Acaso no recuerdas la última vez que dijiste algo así? Te gusta que te saque la mier…

—¡Nooooo, mamita! Te lo juro que no lo vuelvo a hacer. Pero tienes que escucharnos…

La señora Laica se calma por la sorpresa de sus gemelas pichojas:

—¿Quién es Aliaga?

—Aliaga es el hijo de don Rafael.

—¿El que llegó borracho a la misa de la primera comunión?

—Sí, él. La Policía se lo llevó porque quiso meterle un palo de escoba…

—¡Te he dicho que no lo vuelvas a decir!

—Mamá, es que si no nos dejas hablar, no te vas a enterar.

—Pero es que no puedo oírlo. A ver, ¿qué pasó?

—También se llevaron detenidos a Smith, a Burney y a Bryce. Parece que a quien quisieron violar fue a Bryce.

La señora Laica frena en seco aún en luz verde y vuelve a parar el tránsito. Voltea hacia sus hijas y le asesta un sonoro lapo en la cara a la niña que ha dicho la palabra prohibida. Los lentes poto de botella salen volando por la ventana hacia la calle. La niña llora, pero su gemela prosigue el relato.

—Según dijo la profesora cuando se llevaron a los tres, en el colegio nadie podía ser agredido.

—Y entonces, ¿cómo sabes lo del palo de escoba?

—Porque Felipe Peanut contó todo en el recreo. Él también estuvo ahí, pero se lo contó a su papá y, antes de que llegara la Policía, se lo llevó del salón. Peanut se despidió de todos y dijo que se iba a vivir a Máncora con su abuelo.

—No me acuerdo quiénes son los chicos, pero por sus papás sí los distingo. ¿El papá de Smith fue el alcalde, cierto?

—Sí, el que estuvo preso por robarse la plata.

—¡Ya te he dicho que no hables así de la gente, carajo! —La señora Laica golpea el timón—. ¿Y el papá de Burney es el que no tiene ojo?

—Mejor ya no te digo, porque no quiero que me sigas pegando.

—Dime, miércoles.

—Jueves, mamá, hoy es jueves. El programa de televisión de las noches te tiene sin dormir y te la agarras con nosotras. Cuando vea a mi papá le diré que nos pegas feo.

—No volverán a ver a su papá. Además, yo las parí solita, ¿ok?

La señora Laica se repone porque pueden más sus ganas de saberlo todo.

—¿Y por qué quisieron hacerle eso a Bryce?

—Porque López siempre lo paraba molestando, le decía que era una «bebita». «Bebita, bebita, ven que la tengo dura», le decía.

La otra niña recibe una bofetada que también la hace llorar de dolor. Ninguna lleva ahora anteojos. Abren y cierran los ojos como queriendo distinguir bien lo que ven; es complicado ver sin lentes de aumento. La señora Laica se repone y de pronto le entra una sensación de culpa. Las abraza y les pide perdón; las niñas son recíprocas con su madre.

Una de las niñas le suplica:

—Ya no queremos volver al colegio, mamá. El papá de Bryce llegó muy enojado diciendo que meterá presos a López y a Burney: a uno por querer meterle el palo y al otro por hacerse de la vista gorda. Los papás de ambos llegaron y se comenzaron a pelear; la Policía los tuvo que separar.

—Mamita, ya no queremos ir a ese colegio.

—Pero bellezas, ¡es un colegio de las Fuerzas Armadas! Si en ese colegio no hay seguridad, ¿dónde la voy a encontrar?

Las niñas le ruegan que las saque de ahí. Como la señora Laica tiene conexiones de poder, hace el intento para ver si algún contacto le puede hacer el favor:

—¿Aló? ¿General del Aire?

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Opinión

La libertad que nos saca de la pobreza: libre empresa, capitalismo popular y el camino peruano hacia el progreso

Lee la columna de Raúl Allain

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22 horas ago

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05/10/2026

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Raúl Allain

No deja de ser fascinante —y, por momentos, bastante frustrante— ver cómo en el debate público peruano se intenta reescribir con tanta ligereza la historia reciente de nuestro desarrollo. Durante más de tres décadas, el ciudadano de a pie ha demostrado una capacidad de resiliencia y emprendimiento verdaderamente admirable.

Sin embargo, en los pasillos universitarios, en los foros de cierta intelectualidad biempensante y en la retórica gastada de la izquierda radical, se insiste en presentar al mercado como un monstruo devorador y a la iniciativa privada como una suerte de pecado original. Nos repiten una narrativa construida sobre la culpa, pretendiendo hacernos creer que la riqueza de uno es inevitablemente la causa de la miseria del otro.

Como sociólogo y observador de nuestra realidad política, a menudo me detengo a reflexionar sobre esa desconexión brutal entre el discurso ideológico y la vida diaria del transeúnte común.

Camine usted por las avenidas comerciales de Gamarra. Recorra los mercados de Villa El Salvador. Observe el dinamismo febril de los pequeños empresarios en Trujillo, Arequipa o Huancayo. Allí no hay manuales marxistas ni nostalgia por el estatismo. Lo que hay es pura, dura y genuina libertad de empresa en acción. El peruano común no pide que el Estado le regale un plato de sopa ni que le fije los precios de la canasta básica. Lo que exige con justicia es que no le pongan trabas, que no lo asfixien con burocracia absurda y que lo dejen trabajar en paz.

La libertad de empresa y la libre competencia no son abstractos dogmas neoliberales ni inventos para favorecer a un puñado de corporaciones. Son, en su esencia más pura, derechos humanos fundamentales. Representan la facultad natural que tiene cada individuo para valerse de su propio talento, esfuerzo y creatividad con el fin de transformar su realidad material y la de su familia. Cuando se respeta la iniciativa privada, la sociedad entera se dinamiza; cuando se la persigue, el resultado es el estancamiento, la escasez y la miseria generalizada.

Basta con levantar la mirada y observar el panorama regional para comprobar hacia dónde conducen las aventuras estatistas. El laboratorio latinoamericano nos ofrece lecciones demasiado dolorosas como para ignorarlas.

Miremos el caso de Venezuela, un país bendecido con las mayores reservas petroleras del planeta, convertido hoy en una tragedia humanitaria sin precedentes por obra y gracia del socialismo del siglo XXI. Tras años de expropiaciones sistemáticas, controles de precios asfixiantes, persecución al capital privado y una hiperinflación destructiva, el régimen chavista logró lo que parecía imposible: destruir por completo el aparato productivo y sumergir a más del noventa por ciento de su población en la pobreza.

O observemos lo que ha ocurrido en Bolivia con su cacareado «modelo económico social comunitario». Durante la época del súper ciclo de las materias primas, la izquierda latinoamericana celebraba el supuesto milagro boliviano como la prueba irrefutable de que el estatismo funcionaba. Sin embargo, en cuanto los precios internacionales cayeron y las reservas de gas natural se agotaron por falta de inversión privada en exploración, el castillo de naipes se derrumbó. Hoy nuestros vecinos del sur enfrentan una severa escasez de dólares, desabastecimiento de combustibles y el amargo despertar de un sueño subsidiado que no era más que humo ideológico.

En el Perú, afortunadamente, decidimos tomar un rumbo distinto tras el colapso catastrófico del experimento populista y estatista de los años ochenta.

La Constitución de 1993, y muy especialmente su Capítulo Económico, no fue una simple reforma jurídica; fue el escudo protector que le devolvió el aire a una economía moribunda. Al establecer el rol subsidiario del Estado, la igualdad de condiciones para la inversión nacional y extranjera, la libertad de comercio y la inviolabilidad de la propiedad privada, la Carta Magna sentó los cimientos institucionales para el periodo de mayor crecimiento económico y reducción de la pobreza en toda nuestra historia republicana.

Las cifras técnicas no mienten, por más que la izquierda pretenda esconderlas debajo de la alfombra. Entre 2004 y 2019, gracias a un entorno de estabilidad macroeconómica y apertura de mercados, la pobreza monetaria en el Perú se redujo dramáticamente del 58.7% a menos del 20%.

Millones de peruanos abandonaron la indigencia y pasaron a formar parte de una clase media emergente, pujante y provinciana. Esto no ocurrió por un acto de magia estatal ni por la generosidad de ningún caudillo político; ocurrió porque la inversión privada, que representa cerca del 80% de la inversión total en el país, generó puestos de trabajo genuinos, dinamizó el consumo y creó oportunidades donde antes solo había abandono.

Uno de los fenómenos sociológicos más fascinantes de este proceso ha sido el surgimiento del capitalismo popular.

A diferencia del capitalismo de élites que primaba en el siglo XX, el modelo peruano de las últimas décadas se ha democratizado desde abajo hacia arriba. El micro y pequeño empresario es el verdadero héroe de esta historia. Es el emergente que empezó con una mototaxi o un pequeño taller de costura y que, con sudor, disciplina y acceso al crédito privado, logró construir un patrimonio, educar a sus hijos en mejores colegios y abrir sucursales de su negocio. Esa es la verdadera movilidad social ascendente, la que se logra mediante el mérito y la autonomía individual, no mediante la dependencia servil de un bono estatal.

Frecuentemente me pregunto por qué, a pesar de la evidencia abrumadora, la izquierda insiste en demonizar el modelo de libre mercado. La respuesta es esencialmente sociológica y de poder.

Para la izquierda ideologizada, la independencia económica del ciudadano es una amenaza mortal. Un individuo que prospera por su propio esfuerzo, que es dueño de su propiedad y que no depende del favor del político de turno, es un ciudadano libre e indomable. El estatismo necesita ciudadanos vulnerables y necesitados para venderles la ilusión de la salvación estatal a cambio de su voto. Por eso odian la libre competencia y aborrecen la seguridad jurídica; porque prefieren la igualdad en la miseria antes que la libertad en la prosperidad.

Desde la derecha soberanista y democrática, debemos asumir con absoluta claridad y sin ningún tipo de complejos la defensa del modelo de mercado.

No podemos seguir cometiendo el error de encasillarnos en una defensa fría y puramente tecnocrática. Hablar de números, déficit fiscal y PBI es necesario, pero del todo insuficiente si no conectamos con el alma humana del relato. La causa de la libertad económica es profundamente moral y humanista. Es la defensa de la dignidad del trabajador, del derecho de la familia a conservar el fruto de su esfuerzo y del orgullo de superación personal.

La verdadera tarea que tenemos por delante no es desmontar el Capítulo Económico de la Constitución, como demagógicamente proponen las voces de la izquierda radical para llevarnos al abismo de una asamblea constituyente, sino profundizar el modelo y hacer que la libertad llegue a donde el Estado ha fallado estrepitosamente.

Es imperativo distinguir entre el éxito del libre mercado y las deficiencias de la gestión pública. La falta de hospitales equipados, colegios con infraestructura digna o agua potable en los asentamientos humanos no es culpa del sector privado ni del capitalismo; es el resultado directo de la incapacidad, la corrupción y la ineficiencia de una burocracia estatal que no ha sabido transformar la enorme recaudación tributaria generada por el crecimiento económico en servicios públicos de calidad.

Ahí radica la gran oportunidad para una propuesta de derecha moderna, patriótica y orientada al ciudadano.

Debemos promover un Estado pequeño pero eficiente, que no estorbe ni compita con el privado, sino que cumpla con excelencia sus funciones esenciales: brindar seguridad ciudadana, garantizar el cumplimiento de los contratos, ofrecer infraestructura básica y asegurar una educación y salud públicas de primer nivel que sirvan como un verdadero trampolín de oportunidades.

Asimismo, es urgente dar la batalla por la formalización. Millones de emprendedores peruanos permanecen en la informalidad no porque rechacen la ley, sino porque el propio Estado ha diseñado un sistema tributario y laboral complejo, costoso y punitivo que margina al pequeño del circuito formal.

Simplificar los trámites, reducir la carga burocrática y garantizar una verdadera seguridad jurídica son pasos fundamentales para que ese capitalismo popular crezca con mayor solidez, acceda a financiamiento barato y conquiste nuevos mercados.

El Perú no necesita fórmulas fracasadas que han destruido naciones vecinas ni experimentos colectivistas que solo traen opresión y pobreza.

La ruta del progreso peruano ya está trazada y sus frutos están a la vista de quien quiera mirarlos con honestidad intelectual. Nos toca a nosotros, desde las páginas de la prensa libre, la academia y la tribuna ciudadana, defender con firmeza la libertad de empresa, el valor de la propiedad privada y la magia indiscutible de la competencia. Esa es la única garantía real de que el Perú siga siendo una patria de oportunidades, donde el destino de cada ciudadano no lo decida un burócrata en Lima, sino la fuerza inagotable de su propio trabajo y sus sueños.

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Opinión

Viene la Escuela Nacional de Directores de los colegios públicos

Lee la columna de Marisol Verónica Giordano Silva

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23 horas ago

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05/10/2026

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Redacción Lima Gris

Por Marisol Verónica Giordano Silva

Como parte del Plan Nacional de Educación del 2026 – 2031, viene la creación de la Escuela de Directores de los colegios públicos, con el objetivo, entre otros, de fortalecer las capacidades de gestión y liderazgo en las aulas por parte de los directores de las instituciones públicas de los niveles de inicial, primaria y secundaria.

Con esta decisión política del actual gobierno e institucional del Ministerio de Educación (MINEDU) se cubre un vacío advertido hace años. Ello implica que en el mediano y largo plazo mejorará el nivel, la participación y los resultados de la función de dirección, gracias a la Escuela de Directores, mucho más cuando la sociedad actual concentra retos y desafíos nuevos frente a la enseñanza pública.

El grado de desencuentros, la violencia, la inestabilidad emocional y los antivalores que a diario complotan contra la vida, la familia, el niño, el aula, el docente y los propios directores, exige una serie de nuevas herramientas, estrategias y fortalezas entre los directores de las instituciones educativas.

La innovación, la complejidad de la vida diaria, la presencia de las tecnologías de la información y comunicación, sin dida tiene un efecto ambivalente, pues, por un lado, representan el desarrollo social; pero, por el otro, generan conflictos, inestabilidad emocional y ansiedad.

Dirigir una institución educativa hoy exige una serie de variables, de obstáculos y de nuevos escenarios poco pacíficos para la gestión y el liderazgo, situación complicada que hace treinta o cuarenta años no existía y de hecho la escuela y las aulas han cambiado en todo este tiempo. Por tanto, una Es cuela de Directores permitirá a la educación peruana ir un paso adelante frente a esta realidad.

Mi experiencia de formadora en los PLANCAD de los años noventa, el trabajo en las aulas de formación pedagógica en institutos superiores y en la universidad, desde donde uno como formador lo da todo por el alumno que será maestro de aula, generalmente solo se enfoca en esto, en preparar docentes, pero estos muchas veces llegarán a ser directores pero para ello no se les capacita ni adiestra en el instituto pedagógico ni en la facultad de educación de alguna universidad.

En ese sentido, ganará el país, ganará la educación y mejorará la capacitación del ´personal que dirige las instituciones educativas, pues con la creación de la Escuela de Directores se dará un paso muy importante para hacer frente a los nuevos retos, donde el conocimiento gerencial, de gestor, de coordinador y el liderazgo son insoslayables en las escuelas y ante el alumno, ante el padre de familia, los docentes y el personal administrativo.

Además, una Escuela de Directores puede dar más coherencia y empoderar mejor a los directores en materia del ordenamiento de las entidades educativas, con criterios comunes y procedimientos de gestión estándar cuidando la particularidad de cada centro educativo, pero en la línea de alcanzar un alto nivel de gerencia pública en las II.EE., pero no solo dentro del aula sino de cara a la comunidad.

En efecto, los directores que trabajan hoy en el Perú acaso llegaron a esos puestos fruto de su preparación individual, eligiendo cada quien sus diplomados, maestrías o doctorados, siendo que cada director en funciones también gana experiencia en el campo, pero todo tomarían un gran impulso más allá del esfuerzo particular si se sistematizan y orientan las estrategias mediante una Escuela de Directores.

Me ha tocado ser directora en más de 10 entidades educativas públicas y privadas, con lo cual esa experiencia es muy importante, pero todo será mejor con la presencia y el factor especializado que impulsará de forma especializada una Escuela de Directores de Colegios Públicos, la misma que debe ser bien recibida por la comunidad educativa en general, pues una vez que se eche a andar obviamente que los buenos resultados redundarán en provecho del alumno, de la familia, del profesor, del personal administrativo y del país.

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Opinión

Digan lo que digan, Rafael es el más grande

Entre melodías del ayer, Lima rinde tributo al titán español que inmortalizó para siempre nuestros mayores anhelos.

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23 horas ago

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05/10/2026

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Luis Felipe Alpaca

Desde mis primeros escarceos musicales cuando la infancia despertaba como un vicio por las melodías, aprendí a escuchar a los grandes maestros clásicos y la irreverencia del rock and roll. Sin embargo, en el Perú de mis nostalgias imperaba con fuerza implacable la balada en español. Y en esa cumbre reinaba el gran Rafael.

Apenas a los diez años tuve el privilegio de crecer bajo el hechizo de “Yo soy aquel”, “Digan lo que digan”, y “Cierro mis ojos”. Por si fuera poco, gocé de sus películas dirigidas por el cineasta Mario Camus que la televisión de señal abierta nos regalaba a través del enorme televisor Philips de 21 pulgadas entronizado en la sala de mi casa, transmitiendo Cuando tú no estás y El Golfo, donde compartió pantalla con la famosa actriz Shirley Jones y nos regaló un entrañable “Ave María”.

Rafael siempre será el artista hispano más grande que el mundo vio nacer. Habrá quienes argumenten que Julio Iglesias conquistó los confines insospechados de la Tierra; pero Rafael es insustituible. No solo impresiona su extraordinario registro vocal, sino su inacabable plasticidad escénica; sobre las tablas es un pintor del ademán, una parafernalia viva de arte expresada en el movimiento dramático de sus manos y la finura melódica de sus músicos.

El divo de Linares deleitó al público peruano este sábado en un maravilloso concierto en el anfiteatro del Parque de la Exposición, enmarcado en el Raphaelísimo Tour 2026. La velada comenzó puntual a las nueve de la noche. Durante hora y media vibrante junto a su magnífica banda, abrió fuego con “La Noche” y desató un repertorio soberbio: “Yo soy aquel” —reinventada en clave rock con un increíble solo de guitarra eléctrica—, “Mi gran noche”, “Qué sabe nadie”, “Cierro mis ojos”, “Estuve enamorado”, “En carne viva”, “Cuando tú no estás”, “Amor mío”, “La Vida en Rosa” y un sentido tributo a nuestra inmortal autora peruana con “A Chabuca Limeña”.

El público limeño se emocionó hasta las lágrimas. La algarabía invadió cada rincón del anfiteatro y entre ovaciones interminables Rafael prometió volver. A sus 83 años, él sabe que en Perú su leyenda es eterna, y aquí estaremos… eres grande, Rafael.

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Opinión

Los movimientos sociales anticapitalistas en Europa: entre la resistencia y el cambio de paradigma

Lee la columna de Tino Santander Joo

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1 día ago

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05/10/2026

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Redacción Lima Gris

Por Tino Santander Joo

1. Lecciones de la Comuna de París

La Comuna de París (1871) fue un experimento de democracia directa y autogobierno obrero, pero también un espejo de las debilidades de la izquierda revolucionaria. Durante ochenta días, los comuneros intentaron construir un poder popular sin expropiar el Banco de Francia, que controlaba la economía del país. Mientras solicitaban un préstamo para pagar a la Guardia Nacional, la banca financiaba a la contrarrevolución de Versalles. La lección es clara: no basta con tomar el poder político si no se transforma el poder económico. Sin control de la banca, la energía y los medios de producción, cualquier proyecto emancipador queda a merced de quienes manejan la economía nacional.

2. El poder económico no se rinde por decreto

La historia demuestra que los grupos de poder económico no actúan por bondad ni generosidad menos por amor a la patria. Tienen intereses concretos, financian a la clase política, poseen medios de comunicación y redes sociales que legitiman el orden establecido. Se trata de una red de intereses que configuran lo que el sociólogo William Robinson llama «capitalismo global»: un sistema que mercantiliza todas las esferas de la vida, incluida la vivienda, la educación y la salud. Entonces, llamarlo «esclavismo financiero» no es retórico, porque, el fenómeno de la deuda como mecanismo de disciplina social es real y está bien documentado.

3. Francia: tradición de lucha y desconexión política

Hoy, los estudiantes se rebelan contra un sistema educativo precarizado: falta de profesores, infraestructura deteriorada, violencia escolar y docentes desmoralizados. Cuando se escucha a estos jóvenes, sus demandas recuerdan a las de los estudiantes de Lima o de cualquier lugar de Sudamérica: no se trata solo de problemas materiales, sino de la ausencia de un proyecto de futuro.

Sin embargo, hay una paradoja: a pesar de la efervescencia social, la izquierda representada por Francia Insumisa y el movimiento anarquista no logra conectar con las mayorías. La ultraderecha, en cambio, sí lo hace: explota el miedo, la inseguridad y el desencanto. No es que la gente sea fascista; es que la izquierda no ha sabido ofrecer una narrativa de esperanza y protección que compita con la de Le Pen o Zemmour. Según reportes de BBC Mundo y AFP, más de 1,000 liceos fueron afectados, 222 bloqueados, y solo el 1 de octubre se registraron 1,949 detenciones, además de 305 policías heridos. La movilización estudiantil es masiva y la represión también.

4. España: la vivienda como campo de batalla

En España, la lucha contra el rentismo y los fondos buitre se ha convertido en el epicentro del conflicto social. Millones de personas no pueden pagar un alquiler, mientras los grandes tenedores acumulan viviendas vacías y especulan con el suelo. La derecha (PP, VOX y partidos regionales)  representan sus intereses y tienen como plataforma de gobierno una política antimigratoria y subordinada increíblemente a los Estados Unidos,  pero también ha surgido un movimiento de base popular que grita en las calles de España; «¡Esto es lucha de clases, no contra los migrantes!». Es un mensaje poderoso porque desenmascara la trampa de la ultraderecha: culpar a los débiles en lugar de a los poderosos.

El gobierno de Pedro Sánchez ha intentado regular el mercado de alquileres y proteger a los inquilinos, pero la ultraderecha ha logrado tumbarse estos decretos con el apoyo de la derecha catalana. La disolución de las Cortes y la convocatoria a elecciones han dejado en suspenso los decretos de regulación de viviendas. La ultraderecha y sus medios llaman «vagos» a los jóvenes que acampan en las plazas, pero su protesta es legítima: exigen un derecho básico, no un privilegio. Según RTVE y El País, el 3 de octubre más de 50 ciudades se movilizaron simultáneamente; solo en Madrid, la Delegación del Gobierno reportó 70,000 participantes, mientras los movimientos sociales hablaron de 500,000. En Valencia hubo enfrentamientos con la policía: 9 agentes heridos y 5 detenidos. Se  anuncia una huelga general en España, impulsada por los movimientos sociales españoles.

5. El nuevo fascismo mundial: ¿realidad o fantasía?

Indudablemente que el fascismo contemporáneo no es el fascismo clásico, sin embargo, conserva algunos elementos como el ultranacionalismo y sobre todo la “exclusión del otro, del extranjero, del migrante”, se sigue sustentando en aparentes liderazgos “fuertes» y de rechazo dogmático al pluralismo cultural, étnico, y social. Donald Trump, es considerado por algunos politólogos norteamericanos como el renovador del fascismo contemporáneo sus posiciones ultranacionalistas y su aversión a los migrantes, y el resurgimiento del imperialismo norteamericano lo confirman.

6. La unidad no basta: hace falta estrategia

Los movimientos sociales anticapitalistas en Europa son una expresión legítima de resistencia frente a un sistema que prioriza el lucro sobre la vida. Pero para ser eficaces, necesitan abandonar el dogmatismo, reconocer sus errores históricos, conectar con las mayorías y proponer alternativas concretas. No se trata de elegir entre la pureza revolucionaria y la traición reformista, sino de construir un proyecto que combine la radicalidad de los fines con la inteligencia de los medios. La historia no está escrita.

7. Lección desde Hispanoamérica

Los hispanoamericanos sabemos que el imperialismo norteamericano ha vuelto con crueldad y codicia frente a nuestros recursos naturales. Venezuela es un ejemplo de la voracidad Norteamérica que ve el petróleo venezolano como un botín.  La Europa sumisa y doncella de los intereses norteamericanos empieza a tomar conciencia. En Hispanoamérica tenemos hemos aprendido del fracaso del socialismo del siglo XXI,  de la demagogia del neo indigenismo boliviano y ahora, tenemos que volver a empezar sin dogmas ni sectarismo, porque el enemigo a enfrentar es muy poderoso. Si realmente creemos que otro mundo mejor es posible, debemos actuar en consecuencia. Y como lo decía el poeta Rubén Darío: “Tened cuidado. ¡Vive la América española!»

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Opinión

Los chanchos también vuelan

Lee la columna de Edwin Cavello

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2 días ago

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05/10/2026

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Edwin Cavello Limas

Durante meses nos dijeron que los chanchos también vuelan. Las encuestadoras, con esa precisión científica que suele aparecer cuando hay cámaras, colocaron una y otra vez a Rafael López Aliaga, en la cima de las preferencias. Y ahora, según resultados, el chancho efectivamente estaría volando.

La campaña en redes hizo lo suyo: memes, videos, propaganda y una maquinaria digital que convirtió al candidato en una especie de superhéroe municipal a pesar de una gestión desastrosa y dejando una histórica deuda en la Municipalidad de Lima. Las encuestadoras pusieron la banda sonora y el elector, finalmente, puso el voto. Así funciona la democracia: unos preguntan, otros publican y todos esperamos que nadie haya confundido una encuesta con una elección.

Pero hay un ingrediente más sabroso en esta ensalada electoral: el Jurado Nacional de Elecciones, presidido por Roberto Burneo. Aquí comienza la parte divertida.

El artículo 194 de la Constitución Política del Perú establece que no hay reelección inmediata para los alcaldes. Sin embargo, el JNE sostuvo que los alcaldes en ejercicio podían participar como candidatos a regidores, apelando al derecho de participación política. Es decir, la puerta que parecía cerrada terminó teniendo una ventanita, un tragaluz y, posiblemente, salida de emergencia.

Así llegamos a San Juan de Lurigancho, donde Jesús Maldonado aparece primero en la boca de urna de Datum, con 48,9%. ¿La paradoja? El alcalde en ejercicio vuelve a competir y ahora pretende continuar en el poder desde otra casilla electoral. El JNE tendrá que explicar con claridad dónde termina el derecho de participación y dónde comienza la reelección disfrazada.

Porque cuando la ley parece decir una cosa y la interpretación electoral permite otra, el ciudadano termina mirando las urnas como quien mira una función de circo: esperando saber cuál será el próximo acto.

No se trata de negar el voto popular. Se trata de exigir reglas claras antes de abrir las urnas. Si las reglas cambian según el candidato, la democracia deja de ser competencia y se convierte en chanchada.

Sabemos que los chanchos no vuelan. Pero en estas elecciones hasta Porky puede despegar, mientras el JNE nos explica que todo está perfectamente dentro de la ley. Y si al Jurado se le escapa la tortuga, que nadie se sorprenda si mañana también vemos volar a los elefantes.

El problema no es que vuelen los chanchos. El problema es quién les puso las alas.

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Opinión

Ministro Beingolea se la lleva fácil

Lee la columna de Edwin Cavello

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4 días ago

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02/10/2026

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Edwin Cavello Limas

Dos meses. Apenas dos meses le han bastado a Alberto Beingolea para demostrar que en el Ministerio de Cultura también se puede hacer política sin necesidad de saber demasiado de cultura. El exdirigente del PPC y comentarista deportivo llegó al cargo el 28 de julio y, desde entonces, la cartera parece haber encontrado una nueva especialidad: acomodar fichas políticas mientras el patrimonio espera.

Beingolea se la lleva fácil. Mientras los arqueólogos, gestores culturales, artistas y trabajadores del sector siguen esperando respuestas, alrededor del ministro aparecen nombramientos que han levantado más de una ceja. El caso más conocido es el de Sofía Aguayo Morales, exmilitante del PPC, designada gerenta general de la Biblioteca Nacional con una remuneración de S/15.600 mensuales. Su madre, Lourdes Morales Morote, también exmilitante del PPC, recibió una orden de servicio por S/32.500 para trabajar en el despacho ministerial. Y por estos casos la Fiscalía Anticorrupción realizó diligencias en el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional.

Aquí aparece la pregunta incómoda: ¿El Ministerio de Cultura se está convirtiendo en una agencia de empleos para amigos políticos? La Fiscalía todavía debe determinar a todos los responsables. Pero políticamente, el espectáculo resulta bastante poco cultural.

Y mientras tanto, ¿qué hace Beingolea? Viaja, anuncia, sustenta presupuestos y aparece en fotografías oficiales. Incluso llegó al Congreso para defender el presupuesto del sector. Todo muy bonito. El problema es que administrar Cultura no consiste en posar al lado de una huaca y luego regresar al escritorio.

El Ministerio enfrenta problemas reales: patrimonio amenazado, sitios arqueológicos destruidos, instituciones cuestionadas y una burocracia que necesita especialistas. Sin embargo, la gestión parece haber entendido que la prioridad era otra: llenar casilleros.

La responsabilidad tampoco termina en Beingolea. Keiko Fujimori lo nombró ministro de Cultura, aunque su trayectoria pública está mucho más asociada al derecho y los comentarios deportivos. Y mientras el Gobierno habla de grandes transformaciones, Cultura parece caminar hacia el abismo.

Dos meses y más de 60 mil soles en remuneraciones para el ministro. La única “transformación” que algunos dicen notar en San Borja es que Beingolea estaría ganando peso. Dicen que el poder engorda. En el caso de Cultura, parece que también adelgaza las ideas.

Beingolea se la lleva fácil y aun así las focas aplauden.

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Opinión

Los herederos, de Serge-Olivier Rondeau (2025)

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5 días ago

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01/10/2026

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Mario Castro Cobos

¿Y si nos transformáramos a voluntad en gaviotas? -Cosa imposible-. ¡Bello deseo! Que parece una locura, pero el pasado humano (y no solo el pasado) atestigua, de manera elocuente, nuestra necesidad, nuestra voluntad, nuestra relación esencial y apasionada con los animales. Como parte de esto está el impulso de una imposible fusión. ¿O es posible? ¿A qué niveles? ¿Literal, metafórico y simbólico, otros matices? ¿Pero no somos, para empezar, y sin ir nada lejos, uno de ellos? ¿Somos tan dramáticamente diferentes? Tal vez no somos tan especiales y tan únicos como nos creemos. Como nos hicieron creer. ¿Qué nos impulsó a alejarnos de nuestra hermandad? Y entonces tiene sentido pensar que nuestros antepasados con sus cultos estaban más cerca de la verdad que nosotros. ¿Y si la clave o una de las claves de nuestra perdición yace en gran medida en nuestra espantosa falta de sensibilidad y de responsabilidad hacia ellos?

Hay no poco en este documental -en donde la observación calmada y atenta lo es todo-de la puesta en escena o en la práctica concreta de la creencia tenaz en el método de filmación tipo o actitud ‘mosca en la pared’ (claro, se trata de una mosca con teleobjetivo). ¡Cuántos mundos hay en los que no entraremos, ya sea porque pasaremos de largo por ellos, o mundos en los que no podremos entrar por más que queramos hacerlo! Uno, por ejemplo, desearía subtítulos para los diálogos entre las gaviotas. Porque las percibimos definitivamente hablando en una especie de idioma. Uno fantasea, si me permiten el chiste, que las gaviotas son los pueblos originarios, con la pregunta si el subalterno tiene derecho a hablar; así, la película me dice su proclama: ¡dad una cámara a las gaviotas y mirad qué no nos contarán!

La mirada humanista mal entendida, o antropocéntrica, apenas si cabe aquí. Hay naturalmente cosas que interpretamos por nuestra cuenta y riesgo: lo cual está bien, es divertido, y si nos informamos mínimamente sobre el asunto nos daremos con que los pájaros tienen unas capacidades semejantes a la de niños entre 4 y 8 años…   

Un momento destacable se produce cuando notamos una cámara instalada en un halcón, que da una imagen circular, y un vuelco al trabajo, como queriendo enfatizar ‘más desde cerca’ la presencia incuestionable de ‘otra mirada’.   

Película proyectada en Andares – Festival de Cine Contemporáneo Cuarta Edición.

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