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Mi tía Pocholita

Lee la columna de Juan José Sandoval

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14/09/2026

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Redacción Lima Gris
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Por Juan José Sandoval


Curiosa forma de actuar, carente de convicciones, la de aquella escribana que se ufana de su identificación con los colores de un equipo de fútbol y se cree intelectual de compromiso con el bien social, pero que, cuando gana su club, evidencia un racismo incomprensible. Progres de oficina, fachos de estadio.

En el año 93 surgió una camada en Alianza Lima a la que llamaron ‘los Potrillos’, evocando a aquel mítico equipo que se perdió en el mar de Ventanilla. Venían con la alegría del pueblo, brindaban espectáculo y la hinchada disfrutaba con ellos. El plantel volaba, los resultados eran favorables y se mantuvieron en la punta durante más de la mitad del torneo.

Luego vino un bajón que permitió que el clásico rival, Universitario, se acercara a paso firme. Para reforzar al equipo llegó el arquero de la selección ecuatoriana, un extraordinario imitador de René Higuita. Tanto replicó su estilo que también perdió un balón decisivo. En Matute, nuestro Higuita falló tras todo el show ofrecido y perdimos un partido clave. El siguiente encuentro era el clásico.

Mi hermano, el negro Rafo, aún no era mayor de edad, pero ya manejaba auto propio. Nos fuimos al estadio aprovechando las entradas de cortesía que le daban a mi papá por su labor como dirigente. Matute reventaba con hinchas de ambos bandos. A mí la fiesta cromática de la tribuna siempre me impactó; toda esa explosión de vida en la cancha me despertó la sensibilidad por el arte.

En aquel partido tenso perdimos el liderato. El Higuita bamba no pudo contener el vendaval y la ‘U’ marcó el 1-0 con gol de Baroni. Lo que vino después fue un monólogo de ataque blanquiazul por todos los flancos posibles. Sin embargo, el empate nunca llegó.

Aunque no era la primera vez que íbamos solos, nunca habíamos dejado el carro en la calle, pero el estacionamiento interno estaba lleno. Al salir, en medio de la desolación de perder un clásico en casa, nos dimos cuenta de que no conocíamos bien las calles aledañas a Matute. Empezamos a buscar el auto por cuadras que se nos hacían cada vez más parecidas. «Se lo han robado», pensamos. Estuvimos cerca de una hora dando vueltas por La Victoria, hasta que apareció estacionado y a buen recaudo en la puerta de una bodega regentada por la señora Pochola.

Han pasado más de 30 años y, cada vez que juega Alianza, nos estacionamos en la esquina de mi tía Pochola. Aunque ella ya no está con nosotros, su legado sigue vigente en lo que hoy se conoce como el ‘Caminito Íntimo’, un rincón que evoca la fiesta del fútbol y la historia de La Victoria.

‘Pocholita, corazón para tomar’ es uno de los emprendimientos surgidos a partir de la consolidación de este espacio. Son familias que apostaron por la gastronomía o el ambiente futbolero para las ‘previas’. El lugar es cada vez más concurrido y la gente disfruta su pasión entre platos criollos, cervezas y cánticos tribuneros.

El ‘Caminito Íntimo’ fue embellecido con murales por el colectivo ‘Todas las Sangres’, integrado por hinchas aliancistas y artistas profesionales que distan del estigma del barrista violento y apuestan por la construcción de identidad. Por eso, al margen del resultado, el aliancista de a pie entiende el fútbol como la vida misma: con triunfos y derrotas, la lucha continúa al día siguiente.

Horas antes del último encuentro, vándalos que escudan la delincuencia tras la camiseta intentaron quemar el ornato vecinal del ‘Caminito’. Solo lograron fortalecer un espacio que hoy destaca por su integración, su proyección social y su rescate cultural a través del arte.

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El gobierno de Keiko Fujimori: ¿Rigor histórico o fujimorización de la historia?

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El gobierno de Keiko Fujimori: ¿Rigor histórico o fujimorización de la historia?

Lee la columna de Leonardo Serrano Zapata

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14/09/2026

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Leonardo Serrano Zapata

El ministro de Educación, José Antonio Chang, promete borrar la ideología de los libros de texto. El Minedu ya enseña sobre el terrorismo desde 2024. Lo nuevo, con el gobierno de Keiko Fujimori, es la sospecha: ¿rigor para la memoria y justicia para las víctimas del terrorismo en el Perú, o rigor para fabricar un héroe?

El ministro de Educación, José Antonio Chang, se paró frente a las cámaras hoy 14 de setiembre, durante la presentación del Plan Nacional de Educación 2026-2031, y soltó la frase del día: “No debe haber una interpretación ideológica de la historia, vamos a recurrir al rigor de la historia”.  Sí, leyó bien: el MINEDU de la presidenta Keiko Fujimori nos va a enseñar rigor histórico. Sobre el terrorismo en el Perú.

Se refiere, a cómo se enseñará en los colegios lo ocurrido entre 1980 y 2000. Y la respuesta correcta, la que cualquier manual serio ya debería tener clara, es una palabra de cuatro sílabas: te-rro-ris-mo. No «época de violencia”. Terrorismo, con nombre y apellido: Sendero Luminoso puso coches bomba en mercados, asesinó policías y militares, dinamitó torres eléctricas y ejecutó campesinos que se negaban a colaborar. Eso es, precisamente, lo que más duele a quienes perdimos a alguien en esos años.

Revisemos que se entiende como rigor científico, para Casadevall y Fang, 2016, como se citó en Vasconcelos et al., 2021. El rigor científico implica un diseño experimental sólido, con controles y réplicas, análisis estadístico adecuado, reconocimiento de errores y honestidad intelectual. No existe un criterio único que lo defina: ni el diseño más cuidadoso es riguroso si la interpretación es deshonesta o incurre en falacias lógicas.

Si el gobierno de Keiko Fujimori pretende desarrollar la competencia lectora y el pensamiento histórico, que lo haga, pero sin censurar textos. ¿Cuál será la nueva selección de textos del MINEDU? ¿A qué le llaman rigor histórico? Limitar la lectura de un texto sería deshonestidad intelectual, y permitir esto suspendería nuestra finalidad educativa. La de promover el pensamiento crítico, la creatividad y el razonamiento, competencias fundamentales del siglo XXI.

Aquí viene la parte incómoda para lo anunciado por el ministro Chang: esto ya se enseña. El Minedu publicó entre 2024 y 2025 dos documentos “Propiciamos la vida en democracia”, material de soporte para que los docentes de primaria y secundaria trabajen la historia de la subversión y el terrorismo, en cumplimiento de la Ley 31745. El marco legal y el material pedagógico ya existían antes de que Chang subiera al estrado a anunciar, que ahora sí vamos a tener rigor al momento de desarrollar las competencias Convive y participa democráticamente en la búsqueda del bien común (Desarrollo Personal, Ciudadanía y Cívica) y Construye interpretaciones históricas (Ciencias Sociales) de las áreas del CNEB.

Uno se pregunta, entonces, qué es exactamente lo nuevo aquí. ¿El contenido? Eso también existe. O es parte del plan presentarlo como si el Perú jamás hubiera hablado de terrorismo en un aula. ¿Se trata de una amonestación o censura encubierta de los textos qué cuentan verdades incómodas sobre la historia del terrorismo?

Porque, ojo, durante 23 años el Estado peruano ya había llamado a las cosas por su nombre: el informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, publicado el 28 de agosto de 2003, estimó 69.280 víctimas fatales entre muertos y desaparecidos, y le atribuyó a Sendero Luminoso el 54% de esas víctimas —12.564 personas—, eso ya estaba escrito.

También hubo abusos gravísimos del Estado —Barrios Altos, La Cantuta, el Grupo Colina—, responsable de cerca de un tercio de los casos reportados a la CVR. Esos crímenes merecen enseñarse con el mismo nombre y el mismo peso.

No hay empate moral entre quien vuela un mercado lleno de gente que solo iba a comprar el pan, y un Estado que, tenía el deber legal de protegernos, terminara cometiendo crímenes atroces. Diluir ambas cosas no es rigor: es desmemoria disfrazada de neutralidad.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos declaró responsable al Estado peruano por la masacre de La Cantuta en su sentencia del 29 de noviembre de 2006, y ordenó reparaciones a los familiares de las diez víctimas ejecutadas o desaparecidas. Ese nivel de precisión jurídica —nombre por nombre, familia por familia— es exactamente el tipo de rigor que también le pedimos al Estado cuando se trata de Sendero Luminoso y el MRTA. El rigor no puede ser selectivo: si existe para condenar al Estado por La Cantuta, debe existir con la misma fuerza para nombrar a quienes pusieron las bombas o mataron civiles desarmados.

Esas verdades se muestran en el Lugar de la Memoria (LUM).

Y aquí aparece las sospechas obligadas, la que cualquier persona con memoria y sentido común debería hacerse: ¿por qué justo el gobierno de Keiko Fujimori decide, en 2026, que hay que hablar de rigor histórico? ¿Se busca justicia para las víctimas, o se busca, de paso, ir preparando el terreno para blanquear los crímenes de Estado del gobierno de su padre Alberto Fujimori?

Porque la memoria completa no funciona a la carta: no se puede pedir precisión para nombrar a Sendero Luminoso y, al mismo tiempo, esperar amnesia selectiva para todo lo que incomoda del fujimorismo.

Son preguntas legítimas y no las voy a callar solo porque, en el fondo, comparto el diagnóstico: sí, hay que llamar terrorismo al terrorismo. Eso no es ideología. Es lo mínimo que la historia nos debe a las víctimas del terrorismo, entre ellas, las más de 26 mil personas que murieron o desaparecieron solo en Ayacucho, la mayoría campesinos quechuahablantes cuya tragedia el resto del país apenas sintió como propia.

Y mientras el ministro habla de rigor, en Loreto ocurría algo que debería preocuparnos más: Martín Reátegui Bartra, sentenciado por su participación en Sendero Luminoso, compartió un acto público con oficiales de la Marina del Perú y autoridades del Estado, como si nada hubiera pasado (https://limagris.com/exterrorista-de-sendero-luminoso-y-sus-vinculos-con-altos-oficiales-de-la-marina-en-iquitos/). Ese es el verdadero termómetro del rigor histórico de un país: no lo que dice un ministro en un podio, sino a quién le permitimos sentarse junto a las autoridades sin que nadie pestañee.

Y aquí llegamos al verdadero riesgo detrás de este «rigor»: que la historia oficial termine convirtiendo a Alberto Fujimori en el artífice solitario de la derrota del terrorismo, una especie de héroe sin cuya intervención no habría sido posible, por ejemplo, la captura de Abimael Guzmán y la cúpula de Sendero Luminoso o la de Víctor Polay Campos y los miembros del MRTA. Eso no sería historia. Sería propaganda con toga de rigor académico.

Que se enseñe todo, entonces. Que el terrorismo se llame terrorismo y los crímenes de Estado se llamen crímenes de Estado. Lo único que no deberíamos permitir —ni de un lado ni del otro— es que el aula de clases sea el lugar donde la historia se acomoda para no incomodar a nadie, y donde el apellido de quien gobierna hoy quede convenientemente fuera del pizarrón y menos que desde las aulas se vuelva adoctrinar a los jóvenes para tomar las armas en contra del Estado.

Bienvenido, pues, el «rigor histórico» del ministro Chang si se trata de desarrollar competencias básicas en los estudiantes. Ojalá no nos llegue, disfrazado con el slogan del detergente Bolívar: “Para cuidar las fibras que más importan”. Las de la familia Fujimori.

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Cero cultura y más cemento: ¿así quieren gobernar Lima?

Algunos prometen cultura sin conocerla, como quien vende libros jamás leídos desde un municipio

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14/09/2026

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Luis Felipe Alpaca

Hoy Lima exhibe a cientos de candidatos para las 43 municipalidades distritales de la capital. En las calles aparecen millonarias portátiles, globos, paneles, pasacalles, caravanas y despliegues publicitarios. Pero ¿quién paga todo eso? ¿Invierten tanta plata para llegar al sillón municipal? Mientras tanto, ofrecen el oro y el moro en seguridad ciudadana, infraestructura urbana, obras públicas, hospitales y albergues para seducir al elector; pero de cultura, casi nada.

Hay dos razones. La primera, desconocen qué son las industrias culturales, los bienes culturales y peor aún, qué significa patrimonio cultural material e inmaterial. La segunda, no les interesa la cultura. No les interesa el cine, el arte, la música, la creación literaria, la poesía ni otras expresiones artísticas.

Lima Metropolitana tampoco es la excepción. Si bien funciona una Gerencia de Cultura, se ha mantenido en piloto automático con propuestas anodinas y nada trascendentes como alguna vez lo fue la Bienal de Lima. Si alguien sostiene lo contrario, probablemente tiene empleo en la gestión de turno y solo busca asegurar sus nexos.

En todos los distritos existen buenos artistas, pero permanecen invisibilizados. SJL alberga numerosos creadores, pero ninguna gestión municipal los apoya. Ellos mismos organizan ferias públicas y eventos culturales; igual ocurre en la periferia.

En Miraflores y San Isidro los eventos culturales son variados y algunos sí son propuestas municipales, pues ambos tienen centros culturales municipales funcionando. Pero Barranco, distrito de tradición literaria, poética, bohemia, cultural y artística, todavía no tiene un centro cultural y nunca lo tuvo.

Ahora algunos candidatos barranquinos hablan de impulsar la cultura para captar votos, pero sus discursos delatan que no saben de nada de ella y parecen no haber asistido nunca a una obra de teatro, un recital de poesía, ni abierto un libro. Aun así, reparten volantes donde dice “cultura”, como simple relleno de campaña.

Si Barranco aún conserva cultura, es por su comunidad artística de escritores, poetas, fotógrafos y pintores que sobreviven con propuestas particulares. El municipio nunca hizo nada por ellos y los últimos alcaldes que hoy vuelven a postular vendieron humo con proyectos anodinos e intrascendentes. Ahora regresan con el mismo viejo truco para ofrecer humo disfrazado de cultura. Porque gobernar un municipio también exige cultura; sin embargo, solo administran cemento, propaganda y mediocridad política.

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Soberanía nacional o tutelaje internacional: la defensa de la Constitución y la paz social Foto del avatar

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18 horas ago

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14/09/2026

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Raúl Allain

Hay mañanas en las que recorrer Lima implica enfrentarse a una realidad incuestionable: el temor cotidiano de la gente de a pie. En el mostrador del panadero, en la charla apresurada del chofer de micro o en la mirada atenta del pequeño comerciante que atranca su puerta al caer la tarde, se respira una misma exigencia implorada en silencio: orden, seguridad y autoridad. Sin embargo, cuando el Estado peruano intenta responder a esa demanda social con leyes firmes para desarticular el crimen organizado o encarcelar a los enemigos de la democracia, tropieza de inmediato con un muro invisible de burocracias internacionales y pronunciamientos ideologizados que pretenden congelar la soberanía del país.

Resulta indispensable plantear el debate sin rodeos ni ambigüedades. En el Perú actual existe un derecho humano fundamental que ha sido sistemáticamente desplazado del debate público: el derecho a la autodeterminación democrática, a la soberanía jurídica y al imperio de la ley nacional. Durante las últimas décadas, la izquierda peruana y regional ha desplegado una estrategia astuta mediante la captura y uso político de las plataformas internacionales de derechos humanos. Lo que en su origen nació como una reserva moral para evitar tiranías se ha transformado en un mecanismo de interferencia vertical sobre la voluntad popular.

Esta dinámica no es una casualidad aislada, sino una constante que se observa en diversos rincones de América Latina. Se ha consolidado una suerte de globalismo jurídico mediante el cual comités y cortes transnacionales —integrados por funcionarios y juristas que jamás han sido elegidos en las urnas por los ciudadanos a los que juzgan— imponen mandatos que asfixian la capacidad institucional de las repúblicas. De Chile a Colombia, pasando por el Istmo centroamericano, presenciamos el mismo libreto: cuando la ciudadanía vota por fortalecer las penas contra la delincuencia, proteger la institución familiar o sancionar con dureza la subversión, la narrativa progresista apela a estas instancias extranjeras para anular las decisiones del Poder Legislativo y maniatar al Ejecutivo.

El caso peruano es, sin lugar a dudas, uno de los paradigmas más agudos de esta distorsión. Quienes estudiamos en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y nos formamos en las ciencias sociales sabemos bien cómo se gestan los marcos teóricos en los claustros. Recuerdo con claridad los debates apasionados en las aulas y pasillos universitarios, donde se pretendía normar la vida nacional a partir de abstracciones dogmáticas importadas, divorciadas del sentir de las mayorías. Aquella formación me otorgó el rigor sociológico y el conocimiento analítico para comprender que el verdadero compromiso con el derecho no consiste en someter la Patria a dictámenes foráneos, sino en responder con justicia y eficacia a la realidad social concreta del pueblo peruano.

La interferencia de órganos como la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) ha alcanzado niveles insostenibles para la dignidad republicana. Bajo la fachada de una tutela supranacional, se ha llegado al extremo de pretender frenar leyes destinadas a combatir a las organizaciones criminales, poner cortapisas a la acción de la Policía Nacional y bloquear la sanción definitiva contra los perpetradores de la violencia subversiva. Se ha configurado así un escenario en el cual los derechos de los agresores terminan hipertrofiados, mientras que las víctimas reales —las familias extorsionadas, los pequeños empresarios amenazados y los agentes del orden que entregan la vida en el cumplimiento de su deber— quedan sumidas en la desprotección absoluta.

La trampa conceptual de la izquierda radica en haber construido una equiparación errónea: pretenden sostener que cuestionar el activismo judicial transnacional equivale a renegar de los derechos humanos. Nada más distante de la verdad. Defender el imperio de la ley nacional no significa vulnerar garantías fundamentales; significa reafirmar que la máxima salvaguardia de las libertades de los peruanos radica en nuestra propia Constitución Política de 1993. Es en la Ley Fundamental donde se asientan el equilibrio de poderes, el estado de derecho y el mandato soberano de garantizar la paz pública y el desarrollo integral de la sociedad.

Frente a este escenario de tutelaje ideológico, se abre la oportunidad para una derecha soberanista, moderna y de profundas convicciones patrióticas. Durante años, los sectores conservadores del país cometieron el error de encasillarse en una defensa puramente pragmática de las variables macroeconómicas. Las cifras fiscales son trascendentales, desde luego, pero resulta insuficiente ostentar solidez económica si la arquitectura institucional se deja socavar por el dogma progresista. La derecha tiene hoy el deber histórico de liderar la batalla institucional por el restablecimiento del principio de autoridad y la recuperación completa de la autonomía jurídica del Estado.

Asumir una postura firme de soberanía legal no es una postura aislacionista, sino una reafirmación de madurez republicana. Países con democracias consolidadas a nivel global priorizan sus textos constitucionales y la seguridad de sus ciudadanos por encima de interpretaciones expansivas de tratados internacionales. El Perú no puede continuar atado de manos frente a la criminalidad desenfrenada solo para complacer los estándares burocráticos de oenegés y entes multilaterales. Legislar con total libertad contra el terrorismo residual, las mafias transnacionales de la extorsión y el crimen organizado constituye una obligación constitucional inalienable del Estado.

Recuperar el control soberano sobre nuestras políticas públicas abre amplios beneficios para el desarrollo de la sociedad. En primer lugar, devuelve la confianza ciudadana en la eficacia de las instituciones democráticas. Cuando el poblador de un distrito golpeado por la delincuencia observa que el Congreso aprueba leyes severas y que el sistema judicial las aplica sin vacilaciones ni temores a presiones externas, la legitimidad del sistema político se fortalece. La certidumbre jurídica y la seguridad en las calles son los cimientos reales sobre los cuales florece la inversión privada, el trabajo honesto y el bienestar de las familias peruanas.

Asimismo, la defensa del imperio de la ley nacional actúa como un escudo protector para la cohesión social y la preservación de nuestros valores fundamentales. La protección de la familia como núcleo básico de la sociedad, el respeto a la herencia cultural y el rescate del orgullo patrio son pilares insustituibles para consolidar una identidad nacional sólida. Una nación que cede a entes externos la potestad de decidir sobre sus asuntos internos termina disgregada, vulnerable a los populismos destructivos y desprovista de una dirección clara hacia el futuro.

A esta distorsión jurídica se suma un fenómeno económico y social que no podemos dejar de denunciar: el surgimiento de una próspera industria de la consultoría y el activismo oenegero. Durante años, ciertos grupos de presión han convertido el litigio supranacional y la supervisión de los asuntos internos en un lucrativo modelo de negocio financiado desde el exterior. Para estas elites burocráticas, mantener al país bajo una tutela jurídica permanente no representa un ideal de justicia, sino la garantía de su propio financiamiento y vigencia política, a costa de mantener maniatadas a las fuerzas del orden y vulnerada la tranquilidad ciudadana.

Debemos comprender que la verdadera paz social no surge del sometimiento voluntario a directivas foráneas ni de la aplicación mecánica de modelos legales abstractos, sino de la capacidad real de una nación para resolver sus propios problemas. La seguridad ciudadana no es un lujo negociable ni un concepto teórico para debatir en foros académicos internacionales; es una urgencia vital que condiciona el ejercicio diario de la libertad. Sin orden público y sin calles pacificadas, cualquier catálogo de derechos constitucionales se transforma en una simple promesa de papel sin sustento en la realidad.

Es indispensable además que las fuerzas patrióticas y la ciudadanía en general asuman que la recuperación de la soberanía legal exige un compromiso activo con el debate de las ideas. No basta con lamentar el activismo de las instancias transnacionales en las conversaciones cotidianas o en los espacios periodísticos; resulta prioritario reformar nuestro marco normativo, fortalecer a las instituciones judiciales nacionales y blindar constitucionalmente el derecho del pueblo peruano a legislar en favor de su propia supervivencia institucional y seguridad colectiva.

Es momento de desarmar la retórica progresista que pretende presentar la sumisión internacional como el único camino civilizado. La verdadera democracia no se ejerce en despachos extranjeros ni en foros de tecnócratas, sino en la soberanía de los ciudadanos que eligen a sus representantes para que dicten las normas que regirán su convivencia. Restablecer la supremacía de la Constitución de 1993 y defender con valentía nuestra independencia jurídica son los pasos ineludibles para garantizar un Perú seguro, próspero y auténticamente libre.

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Una pelota, una escuela y una bala: la infancia bajo el terror

Lee la columna de Marisol Verónica Giordano Silva

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18 horas ago

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14/09/2026

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Redacción Lima Gris

Por Marisol Verónica Giordano Silva

Bocanegra nos recuerda que proteger a nuestros niños no significa solamente cerrar las puertas de las escuelas. Igualmente, a dos cuadras de la región policial del Callao delincuentes atacaron al cantante Engerberth Tapia, quien iba en su camioneta con su hijo de 9 años. En imágenes se ve cuando sacan al niño ensangrentado. Esto ocurrió el último 12 de setiembre.

Hay escenas que una sociedad no debería acostumbrarse a mirar. Un niño corriendo detrás de una pelota, una madre acompañando a las actividades deportivas de esos niños y docentes organizando shows, pasacalles, danzas entre otras actividades artísticas, pero de pronto todo se nubla con balaceras, con un dinamitazo o con bombas incendiarias de los extorsionadores sobre sus objetivos. Eso ocurrió el viernes 11 de setiembre en Bocanegra, Callao.

Mientras se desarrollaban unas olimpiadas escolares, un ataque armado terminó con la vida de dos personas y dejó a otra herida. Según la información difundida por los testigos, los atacantes llegaron en una motocicleta y efectuaron múltiples disparos contra los asistentes. Pero la presidenta Keiko Fujimori pide paciencia y más tiempo.

Lamentablemente, hay algo que no podemos perder de vista: los niños no eran el objetivo del ataque y, sin embargo, también fueron las víctimas. Porque una bala no necesita impactar directamente en el cuerpo de un niño para afectar su vida porque el miedo también deja serias huellas y hoy vivimos una época de terror urbano.

Durante años hemos hablado de la escuela como un segundo hogar. Pero ¿qué ocurre cuando el peligro ya no está solamente en las calles sino frente a las aulas o en los parques y losas deportivas donde los niños acostumbran jugar? El caso de Bocanegra nos obliga a ampliar la mirada, pues la seguridad de la infancia no termina en la puerta de una institución educativa.

Un colegio puede tener protocolos, docentes comprometidos, comités de gestión del bienestar y voluminosos planes tutoriales; pero si al salir de la escuela un niño encuentra un entorno dominado por la violencia, entonces resulta que la comunidad educativa estará en grave riesgo y necesitará de todo el apoyo del Estado para garantizar la vida y la seguridad de dicha comunidad educativa.

En Educación Inicial enseñamos a los niños a convivir, compartir, esperar turnos, resolver conflictos mediante el diálogo y cuidar al otro. Les enseñamos que la escuela es un espacio de protección. Les enseñamos a confiar. Pero, ¿qué mensaje recibe un niño cuando una actividad escolar se convierte en escenario de una balacera por culpa de la delincuencia?

Porque la educación no consiste únicamente en aprender números, letras, colores o desarrollar competencias. Educar también significa garantizar condiciones para que un niño pueda sentirse seguro, escuchado y protegido. Así, la violencia modifica la manera en que los niños perciben su entorno. Y, obviamente, que después de un hecho violento como el ocurrido en Bocanegra, algunos infantes tendrán más miedo de regresar a la escuela o a una actividad deportiva, pudiendo sentir ansiedad todo el tiempo ante los ruidos o los disparos de armas de fuego.

Por eso, el terror no acaba cuando la Policía llega y acordona la zona. También comienza allí una tarea silenciosa: la de acompañar emocionalmente a nuestros niños. La escuela y el aula no pueden estar solos. En el Perú existen experiencias que demuestran que la seguridad escolar puede abordarse de manera articulada y pronto.

Señores padres de familia y respetables autoridades, la prevención tiene que comenzar antes de la tragedia. Necesitamos mapas de riesgo alrededor de las instituciones educativas. Necesitamos coordinación permanente entre los colegios, las UGEL, los municipios, la Policía Nacional, la iglesia de la comunidad y todas las familias, pues debemos preservar el bienestar de la infancia peruana, respetando el principio del interés superior del niño.

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Alvarito embajador

Lee la columna de Edwin Cavello

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19 horas ago

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14/09/2026

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Edwin Cavello Limas

Álvaro Vargas Llosa, aquel intelectual que alguna vez tuvo palabras durísimas contra el fujimorismo, sería designado embajador del Perú en Estados Unidos. Sí, leyó bien: embajador de Keiko Fujimori. La misma Keiko a la que no concebía como presidenta porque, según Alvarito, representaba “una década en la que imperó en el Perú la corrupción”.

Pero el tiempo pasa, las convicciones se acomodan, las conciencias se compran y, aparentemente, los cargos diplomáticos son la tentación de los mercenarios disfrazados de intelectuales.

En aquella época, Álvaro hablaba de los más de seis mil millones de dólares que, según sus palabras, se robaron de las arcas del Estado, de la violación sistemática de los derechos humanos y de la vergüenza que aquello provocó ante el mundo. También felicitaba a los jóvenes que salieron a las calles para acabar con la dictadura. Hoy, curiosamente, parece que aquella vergüenza internacional necesita embajador.

No deja de ser una paradoja extraordinaria. El hombre que decía que no quería que regresara al gobierno una opción política que representara aquel “oprobio”, ahora acepta representar diplomáticamente a esa misma opción política en Washington. Cosas de la política: ayer había principios; hoy hay pasaporte diplomático.

Y aquí aparece otra vieja tradición peruana: la transformación del intelectual en funcionario cuando toca la puerta del poder. Primero fue su padre, Mario Vargas Llosa, quien terminó convertido en uno de los principales aliados de Keiko durante la segunda vuelta de 2021. Ahora el hijo sigue la ruta, aunque con una diferencia importante: Álvaro ya no solamente la respalda. Ahora la representará.

¿Será que las convicciones también tienen embajada? Uno quisiera pensar que detrás de esta designación existe una explicación de Estado, una estrategia diplomática, una razón superior. Pero resulta difícil no recordar aquellas palabras pronunciadas con tanta solemnidad sobre la corrupción, la dictadura y los derechos humanos.

Porque si antes Keiko representaba todo aquello que Álvaro rechazaba, habrá que preguntarse qué cambió: ¿Keiko, Álvaro o simplemente el precio de la lealtad?

Quizá los tiempos modernos nos obliguen a actualizar el viejo refrán: no hay principios que duren cien años, ni Alvarito que se resista a los encantos de una embajada.

Bienvenido, pues, Alvarito embajador. Washington lo espera. Y los anales de la historia también.

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Una quinta portuguesa, de Avelina Prat (2025)

Lee la columna de Mario Castro Cobos

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3 días ago

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11/09/2026

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Mario Castro Cobos

Un personaje un tanto desangelado (tiende a generar simpatía de revoluciones bajas o moderadas) que no llega ni a ser un antihéroe. Pero gente, ese es el punto. Por qué hay que ser heroico. O sexy. ¿Lo eres tú? Un decente (nada arrebatador) hombre promedio (aunque no sin ciertas cualidades). Que es profesor y que parece enseñar, no en la cima de su energía y capacidad, sino a media máquina o con piloto automático, un poco en el vacío. Exacto: está y no está. Y la pregunta es: ¿está viviendo? Necesita hacer algo más con los mapas que mirarlos y admirarlos. Y comentarlos de modo tan idealista. Y luego así como así y en un tris, nuestro no-héroe acaba convertido en flamante marido abandonado. Por cierto -y no es por hablar mal- pero ya tenía bastante cara de abandonado desde antes o desde el principio.

El guión, y con él, la puesta en escena, imitan y reconstituyen muy bien la decidida e innegociable voluntad anticlimática de ‘la vida real’. La manera poco espectacular (y hasta desapercibida) en que pasan muchas cosas. Y el asunto tiene (al notar qué tipo de película es, uno no podría imaginarse que no) su moraleja. Eso de que, bueno, hay que perderse (bien perdido y bien desesperado) para poder encontrarse o re-encontrarse o reinventarse. Si sobrevives al proceso. Dicho con otras palabras: la idea de que el azar, la casualidad, las coincidencias o lo arbitrario no son otra cosa que manifestaciones discretas, modestas y sutiles o no tanto pero sí trascendentales que te llevan derecho o torciendo a cumplir con tu gran o pequeñito destino. Si hay tal cosa. La tesis aquí es que sí.

La película parece llena o semi llena de soledades acompañadas, de ‘solidarios solitarios’ que tejen sus alianzas, que descubren en tempo lento simpáticas afinidades electivas. Gustos comunes. Encuentran (humilde milagro) la famosa distancia justa para estar juntos sin estar revueltos.

Una quinta portuguesa es una película noble y parsimoniosa, bien intencionada y con relativamente poca malicia, sobre cómo la gente encuentra (por fin) su lugar, su hogar. El llamado de la naturaleza, el llamado de la tierra, en este caso, se hacen presente con fuerza.

-En contra, mencionaría explicaciones mediante subrayados, tanto verbales como musicales-. En general, una película que nos pide paciencia antes de darnos sus frutos.   

Película

https://ok.ru/cinefiliamalversa/topic/158218105968853

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Ministro Vinelli y las vacuñas

Lee la columna de Edwin Cavello

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3 días ago

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11/09/2026

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Edwin Cavello Limas

El ministro de Agricultura, Marco Vinelli, acaba de regalarnos una de esas frases que, por insólitas, parecen sacadas de un programa de humor. Es por cosas como esta que los políticos no deben confiarse del ChatGPT.

Según el ministro, se utilizarían pajillas de semen de raza Simmental —una raza de ganado vacuno— para incrementar la población de alpacas, vicuñas y llamas. Sí, leyó bien: semen de vacuno para camélidos sudamericanos. Nuestro ministro metió la pata e intentó meter el semen de los toros en el agujero equivocado.

El asunto sería anecdótico si Vinelli no estuviera al frente del sector encargado, entre otras cosas, de las políticas vinculadas con la ganadería y el desarrollo de nuestros recursos pecuarios. Pero aquí no hablamos de confundir una alpaca con una llama en una conversación de sobremesa. Estamos ante especies distintas, con diferencias genéticas que hacen imposible su reproducción entre sí.

Entonces aparecen las preguntas inevitables. ¿Qué quiso decir realmente el ministro? ¿Se equivocó de especie? ¿Le pasaron mal la información? ¿O estamos ante una nueva categoría de ingeniería genética criolla?

Porque, si seguimos esa lógica, quizá no se trate de alpacas sino de “alpavacas”. Y ya podemos empezar a imaginar el menú nacional del futuro: churrasco de vacalpaca o, por qué no, lomo saltado de vacuña.

Hace no mucho, desde Fuerza Popular nos hablaban de “los más preparados”, de un equipo capaz de enfrentar los enormes problemas del país. Incluso se llegó a presentar al actual gabinete como un equipo de lujo cuidadosamente escogido. Pues bien, aquí tenemos una muestra de ese supuesto lujo.

No sé qué dirán los zootecnistas, los ganaderos y los especialistas en camélidos. Pero seguramente estarán todavía tratando de entender cómo llegamos a este cruce tan peculiar.

Y quizá Vinelli tenga razón. Tal vez no se equivocó. Tal vez el futuro de la ganadería peruana esté en crear una nueva especie. Solo falta bautizarla. Al menos así, por fin, tendremos una explicación para todo este asunto.

Y ahora falta escuchar a Keiko Fujimori. ¿Qué dirá la presidenta cuando le pregunten por las declaraciones de uno de sus ministros estrella? ¿Respaldará a Vinelli o dirá que se trató de un simple lapsus? Porque, si este es el “equipo de lujo” que tanto tiempo estuvieron preparando, hay que decirle que cada vez se parecen más al gabinete de Pedro Castillo.

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Anatomía de un poema: «Cromo» de Kareen Spano

Lee la columna de Hans Herrera Núñez

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5 días ago

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09/09/2026

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Hans Herrera Núñez

Un poema o está vivo o está muerto. Este es el caso de Cromo, un poema con un cuerpo resucitado, la prueba de que para conocer la felicidad antes se tiene que conocer cada esquina de la tristeza. Pocos poemas contemporáneos tienen la música que Cromo ofrece en un juego onomatopéyico proclive a figuras métricas como las tróqueas y los anapestos. El presente es una aproximación, apenas un intento de análisis métrico de un poema que tiene el corazón en el lugar correcto y cuya música lo confirma en cada extremo. ¿Qué hace a un poema bueno? ¿Cómo se mide la excelencia? Al final del día todo es cuestión de matemáticas, y la métrica es la prueba de fe del creyente que mucho pregunta, como Santo Tomás, quien tiene que tocar la herida del costado de Cristo para creer. Bienaventurados los que creen sin haber visto, porque de ellos es la República de las Letras.

Publicado originalmente en 2022 para la revista Temporales de la Universidad de Nueva York, como un adelanto de su próximo libro, Cartas de Ultramar (2023), el poema en cuestión ofrece algo que en mi corta y aburrida de lector no había encontrado entre los poemas de mi generación ni aun de la siguiente. La primera impresión fue de una sensación de extrañeza. El poema funcionaba, pero había algo más escondido que no sabía responderme a mí mismo. ¿Es el gusto subjetivo? En esta exploración por una explicación al misterio de las musas empezó mi aventura en el intrincado mundo de las matemáticas de la poesía: la métrica. Porque poesía y música son un mismo fenómeno con reglas rigurosas en torno a los fundamentos de la palabra: su melodiosa sonoridad.

Para empezar, hube de descubrir que los poemas no se miden únicamente por versos. Antes hay que medirlos por la unidad base que son las sílabas. Unidades de sonido que en el caso de Cromo suman un total de 89 sílabas. Luego de esto me lancé de cabeza a una piscina sin saber si habría agua. Más abajo del suelo y de romperme la crisma no iba a caer. Era como hallar la cuadratura del círculo. ¿Cómo entender los sonidos y el secreto de la música en medio de las palabras?

Recurrí de inmediato al esforzado estudio de las métricas clásicas. Hexámetros, pentámetros, tetrámetros, etc. Hallé en figuras métricas más antiguas que la tragedia griega las claves para la comprensión de su medición. A modo de compases en música descubrí el dactílico y el anapesto, el yambo y la tróquea. Paso a paso y a lo largo de varias semanas en el oratorio de la iglesia, como Bach componiendo los arreglos de Goldberg, me hallé a mí mismo desarmando Cromo pieza por pieza a partir de su sonoridad. Dónde se hallaban las pausas, dónde los acentos, la cesura; dónde el brillar de una línea que sube y baja en sus tonalidades. Lo que descubrí fue una muy personal partitura musical de un sentimiento que no murió en el pasajero vivir emocional de un instante de nostalgia. Fue hallar una música que se siente y, lo más importante, que vive. Las suyas en este poema son palabras que más que oírse se tocan. Porque no es un poema para leerse, sino para escucharse. Una canción nocturna que se rehúsa a dormir.

Cromo quisiera mescribir/ Pro no quedo

Esta primera línea ya de por sí juega con la vanguardia de descomponer la gramática y mantener el significado de la oración. La voz de la poeta que muerde las palabras en un esfuerzo por hablar mientras el sueño intenta silenciar. La lucha del poeta por hablar. Como dijo el otro poeta, si no puedo hablar, entonces que mi mano te grite.

Me abrázome de mi/ Roró / De noches/ Nuncas

Aquello que en prosa es un crimen, en poesía es un facto. La poesía es el terreno en que las leyes de la gramática se suspenden para descubrir a través de la intuición la esencia misma del lenguaje. La repetición de sonidos con la letra M en el primer hemistiquio lo dicen todo, «me», «me» y «mi», refuerza el significado a su vez que la acentuación fuerte del «abrázome» repercuten a modo de un sforzando, que da brillo al comienzo del verso. A continuación, el «roró de noches nuncas» (esto a partir de su reconstrucción en tanto ritmo en su interpretación, que para este caso se analiza como una misma secuencia, tal como ocurre en la experimentación vocal del mismo) opera bajo la fórmula de un trímetro yámbico con una sílaba demás que rompe el ritmo y nos presenta la naturaleza del poema: estamos ante un sentimiento de dolor, de tristeza que hace tropezar la alegría como ejemplo quizá de insatisfacción o acaso lucha interna por algo más sólido que un sentimiento pasajero. Así, en esta parte tenemos la secuencia de sílaba átona seguida de una tónica (u-) la cual se repite tres veces. En estos casos cuyo origen ya lo hallamos en la métrica de la tragedia ática (en una secuencia de unas primeras sílabas con un orden métrico más desordenado que concluyen en yambos perfectos al final), también están presentes en el estilo métrico de Shakespeare. Y esto es importante precisarlo por lo raro de casos como este en la poesía contemporánea. Shakespeare en su Hamlet maneja el verso blanco, que es el pentámetro yámbico, un verso de cinco compases, cada uno de dos sílabas, una átona seguida de una tónica, como en la famosa línea de: «To be or no to be, that is the question». Un pentámetro yámbico perfecto de no ser por la última sílaba que mantiene una declinación a átona, puesto que la finalidad de Shakespeare no es generar una sensación optimista sino el de retratar de lo que trata Hamlet: una tragedia. Para esto cabe señalar que una secuencia yámbica sonoramente remite a una sensación alegre, mientras su contrario, la tróquea o una terminación en átona refiere a una sensación de tristeza y pérdida de ánimo.

Por ejemplo, el nombre de la poeta, Kareen, tiene un estándar de pronunciación internacional. En el Alfabeto Fonético Internacional (AFI), la pronunciación del nombre Kareen (que se suele pronunciar con énfasis en la segunda sílaba a diferencia del tradicional Karen) se representa de las siguientes maneras según el idioma: Transcripción Fonética.

En inglés: /kəˈriːn/ o [kəˈɹiːn]

En español (adaptación natural): /kaˈɾin/ [1]

/ˈ/: Este símbolo indica que la sílaba que sigue recibe el acento principal (la fuerza de voz).

/iː/: El sonido de una “i” larga y tensa (representada por la doble “ee” en la escritura).

(https://www.reddit.com/r/Spanish/comments/1kf3nsf/how_do_you_pronounce_the_name_karen/?tl=es-419), [2] (https://translate.google.com/translate?u=https://www.momjunction.com/baby-names/kareen/&hl=es&sl=en&tl=es&client=sge)

De aquí podemos desprender un ejemplo del cambio del sentido en tanto sensación corporal a partir de un cambio en el orden de la entonación: la diferencia entre un yambo (U-) y una tróquea (-U). Así, no es lo mismo decir Karín (romanización estándar de la pronunciación Kareen en alfabeto fonético internacional) con acento al final que decir Kárin con el acento al comienzo. En la última pronunciada con énfasis la fuerza del comienzo decae, en la voz dramática y exagerada de un actor incluso se puede percibir una caída de hombros como si de una resignación se tratase (algo semejante a como suena el «pero» dicho con énfasis, pee-ro), mientras que en la primera percibimos algo diferente, la conclusión en una elevación del ánimo. Dicho con énfasis incluso el rostro se transforma y saca una sonrisa decir Karín con énfasis o incluso sin énfasis. Esa es la magia de la poesía que los antiguos aedas del Egeo conocían muy bien y que los tragediógrafos áticos devolvieron a la vida en el auroral amanecer del teatro de dedos rosados.

Así el trímetro Spano, yámbico en fórmula pero con una sílaba que trunca el ritmo (Ro De Noches Nunca), transforma de inmediato la emoción, se revela como clave musical del poema: a partir de aquí todo el poema es una apuesta salvaje por las troqueas con algún que otro anapesto. La idea de la poeta es transmitir en todos sus alcances la tristeza y el dolor que conlleva su canción. Porque de lo que trata Cromo es de una canción.

«Haz de dormir / Y no quiero» podemos traducirlo en la secuencia -UU-/U-UU. Como se ve, hay una tendencia al énfasis seguido de una declinación que en este verso termina en forma de anapesto (donde en «no» recae todo el peso del que se desprende una suerte de caída que parece tocar el suelo del silencio).

«No y que me espera el suelo/ Los dientes lodo/ El beso»

– UUUU-U U-U

U-U -U / U-U

El patrón no se repite, se reitera. El ritmo de la música fluye como cascada, hacia el dolor el desamparo, una apuesta que describe toda la caída de la catábasis antes de emprender la recuperación. La anatomía de una caída que permite la catalogación del poema dentro de la familia de cantos elegíacos. Es como si el poeta buscará exprimir la sensación de dolor hasta el límite mismo de lo describible.

«Ese grande como el canto de ti/ Pro inmenso/ como el lodo de ti/ pro beso»

UU -U -UU -U U-

-U-U/ -UU -U U- /-UU

Nótese aquí una excepción a la regla, en que el poeta tiende a un yambo dos veces, “de ti”, para finalmente volver a la tróquea. Esta fórmula acentúa el dramatismo y engaña al oído para reconfirmar la crueldad del poema que se engolosina en su dolor, y solo ofrece chispas de ilusión para vuelta apagarlas como puños a la nariz del que se anima a querer sonreír.

«Cromo ro n o no / de dormir / sin sueño»

-U -U -U/ UU- / -UU

Y vemos otra vez el patrón brillando en toda su sonoridad mientras el volumen desciende como si bajara el telón en las últimas sílabas, hasta concluir en dos compases, la primera de las cuales es un anapesto seguido inmediatamente por su gemelo opuesto, el dactílico. Un ascenso que sube con esfuerzo, se sostiene durante una nota más y concluye descendiendo al sueño. El poema ha concluido, un viaje del somnoliente poeta que empieza mordiendo las palabras y que luego de levantar la voz hasta parecer totalmente despierto comienza de vuelta a morder las palabras (a partir de «cromo ro n o no», un trímetro troqueo en toda la regla que a su vez opera como una lucha sonido por sonido por dormir y no dormir en medio de una descomposición gramatical formidable) hasta finalmente caer en el sueño.

El viaje en tanto lucha del poeta por sacar el poema, es en sí una prueba de la exploración poética en un espacio/momento liminal: el momento entre la vigilia y el sueño. La inspiración se agudiza, saca filo a la premisa de su intención de escribir y no poder, el mandato del cuerpo de descansar y el rechazo ante el lodo y el beso que se confunden hasta el paroxismo de la lucha final por no dormir sin sueño.

Todo este poema tiene reminiscencias que ya se tanteaban de manera diferente e incompleta como es The Raven de Edgar Allan Poe, una de las obras maestras de la poesía narrativa, acaso quizá la última, que refiere una situación semejante, el de un momento liminal, territorio de frontera entre la vigilia y el sueño cuando el poeta auscultaba los límites de la inspiración.

Ciertamente los poetas peruanos a diferencia de nosotros no tienen reparos en rechazar comparaciones cuando de grandes maestros se refiere, no obstante, aquí es justo y necesario el ejercicio de la poesía comparada no para competir sino para reafirmar la tesis de esta investigación que busca acercar comprender los términos de éxito de un poema, y que estos a su vez sean de utilidad para todo el que quiera aprender. Porque en la República de las Letras aprender es recordar.

Siendo así, Poe y Spano parten del mismo lugar, pero con destinos diferentes. Mientras en Poe el instante liminal solo es eso, un instante, a partir del cual relata las consecuencias de cruzar el umbral (es el catalizador que desencadena); en Spano se detiene el aliento para explorar todo el alcance de ese momento liminal, en que está medio despierta y está medio dormida a la vez que las palabras emergen en el angosto espacio de dicha frontera. Por supuesto Poe es magnético en tanto es maestro de su propia métrica, no solo conoce y domina las reglas métricas sino que vive el fenómeno en todo su alcance. En Spano el conocimiento se percibe como intuitivo, las palabras parecen susurradas por una musa, y la manera a veces anárquica de los patrones métricos seguido de una coherencia rítmica que genera un abierto asombro, solo enfatiza la liminalidad del momento: te hace vivir un instante que estira hasta el límite de sus fuerzas.

Cabe hacer recordar que Poe afirmó haber compuesto el poema de manera lógica y metódica, con el objetivo de crear una obra que resonara tanto con la crítica como con el público en general, como explicó en su ensayo posterior de 1846, “La filosofía de la composición”.

El poema de Poe está compuesto por 18 estrofas de 6 versos cada una. Generalmente, la métrica es trocaica octómetra —ocho troqueos por línea—. Cada troqueo teniendo una sílaba acentuada seguida de otra sin acentuar. La primera línea del poema original, por ejemplo, (con negrita para representar sílabas acentuadas) «Once upon a midnight dreary, while I pondered, weak and weary».

Poe, sin embargo, afirmó que el poema era una combinación de octámetro acataléctico, heptámetro cataléctico y tetrámetro cataléctico.

Porque todo en este poema de Poe es una descripción musical de una sensación, la tristeza. Por eso no asoman yambos alegres como Spano sí hace en algún momento para engañar y hacer sentir doble la caída.

Pero volvamos a Poe.

Así el original tenemos:

Once upon a midnight dreary, while I pondered, weak and weary,

Over many a quaint and curious volume of forgotten lore,

While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping,

As of some one gently rapping, rapping at my chamber door.

“’Tis some visiter,” I muttered, “tapping at my chamber door—

Only this, and nothing more.”

Y en las traducciones (marcamos en negrita dónde empieza el momento liminal de Poe):

Traducción por Leopoldo Díaz en Traducciones (1897).

En una tempestuosa media noche — hallábame meditabundo, endeble, agobiado, — y hojeaba raros, roídos y mustios folios — de antigua y olvidada ciencia. — Mientras dormitaba y casi rendíame al sueño, — de repente se oye un golpe ahogado, — como si alguien suavemente tocara — y golpeara a la puerta de mi cuarto. — «Será algún visitante, murmuré, — que golpea á la puerta de mi cuarto; — Sólo esto y nada más».

El cuervo, traducción por Juan Antonio Pérez Bonalde en Poemas (1919), pp. 73-77.

Una fosca media noche, cuando en tristes reflexiones,

sobre más de un raro infolio de olvidados cronicones

inclinaba soñoliento la cabeza, de repente

a mi puerta oí llamar:

como si alguien, suavemente, se pusiese con incierta

mano tímida a tocar:

«Es—me dije—una visita que llamando está a mi puerta:

eso es todo y nada más!»

El cuervo, traducción de Wikisource (quasi-métrica)

Una triste medianoche leía débil y cansado

Cierto raro incunable de sapiencia ancestral,

Cuando de repente, un suave roce vínome a despertar,

Como si alguno llamara, tocando, en mi portal.

“Debe ser una visita”, pensé, “frente a mi portal.

Sólo eso y nada más.”

Traducción de IA

Érase una vez, en una medianoche lúgubre, mientras meditaba, débil y cansado,

Sobre muchos volúmenes extraños y curiosos de sabiduría olvidada,

Mientras cabeceaba, casi dormido, de repente se oyó un golpeteo,

Como de alguien que llamaba suavemente, llamaba a la puerta de mi habitación.

“Es algún visitante”, murmuré, “llamando a la puerta de mi habitación”.

Solo esto, y nada más.”

Como se ha podido leer en todas las traducciones, se enfatiza este momento de sueño interrumpido. En el caso Spano, la sensación misma se adentra sobre la sensación misma en una suerte de repetición: “Cromo” se repite en “como” y solo reaparece en su forma original cuando las palabras vuelven a descomponerse ante el avistamiento del final del poema. Para ser un poema breve como los poemas de Arquíloco, nada en este sobra ni falta, es ajustadamente preciso y su ritmo como el de Poe invitan a recordarlo, y esa es la prueba de fuego de un poema como de la recitación de un actor en escena: que sea memorable. Esto en la poesía contemporánea latinoamericana es algo que se debe estudiar para confirmar si existen más casos semejantes.

Ciertamente este estudio anatómico del cuerpo del poema en tanto fenómeno material no alcanza a explicar el misterio de su hazaña. El alma en cuestión de esta canción que muerde sus palabras y sube y baja en sus ánimos, es en sí mismo un misterio que ni el mismo autor podría explicar a plenitud, que solo el lector pueda vivir como viaje iniciático en el nomenclator poético del todavía en descubrimiento canon Spano. No obstante, los rudimentos de la presente investigación, exista solo alguien en todo el mundo capaz de leer a plenitud el alma de los poemas, el mismo que halló el pensamiento católico en la música del luterano Bach, que no es otro que Maxence Caron (1976), y de quien misteriosamente ningún músico o poeta ha oído hablar… Hasta ahora.

Tal vez solo quede decir de momento las semejanzas no tanto rítmicas como de un paisaje emocional que en su día tuvo cierto poema semiolvidado del peruano Eielson: Un día, tú, un día. En esa genealogía también podríamos hablar, aunque ahora solo convenga escuchar lo que nos dicen las palabras impresas.

Porque la poesía no se trata de juegos de palabras como aquel que se pregunta al estilo de un Chespirito, del cono sur: “Si existe un teatro Julieta, ¿acaso habrá un teatro Romeo? ¿Y dónde está que no lo veo?”. La poesía ciertamente vive del ritmo y también de algo más, es música y pintura al mismo tiempo, como señaló Horacio hace 2 mil años, pero también es filosofía del corazón más torturado por vivir todo lo amado y por amar que falta gozar. Y es que…

El precio de la felicidad es haber conocido antes la tristeza en toda su plena satisfacción. Karl Heinz Stockhausen.

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