Fuente: 20th Century Studios
Josh Brolin da vida a Bangley, un militar experimentado que sobrevive junto al joven piloto Hig en un escenario devastador. La película es La guerra de los últimos, una adaptación de la novela de Peter Heller que llega este 27 de agosto a los cines peruanos. En esta historia posapocalíptica, un virus ha destruido el orden y dejado la fe como único refugio para personajes como Bangley y Hig, interpretado por Jacob Elordi.
Dos décadas después de haber compartido rodaje en Gángster americano, Brolin vuelve a trabajar bajo las órdenes de Ridley Scott. Este encuentro no es casual; el actor estadounidense conversó con RPP para hablar sobre su reencuentro con el director de Alien, Gangster americano y Gladiador. Además, tocó su colaboración con Jacob Elordi y defendió la experiencia cinematográfica en salas. En la cinta, Brolin debe navegar entre grandes escenas de acción y momentos cargados de emoción, una dualidad que analizó a profundidad.
Para el actor, quien cuenta en su extensa filmografía con películas como Oldboy, Sicario y las dos recientes entregas de Duna, las escenas físicas pueden exigir una preparación considerable. Sin embargo, son los momentos emocionales los que representan el verdadero desafío. "La parte emocional siempre es la más aterradora porque no hay una forma establecida de hacer algo", explica Brolin en su entrevista exclusiva.
"Si alguien está triste, puede terminar riéndose a carcajadas. Nunca me gusta lo que está escrito en la acción de un guion porque uno piensa: '¿Por qué tiene que ser así?'". Esa incertidumbre encontró un espacio particular en el método de trabajo de Ridley Scott. Para Brolin, una de las principales virtudes del director es que no llega al set con la intención de imponer una interpretación definitiva. Por el contrario, invita a los actores a descubrir la escena mientras la están haciendo, fomentando una libertad creativa única.
"Ridley crea una posibilidad que vuelve a abrirse cuando estás en el set. Él dice: 'No quiero ideas predeterminadas. Quiero que entren en esto como bebés recién nacidos'. Y cualquier cosa puede pasar", relata Brolin.
Jacob Elordi interpreta a Hig, un piloto civil que vive junto a su perro en 'La guerra de los últimos'.Fuente: 20th Century Studios
La dinámica también está determinada por la manera en que Scott filma. El director utiliza varias cámaras simultáneamente, lo que le permite modificar el bloqueo de las escenas sin tener que detener constantemente el rodaje para reorganizar los equipos.
"Podemos reescribir de una toma a otra, podemos cambiar el bloqueo porque tiene todas las cámaras alrededor y no necesita reposicionarlas. Tienes cuatro, cinco o seis cámaras trabajando al mismo tiempo, así que se siente más como una pieza de teatro que cualquier otra cosa", explica.
El reencuentro con Ridley Scott
Esa sensación hizo que despedirse de 'La guerra de los últimos' fuera especialmente difícil para el actor. "Fue muy triste para mí terminar esta película. Espero que vuelva a suceder porque es realmente divertido trabajar con él", añade.
Guy Pearce interpreta a Pops, un exmiembro de los Navy SEAL y padre de Cima en 'La guerra de los últimos'.Fuente: 20th Century Studios
La experiencia en 'La guerra de los últimos' significó además reencontrarse con un director con quien Brolin ya había trabajado en Gángster americano, estrenada en 2007. Dos décadas después, el actor reconoce que siempre se preguntó por qué no habían vuelto a coincidir en un proyecto.
"Fue genial. Siempre me pregunté por qué no habíamos trabajado juntos otra vez. Tuvimos una gran experiencia en Gángster americano, aunque yo era mucho más joven y era algo muy nuevo para mí trabajar con alguien como Ridley", recuerda.
El reencuentro terminó confirmando algo que Brolin ya intuía desde aquella primera película: disfruta especialmente de la libertad que Scott ofrece durante el proceso creativo.
"Siempre había querido volver a trabajar con él y fue una gran oportunidad. Me volví muy adicto a la forma en que Ridley trabaja", confiesa.
Fuente: 20th Century Studios
Por su parte, Margaret Qualley da vida a Cima, personaje clave que funciona como interesada amorosa del protagonista y quien además ejerce la medicina dentro del universo narrativo.
Más allá de los personajes, Josh Brolin utiliza este espacio para reflexionar sobre el futuro de las salas de cine. Recupera su propia trayectoria: antes de consolidarse en Hollywood, también fue un espectador apasionado que encontraba en los cines una forma ideal de pasar sus días libres.
“Creo que es genial. No sé cómo funcionarán las próximas películas, pero me parece fantástico que las películas hayan regresado de la manera en que lo han hecho”, sostiene el actor estadounidense. Su comentario nace de la observación de que hace poco tiempo parecía que la experiencia cinematográfica tradicional estaba en peligro frente al crecimiento del consumo de películas en casa.
En La guerra de los últimos, Brolin comparte buena parte de la historia con Jacob Elordi. Este último interpreta a Hig, un joven piloto que sobrevive en este mundo posapocalíptico junto a Bangley.
El actor estadounidense ya había visto parte del trabajo de Elordi antes de compartir set con él, pero reconoce que lo que más le llamó la atención fue su disposición para adaptarse a la dinámica de Scott. “Me gusta mucho Jacob. No conocía demasiado de su trabajo. Había visto Elvis y un poco de Euphoria. Disfruté mucho trabajar con él por su disposición”, señala.
Brolin también recuerda que Elordi le habló durante el rodaje sobre Frankenstein, la película que le valió su primera nominación al Oscar. Para Brolin, la apertura de Elordi era especialmente importante en una producción dirigida por Scott, cuyo método puede resultar desafiante para los intérpretes.
“Cuando haces una película de Ridley Scott, su forma de trabajar puede chocarte o puedes entregarte por completo. Es genial con los actores. Él es una red de seguridad para los actores, pero vive en una especie de terreno arriesgado donde cualquier cosa puede pasar”, explica.
“Creo que fue fantástico hacerlo con Jacob, precisamente por su disposición”, agrega el intérprete sobre la experiencia conjunta en el set.
"Recuerdo que hubo un momento en que parecía que las salas estaban desapareciendo. Todos decíamos: 'No olviden ir al cine, esto fue hecho para el cine'", recuerda Josh Brolin. Su vínculo con la gran pantalla no es reciente; él solía reservar los domingos y ver tres, cuatro o cinco películas en un día. Para Brolin, esa experiencia colectiva debe permanecer disponible para quienes todavía no han descubierto lo que significa experimentar una película junto a otros espectadores.
"Quiero que todos puedan experimentar eso, especialmente quienes todavía no lo han hecho", concluye el actor. En su nueva película, La guerra de los últimos, esa defensa de la experiencia cinematográfica encuentra un escenario especialmente apropiado: una historia de supervivencia dirigida por Ridley Scott, con Josh Brolin y Jacob Elordi al frente de un mundo donde sobrevivir exige algo más que fuerza y donde conservar la humanidad puede ser el desafío más difícil.
Brolin se reencontró con Ridley Scott para esta producción, marcando un regreso a las salas físicas. Ahora, el actor comparte su visión sobre el cine en vivo frente al consumo doméstico. La misión es clara: recuperar la magia de compartir una película en un lugar público y sentirse parte de algo más grande.
La narrativa se centra en personajes que enfrentan una amenaza inminente, donde las decisiones morales pesan tanto como las tácticas de combate. Elordi interpreta a uno de los protagonistas, mientras Brolin encarna la experiencia de un veterano del cine que ahora trabaja para revitalizar el interés por el formato tradicional.
Este proyecto no solo explora temas de resistencia y esperanza, sino que también actúa como una herramienta para reencantar al público con el arte cinematográfico. La historia plantea preguntas profundas sobre lo que nos hace humanos en situaciones límite, invitando a la audiencia a reflexionar mientras disfrutan de la experiencia.
La película promete ser un evento importante para los amantes del cine clásico y moderno. Al igual que Brolin solía llenar sus domingos con varias cintas, ahora busca inspirar a nuevas generaciones a hacer lo mismo en las salas.
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