La subducción de la placa de Nazca bajo la Sudamericana convierte a Sudamérica en una de las regiones con mayor actividad sísmica del planeta. Chile y Perú lideran los registros históricos con terremotos superiores a magnitud 8, pero la profundidad del hipocentro y el tipo de falla determinan si el impacto en superficie resulta devastador o imperceptible. Esa brecha geológica explica por qué algunas naciones enfrentan catástrofes recurrentes, mientras otras, como Uruguay y Surinam, presentan una baja sismicidad por su ubicación geológica.

En las últimas horas, Venezuela captó la atención científica tras un inédito doblete sísmico ocurrido el 24 de junio, con magnitudes de 7,2 y 7,5 que provocaron severos daños estructurales. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) catalogó este fenómeno como uno de los más fuertes en más de un siglo dentro del territorio sudamericano. Ante la emergencia, Reuters reportó que "el país enfrenta un desastre generalizado", una situación que reabre el debate sobre la vulnerabilidad en el Caribe.

Históricamente, los terremotos más intensos del mundo se concentran en esta región. Sin embargo, la diferencia entre un evento devastador y uno imperceptible radica en factores como la profundidad del hipocentro y el tipo de falla. Mientras Chile y Perú han registrado sismos de magnitud superior a 8, naciones como Uruguay y Surinam experimentan una actividad sísmica moderada debido a su posición geológica. El reciente doble sismo en Venezuela, con magnitudes de 7,2 y 7,5, reabre el debate sobre la preparación sísmica en el Caribe sudamericano.

Históricamente, países como Chile y Perú han registrado terremotos superiores a magnitud 8, mientras que naciones como Uruguay y Surinam presentan una baja sismicidad por su ubicación geológica.

Según los catálogos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) y el Servicio Geológico Colombiano, el terremoto más potente registrado en Sudamérica durante los últimos cien años ocurrió en Chile: el megasismo de Valdivia de 1960, con una magnitud de momento (Mw) de 9,5, asociado a la subducción del Pacífico Sur. Le sigue Perú, cuyo sismo más severo fue el de Arequipa en 2001 (Mw 8,4), un evento costero que impactó fuertemente el sur del país y desencadenó intensas réplicas. En Bolivia, el terremoto más energético data de 1994, con Mw 8,2; fue un sismo intraplaca profundo, sentido en gran parte de América del Norte pero sin grandes daños superficiales. Colombia registró su mayor evento en 1970 en la región amazónica (Mw 8,0), también profundo y de baja destructividad relativa. Ecuador, en cambio, sufrió un terremoto superficial en 2016 en Pedernales (Mw 7,8), que devastó la provincia de Manabí. Venezuela experimentó en 2026 un “doblete sísmico” de Mw 7,5 en Carabobo–Yaracuy, descrito por el USGS como un evento de gran magnitud que provocó colapsos urbanos y miles de damnificados. Argentina tuvo su sismo más energético medido instrumentalmente en 1977 en Caucete, San Juan (Mw 7,4). En Brasil, el mayor registro corresponde a 1963 en Acre, Tarauacá (Mw 7,6), un evento intraplaca profundo en la Amazonía occidental. Paraguay reportó un sismo profundo de Mw 6,5 en 1989 en el Chaco, sentido ampliamente sin grandes daños. Uruguay, por su parte, registró un evento offshore de mb 5,2 en 1988 en el Río de la Plata. Guyana tuvo un sismo superficial inusual de Mw 5,6 en 2021 en su región interior, mientras que Surinam no presenta eventos confirmados de magnitud igual o superior a Mw 5 en catálogos instrumentales recientes dentro de su territorio.

Mapa histórico del terremoto más fuerte de cada país de Sudamérica en los últimos años. Foto: Ilustración LR/ChatGPT

Mapa histórico del terremoto más fuerte de cada país de Sudamérica en los últimos años. Foto: Ilustración LR/ChatGPT

¿Qué factores geológicos impiden grandes sismos en Uruguay, Surinam y Guyana?

Uruguay, Surinam y Guyana presentan una baja sismicidad debido a su ubicación sobre el Escudo Guayanés y el cratón estable de Sudamérica. Al estar lejos de los bordes activos donde interactúan las placas tectónicas, estas estructuras geológicas antiguas y rígidas evitan la acumulación de energía necesaria para grandes rupturas. En el territorio uruguayo, situado en el margen pasivo del Atlántico Sur, los movimientos telúricos provienen de ajustes intraplaca muy débiles o de ondas generadas en los Andes. El sismo de 1988 en el Río de la Plata ejemplifica este comportamiento de baja intensidad, y la inexistencia de fallas superficiales activas limita estructuralmente la aparición de un sismo de gran envergadura.

Por su parte, Surinam y Guyana comparten una dinámica similar sobre el Escudo Guayanés, que actúa como un bloque tectónico estable con deformación mínima. Aunque Guyana registró un evento excepcional de magnitud 5,6 en 2021, los expertos aclaran que la firmeza de la corteza en esta región impide que los temblores alcancen escalas destructivas. Así, la estabilidad geológica de estos tres países contrasta con la alta actividad sísmica de otras naciones sudamericanas ubicadas en zonas de subducción.

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