El río Congo, el segundo más caudaloso del mundo, descarga cada segundo un promedio de 40.000 metros cúbicos de agua dulce en el océano Atlántico. Esa enorme masa forma una columna sobre la superficie del mar que puede extenderse hasta 800 kilómetros mar adentro. Ahora, un nuevo estudio publicado en Journal of Geophysical Research: Oceans ha logrado rastrear su recorrido y determinar qué ocurre con ella una vez que abandona la costa africana.
La investigación revela que el desplazamiento del agua dulce no es uniforme, sino que depende en gran medida de grandes remolinos oceánicos conocidos como remolinos de mesoescala. Estas estructuras, de aproximadamente 100 kilómetros de diámetro, pueden atrapar la pluma de agua dulce y transportarla cientos de kilómetros lejos de la desembocadura. Durante la temporada de lluvias, la pluma se desplaza hacia el suroeste y queda atrapada por uno de estos remolinos, que tarda unos 49 días en fijar un recorrido de 200 kilómetros. Este fenómeno puede afectar la circulación oceánica y los ecosistemas marinos.
El caudal del río Congo aprovecha ese remolino de 49 días para fijar un recorrido de 200 kilómetros. La descarga constante genera una amplia pluma de agua dulce sobre el Atlántico, cuya trayectoria es clave para entender cómo el agua dulce se mezcla con el océano y qué impacto tiene en los ecosistemas marinos y la circulación oceánica global.
Para comprender este fenómeno, un equipo del Laboratorio de Estudios Geofísicos y Oceanográficos Espaciales (LEGOS) y otras instituciones analizó el comportamiento de los remolinos mediante simulaciones y observaciones reales. Los científicos emplearon el modelo de circulación oceánica NEMO, con una resolución de 3 kilómetros, para reproducir la descarga del río Congo. El análisis se centró en 2016, año con abundantes registros de la red Prediction and Research Moored Array in the Tropical Atlantic (PIRATA), además de datos satelitales sobre salinidad y corrientes marinas. Luego, compararon los resultados del modelo con mediciones de salinidad superficial, altura del nivel del mar y datos de corrientes obtenidos mediante el Sistema de Identificación Automática para el seguimiento de embarcaciones, procesados por eOdyn. El modelo logró reproducir con éxito el tamaño, la posición y las variaciones estacionales de la pluma del río Congo. Durante 2016 se registraron varios episodios de remolinos de mesoescala. Uno de los más destacados ocurrió entre marzo y abril, cuando un remolino anticiclónico —que gira en sentido contrario a las agujas del reloj en el hemisferio sur— capturó una gran cantidad de agua dulce procedente de la pluma del Congo y la trasladó 200 kilómetros mar adentro.
Los investigadores rastrearon más de 5.000 partículas virtuales hacia atrás en el tiempo para determinar el origen del agua contenida en estos remolinos. El análisis reveló que las partículas atrapadas en el núcleo del remolino durante abril provenían de la parte sur de la pluma del río Congo a comienzos de marzo. Dicho remolino permaneció activo durante 49 días, alcanzó un radio de 150 kilómetros y transportó agua de baja salinidad aproximadamente 200 kilómetros mar adentro antes de disiparse. Los resultados indican que el transporte de agua dulce hacia el océano abierto está dominado por eventos puntuales como estos remolinos, en lugar de producirse mediante una difusión continua desde la desembocadura del río. Según los autores, este proceso tiene implicaciones para la circulación oceánica regional y para los ecosistemas marinos y las pesquerías que dependen del aporte de agua dulce.
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