Abogada y especialista en derechos humanos, Romina Uribe será la congresista más joven del periodo 2026-2031. Hasta antes de asumir funciones, vivía junto a su madre en el distrito del Rímac. En entrevista con La República, la diputada electa por el Partido del Buen Gobierno recordó sus inicios en política, sus vivencias en campaña y los retos que enfrentará en este nuevo periodo.

Uribe rememora que hace dos años, en 2024, atravesaba un viaje de encuentro personal. “Creo que muchos jóvenes teníamos crisis emocionales. En ese entonces estaba construyendo en mi mejor versión”, señala. En ese tiempo, como abogada, trabajaba como asistente de forma virtual, revisando casos emblemáticos. “De forma personal, solo estaba llevando mi propio proceso”, agrega.

Ese mismo año, también se involucró en espacios de participación. Participó en la Cumbre del Futuro, viajó a Nueva York para representar a la juventud peruana. “Creo que todos en algún punto queremos construir nuestra mejor versión”, reflexiona.

Su vocación de servicio, sin embargo, comenzó mucho antes, desde el colegio. “Empecé como alcaldesa escolar, no militando una causa como tal. Si no más bien representando. Empecé como regidora de aseo y luego postulé para ser alcaldesa escolar. Creo que desde ahí empezó mi vocación de servir. Primero tenía que ver qué se podía hacer, qué no se podía hacer”, recuerda.

Ya en la universidad, comenzó a militar causas concretas. “Con otros amigos vimos la necesidad de hablar de Derechos Humanos en las aulas de la facultad. Los Derechos Humanos abordan poblaciones vulnerables como es la comunidad LGBTI. Justo en ese año estaba habiendo sentencias importantes que involucraban a la comunidad y a los derechos en general”, explica. Fue entonces cuando crearon el colectivo DiverIUS, que busca luchar por los derechos de personas que pertenecen a la comunidad LGBT.

Uribe también tuvo participación en la Marcha del Orgullo LGBT, consolidando su activismo en favor de la igualdad. “La propia Constitución dice que todos somos iguales ante la ley, pero en realidad no lo somos”, sentencia.

La congresista Romina Uribe reflexiona sobre cómo en un país conservador como el Perú, los sectores más reaccionarios suelen etiquetar como comunismo o socialismo cualquier acercamiento al progresismo. “Creo que esas calificaciones llevan a discursos de odio y discriminación”, señala, y advierte que existe “una línea muy delgada entre lo que opinas y los derechos”. Cuando se habla de los derechos de la comunidad LGBT, menciona, se trata del derecho a unirse y del reconocimiento de la identidad de las personas trans. “La propia Constitución Política del Perú dice que todos somos iguales ante la ley, pero verdaderamente no lo somos”, afirma.

Uribe reconoce que el camino del activismo enfrenta dificultades y que sí le ha pasado ser descalificada por señalar las falencias en el trato a las minorías, pero sostiene que “cuando uno defiende derechos sabe que tiene continuar”. Sin embargo, aclara que en su círculo íntimo no ha sufrido ese tipo de rechazo. “La verdad es que mi familia siempre ha promovido la conversación y el diálogo. De forma familiar no me ha pasado, pero mi caso puede ser la excepción a la regla”, dice, y recuerda que “una persona LGBT enfrenta dificultades al ser expulsada de casa”.

La parlamentaria vincula estas tensiones a una “guerra cultural” que, a veces, deriva en discursos de odio. “Por eso levanto esa causa: es necesario que se siga poniendo en la agenda las demandas que se han puesto en la mesa en distintas judicaturas”, explica. Además, defiende los derechos de la mujer y “el derecho a la decisión que tenemos todas”, como parte de una postura progresista que asume y defiende.

Uribe no nació en Lima: “No, yo nací en Argentina. Mis padres se conocieron allá. Ellos migraron. Ahí me tuvieron. Tras la crisis económica, Argentina entró en hiperinflación y por eso volví a Perú. Desde que tengo uso de razón, mi proyecto de vida se ha dado en Perú”. Actualmente vive con su mamá, pues sus padres son separados, aunque su papá es presente. El entrevistador le pregunta si eso se relaciona con que Perú es el país de Latinoamérica donde más demoran en independizarse, con una media de 29 años, y que detrás de ello hay un sistema que no permite mudarse ni crecer. Uribe, siendo congresista, también vive esa realidad.

La diputada Romina Uribe reconoce que la desigualdad es un problema global, no solo peruano. “La propia Constitución dice que todos somos iguales ante la ley, pero en realidad no lo somos”, señala. Para ella, las raíces están en la falta de oportunidades y en sueldos de mercado que apenas permiten compartir departamento como roomie. A esto se suma la precarización juvenil, que ha bloqueado el acceso a la vivienda para los jóvenes, ya que las políticas habitacionales no son accesibles para ellos.

Uribe, quien ahora es diputada, ya no vive con su madre por razones laborales. “El trabajo es 24/7 y tengo que estar lo más cerca posible”, explica sobre su mudanza. Su acercamiento al Partido del Buen Gobierno comenzó desde su formación: colaboró llenando su ficha para el registro de la organización porque “es un partido que se ajusta a mis ideales”. Luego la invitaron a postular con el número 18 en representación de Lima Metropolitana.

Sus amigos, conocedores de su activismo previo, no se sorprendieron con su llegada al Congreso. “Claro que sí (risas), es normal, somos jóvenes”, responde cuando le preguntan si le hacen bromas. Pero más allá de eso, le dicen que se sienten representados. “Y la verdad, eso me hace sentir animada a seguir. Me alegra mucho el corazón y me da todo el combustible que necesito para impulsarme en esta carrera política”, confiesa.

Sobre si basta ser joven para representar a la juventud, Uribe sostiene que sí, siempre que se pertenezca al grupo, se compartan sus problemáticas y se sea la voz en un espacio como la Cámara de Diputados. Aclara que no llega solo por su edad: “Tengo toda una preparación. Tengo experiencia en varios sectores. Sé cómo funciona esto. Entonces, es parte de un camino profesional que me acompaña”. Rechaza el vínculo automático entre juventud e inexperiencia: “Muchas veces se quiere vincular juventud con inexperiencia, y creo que no debe ser así”.

Consultada sobre la heterogeneidad de la juventud —por ejemplo, las diferencias entre Yenifer Paredes, de Cajamarca; Jair Manrique, de Villa El Salvador; y ella misma, de Rímac—, Uribe reconoce que los orígenes diversos generan miradas distintas. “Todos pueden ser jóvenes, pero sus miradas pueden ser distintas por sus orígenes tan diversos”, admite, reflexionando sobre cómo llevar esa diferencia entre los jóvenes.

Para Romina Uribe, la política juvenil no se reduce a una sola experiencia. “Creo que no se habla de la juventud, sino de las juventudes. Cada juventud tiene su propia percepción a partir de su propia vivencia”, sostiene. Ella busca representar a las juventudes como un grupo diverso, con miradas transversales que confluyen en demandas comunes como vivienda, Beca 18 y el presupuesto de educación. “Son temas que nos afectan a todos transversalmente más allá de una posición política”, agrega.

Consultada sobre el caso de Jimena Guevara, otra joven de su partido que fue señalada por presuntos nexos con Boluarte, Uribe recuerda que la conoció en la campaña. Tras los reportajes, la interna del partido tomó la decisión que mencionó su líder, Jorge Nieto, quien pidió que Guevara dé un paso al costado. “Claramente es un tema que vi y dije okey, hay un cuestionamiento y procede lo que se anunció. Es algo que fue difícil para el partido y se dio en un momento donde comenzábamos a subir. Ya empezaban los ataques a distintos candidatos”, explica.

Para Uribe, la actitud de Nieto fue esperanzadora. “De forma personal, la decisión de Jorge me dio mucha esperanza. Los jóvenes buscamos transparencia y honestidad. En ese momento, la decisión es la que debía de tomarse”, concluye.

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