La placa de Nazca, una colosal estructura tectónica oceánica situada en el océano Pacífico oriental frente a la costa occidental de Sudamérica, impacta de forma directa el litoral de la región. Su interacción con las masas terrestres desencadena una intensa actividad sísmica en Perú, Chile, Ecuador y Colombia, territorios donde convergen diversas placas con altos niveles de tensión interna.
El peligro mayor surge cuando ciertos sectores del contacto entre rocas quedan trabados mientras el desplazamiento continúa; así, la deformación acumulada se libera mediante terremotos de gran magnitud. Investigaciones recientes revelan variaciones considerables en la velocidad y geometría de esta fricción a lo largo de la historia geológica, lo que puede afectar la frecuencia sísmica y mantener la amenaza telúrica latente.
Ante aquel panorama, el Instituto Geofísico del Perú (IGP) señala que "la sismicidad está estrechamente relacionada con este proceso geodinámico". Dicha dinámica evoluciona desde hace millones de años en el relieve sudamericano y fue clave para el levantamiento de la cordillera de los Andes, un proceso que continúa moldeando la geografía regional.
Los estudios más recientes sobre esta placa tectónica indican que su velocidad puede influir directamente en la periodicidad de los movimientos telúricos que afectan a los cuatro países sudamericanos. La comprensión de estos patrones resulta fundamental para evaluar los riesgos sísmicos en una zona donde la tensión acumulada entre las placas representa una constante preocupación para las autoridades y la población.
¿Cuál es la gigantesca placa que amenaza a cuatro países sudamericanos?
La placa de Nazca es un bloque tectónico oceánico del Pacífico oriental que colisiona con el borde del continente sudamericano y se hunde bajo él mediante subducción. Ese roce constante entre ambas estructuras es señalado por el IGP como la causa principal de la actividad sísmica nacional. “La actividad sísmica en Perú tiene su origen en el proceso de convergencia entre las placas de Nazca y Sudamericana”, detalla una investigación del instituto peruano.
El riesgo geológico se extiende más allá del territorio peruano: Colombia, Ecuador y Chile comparten esa amenaza constante a lo largo del margen occidental. La placa registra una velocidad de aproximación cercana a 7 u 8 centímetros por año frente al litoral peruano, y en las zonas donde el contacto queda trabado se acumula tensión hasta liberarse mediante un terremoto.
Debido a su rápido proceso de subducción, la placa de Nazca forma parte del Cinturón de Fuego del Pacífico. Foto: CDN
El bloque surgió de la fragmentación de la antigua placa de Farallón a inicios del Mioceno, tras la separación de Cocos, y esa transformación dio paso al nuevo fragmento meridional bautizado como Nazca. En millones de años, su avance ha impulsado el desarrollo de los Andes y la elevada frecuencia sísmica en Sudamérica.
¿Cómo influye la placa de Nazca en la actividad tectónica de los Andes?
Un estudio de 2025 publicado por la revista Journal of Geophysical Research: Solid Earth reconstruyó el trayecto de la placa tras 34 millones de años y halló una "reducción cercana al 20%" en la convergencia frente al margen continental durante los últimos 780.000 años, producto de alteraciones en la geometría litosférica. Pese a ese desaceleramiento relativo, el contacto entre masas rocosas mantiene su dinamismo en la actualidad, por lo que la amenaza telúrica no desaparece.
Todo este sistema forma parte del Cinturón de Fuego del Pacífico, una vasta franja geológica donde se concentran fosas, volcanes y megaterremotos. En esa zona, la población peruana comparte con Chile, Ecuador y Colombia una exposición directa a la fricción tectónica. Si bien la ciencia identifica áreas con elevado potencial para futuros cataclismos, la tecnología actual no permite precisar la fecha exacta de un nuevo evento. La peligrosidad de la placa de Nazca no radica en la placa misma, sino en la enorme acumulación de energía que genera su movimiento constante. Foto: AFP
El bloque Sudamericano, por su parte, recibe el empuje del lecho marino, un proceso que deforma la corteza e impulsa la elevación de la cordillera andina. La penetración del suelo oceánico no es uniforme: existen franjas de baja inclinación llamadas "flat slabs o segmentos de subducción subhorizontal" que alteran la distribución de sismos y el vulcanismo. El IGP constató dicha estructura bajo diversos sectores del territorio nacional.
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