Investigadores de la PUCP revelaron que las mallas de shicras, hechas de fibra vegetal y rocas, optimizaban la estabilidad de pirámides en Caral al disipar la energía sísmica.

Hace 5.000 años, la Civilización Caral levantó imponentes estructuras en la costa peruana sin normativas ni cálculos modernos. Sin embargo, su asombrosa resiliencia ante los sismos ha sido confirmada por especialistas al probar su resistencia en condiciones sísmicas, lo que promueve soluciones sostenibles basadas en conocimientos ancestrales.

La tecnología antisísmica permanecía oculta en los núcleos y cimentaciones de las plataformas monumentales, con una presencia que abarcó 400 kilómetros del litoral centro-norte del país. Investigaciones de la Zona Arqueológica Caral y la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) revelaron que sus pobladores crearon técnicas ancestrales capaces de optimizar la respuesta estructural de sus pirámides durante el movimiento telúrico.

Al analizar dicho hallazgo, el ingeniero Julio Vargas Neumann, especialista de la PUCP en arquitectura de tierra, buscó evaluar si "el conocimiento ancestral podía tener aplicaciones en viviendas contemporáneas" para beneficio de la edificación actual. Las mallas de shicras, hechas de fibra vegetal y rocas, disipaban la energía sísmica y optimizaban la estabilidad de las pirámides en Caral.

¿Cómo funcionaba la ingeniosa tecnología antisísmica que usó la primera civilización del Perú hace 5.000 años?

Los estudios de Vargas Neumann, Carlos Iwaki y Álvaro Rubiños confirmaron en 2011 el hallazgo tras analizar las bases de los templos de Caral-Supe. Posteriormente, el equipo presentó sus conclusiones sobre el comportamiento dinámico de los núcleos piramidales durante una conferencia internacional enfocada en la conservación del patrimonio de tierra. Lejos de ser aisladores modernos, aquellas herramientas representaron una solución integral adaptada a los recursos disponibles de la época.

Las shicras constituyeron la principal estrategia constructiva de la Zona Arqueológica Caral para proteger sus edificios monumentales. "Se trata del uso de bolsas hechas con fibra vegetal que son rellenadas, generalmente, con rocas de diferentes tamaños", explicó el investigador Vargas Neumann sobre el mecanismo ancestral de ingeniería sismorresistente. Los antiguos constructores integraban esas mallas directamente en las cimentaciones y plataformas piramidales.

Durante un movimiento telúrico, la masa contenida disipaba la energía al permitir que el relleno absorbiera los impactos sismogénicos. Dichos recipientes incrementaban la flexibilidad y estabilidad del conjunto, controlando los desplazamientos provocados por las fuerzas de inercia. Para reforzar el sistema, la edificación incorporaba muros estructurales paralelos que contenían los depósitos, generando una red redundante que garantizaba alta resistencia estructural en las pirámides de Caral-Supe.

lr.pe

La ingeniería moderna puso a prueba las shicras del antiguo Perú

El modelo evaluado por especialistas de la PUCP, bajo la dirección de Julio Vargas Neumann y con coordinación del Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento, salió del laboratorio hacia la comunidad de Orduña, en la provincia puneña de Lampa. Allí resistió un movimiento real de intensidad VIII en la escala de Mercalli, y tras el evento sísmico, Vargas Neumann declaró que los desperfectos resultaron "leves, fisuras o grietas finas" de fácil y económica reparación. Las pruebas en mesas vibradoras replicaron el movimiento del terremoto de Áncash de 1970 sobre módulos de prueba, y los informes del centro académico confirmaron un claro efecto de amortiguación, pues el prototipo solo presentó fisuras leves en los muros con ventanas. El propósito de la evaluación experimental fue verificar la eficacia de esta cimentación milenaria en la contención de daños estructurales y el control de presupuestos para edificaciones de tierra. La experiencia aportó evidencia científica sobre la utilidad del principio constructivo para mitigar el impacto de un sismo. Por su parte, la Zona Arqueológica Caral resaltó el valor de esta sabiduría de cinco milenios como barrera frente al ascenso de humedad y alternativa habitacional efectiva.

Leer artículo completo en larepublica.pe →