Las señales de una posible intensificación de El Niño vuelven a encender las alertas en el país, y esta vez la preocupación no se limita a la costa norte. Un eventual Niño Costero podría desatar lluvias intensas que afecten infraestructura y logística, mientras que un Niño Global impactaría la disponibilidad de agua en zonas agrícolas de la sierra sur. Se trata, advierte Rafael Zacnich, del "paquete completo" de riesgos conocidos.

La experiencia de 2023 dejó en evidencia los efectos que un fenómeno climático puede tener sobre la producción, las exportaciones y el empleo. Sin embargo, poco parece haber cambiado desde entonces en materia de gestión pública. La agroexportación, uno de los principales motores de crecimiento del país, mantiene una importante exposición a las condiciones climáticas. Productos como arándanos, uvas, paltas, café, cacao, mango y mandarinas generan conjuntamente más de US$ 8,400 millones en exportaciones anuales y sostienen miles de empleos formales en distintas regiones del Perú.

Pero los riesgos no se limitan al agro. Eventos climáticos de mayor intensidad también pueden afectar carreteras, puentes, sistemas de riego y cadenas logísticas, elevando costos, reduciendo la competitividad de las exportaciones y generando problemas de abastecimiento en los mercados locales. La prevención debería ser una prioridad nacional, no solo mediante obras de infraestructura, sino también fortaleciendo la capacidad de gestión y respuesta de las instituciones públicas. Porque, como señala Zacnich, "el principal riesgo no es que El Niño sea impredecible; el principal riesgo es seguir enfrentándolo con las mismas debilidades institucionales de siempre".

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