El resultado de la segunda vuelta electoral y la confianza que se genere hacia la inversión privada serán determinantes para que el dinamismo económico se sostenga o se interrumpa a partir del segundo semestre del año. Según estimaciones del Instituto Peruano de Economía (IPE), basadas en indicadores adelantados, la inversión privada en abril habría crecido incluso por encima del 20%, un nivel que no se registraba desde el 2010, excluyendo el rebote postpandemia. De mantenerse esta tendencia, el primer semestre del año cerraría con un crecimiento de dos dígitos por segundo período consecutivo, algo que no ocurría desde el 2012.

No obstante, buena parte de este dinamismo responde a decisiones de inversión tomadas meses atrás, cuando las expectativas empresariales se ubicaban en el tramo optimista y no se vislumbraban riesgos de candidatos con mensajes desfavorables al capital privado. Tras la primera vuelta electoral, la confianza empresarial cayó al tramo pesimista por primera vez en 23 meses y se mantuvo en esa zona durante dos meses consecutivos hasta mayo. La incertidumbre generada por el pase de Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, a la segunda vuelta explicaría este deterioro.

Un análisis del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) sobre el período 2008-2024 revela que los cambios en la confianza empresarial –medidos con el índice de expectativas sobre la economía a tres meses– impactan en la inversión privada con un rezago de dos trimestres. En esa línea, el reciente pesimismo empresarial restaría dinamismo a la inversión privada en los próximos meses, aunque el desempeño anual dependerá en buena parte del resultado final de las elecciones.

El dinamismo reciente de la inversión privada ya se refleja en cifras concretas: en 2025, el empleo formal privado registró su mayor avance en más de una década, sin contar el rebote postpandemia, y la pobreza bajó cerca de 2 puntos porcentuales hasta 25.7%. Este círculo virtuoso es claro: más inversión genera empleo formal, eleva ingresos y reduce la pobreza. Sin embargo, los avances son insuficientes. Pese a la mejora del último año, aún hay aproximadamente 2.3 millones más de peruanos en situación de pobreza que en 2019.

La experiencia de años electorales previos muestra que las expectativas empresariales se debilitan ante candidatos con propuestas desfavorables para la inversión. Así ocurrió en la primera vuelta de 2006 y 2011. Pero tras la victoria de Alan García en 2006 y la moderación de las propuestas iniciales de Ollanta Humala en 2011, la confianza empresarial se recuperó en la segunda mitad del año. En 2021, en cambio, las propuestas de Pedro Castillo —Asamblea Constituyente, nacionalización de recursos— y un Gabinete sin perfil técnico agravaron la incertidumbre. Cuatro de las diez caídas más pronunciadas de la confianza empresarial de la última década, excluyendo la pandemia, estuvieron asociadas a Castillo, con una salida de capitales cercana a US$ 17 mil millones.

En este contexto, el resultado electoral y las decisiones del próximo Gobierno definirán si el círculo virtuoso de la inversión privada se consolida o pierde dinamismo. De confirmarse la victoria de Fujimori —quien mostró en campaña una posición a favor de la inversión privada—, la confianza empresarial se recuperaría gradualmente, similar a lo ocurrido en 2006 y 2011. Eso permitiría sostener un desempeño positivo de la inversión privada hacia la segunda mitad del año.

En contraste, si el candidato Sánchez ganara sin modificar su discurso adverso a la inversión privada, las expectativas empresariales se deteriorarían aún más, lo que llevaría a un ajuste de la inversión privada en el segundo semestre. Esto frenaría la generación de empleo, el aumento de ingresos y la reducción de la pobreza, según advierte el IPE. Sin una recuperación de la confianza empresarial, la inversión privada crecería aproximadamente tres puntos porcentuales menos de lo previsto para este año. Actualmente, el IPE se alista a revisar su proyección de inversión privada (5,4% estimado en marzo). En tanto, el BCRP proyecta un crecimiento de 9,5% (marzo) y el MEF, de 5,5% (abril). El dinamismo económico futuro dependerá de señales concretas que favorezcan la inversión privada, como la conformación de un equipo económico técnico, el destrabe de proyectos y la certidumbre jurídica. Las propuestas de campaña de ambos candidatos marcan rutas opuestas: Fuerza Popular reconoce el rol de la inversión privada como motor del crecimiento y el empleo, mientras que Juntos por el Perú plantea cambios constitucionales y mayor intervención estatal. En ese escenario, el próximo Gobierno tiene la oportunidad de aprovechar un entorno internacional favorable, con altos precios de los metales, para impulsar el crecimiento, generar empleo de calidad y reducir la pobreza en los próximos años.

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