En los próximos días, del 18 al 27 de setiembre, se llevará a cabo la segunda edición de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ) 2026, en las instalaciones del ICPNA de Miraflores, a solo diez minutos de la estación Angamos del Metropolitano.
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Bajo la organización del Fondo de Cultura Económica, la FILIJ 2026 presentará una treintena de expositores y más de cien actividades lúdicas y educativas que tienen como objetivo principal acercar los libros y la lectura a miles de niños y familias.
Ángela Núñez Zavala, coordinadora del Festival, conversa con Correo sobre la preparación del evento, los invitados nacionales, desde Arequipa y Pasco; e internacionales, desde Alemania, Colombia y Bolivia; además, hace una reflexión sobre la necesidad de formar lectores desde la infancia y la importancia de realizar un trabajo conjunto entre familia, escuela y Gobierno para lograrlo.
La FILIJ regresa por segundo año, ¿qué necesidades concretas busca atender en los niños y jóvenes?
Sembrar lectores. Nosotros nos quejamos de que en el Perú la gente no lee ni un libro al año. El índice de lectores es bajísimo. Esto va a seguir si no hacemos que los niños de ahora sientan que los libros son atractivos. Entonces, el fin de la feria y de la editorial es que los niños y los padres disfruten de los libros.
Pero hay algo que tenemos que trabajar más: la difusión para poder llegar a las personas. Si bien ya tenemos un grupo cautivo de seguidores, gente que compra libros, hay gente que no sabe que existimos.
Queremos llegar a esa gente que a veces puede ir al cine y gastar 100 soles por una película, pero que sepa que puede venir acá, escuchar un cuento, conocer a un autor y conseguir un autógrafo por cero soles. Toda la programación de la feria es gratuita. No hay costo de ingreso.
Queremos llegar a ese público que no nos sigue, a ese público que no sabe que existimos.
¿A quiénes convoca en esta edición?
La feria trata de convocar a todas las voces en el ámbito del libro y la lectura. No solamente a un nicho. [...] Tenemos auditorios independientes, actividades de cuentacuentos, talleres y una programación muy variada. Estamos invitando al público familiar, a niños y jóvenes.
¿Cuántos expositores y actividades tendrá?
Vamos a tener 34 expositores. El espacio no nos permite más. Se han quedado algunos fuera y eso nos da tristeza. [Pero], de estos expositores, 20 son editoriales de libros para niños y jóvenes. El resto son distribuidoras y librerías. En cuanto a las actividades, vamos a tener de cien a más. El 60% serán actividades para niños y el 40% serán actividades de formación para mediadores, ilustradores y docentes.
Esta edición de la FILIJ busca acercar también las lenguas originarias. ¿Qué actividades tendrán en ese sentido?
Uno de los ejes de la feria está relacionado con las primeras voces en la oralidad. Entonces, queremos que la gente conozca y se involucre con nuestras lenguas originarias. Vamos a tener cuentacuentos con libros en castellano y quechua. Un aliado muy importante para la feria es la Biblioteca Nacional del Perú, [quienes traerán] libros de lenguas originarias. También vamos a tener libros en Braille.
En ese contexto, ¿cómo podemos acercar la literatura infantil y juvenil a las regiones más alejadas del país?
Ahí sí es un reto mucho más grande. Es un reto que el Estado podría y debería asumir para tener llegada a esta población. Son pocas las iniciativas.
¿Qué debería cambiar en las políticas públicas de lectura para que estos esfuerzos no dependan solamente de iniciativas particulares?
En mi experiencia, los estímulos económicos para la cultura que otorga el Ministerio de Cultura son algo importantísimo. Es más, esta feria se pudo realizar el año pasado gracias a los estímulos. [...] Yo sugeriría que amplíen esos presupuestos para los estímulos, para poder llegar a más gente. Y definitivamente se necesitan bibliotecas.
¿Cuáles consideras que son los principales retos de la literatura infantil y juvenil en el Perú?
Uno de los principales retos es que la familia, los padres, entiendan la importancia de la literatura infantil. Si la gente tiene la idea de que el niño ya va a leer cuando esté en el colegio, no va a haber un hábito lector ni un disfrute de la lectura. Entonces, el reto que tenemos, desde el Fondo de Cultura Económica, que organiza esta feria, y también como editorial, es que la lectura sea por disfrute, no por obligación; no para entender, no para ver qué se comprendió, sino para que pasen un momento divertido y ameno.
La frecuencia de esa lectura va a permitir que el niño desarrolle otras habilidades, mejore su vocabulario, tenga un pensamiento más curioso y haga preguntas. Este tipo de actividades de lectura, que son libres y abiertas, no necesariamente tienen que hacerse sentados. Pueden estar echados, por ejemplo. Son fórmulas para leer que usualmente no se trabajan.
¿Cuáles son los principales errores que cometen los padres al acercar a sus hijos a los libros?
Uno de ellos, en el caso de los padres que creen que solamente el plan lector es lo que deben leer, es separarse de esa actividad. Por lo menos, si van a leer el plan lector, que se involucren. [...] Otro error que cometen algunos padres, que asisten a actividades culturales, es decir: “Ya, que vaya exclusivamente a ver la actividad”, mientras ellos están en el celular. Ese es otro error, porque las actividades culturales no son guarderías. Son espacios para compartir y para aprender. Que se involucren también. Que escuchen lo que pasa.
¿Qué tan difícil es desarrollar profesionalmente la literatura infantil en el Perú?
Ay, qué linda tu pregunta. No existe casi, profesionalmente hablando, estas categorías. Tenemos literatos, tenemos profesores, pero la literatura infantil incluso en las maestrías de algunas universidades no tiene el espacio que debería. No se da lo que debería darse de literatura infantil universal.
En Educación, por ejemplo, la carrera debería tener un curso de literatura infantil y de mediación de lectura. ¿Cómo mediar? Porque hay profesores que son valiosísimos, buenísimos, pero no tienen necesariamente la capacidad de leer un libro para que el niño lo entienda, o el joven o el adulto.
Las carreras de Educación deberían tener, de cajón, mediación de lectura en su currículo.
¿Y qué ocurre con los ilustradores, que son fundamentales en los libros infantiles?
Los libros para niños no serían lo que son si no estuvieran los ilustradores. Son clave. Y es un grupo que está un poco bajo el tapete, cuando no debería ser así.
En ese sentido, la feria les está dando una visibilidad importantísima a los ilustradores, porque vemos que son piezas clave para los libros para niños.
Creo que insertar estos cursos en los programas de Educación, en lo que es mediación de literatura, es de cajón. Y, en cuanto a diseño, también hay cursos de edición de libros, pero son cursos que no forman parte necesariamente de la carrera, sino que son cursos alternos.
Creo que eso se podría cambiar un poco para ponerles en el mapa a los jóvenes que también pueden ser autores de libros.
¿La llegada de lo digital está cambiando la manera en que los niños y jóvenes se acercan a la lectura?
Eso es bien interesante porque siempre está la pregunta de si lo digital compite con lo físico, con el libro. Ahí yo tengo dos teorías.
Principalmente, para los primeros lectores [la lectura] tiene que ser con libro físico, definitivamente. En las pantallas, no, por favor.
Sin embargo, si hablamos de un lector adolescente, un púber o un joven, yo no haría enemigo al que lee en el celular del que lee el libro. ¿Por qué? Porque lo que se quiere es que la gente lea el contenido.
Entonces, ¿Cómo se puede convivir con las pantallas sin alejarlos de la lectura?
En cuanto al contenido de chicos que están con el celular desde los 9 o 10 años, creo que como todo lo que se prohíbe es más atractivo, las personas que están cerca podrían guiar ese contenido que viene en TikTok hacia contenido educativo.
Hay booktubers que existen desde chicos, medianos y grandes. Creo que el padre debería buscar eso y decirle: “Oye, ¿viste este creador de contenido? Mira qué lindo lo que está recomendando”. Y verlo juntos.
Hay una conexión para que puedan compartir y que no se satanice.
Yo creo que las pantallas tienen sus problemas, eso ya lo sabemos, pero prohibir es lo peor. Todos hemos sido niños y cuando nos han prohibido algo, lo hacemos a escondidas. Entonces, no.
Has mencionado que la feria tiene también un componente social. ¿Cómo se sostiene una iniciativa de este tipo?
El Fondo de Cultura Económica no tiene una utilidad de esta feria. Es algo institucional.
Nosotros traemos la Feria de nuestra casa matriz. Este año se celebra la edición 44 en México y acá [en Perú] estamos en la segunda. Entonces, uno de los retos es cómo hacemos la feria si no tenemos auspicios económicos. Ahí está la suma de esfuerzos.
Tengo que reconocer a las organizaciones que se han sumado para ayudarnos a que la feria salga. Por ejemplo, la Embajada de Colombia y el Instituto Goethe nos van a traer un estudio de arquitectura que diseña espacios lúdicos. Ellos nos ayudan con el look de la feria.
También está Puro Cuento, que es un festival de narración y que traerá cuentacuentos y narradores. Son alianzas que enriquecen la experiencia de la feria porque todos creemos en la causa.
También está Mi Primer Libro Perú, que es una organización de la sociedad civil que fomenta bastante la lectura y hace mucho trabajo en provincias.
Todos ellos nos están ayudando como aliados. Los stands tienen un costo de participación que es, literalmente, para cubrir el servicio.
Creo que también es importante rescatar eso, porque incluso la gente que va a dictar algunos talleres lo hace porque quiere sumar para que la feria no sea una iniciativa que se trunque por algún motivo. Quieren sumar, quieren que sí se haga.
SOBRE LA ENTREVISTADA
Ángela Núñez, Gestora cultural
Vinculada al Fondo de Cultura Económica Perú y promotora de la literatura infantil y juvenil. Ha participado en proyectos de fomento lector, su trabajo se enfoca en la promoción de la lectura, la mediación lectora y la gestión cultural.
18 setiembre inician las actividades de la FILIJ 26.
8 mil personas asistieron a la primera edición FILIJ 2025.
4 mil libros se vendieron en la FILIJ 2025.
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