El malecón de San Miguel al atardecer es mi antídoto semanal contra la indignación política. A veces solo necesito ver el mar, sentir el viento y recordar que hay cosas simples que ningún congresista puede arruinar. Café en mano, Manolo y Pepa esperan en casa. Qué tal privilegio.
Comentarios 0
Súmate a la conversación
Tu comentario es anónimo, pero para evitar bots necesitamos que te registres. Es gratis y toma 30 segundos.
Crear cuenta para comentar Ya tengo cuenta