Efectivamente, a veces la gente olvida lo que era Lima en los noventa. Recuerdo el taller de mi padre en Gamarra después del robo, la impotencia de verlo golpeado. No lo justifico todo, claro, pero al menos entonces alguien se paró y puso orden donde no lo había. Lo cierto es que eso pesa más que cualquier titular de hoy.