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por Rolando Arellano Cueva
Agrega RPP en Actualizado el 26 de Ago, 2026 8:12 amLa clave está en abrirnos al mundo sin dejar de valorar lo nuestro, porque un país que aprende de otros, pero que mantiene orgullosamente su identidad, es un país mucho más fuerte y preparado para el futuro.
Hace algunos años, paisano paisana, para muchos peruanos el mundo terminaba bastante cerca de nuestra propia ciudad o, con suerte, de nuestro propio país. Lo extranjero nos parecía lejano, extraño y hasta un poco exótico. Y a veces extranjero podía ser simplemente un vecino, alguien de Colombia, Ecuador o Chile. Viajar era difícil. Conocer otras culturas era para unos pocos. Muchas de las cosas que ocurrían fuera simplemente no llegaban hasta nosotros.
Hoy, el panorama es completamente distinto y es importante darle una mirada positiva a ese enorme cambio. Actualmente convivimos con el mundo entero casi sin darnos cuenta: vemos telenovelas turcas desde nuestras casas, manejamos autos chinos, comemos sushi japonés, seguimos al fútbol europeo y muchos jóvenes hasta bailan el K-pop, la música coreana con toda naturalidad.
Pero al mismo tiempo seguimos emocionándonos con nuestros huaynos, bailando cumbia o disfrutando un buen ceviche o un lomo saltado. Es decir, no hemos dejado de ser peruanos; más bien, hemos aprendido a sumar nuevas influencias sin perder nuestra esencia.
Incluso nuestro lenguaje ha cambiado. Usamos palabras en inglés en las conversaciones cotidianas, en los negocios y hasta en los nombres de tiendas o de emprendimientos. Y eso no significa necesariamente una pérdida cultural, sino una seña de que estamos más conectados con el mundo.
Y lo mismo ocurre con nuestros hijos y nietos. Cada vez más jóvenes estudian fuera del país, participan en programas internacionales o trabajan para empresas globales, a veces desde el Perú.
Muchos regresan con nuevas ideas, nuevas formas de ver las cosas, nuevas maneras de resolver problemas y eso enriquece al país, porque la globalización bien entendida no significa copiar todo lo extranjero, significa aprender rápidamente de los avances del mundo y adaptarlos a nuestra realidad.
Así como el Perú convirtió el arroz chino en chaufa, también podemos adaptar tecnologías, ideas y conocimientos para mejorar nuestra vida diaria. Paisano paisana, hoy el mundo está mucho más cerca de nosotros y eso, eso es una enorme oportunidad. Nunca una familia peruana común había tenido tanto acceso a culturas, conocimientos y experiencias internacionales como ahora.
La clave está en abrirnos al mundo sin dejar de valorar lo nuestro, porque un país que aprende de otros, pero que mantiene orgullosamente su identidad, es un país mucho más fuerte y preparado para el futuro. ¿Qué podemos hacer usted y yo para aprovechar mejor esa apertura al mundo sin perder nuestras raíces?
Tags Rolando Arellano Cueva La Mirada Positiva Únete a nuestro canal en WhatsApp Siguenos en
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