En un escenario donde Keiko Fujimori ganó la Presidencia por una diferencia mínima y Fuerza Popular será la primera minoría del nuevo Congreso bicameral sin tener mayoría propia, la democracia no se fortalece cuando un solo bloque ocupa todos los espacios de decisión. La Constitución define al Perú como una república organizada según el principio de separación de poderes, lo que implica autonomía, equilibrio y control recíproco, no un enfrentamiento permanente entre Ejecutivo y Legislativo. Un Congreso subordinado al Gobierno dejaría de cumplir funciones esenciales como representar al conjunto de la sociedad y vigilar el ejercicio del poder. La propuesta de que FP presida el Senado y Renovación Popular, su principal aliado, la Cámara de Diputados podría colocar al Ejecutivo y a las dos cámaras bajo una misma orientación política. Si bien sería legal, en un país dividido se requiere agregar algunos representantes que rompan la mirada única. Se trata de reconstruir la confianza: así como se ha reclamado un gabinete plural, capacitado y honesto, se esperan directivas parlamentarias plurales. La lucha contra la criminalidad, las mafias, la corrupción y la inseguridad exige acuerdos firmes entre poderes autónomos. Cooperar no es someterse. Dialogar no es renunciar al control. La democracia separa para equilibrar y unir. Hoy, el Perú necesita precisamente eso: menos concentración y más responsabilidad compartida. Esta es la mejor relación entre bicameralidad, pluralidad, legitimidad de ejercicio y unidad nacional.

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