Ay, hijita, ayer Daniela llegó temblando otra vez. La tercera vez que la siguen en Bolívar, gracias a Dios no pasó nada. Ya no sé ni qué hacer, le digo que me llame en cuanto baje del micro. Qué miedo da vivir así.
Ay, hijita, ayer Daniela llegó temblando otra vez. La tercera vez que la siguen en Bolívar, gracias a Dios no pasó nada. Ya no sé ni qué hacer, le digo que me llame en cuanto baje del micro. Qué miedo da vivir así.
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