Guerra avisada no mata gente. Paisana, paisano, ¿y usted qué va a hacer frente al niño que se viene? ¿Yo? Dirá quizás usted: "Ese es un problema que deben resolver las autoridades." Y tiene razón en gran parte. Pero si no lo hacen o lo hacen mal, los que más van a sufrir son usted y su familia. Tengamos en cuenta que, en un Niño anterior, en solo tres horas, cayó en Lima 6 veces más toda la lluvia que normalmente cae en un mes. Y este Niño podría ser peor.
La buena noticia es que hoy contamos con instituciones como el Senamhi y el ENFEN, que, gracias a satélites y modelos meteorológicos, dan información que permite prever y prevenir mejor. Y que tenemos muchas más posibilidades de disminuir sus efectos si todos nos preparáramos con anticipación.
Es cierto que las autoridades deben reforzar carreteras, limpiar cauces, proteger puentes y realizar grandes obras de defensa. Pero es igualmente importante lo que usted y yo podemos hacer en nuestras casas y en nuestros barrios. Podemos revisar desde ahora los techos, identificar por dónde podría ingresar el agua a las viviendas, proteger los documentos importantes y coordinar con los vecinos para mantener libres las alcantarillas y las zonas de evacuación. Son acciones sencillas, pero cuando miles de familias las realizan al mismo tiempo, su efecto es enorme.
Por cierto, si usted vive en esos barrios que se llaman Río Seco, La Quebrada o El Huaico, sabe que esos nombres no aparecen por casualidad. Y si su casa fue hecha poco a poco y sin las estructuras adecuadas, como es el caso del 90% de las edificaciones informales, que, dicho sea de paso, son siete de cada diez edificaciones en el Perú, debería tomar más precauciones. Y hasta planificar una evacuación con tiempo.
Si las autoridades no cumplieran con su labor, los grandes damnificados serán usted y su familia; en cambio, si trabajaran bien junto con cada familia y cada barrio, el resultado sería un país mucho más fuerte y seguro frente al Niño que se viene. Por eso la pregunta es, paisana, paisano, cómo lograr que aquí se cumpla ese refrán de que guerra avisada no mata gente. Su familia es primero, y lo mismo vale, por cierto, sobre el efecto de las sequías que podrían afectar a otras regiones del país. Pero eso es tarea de las autoridades, podrá insistir usted, paisano. Sin embargo, insisto yo: la prevención no puede esperar, y el impacto del fenómeno se reduce cuando cada hogar y cada comunidad se preparan con anticipación. La responsabilidad es compartida: no basta con exigir, también hay que actuar. Ante la amenaza climática que se aproxima, la unión entre el Estado y la ciudadanía resulta clave para minimizar pérdidas y proteger vidas. El llamado es claro: prepararnos hoy para reducir los impactos de mañana, porque la información y la acción oportuna marcan la diferencia entre la tragedia y la resiliencia.
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