Durante una conferencia dirigida a clientes de BBVA, la especialista en asesoría estratégica Paula Almansa conversó en exclusiva con Gestión y detalló los conflictos que pueden surgir en los procesos de sucesión de las empresas familiares, incluyendo las peruanas.
Almansa señaló que una de las mayores inquietudes en estas organizaciones es la transición generacional. La segunda preocupación, dijo, es cómo estructurar los protocolos y mecanismos que permitan llevar a cabo ese traspaso. “Se puede producir mucha inquietud por parte de la primera generación que entiende que es momento de dejar a la segunda y tercera generación su espacio, pero no saben cómo hacerlo”, explicó. Y agregó: “Es curioso porque existe la voluntad, pero sin tener un mecanismo, sin saber cómo hacerlo, eso genera mucha más ansiedad”.
Según la experta, cuando se logra estructurar ese proceso, se cuenta con un protocolo y guías que hacen que todos los miembros de la familia se sientan más cómodos. En cambio, si la transición no se organiza bien desde antes, “luego es mucho más difícil y es más probable que se desuna (la familia)”.
En cuanto a las disputas concretas, Almansa diferenció dos tipos. Por un lado, están las discrepancias naturales sobre el rumbo del negocio: “No todos deben estar de acuerdo, por ejemplo, en si se debe crecer más rápido o más lento, si es conveniente o no endeudarse, o si se debe implementar una nueva línea de negocio o no”. Aclaró que estas diferencias “se solucionan con el diálogo y es natural en todas las familias”.
Cuando las diferencias empresariales se trasladan al plano personal, la situación se vuelve insana. Ya no se trata de negocio, sino de disputas emocionales entre hermanos. Al analizar el fondo, se descubre que no prima el interés comercial, sino una sensación de injusticia: uno siente que el otro fue tratado de manera preferencial. Con frecuencia, estas son heridas que se arrastran desde la infancia y que deben sanarse; de lo contrario, entorpecen todo.
Disputas en empresas familiares
¿Qué proporción de esos enfrentamientos afectan a las compañías?
Diría que una o dos de cada 10 de esas disputas perturban e impiden el funcionamiento de la empresa. Lo normal es que sean desavenencias subsanables y sanas.
¿Nota algún cambio en la disposición de los jerarcas o de la familia para con las sucesivas generaciones?
Hay temas que son universales. Por un lado, desde la parte de arriba, no es fácil soltar. Piensa en el fundador de una empresa, el patriarca o la matriarca, que es alguien con mucha fuerza que creó una empresa probablemente atravesando muchas dificultades y que le cuesta soltar. Eso es por dos motivos principales. Primero, porque está identificado con su propia empresa. Si yo dejo de ser la figura central de mi familia, ¿en quién me convierto? Ya no voy a ser tan importante, ya no me van a escuchar.
Por otro lado, hay un tema de confianza. Si yo dejo que mis hijos sean los que tomen las decisiones, ¿lo van a hacer bien? Y esa es una pregunta muy legítima.
La consejera y asesora estratégica Paula Almansa señala que, si no existen distintas opiniones en una familia, esta no es tan funcional, sino que todos son complacientes al seguir lo que decide “el de arriba”. Además, sostiene que en las empresas familiares se valora muchísimo el vínculo entre los miembros. “Es decir, si las personas se sienten unidas y queridas, todo es mucho más funcional, se escuchan mejor. Y cuando eso no sucede, entonces es muy disruptivo”, afirma.
En la decisión del líder de dar el paso a la siguiente generación, la velocidad acelerada de los cambios puede generar una desconexión entre cómo eran los negocios antes y cómo son ahora. Esto provoca desconfianza y empeora la comunicación entre las dos generaciones, sobre todo si existe mucha distancia en el tiempo.
Ingreso de familia política
Almansa añade que existen momentos particulares, como la incorporación de la familia política cuando los hijos se casan. En ese instante, todo el sistema familiar debe “adaptarse” a la nueva circunstancia, lo que puede causar preocupación.
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