El IPE sostiene que la competitividad está vinculada con la inversión privada, el empleo, los ingresos y la reducción de la pobreza. En el caso de Lima, si bien recuperó el liderazgo, el informe también revela que la capital aún enfrenta retos importantes en varios de estos pilares, mientras que regiones como Apurímac y Pasco demuestran que es posible avanzar incluso desde posiciones intermedias.
El crecimiento de Apurímac en el Índice de Competitividad Regional (INCORE) no es casualidad. Desde 2017, la región implementó una comisión que reúne al Estado, las empresas mineras y la sociedad civil para transparentar el uso de los recursos de la minería. A esto se suma que, desde 2024, el sector privado brinda asistencia técnica a los municipios para mejorar la planificación y ejecución de obras públicas. El gobernador Godoy Medina afirmó que actualmente están en ejecución obras por 2,500 millones de soles en todo el departamento, lo que también se refleja en la generación de empleo con un impacto de hasta 20 mil puestos laborales producto de la infraestructura pública.
Otra región con un avance importante es Pasco, que escaló del puesto 22 al 14 en 10 años. Su progreso se explica por el resurgimiento de la minería, aunque bajo un modelo distinto, basado en el reaprovechamiento de residuos mineros. No obstante, el exviceministro de Economía Carlos Casas advirtió que aún está pendiente un mayor liderazgo de las autoridades regionales para convertir ese crecimiento en desarrollo. “Cuando uno habla de desarrollo territorial, siempre tiene que haber una autoridad que sea la líder que pueda articular esfuerzos de las potencialidades y necesidades para generar un mayor desarrollo económico (..) La minería lo está haciendo, pero se puede agotar en el sentido de que falta contar con autoridades que tengan esa visión”, señaló el también economista de la Universidad del Pacífico.
Lima recupera el primer lugar en competitividad pero tropieza con la inseguridad y los 'nini'
Mientras Apurímac y Pasco representan el mayor salto de la última década, Lima demuestra que mantenerse en la cima también implica enfrentar retos. Buena parte de la recuperación de la capital responde a la mejora del mercado laboral, sector golpeado durante la pandemia. Sin embargo, ese liderazgo convive con la inseguridad y el aumento de jóvenes que no estudian ni trabajan. Así lo advirtió Martín Valencia del IPE: “Liderar el INCORE no significa que se hayan cerrado todas las brechas de competitividad que existen en una región. En Lima lo que vemos, sobre todo, es un incremento en la victimización por hechos delictivos, es decir, por la delincuencia. Muchas veces el incremento de la delincuencia está asociado también a un aumento en la cantidad de jóvenes que no estudian ni trabajan. Lo que hemos visto en Lima Metropolitana y Callao es un incremento importante de estos jóvenes, aproximadamente 160 mil más que antes de la pandemia”, apuntó.
El economista Carlos Casas advierte que la inseguridad y el aumento de jóvenes que no estudian ni trabajan representan un riesgo para que Lima mantenga su liderazgo en competitividad en los próximos años. Según explicó, la inseguridad encarece los costos de las empresas, desalienta la inversión y deteriora el clima de negocios, mientras que la falta de capital humano reduce la productividad de la región. “Si uno paga una extorsión, es como un impuesto adicional. Eso le resta competitividad porque las empresas ya no tienen recursos para crecer, reinvertir o formalizarse. Y, por otro lado, los jóvenes que no estudian ni trabajan van perdiendo capital humano y empleabilidad, lo que termina afectando el desarrollo de Lima”, sostuvo.
A puertas de nuevas elecciones de autoridades regionales, el Índice de Competitividad Regional (INCORE) 2026 vuelve a poner sobre la mesa las principales brechas que enfrenta el país. Más que un ranking, el índice se convierte en una herramienta para que la ciudadanía exija resultados concretos en infraestructura, salud, educación y empleo. Según los datos del INCORE, Lima Metropolitana y Callao recuperan el primer lugar del ranking, desplazando a Moquegua. El podio lo completan Arequipa, Tacna e Ica. En el extremo opuesto, Loreto vuelve a ser la región menos competitiva del país, posición que mantiene desde 2016, seguida de Ucayali y Huánuco. Madre de Dios y Ayacucho fueron las regiones que más mejoraron en competitividad respecto al año anterior, mientras que Tumbes registró el mayor retroceso.
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