Juan De la Puente: “Me parece que estamos en los prolegómenos de una dura caída política de López Aliaga” <<>

En esta entrevista, el analista político repasa los primeros días del nuevo gobierno y pone la lupa sobre las debilidades de la administración de Keiko Fujimori y de su oposición en el Parlamento. Además, analiza la bronca entre el ministro Rafael Rey y Rafael López Aliaga, y vislumbra cuál será el futuro del pacto que las dos fuerzas de derecha tienen en el Congreso bicameral.

Eres de los pocos que ha alertado que hay contradicciones en la filtración del borrador del pedido de facultades del gobierno. De hecho, no está claro quién lo hizo. Tú te has preguntado eso en tu nuevo espacio en YouTube. ¿Ya tienes una respuesta?

Para De la Puente, el documento habría sido elaborado “a medio camino o al alimón entre un think tank neoliberal peruano y un estudio de abogados”, sin la participación de lo que luego sería el gabinete. El analista subraya que el propio texto señala que estuvo listo el 26 de julio y que el gabinete juramenta el 28, pero “extrañamente, en esas 72 horas, se produce un tránsito y este documento pasa a ser un documento oficial porque es presentado en una reunión inusual, también del gabinete, el día 29 de julio”.

El analista sostiene que no tiene registro de un momento en la historia del Perú, de los últimos 100 años, donde el gabinete se reúne el 29 de julio a pocas horas del desfile militar. El procedimiento que importa, explica, es que se instale el gabinete, haya un secretario general del despacho presidencial, y también se instale el aparato adjunto del gabinete que es, por ejemplo, el consejo de viceministros que se supone que es el que filtra estas cosas, las empaqueta, las tamiza y las eleva al gabinete.

“Aquí se produjo una cosa bastante irregular. A mí me parece que es como un acto de conspiración contra el Estado, porque alguien, de algún modo, suelta al gabinete en paracaídas un documento y los ministros reaccionan preocupados porque no están dispuestos a avalar un documento presentado en bloque, sin discusión, y que está por fuera de sus propias prioridades”, afirma De la Puente.

Los primeros en reaccionar son ellos, la mayoría de ellos. Reacciona la propia presidenta, que se da cuenta de que esto es un misil envuelto en papel caramelo, y en las siguientes horas, cuando la prensa empieza a hablar de esto, los parlamentarios oficialistas también sienten que hay el riesgo de que el gobierno les entregue una papa caliente que ellos no puedan administrar.

Una de las primeras reacciones a la existencia de este documento es negarlo. Cuando le preguntan a la presidenta por lo que dice el borrador sobre los feriados, ella responde que esos son inventos de la izquierda. Pero el documento dice eso, en blanco y negro, no era un invento. Y acá hay que preguntarse otra cosa, ¿quién lo filtró a la prensa?

Juan De la Puente lanzó recientemente un espacio de análisis político en YouTube: La república obscena.

La aparición de la presidenta con el sombrerito, la frazadita o la muñequita es, en realidad, una negación de la política en un país que hoy demanda respuestas, agenda y compromisos políticos. Para De la Puente, el concepto de frivolidad aplicado a Fujimori es más político que estético: no la vemos bailando, como sí lo hacía Alan García, quien cantaba, tomaba su chela y, sin embargo, no era calificado de frívolo. “Lo frívolo en el sentido político es alejarse del poder y aparecer como que el poder no tiene mucho que ver con ella”, explica el analista.

Ese estilo, señala, es parte de un modelo “definitivo” y bastante distinto al de Alberto Fujimori, que hablaba “a cara descubierta”. Por eso, quizá tienen razón quienes afirman que, más que fujimorista, la presidenta es keikista: su papel es otro. De la Puente sugiere que, o no puede gobernar como su padre porque las condiciones del país han cambiado, o simplemente ha encontrado una realidad distinta a la que esperaba. Sumando las indefiniciones, los retrocesos, el hecho de que su gabinete en conjunto pese más que ella y la llamada frivolidad, el mensaje previo a la primera y segunda vuelta de que “regresa Fujimori” ya no resulta tan exacto: lo que tenemos es un nuevo producto político.

Esa nueva configuración se sostiene sobre una base frágil: tiene una mayoría precaria en el Senado y es minoría en la Cámara de Diputados. Sus votos, además, no son del todo suyos, porque la gente no le está dando una luna de miel. En ese escenario, legitimar un proyecto como el de Fujimori —que tras el golpe de Estado llegó a tener un 80% de respaldo en una parte de la sociedad— se vuelve mucho más difícil.

En cuanto a su rol como influencer y modelo de sombreros, copiando la relación que Bukele construye con la gente en redes sociales, De la Puente considera que es una discusión interesante porque toca la organización del gobierno. Si la presidenta cumple el papel que antes se llamaba cesarista —colocarse por encima mientras otros hacen la política, como una figura simbólica— podría entenderse que esté lejos del mundanal ruido. Pero ella tiene incursiones: en los últimos días se la ha visto salir a blindar a ministros en dificultades, en temas de seguridad y en el asunto de los combustibles. Lo que no parece funcional es que aparezca dentro del gobierno con la característica de ser una presidenta frívola.

La debilitada relación con la prensa convencional es otra arista de este asunto. No hay espacios para preguntarle sobre las contradicciones en su discurso. El caso más reciente es el de Rafael Rey, quien ha reconocido que los tramos del metro prometidos en Lima no se van a poder ejecutar, pese a que fueron ofrecidos el 28 de julio.

Más allá del hecho mismo y de lo que implica como procedimiento al interior del gobierno, preocupa que pueda llegarse al primer nivel del poder con un documento que programática e ideológicamente es tan agresivo, tan antidemocrático y tan limitador de derechos. Eso, concluye, muestra la precariedad del gobierno.

La precariedad del gobierno también se refleja, según De la Puente, en la reincorporación de funcionarios que ya habían ocupado cargos durante las gestiones de Boluarte o de Jerí. “Sí, pero también habla de este esquema de reciclaje que existe en la cosa pública en el Perú”, responde. Para él, en ese mecanismo “importa mucho el reciclador y el reciclado”, pues si quien recicla no tiene un proyecto propio, “obviamente tiene que reciclar”. No obstante, advierte que detrás de esa práctica también opera “un interés de poderes fácticos de seguir colocando personas claves para sus intereses en áreas básicas”, como el BCR, el Ministerio de Economía y Finanzas o los ministerios productivos. “No me imagino que el equipo técnico del Ministerio de Energía y Minas sea un equipo adversario y desconfiado de la gran minería”, ironiza, para concluir que el reciclaje sirve, en parte, para “seguir manteniendo determinadas preferencias de poder”.

Consultado sobre si Keiko Fujimori está más dedicada a sobrevivir a lo que viene que a ejercer el poder, el analista sostiene que “es un gobierno precario, es un gobierno bastante débil y un gobierno improvisado”. Esa debilidad, sin embargo, no se nota demasiado porque “tiene la suerte además de tener al frente una oposición también improvisada, bastante inexperta y débil”. En ese contexto, el fujimorismo y sus aliados le han ganado a la oposición la mesa directiva y la mayoría de comisiones en el Senado. “Mira, pongámoslo así, todos esperaban, partidarios y detractores, que Keiko fuera feroz, y no lo es. Y también se esperaba una oposición dura y feroz, que tampoco lo es. Nos habíamos preparado para eso y nos han decepcionado (sonríe)”, remata.

La falta de respuestas de la lideresa de Fuerza Popular también es materia de análisis. Ante la pregunta de si la explicación más simple es que Fujimori no tiene mucho que decir, De la Puente responde que el problema es que “hay temas sobre los que sí habría que consultarle”, como la contradicción con el MEF, que “ahora quiere desarticular las leyes que el fujimorismo aprobó y que generan gasto excesivo”. “No hay un espacio en el que se le pueda consultar eso. Es como esquiva”, agrega.

El analista profundiza en la distinción entre lo que considera un espacio de gobierno y un espacio de poder. “El fujimorismo ha tenido cuatro campañas electorales, ha tenido espacio para tener un gabinete en la sombra y un gran equipo de gobierno. No con especialidades, sino con subespecialidades. Y eso no lo tiene”, explica. Por eso, “es un gobierno, pero probablemente no es un esquema, no es un ejercicio de poder”. La diferencia es sustantiva: “en un espacio de gobierno tú sobrevives, no tienes proyecto, vas viendo el día a día cómo viene. Tienes corto plazo quizás, no tienes mediano y largo plazo, pero un proyecto de poder es una cosa más completa y tengo la impresión que eso no hay ahora”.

Finalmente, sobre el eventual impacto de las declaraciones de Rafael Rey, quien afirmó que los trenes de los que se envanecía Rafael López Aliaga cuando era alcalde no fueron donados al Perú sino que son una compra, De la Puente es consultado acerca de si esa bronca podría socavar el pacto entre el fujimorismo y Renovación Popular en el Congreso.

Para el analista, la afirmación de López Aliaga sobre el riesgo de la relación diplomática con Estados Unidos por el tema de los trenes “no tiene asidero” alguno. “En absoluto. Es imposible que eso pase. Eso significa que él ya no tiene argumentos”, sentencia, y agrega que allí aparece otro problema: la disputa interna en la ultraderecha peruana. De la Puente recuerda que hace ocho meses la figura más reconocida de ese sector no era Keiko Fujimori, sino el propio López Aliaga. “Acuérdate, Keiko Fujimori era la eterna perdedora. El hombre que garantizaba el poder de la ultraderecha era el señor López Aliaga. Y de allí hemos caído a lo que tenemos ahora”.

En ese sentido, el columnista considera que “estamos en los prolegómenos de una dura caída política de López Aliaga”. Sostiene que el alcalde acumuló “desarreglos en la primera vuelta”, su “comportamiento fraudista” y su ingreso “por la ventana” como candidato a regidor, y que incluso está dejando “a su partido un poco abandonado en el Parlamento”. Advierte que su caída política “puede ser resonante” y que sería peor “si es que no gana la alcaldía”.

Antes, De la Puente había señalado que la acción de Rafael Rey sí va a socavar la relación entre Fuerza Popular y Renovación Popular. La calificó como “una impertinencia” y “una bomba de efecto retardado”, sobre todo porque está dirigida contra el jefe del partido con el cual el fujimorismo logra mayoría en la Cámara de Senadores. Aunque reconoce que el ataque de Rey no es una sorpresa —ya lo había criticado en muchas ocasiones—, plantea otra pregunta: qué tipo de vínculo une realmente a ambas fuerzas. “Yo me demoraría en decir que es una alianza”, dice, y prefiere hablar de “una sociedad, un pacto relativo, un acercamiento, un reiterado choque y fuga para determinadas cosas”, porque una alianza implica estar “en las buenas y también en las malas”.

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