Cultura

“Sueña” cierra sus funciones en la capital este domingo 30 de agosto, poniendo fin a una décima visita del Gran Circo de Rusia al Perú. Tras ampliar su cartelera debido a la gran acogida que tuvo entre el público limeño, la superproducción se despide tras recorrer el Jockey – Explanada Olguín durante varias semanas.

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A diferencia de una sucesión tradicional de números circenses, el espectáculo articula su narrativa alrededor de un hilo conductor: la historia de Rose. Esta niña se aventura en un universo extraordinario donde lo imposible cobra vida real, descubriendo a lo largo del trayecto la valentía, la confianza y la perseverancia. Es esa travesía la que da sentido al nombre y al mensaje central de la puesta: la posibilidad de desafiar los propios límites.

Sobre la pista se presentan figuras de la élite circense internacional que elevan el nivel del show. Entre ellos destacan los Martínez Brothers, reconocidos por sus juegos icarios y poseedores de un récord Guinness; y los Lemon Brothers, especialistas en báscula con un número de saltos, giros y acrobacias de gran precisión. Completan la propuesta aérea The Annas, dúo femenino de pole aéreo, y Zlata Chaikovskaya, quien combina esta disciplina con suspensión capilar.

El humor llega de la mano de Okula, figura del legendario Circo Nikulin de Moscú, mientras Anton Monastyrsky sorprende con su número de hula hoop. Empress Troupe suma un dinámico acto de malabarismo y el Dúo Versailles ofrece un vertiginoso número de roller skate. También destacan Tulga, artista mongol con dos récords Guinness, y el exigente acto de barras paralelas del Dúo Rokashkov.

Otro elemento que distingue a “Sueña” es su orquesta en vivo, la cual acompaña el desarrollo de la historia y las acrobacias. Iluminación, vestuario, efectos visuales y escenografía completan una producción de gran formato en la que la pista se transforma a medida que avanza el universo fantástico de Rose.

La superproducción circense ofrecerá sus últimas funciones hasta el 30 de agosto en el Jockey – Explanada Olguín. Artistas con récords Guinness, acrobacias de alta dificultad y una orquesta en vivo dan vida a esta puesta de gran formato que combina riesgo, música y fantasía.

EL DATO:

Gran Circo de Rusia – “Sueña”

Últimas funciones: sábado 22, domingo 23, jueves 27, viernes 28, sábado 29 y domingo 30 de agosto.

Lugar: Jockey – Explanada Olguín

Entradas: Teleticket

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Cultura

Bajo el concepto "Una ciudad. Distintas miradas", la Galería Más Arte inaugura este jueves 20 de agosto, a las 7:00 p. m., el III Salón de Arte Arequipa. Este evento colectivo se presenta como un diálogo entre distintas maneras de observar e interpretar el mundo, alejándose deliberadamente de una estética común para explorar lenguajes, materiales y preocupaciones diversas vinculadas con la escena arequipeña contemporánea.

El proyecto deja atrás su denominación anterior "Arte Joven", consolidando así un cambio significativo en su identidad. Esta nueva etapa desplaza el énfasis de la edad de los participantes hacia sus propias obras, procesos creativos y diversas aproximaciones al arte actual. Con esta tercera edición, la Galería busca visibilizar y poner en circulación propuestas variadas que tienen a Arequipa como territorio de referencia principal.

A pesar del cambio de nombre, el objetivo no es uniformar las miradas, sino ponerlas en relación directa. La muestra ofrece un acercamiento profundo a la creación contemporánea a través de diez propuestas artísticas que exploran diferentes soportes y técnicas. El cuerpo, la identidad, la memoria, los afectos, el territorio, la relación entre naturaleza y artificio y el impacto de la tecnología aparecen como algunos de los ejes que atraviesan las obras.

El resultado es una exposición construida no alrededor de un único tema monolítico, sino a partir de una convivencia de técnicas y soportes que revela una característica clave: la posibilidad de expandir los límites tradicionales. Junto a métodos clásicos como la acuarela, el dibujo y el grabado en punta seca, se integran obras trabajadas sobre papel de lija, MDF troquelado y textiles. Además del arte tradicional, el catálogo incluye fotografías, objetos cotidianos y propuestas concebidas específicamente para ser apreciadas en pantallas.

Esa diversidad permite convertir prácticamente cualquier material en un vehículo para una idea, una experiencia o una pregunta abierta. Algunas obras encuentran puntos de contacto en torno al cuerpo; otras se internan en el paisaje, la memoria, la tecnología o las posibilidades expresivas de los materiales. En conjunto, construyen un recorrido por una escena artística que también se alimenta de los desplazamientos, experiencias y contextos de sus creadores.

La iniciativa reúne a diez artistas vinculados con la ciudad: Alessandra Leiva, André Daza, Ángela Salas, Diego Ross, Giancarlo Melgar, María Laso, Sergio Pacheco, Fernando Peña, Arnold Colque y Verónica Torocahua. El III Salón de Arte Arequipa podrá visitarse hasta el 10 de setiembre en la Galería Más Arte, ubicada en calle Mariano Odicio 282, Miraflores.

El horario de atención es de lunes a viernes, de 10:00 a. m. a 6:00 p. m., y sábados, de 10:00 a. m. a 1:00 p. m. El ingreso es libre.

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La obra de Gutiérrez Alea, que se basa en hechos reales, transpira las contradicciones del orden colonial a través de una hacienda cubana productora de azúcar situada a finales del siglo XVIII. Durante el colonialismo español, la trama se desarrolla cuando el Conde de la Casa Bayona llega con un propósito doble: celebrar la Semana Santa y aprovechar estas fechas para realizar un homenaje que sirva como herramienta de control. El aristócrata organiza una representación de la última cena de Jesús y sus apóstoles, donde él mismo asume el rol del anfitrión junto a doce de sus esclavos. No obstante, este no es meramente un acto de fervor religioso o una afirmación de fe; detrás de una ceremonia cargada con aparente gesto piadoso, el Conde busca diluir ciertas jerarquías —incluyendo el paternalismo— para acabar con las sediciones y convertir definitivamente a la mano de obra africana al cristianismo. Sin embargo, nada sale como él piensa, pues la ceremonia produce algo diametralmente opuesto: interpretaciones que contradicen el régimen de control y disciplina del ingenio azucarero, y una idea de la comunión cristiana totalmente ajena al racismo y a la brutal explotación del sistema esclavista. Gutiérrez Alea y su equipo narran este evento en cinco partes, correspondientes a los días santos, exponiendo así las tensiones inherentes al sistema. Desde el arribo del Conde se observa cómo las necesidades de la producción azucarera chocan frontalmente con la visión religiosa que reclama mayor atención a los rituales y fiestas, considerados necesarios para la conversión —la "salvación de las almas"— y el apaciguamiento de la población. Pero la productividad no necesita de esos velos que solapan la dominación y la violencia; esa es la visión del ingeniero de la azucarera, Don Gaspar (Leclerc), quien teme otra rebelión de esclavos similar a la ocurrida en Santo Domingo. Este personaje critica al cura de la hacienda por su falta de "realismo". Lo acompaña en esas ideas el mayoral Manuel, el feroz brazo represivo del ingenio, quien no duda en mutilar a un esclavo con el fin de amedrentarlo y ejemplificar con el castigo y el terror las consecuencias de la insubordinación. Es de resaltar que ese papel represivo lo cumplen individuos con evidentes rasgos africanos; identificados con los opresores y sus intereses, parecen superar algunos estigmas de los estereotipos raciales, pero no los facultan para que las élites coloniales los consideren "sus iguales". Esto es claro en la película. La cena del jueves santo pondrá a prueba el poder de la religión sobre los esclavos, tal como lo cree el Conde. La clave es convencerlos de la resignación. La comida transcurrirá luego de que el anfitrión lave y bese los pies de los invitados, emulando a Jesús pero con fastidio, mientras se cuentan anécdotas, creencias y se expresan puntos de vista. No obstante, es el Conde quien impone su palabra, relegando todo sentido de libertad a la aceptación de un orden inamovible que debe sufrirse para que Dios los reciba en el cielo. Es en el ejercicio de la palabra y en el gesto teatral de los actores donde se basa la película, particularmente en esta sección; la puesta en escena recuerda a las pinturas clásicas con las que se ha representado al relato cristiano. A medida que los vinos se asienten sobre las conciencias y se hagan promesas —imposibles de cumplir, como la libertad de un esclavo ya anciano o el no trabajar en viernes santo—, el control del hacendado desaparece. Durante el sueño del Conde, los esclavos empiezan a entender la religión cristiana como una iglesia que, a pesar de todo, los acoge y les otorga los mismos derechos que a los propios dueños. Solo el esclavo Sebastián no cree en nada de lo que dice el hacendado; mantiene una actitud beligerante todo el tiempo y solo habla para contar una historia, una parábola sobre cómo la verdad y la mentira están confundidas en los europeos, por ello no se les debe creer. Al día siguiente, los africanos querrán descansar, asumiendo que se les concederá el viernes santo, pero los administradores y el mayoral del ingenio se los negarán. Entonces surgirá la revuelta. La narrativa visual de la película utiliza estas dinámicas para mostrar cómo las estructuras de poder intentan imponerse a través de rituales sagrados, solo para ver cómo estas mismas herramientas son subvertidas por quienes están sometidos, transformando una cena de sumisión en el preludio de una liberación inevitable y violenta. La obra no solo documenta un conflicto histórico específico, sino que explora la universalidad de la resistencia humana frente a la opresión sistémica, donde incluso los símbolos más sagrados pueden convertirse en vehículos de disidencia cuando son manipulados para fines de control social y económico.

En el contexto de una película que explora procesos sociales complejos, se narra cómo, en viernes santo, ciertos esclavos desengañados optan por destruir el ingenio azucarero y eliminar al mayoral. Sin embargo, la acción no es unánime: algunos son demasiado viejos, otros temen actuar o simplemente no saben qué hacer. Esta escena revela una clara desorganización y falta de proyecto, reflejando ambivalencias propias de tales procesos históricos. No obstante, la cinta también destaca un aspecto mítico, presente en las palabras de Sebastián —provenientes de sus tradiciones— que otorga fuerza y convicción ajenas para la mayoría de los esclavos.

El levantamiento pone fin a las diferencias internas del grupo dominante; la piedad religiosa queda relegada cuando se quebranta el orden social y productivo. La represión será encabezada por un Conde vengativo. Tras aplastar la rebelión y capturar a casi todos los fugados, este mando ordena clavar en puntas de picas las cabezas de sus invitados a la cena santa. El Domingo de Resurrección, junto a su guardia, el cura y otros esclavos, realizan una ceremonia que simboliza quizás un restablecimiento o un orden resurrecto. Después de unas palabras del Conde al pie de una cruz enorme, la cámara se desplaza hacia la pica vacía: la punta sin cabeza que señala la huida de Sebastián, y de algún modo, la esperanza.

Este relato forma parte de la trigésima edición del Festival Internacional de Cine de Lima PUCP. El evento reunió 145 producciones audiovisuales, 72 obras peruanas y 119 actividades entre funciones, conversatorios, clases maestras, talleres y encuentros. Una edición que celebró tres décadas de historia y reafirmó su papel como uno de los principales espacios de encuentro cinematográfico de la región.

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