Opinión

El respeto se fue de vacaciones en Perú

Cuando los valores se pierden, la impunidad avanza y el respeto termina pisoteado.

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21/09/2026

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Luis Felipe Alpaca
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El respeto y la educación empiezan en casa. Eso siempre se supo, pero esta época “virtual” y de “plástico”, como la canción de Blades, “porque solo se ven las caras, pero nunca el corazón”, ha trastocado lo elemental: convivencia, valores, educación y cultura, pero sobre todo, respeto.

Ahora la cortesía y el acatamiento se fueron de vacaciones o pasaron a la jubilación, porque casi nadie respeta y tampoco se respetan las normas. Nuestro país tiene gente que no lo ama ni lo defiende, porque le roba desde las instituciones, el Ejecutivo, sus ministerios y el Congreso. Incluso, la Policía degradó su moral y el crimen ya la rebasó; hoy los delincuentes se pasean por el Perú como en su casa.

Los extranjeros ilegales vienen aquí a hacer lo que les da la gana, como si fuera su tierra, porque nadie se une para ponerles freno. Se ha consolidado la cultura de la infraternidad, del irrespeto, y la impunidad.

Quien tiene plata como cancha, apellido compuesto y poder político sale librado de la justicia, aunque la Constitución establece que la ley es igual para todos. Como esos escolares abusadores del Liceo Naval, que insólitamente no han sido expulsados del plantel y encima fueron trasladados en bus turístico directo a Maranga, para permanecer allí 120 días mientras esperan sentencia. Y se librarán de la máxima pena de 35 años solo porque son menores de edad.

De padres decentes no salen hijos desadaptados clasistas y patanes. Pero de padres patanes y malcriados, salen hijos que son plagas sociales. ¿Acaso no vimos a un sujeto que hace unos días le dio un escupitajo a un periodista porque le preguntó por su hijo presuntamente implicado en un ataque sexual? ¿Acaso no vemos a una periodista del ‘prime time’ revelar la identidad de una víctima adolescente, fingiendo error?

¿Acaso no vemos anarquía en las calles, con motorizados temerarios que tomaron las pistas y veredas? cientos de letreros publicitarios por campaña municipal contaminan el paisaje, mientras funcionarios municipales no dicen nada, porque quizá estén metidos en la colada electoral.

Basta ya. Escuchemos a quienes tienen experiencia y sapiencia. A pesar de esta mala racha, donde lo malo e incorrecto se volvió normal, el Perú siempre es más grande que todo.

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La broma infinita: Cara de Ángel, Bryce Echenique y los chicos de Larry Clark

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Luis Felipe Alpaca es egresado de la carrera de Derecho y Ciencias Políticas y estudió Periodismo en la Universidad Jaime Bausate y Meza; asimismo estudió en la Escuela de Escritura Creativa del CCPUCP, y tiene un Diplomado de Especialista en Derecho Comercial por la Escuela Superior de Negocios. Ha sido Editor de Cultura del Diario 16, y actualmente es Editor General del Grupo Editorial Lima Gris, y es conductor del programa radial Lima Gris Radio por La estación Planicie 91.5 de la FM. Como gestor cultural ha organizado y curado exposiciones de arte y eventos ligados a los derechos culturales. Asimismo es corrector de estilo, y ha escrito más de 400 artículos relacionados a cultura, actualidad y política. Como activista social ha sido miembro de la Red del Patrimonio Cultural con el afán de defender patrimonios inmateriales y materiales como el desaparecido Palais Concert, y el Complejo Arqueológico Puruchuco. Actualmente es miembro del Colectivo Antropoceno Identidad, y ha recorrido distintas regiones del país para brindar apoyo, encuentros y conferencias en universidades con temas relacionados al arte ancestral y la cultura originaria.

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La broma infinita: Cara de Ángel, Bryce Echenique y los chicos de Larry Clark

Lee la columna de Juan José Sandoval

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13 horas ago

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21/09/2026

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Redacción Lima Gris

Por Juan José Sandoval

Todo comenzó en la campaña presidencial, cuando el candidato celestial amenazó con introducirle una tortuga por el recto al jefe de las elecciones. Meses después, ese síntoma se manifiesta en el aberrante caso de bullying en un colegio sanborjino, cuyos autores guardan hoy penitencia en Maranguita.

Durante la detención de los pequeños monstruos, uno de los padres de los presuntos agresores escupió en el rostro a un periodista en la puerta de la comisaría para, al día siguiente, ratificar su bestialidad declarando que se había quedado corto y que debió agredir aún más a los hombres de prensa.

Ese padre de familia fue asesor de imagen del candidato celestial que quiso sodomizar a un funcionario público. Con ello queda ratificada la premisa sintomática de una sociedad impune con serios trastornos de índole sexual.

Si bien el término bullying es de uso reciente —no tiene más de dos décadas de haber sido popularizado—, uno de los primeros casos que involucró a un colegio de pitucos se remonta a 1952, cuando el padre del escritor Alfredo Bryce Echenique denunció públicamente en el diario El Comercio que su hijo había sido víctima de una golpiza. Un instructor militar obligó a «Julius» a pasar por un callejón oscuro formado por un centenar de sus compañeros del colegio Santa María. El beodo de las letras terminó inconsciente en una clínica.

En la década siguiente ya no hablamos de una expresión de los barrios de clase alta, sino de la marginalidad urbana de Los inocentes, donde un adolescente apodado «Cara de Ángel» vive presionado por demostrar su hombría, mientras sus amigos lo llaman «María Félix» o «María Bonita».

Dicho cuento magistral de la literatura peruana propone una realidad que, setenta años después, sigue vigente: la homosexualización como herramienta de sometimiento.

Otro contexto desgarrador que vincula juventud y bullying lo encontramos en los años noventa en las películas de Larry Clark, cineasta norteamericano que retrató la decadencia moral de los jóvenes. Filmes como «Ken Park» , «Bully» y, especialmente, «Kids» —coescrita con Harmony Korine, quien a su vez dirigió «Gummo»—, desarrollan un espectro desolador de las futuras generaciones, donde las drogas, el sexo y la impunidad sociocultural se manifiestan de manera cotidiana y habitual.

No en vano, esta nefasta semana en que el colegio Liceo Naval abrió las vísceras de nuestra miseria, tuvo como cereza del pastel la torpeza cometida por la conductora Milagros Leiva al mencionar el nombre de la víctima: un adolescente que encuentra en su patria un abandono miserable frente a una situación injusta. Eso es el Perú.

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Los bots de Machu Picchu: el escándalo de las entradas

Lee la columna de Edwn Cavello

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13 horas ago

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21/09/2026

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Edwin Cavello Limas

Machu Picchu no fue tomada por conquistadores, sino por algoritmos. Y esta vez los invasores no llegaron con espadas, sino con bots. Ocho empresas turísticas quedaron vinculadas con el bloqueo automatizado de 209.051 entradas. Más de 131 mil terminaron anuladas o vencidas. Mientras el turista común veía el calendario lleno, alguien, detrás de una computadora, hacía negocio con la escasez.

Qué maravilla la tecnología cuando sirve para comprar un boleto. Los nombres de las empresas que usaron bots son: Enjoy Machupicchu Travel, Treppid, Inca Path Peru, Enjoy Cusco, Tripscape Travel, Quimbaya Tours, South American Tours y Cóndor Travel. Y aquí conviene decir algo elemental: si una empresa utilizó mecanismos automatizados para acaparar cupos, corresponde que explique qué hizo, cómo lo hizo y para quién lo hizo. Cóndor Travel, por ejemplo, ya rechazó públicamente haber usado bots. Que hablen todos. Que se investigue todo.

Pero el escándalo tiene otra puerta que nadie debería cerrar: la responsabilidad de quienes administraban el sistema. Porque los bots no aparecieron por generación espontánea. Alguien diseñó las reglas, alguien administró la plataforma y alguien permitió que durante meses el sistema pudiera ser bloqueado de esa manera.

Y aquí reaparece el nombre del arqueólogo José Bastante. No lo digo yo: su nombre aparece en actuaciones e informes de Contraloría vinculados al anterior escándalo de la gestión de entradas. El propio Congreso dejó constancia de que Bastante figuraba en ese informe y que correspondía seguir el debido proceso. También se conocieron comunicaciones que Contraloría examinó en relación con la gestión de boletos. Entonces la pregunta es inevitable: ¿qué responsabilidad tuvo Bastante y qué se hizo después?

Hoy Bastante vuelve a aparecer en escena y, según se ha informado, se reunió con el ministro Alberto Beingolea y funcionarios de Cultura. Perfecto. Pero mientras se conversa, hay una pregunta que no puede quedar atrapada en otro bot: ¿qué dice Beingolea sobre las observaciones de Contraloría y sobre la actuación de Bastante?

No basta cambiar el botón de una plataforma. No basta eliminar las reservas temporales y poner quince minutos para pagar. Hay que determinar responsabilidades, revisar quién sabía qué, quién permitió qué y por qué el Estado tardó tanto en detectar una trampa que terminó bloqueando 210 mil entradas.

Machu Picchu es patrimonio de todos nosotros. No puede convertirse en patrimonio de los bots.

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¿Enfoque de familia o educación sexual integral?: Diálogos de sordos

Lee la columna de Rocío Valencia Haya de la Torre

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13 horas ago

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21/09/2026

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Redacción Lima Gris

Por: Rocío Valencia Haya de la Torre[1]

Aberración indignante es la única frase capaz de describir la violación de un menor de 16 años, de cuarto año de secundaria, presuntamente perpetrada por un grupo de ocho alumnos de quinto año del Liceo Naval de San Borja, quienes ahora se encuentran bajo investigación judicial y privados de su libertad. El vejamen ocurrió dentro de un autobús que el colegio había contratado para trasladar al equipo de futsal, en presencia de tres adultos: el chofer, el entrenador y un auxiliar. La educación en el Perú atraviesa una crisis moral profunda y esta es solo la punta del iceberg. A continuación, analizaremos el problema desde el punto de vista de la prevención y de la actual política educativa nacional en materia sexual.

Los portavoces de los distintos ministerios y políticos dividen sus opiniones en dos corrientes: de un lado, aquellos que le echan la culpa al hecho que el gobierno haya retirado del currículo de educación primaria y secundaria la así llamada Educación Sexual Integral (ESI) como competencia transversal; de otro, aquellos que opinan que, si el Ministerio de Educación introduce en los colegios el «enfoque familia», se resolvería el problema. Pero ¿qué ideas contiene exactamente el «enfoque familia»? No se ha establecido con exactitud, por lo cual este argumento no soluciona el problema, en especial cuando la Constitución establece que el Estado respeta otras confesiones (además de la católica) y que respeta la libertad de conciencia. De esta manera, ni la ESI, que ya fue retirada por estar asociada con el «enfoque de género», ni el «enfoque familia», que no puede satisfacer a todos los públicos —católicos, cristianos y de otras denominaciones—, ofrecen una solución al grave problema de la prevención educativa.

Si bien resulta evidente que no existe una política clara en materia de educación sexual a nivel nacional, el Perú tiene la obligación de encontrar su propio modelo. No todos los peruanos comparten las mismas creencias religiosas, ni mucho menos las mismas ideologías en relación con la sexualidad y la familia. No obstante, la sexualidad humana es un tema fundamental que deben abordar los educadores en los colegios, pero no como un tema únicamente centrado en la salud sexual, sino como un curso pluridisciplinar que aborde los aspectos biológicos, fisiológicos y psicológicos. El acto sexual tiene que ser abordado con respeto y mucha ética dentro de un curso específico que respete la libertad de conciencia y aborde no solo el aspecto físico, sino también el espiritual, ya que la sexualidad afecta la salud mental y la psique del ser humano o alma. De allí que las secuelas de una violación acompañen a la víctima toda su vida.

La indignación de los padres de familia del Liceo Naval aparece así justificada. Ya es momento de que los legisladores formen una comisión con los mejores pedagogos, psicólogos y profesores de ética y biología, capaces de presentar un proyecto de ley que inaugure un curso de Educación Ética y Sexual (EES) y una política nacional de EES que abarque ambos niveles, primaria y secundaria. Las familias y la sociedad necesitan una política clara y un curso en concreto, adaptados a los valores éticos y morales y a la realidad cultural de las familias peruanas, que no sean calco de ningún otro modelo. Un curso original diseñado para niños y adolescentes peruanos por educadores, psicólogos, filósofos y científicos peruanos, como respuesta al cambio efectuado en diciembre y a la falta de una política educativa sexual clara a nivel nacional.

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[1] Escritora, gestora cultual y docente universitaria

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El Perú no educa: abandona

Lee la columna de Tino Santander

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18 horas ago

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20/09/2026

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Redacción Lima Gris

Por Tino Santander Joo

Mi padre me educó con severidad. Recuerdo que me levantaba a las cinco de la mañana, nos duchábamos con agua fría, luego rezábamos, porque primero era Dios, y después leíamos hasta las siete. Desayunábamos y caminábamos al colegio. En el colegio había niños y jóvenes abusivos: robaban, agredían sexualmente a todo el que no podía defenderse, y quien no se imponía era un «cabro» sometido a todo tipo de vejámenes. Era una batalla de todos contra todos, como ver si se imponía el más fuerte o el más inteligente. Los llamados «lornas» la pasaban mal. Los profesores y auxiliares sabían quiénes eran y trataban de disciplinarlos a palos, pero siempre hubo injusticias.

Los escolares no eran buenos por naturaleza, como sostiene Rousseau. Nunca he creído en la bondad de los humanos; al contrario, creo que solo la educación severa puede reprimir sus instintos más salvajes. Sobre todo en un país tan complejo como el Perú, donde impera el racismo más cruel y donde el Estado ha abandonado extensos territorios ocupados por el crimen organizado. Entonces la educación se convierte en un asunto de sálvese quien pueda: en los colegios del Perú no hay autoridad, todos hacen lo que pueden y lo que les da la gana.

El Emilio de Rousseau es un libro clave de la pedagogía moderna. Su idea central es que el ser humano nace bueno y que la educación debe acompañar el desarrollo natural del niño, no reprimirlo ni moldearlo según lo que la sociedad espera. Este debate entre la naturaleza bondadosa del hombre y quienes sostienen que el hombre es egoísta y cruel tiene vigencia, porque de él parte el sentido pedagógico de la educación. Ni la permisividad de estos tiempos ni el cuartel espartano: simplemente autoridad, no autoritarismo ni matonería. Sin disciplina ni objetivos claros vamos dando palos de ciego.

Ahora lo vemos en los datos de PISA 2025: la comprensión lectora es muy baja, siete de cada diez estudiantes no alcanzan el nivel básico de matemáticas, aproximadamente el 30% reporta que el desorden interrumpe las clases, el bullying aumentó y el ausentismo escolar es altísimo. A esto se suman problemas sociales más graves: territorios controlados por el crimen organizado, una prensa vulgarizada, una policía percibida como corrupta y una sociedad indiferente. En este contexto, algunos concluyen que «Hobbes tenía razón» y que la solución es recuperar la disciplina, incluso invocando el modelo espartano.

Los religiosos dirán que es el relativismo moral la causa de los males de la humanidad. Solo tienen que ver sus pecados con la niñez, el silencio y el pedir perdón: esa es su mejor contribución. No necesitamos una escuela cuartel como Esparta, sino presencia del Estado. Eso no se hace de la noche a la mañana, y no es posible con la clase política actual, todos sospechosos de latrocinios e incompetencia: el propio ministro de Educación favoreciendo con un puesto a una amiga, o el ministro de Trabajo sirviendo a los intereses de los grupos de poder económico.

La familia ahora es disfuncional, cada uno por su lado. El narcisismo y la frivolidad de las redes sociales fomentan la idiotización de la sociedad. Incluso en Europa empiezan a prohibir a niños y adolescentes el acceso a las redes sociales. A este triste panorama de la educación nacional le agregamos la falta de preparación docente y la miseria de la infraestructura escolar: nos ponemos a llorar. En cambio, la educación de la «élite» no se educa con el sistema peruano, sino con el francés, el inglés y otros; no estudian en las universidades peruanas sino en el extranjero. No sienten el Perú, están formados para hacer negocios con el Perú, no para construir el Perú.

Es imprescindible una revolución social, no un simple cambio administrativo. La revolución social es una transformación profunda de las estructuras de poder que exige la participación plena del pueblo. Y la educación es parte de esa transformación: sin autoridad legítima en el aula y sin maestros que puedan enseñar sin miedo, la revolución no tiene raíz. La educación que forme hombres libres que construyan el Perú será una conquista popular.

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Defensa nacional y traición a la patria: el deber de blindar a nuestras Fuerzas Armadas frente al cerco ideológico

Lee la columna de Raúl Allain

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2 días ago

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19/09/2026

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Raúl Allain

Hay jornadas en las que analizar la coyuntura nacional no es un mero ejercicio académico, sino una exigencia moral. Cuando uno camina por nuestras ciudades o conversa con los ciudadanos de las zonas más vulnerables del país, se percibe un cansancio acumulado frente al desorden y la impunidad. La gente no pide discursos sofisticados ni retórica abstracta; exige seguridad, firmeza y el restablecimiento inmediato del principio de autoridad.

Sin embargo, cada vez que el Estado peruano intenta desplegar la capacidad operativa de sus Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional para recuperar el control territorial frente al crimen organizado transnacional y los remanentes del terrorismo, tropieza con un obstáculo recurrente. De inmediato se activa un engranaje político y mediático diseñado para maniatar a las instituciones tutelares de la Patria.

Es momento de llamar a las cosas por su nombre. En la doctrina del derecho contemporáneo y en la conciencia republicana existe un principio inalienable que la narrativa progresista ha procurado invisibilizar: el derecho humano a la defensa nacional, a la integridad territorial y a la protección efectiva de la sociedad. Durante las últimas décadas, la izquierda peruana y sus aliados regionales han instrumentalizado la fachada de los derechos humanos para invertir los papeles éticos de la nación.

Bajo el ropaje de una supuesta fiscalización ciudadana, se ha construido un cerco judicial y político que busca neutralizar la acción de los uniformados que arriesgan la vida en defensa de la República. Esta estrategia de debilitamiento institucional no es un fenómeno espontáneo ni exclusivo del ámbito local. Se inserta en un patrón ampliamente documentado en América Latina, donde agendas ideologizadas utilizan el litigio estratégico y la estigmatización pública para desarmar moralmente a los estados democráticos.

En diversos países de la región hemos presenciado cómo se pretende equiparar la violencia criminal de organizaciones ilegales con el uso legítimo de la fuerza que ejerce el Estado para preservar la paz social. Se ha consolidado así una asimetría perversa: los delincuentes transnacionales actúan sin códigos ni frenos legales, mientras que nuestros soldados y policías avanzan al combate con la amenaza permanente de la persecución penal y el señalamiento administrativo.

En el caso peruano, el instrumento central de esta interferencia ha sido el entramado de oenegés hiperideologizadas financiado masivamente con fondos del exterior. Quienes nos formamos en la sociología y en el análisis político conocemos de cerca la manera en que se estructuran estos grupos de presión. Durante años, millones de dólares provenientes de agencias e instituciones transnacionales han circulado en el país sin una fiscalización transparente y rigurosa.

Estos recursos no se han orientado a la resolución de las brechas sociales reales, sino al financiamiento de campañas judiciales contra los institutos armados. Por ello, la reforma de la ley que regula a la Agencia Peruana de Cooperación Internacional (APCI) no constituye una arbitrariedad, como denuncia desesperadamente la izquierda caviar. Se trata de un acto elemental de soberanía tributaria y control institucional para evitar que el financiamiento extranjero sea utilizado para socavar el orden interno.

Esta falta de transparencia en los flujos financieros extranjeros ha permitido que pequeños colectivos no elegidos democráticamente asuman un poder de veto fáctico sobre las políticas de seguridad nacional. Se trata de un modelo de negocio ideológico donde la conflictividad social permanente y la desacreditación de los uniformados se traducen en presupuestos renovables y presencia mediática constante.

Mientras las familias peruanas sufren las consecuencias del sicariato, la extorsión y el avance del narcotráfico en las zonas fronterizas, estas plataformas burocráticas priorizan la construcción de expedientes para llevar al Estado peruano ante tribunales internacionales. Con ello erosionan la moral de la tropa y paralizan el mando operativo en momentos críticos.

Permitir que intereses foráneos manipulen nuestro sistema normativo para acorralar a las Fuerzas Armadas en zonas de conflicto, como el VRAEM o en las fronteras amenazadas por el narcotráfico y la minería ilegal, roza peligrosamente la figura ideológica y legal de la traición a la patria. No se puede tolerar que, mientras las mafias internacionales de la extorsión y el crimen organizado extienden sus garras sobre las familias peruanas, un sector político minoritario pretenda desmantelar las capacidades de inteligencia de nuestras instituciones.

La soberanía de una nación no se negocia ni se subordina al dictamen de consultorías internacionales que desconocen la realidad de nuestras calles y caseríos. La indefensión de los defensores de la patria no es solo un dilema ético, sino un fallo estructural que afecta la supervivencia de la propia República.

Un soldado o un policía que vacila en presionar el gatillo por temor a enfrentar décadas de procesos judiciales promovidos por oenegés es un agente al que la narrativa izquierdista ha desarmado antes de entrar al combate. Esta parálisis autoimpuesta coloca en grave riesgo a las poblaciones rurales y urbanas que dependen exclusivamente de la presencia estatal para no ser sometidas por el yugo del crimen organizado.

Por esta razón, la aplicación rigurosa del marco penal de la seguridad nacional y la salvaguardia de la soberanía institucional deben convertirse en banderas irrenunciables de una derecha con vocación de gobierno. Es preciso adecuar la legislación interna para que los delitos cometidos por organizaciones subversivas y mafias transnacionales sean tipificados y sancionados con la máxima severidad que permite la ley, sin contemplaciones ni concesiones a la retórica garantista.

La patria exige que se reconozca que la protección del orden público es la premisa indispensable para el ejercicio de cualquier otra libertad ciudadana. Esta firmeza penal y constitucional no solo restablece la dignidad de nuestras instituciones, sino que desbloquea enormes oportunidades para el crecimiento económico y el bienestar social.

Los mercados no invierten en territorios bajo el control fáctico de mafias ni en países donde el Estado ha cedido el monopolio legítimo de la fuerza. Un entorno seguro, protegido por Fuerzas Armadas motivadas y respaldadas jurídicamente, atrae inversiones duraderas, genera infraestructura en zonas de frontera y garantiza que el trabajo de los peruanos honestos no termine en manos de la extorsión delictiva.

Frente a esta parálisis inducida por la izquierda, la respuesta de una derecha soberanista y moderna debe ser categórica. No basta con defender la libertad económica ni limitarse a resaltar las bondades del libre mercado; la prosperidad económica es inviable si no existe una estructura estatal sólida que garantice el imperio de la ley en cada rincón del territorio nacional.

La derecha tiene el deber histórico de liderar un proyecto de pacificación integral que restituya la confianza a los institutos armados, garantice el debido proceso para los defensores de la patria y aplique con la máxima rigurosidad el marco penal de la seguridad nacional contra quienes atenúen o colaboren con el crimen transnacional y la subversión.

Proteger institucional y legalmente a nuestras Fuerzas Armadas no significa avalar la arbitrariedad, sino garantizar que quienes defienden la Constitución actúen con la certidumbre jurídica de que el Estado no los abandonará a su suerte ante querellas ideologizadas. Un país que respeta a sus uniformados transmite un mensaje claro de firmeza tanto hacia el interior como hacia la comunidad internacional.

La certidumbre, el orden público y la seguridad territorial son los verdaderos pilares sobre los cuales florece la inversión, se genera empleo digno y se protege la tranquilidad de las familias trabajadoras. Restablecer el orgullo patrio y blindar la soberanía nacional implica también educar a las futuras generaciones en el valor de sus instituciones tutelares.

Durante décadas, la hegemonía cultural del progresismo intentó inculcar una mirada de desconfianza hacia los uniformes que pacificaron el Perú frente al terrorismo sanguinario. Romper con ese estigma es un acto de reparación histórica que permitirá a los jóvenes comprender que la estabilidad democrática actual no fue una concesión de organismos transnacionales, sino el fruto del sacrificio abnegado de miles de peruanos en defensa de la libertad.

El blindaje del orden interno es, en última instancia, el único camino real para garantizar la viabilidad del Perú como república independiente frente a las amenazas del siglo XXI. El crimen transnacional y las agendas de desestabilización política no se combaten con complacencia ni con tibieza institucional, sino con la voluntad firme de un pueblo que decide ejercer su soberanía con autoridad, dignidad y justicia.

Es momento de desarticular el discurso de la culpa y la resignación impuesto por el progresismo. La verdadera democracia exige un Estado capaz de defender su territorio y de garantizar el derecho supremo de sus ciudadanos a vivir en paz. Restablecer la supremacía del interés nacional, fiscalizar la injerencia del dinero extranjero en la política interna y blindar el principio de autoridad son los pasos indispensables para construir un Perú soberano, fuerte y seguro de su propio destino.

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Se hizo justicia: regresa a la UGEL 07 el maestro Oscar Rojas, víctima del boluartismo

Lee la columna de Rafael Romero

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3 días ago

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18/09/2026

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Redacción Lima Gris

Por Rafael Romero

Una argolla de abuso y de amiguismo subalterno se ensañó con el legítimo director de la UGEL 07, don Oscar Teobaldo Rojas Camacho, y le puso una cáscara de plátano a un gran maestro que meritocráticamente ganó ese puesto hace apenas unos años.

Ese complot perverso y cobarde se tejió desde la otrora Dirección Regional de Lima (DRELM), en pleno auge del gobierno de Dina Boluarte, logrando sancionar administrativamente a don Oscar Teobaldo Rojas Camacho, siendo este un funcionario inocente de los cargos que arbitrariamente le formularon desde una cúpula que por años manejó a su antojo dicha dirección y también la UGEL 07.

Pero el maestro Rojas Camacho no se amilanó y, pese al duro golpe felón que recibió, peleó por su inocencia y por la transparencia funcional, incluso estando muy lastimado, ya que el ucase contra su persona lógicamente también causó daños y perjuicios entre sus seres queridos, entre sus familiares más cercanos, pues también ellos sintieron sobre sus hombros el peso de la injusticia y del abuso del poder

Sin recursos, en medio de la soledad muchas veces, al fragor del trámite administrativo y del expediente judicial, que son demasiado lentos y onerosos, el ciudadano Oscar Teobaldo Rojas Camacho siguió batallando por la verdad, por la dignidad y por el honor, el suyo y el de su familia.

Por fortuna, y gracias al Padre Eterno, con fecha 15 de setiembre del 2026, la Dirección Regional de Educación de Lima emitió la Resolución Directoral Regional N° 02254-2026-DRELM, que resuelve lo siguiente: “DAR POR CONCLUIDA por mandato judicial, la encargatura otorgada mediante la Resolución Directoral Regional N.° 03297-2025-DRELM a favor de la señora ANA JULIA ENCISO TRUJILLO, en el cargo de director de la Unidad de Gestión Educativa Local N.° 07”.

Por tanto, esa misma resolución, también decide “ENCARGAR por mandato judicial, el puesto de director de la Unidad de Gestión Educativa Local N.° 07, al señor OSCAR TEOBALDO ROJAS CAMACHO, a partir del día siguiente de la notificación de la presente resolución hasta el término del año fiscal 2026”.

La resolución lleva la firma del Dr. Cornelio Gonzales Torres, Director Regional de Educación de Lima Metropolitana, quien ha llegado con el nuevo gobierno a poner orden en la citada entidad. En este contexto, es propicia la oportunidad para desearle a ambos funcionarios, Cornelio Gonzales y Oscar Rojas, los mayores éxitos en la lucha por sanear, transparentar y valorar el trabajo administrativo en el MINEDU.

Asimismo, formulamos votos para que, a los dos distinguidos profesores y a todos los funcionarios del MINEDU, a aquellos que realmente buscan cumplir sus funciones con transparencia, les vaya bien en su gestión y tengan los mayores éxitos, pues estos redundarán en provecho de la comunidad educativa conformada por los alumnos, los docentes, los auxiliares y los padres de familia. También debe destacarse la labor del Poder Judicial por hacer lo debido en el caso de la reposición del legitimo director de la UGEL 07, el destacado profesor Oscar Teobaldo Rojas Camacho.

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Pequeños Monstruos

Lee la columna de Edwin Cavello

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3 días ago

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18/09/2026

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Edwin Cavello Limas

Diez escolares de quinto de secundaria del colegio Liceo Naval Almirante Guise,  participaron en una agresión sexual contra un compañero de cuarto grado. Diez contra uno. Diez adolescentes frente a un muchacho de 16 años. Y ahora la Fiscalía de Familia investiga qué ocurrió dentro de un vehículo del colegio, mientras la Policía intervino a los estudiantes involucrados.

Si se confirman las denuncias, no estamos hablando de una simple “travesura escolar”, ni de una pelea entre muchachos, ni de una indisciplina que pueda resolverse con una amonestación y una llamada de atención.  Estamos hablando de violencia.

De una violencia que habría ocurrido mientras el muchacho era trasladado en un vehículo donde, según la información difundida por la Defensoría del Pueblo, viajaban tres adultos: un conductor y dos trabajadores del colegio.  Entonces aparece una pregunta necesaria: ¿dónde estaban los adultos?

¿Quién vigilaba? ¿Quién estaba pendiente de los escolares? ¿Quién podía escuchar, intervenir y detener lo que estaba ocurriendo?  Y hay otra pregunta todavía más incómoda: ¿qué estamos enseñando en casa?

Porque estos muchachos no aparecieron de la nada. Tienen padres. Tienen familias. Tienen hogares. ¿Qué valores recibieron? ¿Qué aprendieron sobre el respeto al cuerpo y a la dignidad de otro ser humano?  Pero también hay que preguntarse: ¿Qué controles existían? ¿Qué protocolos funcionaron? ¿Cuáles fallaron?

Y sí, como ha declarado la profesora Giovana León, durante años hubo alertas sobre bullying y violencia escolar, ¿qué hicieron las autoridades?  Pues, el accionar de las autoridades se centró en silenciar a la profesora. Ella dice que denunció. Hoy su voz vuelve a escucharse sin barreras, sin amenazas, sin miedo. Y mientras todo esto ocurre, aparece otro episodio que retrata el clima alrededor del caso: el padre de uno de los escolares investigados reaccionó violentamente contra un camarógrafo, incluso intentando morderlo, cuando fue abordado por la prensa.

El Liceo Naval es administrado por la Marina de Guerra del Perú. Pero tras el escándalo, la presidenta Keiko Fujimori anunció que ahora el colegio pasará a la administración del Minedu. Desde hoy, tendremos que estar más alertas, porque mañana podría ser tu hijo.  Podría ser el mío.  Podría ser cualquiera.  Esto asusta, porque estos pequeños monstruos viven entre nosotros. 

¿Por qué los dejaron crecer sin enseñarles a respetar? Hay que entender que la dignidad del otro también se defiende cuando nadie está mirando.

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Flor Pucarina, rebelde hasta los huesos (2025) [VIDEO]

Lee la columna de Mario Castro Cobos

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4 días ago

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17/09/2026

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Mario Castro Cobos

No dudo, ni por un momento, que la cantante Flor Pucarina haya sido una rebelde hasta los huesos -lo cual me gusta, pero no necesito de esta película para saber eso de antemano-. No dudo ni por un momento que Flor Pucarina, rebelde hasta los huesos, la película de Geraldine Zuasnabar es una obra ‘con buenas intenciones blandas’ que se decidió más bien por lo convencional y rutinario hasta los huesos, o cerca, bastante cerca, de los huesos, o por un pelo casi lo es. O lo es, más bien, de varias -y bastante previsibles- maneras.

Hay una evidencia que se impone con rapidez, aunque te enamores del tema, de Flor Pucarina, de su mito, de su capacidad para romper barreras culturales, racistas, clasistas y machistas. Miren que casi hablamos del potencial revolucionario de Flor Pucarina, se insinúa. Lo cual admiro y aplaudo.

Porque lo que se nos muestra es un pequeño racimo de chispas de lo que tuvo que haber sido un portentoso incendio: la vida y la carrera musical de esta mujer, vistas menos superficialmente de lo que se aprecia aquí. Flor Pucarina es una película tan ‘correcta’ y conservadora que planea sin solución en lo inocuo.

De verdad. ¡Qué documento tan educado, tímido y casto, sobre una mujer tan determinada, enérgica, ‘revoltosa’, ‘masculina’, singular, talentosa y apasionada! ¡Qué contraste! ¡Se merecía otra cosa!

También me llama la atención la aparición casi furtiva de personajes lgbtiq+, la manera tan limitada, como de pasadita, usando el tiempo justo justo en el que se les ve… Ya parece que no había cómo evitar incluirlos. Peor aún si, como se reconoce, fueron importantes en su vida. ¿Algún problema con mostrarlos un poco más? ¿Con dejarlos hablar?

Es sin duda una buena noticia y es de celebrar que exista la intención de reivindicar a una artista que representa tanto para tantas personas. Que encarnó el alma del migrante serrano. Más aún en una época de desprecio generalizado.

A través de los testimonios hay una complacencia en lo moderna y transgresora que era ella siendo curiosamente un documental con nada de moderno ni de transgresor. Una película tan normalita, que vive de su tema y no de su forma.  

Juego a imaginar que la propia cantante hubiera sido menos púdica al filmar ella misma el relato de su vida…

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La broma infinita: Cara de Ángel, Bryce Echenique y los chicos de Larry Clark

Cultura4 semanas ago

Ministerio de Cultura convertido en botín: un ministro, una madre, una hija y miles de soles

Actualidad4 semanas ago

Fiscalía Anticorrupción interviene el Ministerio de Cultura y la BNP  por contrataciones de madre e hija

Cultura4 semanas ago

Pecado mortal por omisión: la muerte de Nasca a manos del MINCUL

Actualidad3 semanas ago

Decano del Colegio de Arqueólogos del Perú, Miguel Canchari Huamaní, es denunciado por falsificación y uso de documentos

Cultura4 semanas ago

La ruta de la orden de servicio de S/ 32.500: así se armó el contrato de la madre de la gerenta de la Biblioteca Nacional

Actualidad2 horas ago

Nueva víctima de “Mamanka”: la historia de una adolescente que llegó a Lima y terminó atrapada en eloscuro mundo del escultor Luis Sifuentes

Actualidad1 día ago

Claudia Ruiz, gerente general de SERPAR: “Nosotros no sembramos árboles, sembramos una esperanza” [VIDEO]

Política2 días ago

La renuncia de Rafael Rey y las presiones del fujimorismo [VIDEO]

Actualidad2 días ago

Liceo Naval: una grave denuncia que pone bajo la lupa la violencia y la gestión escolar [VIDEO]

Actualidad4 días ago

Edwin Cavello: «El ministro Beingolea ha cambiado caviares por gente del PPC» [VIDEO]

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