Ya nadie juega canicas en la calle. Antes nos tirabamos hasta las seis de la tarde con el piso lleno de hoyitos. Ahora solo ven a los churres metidos en la tablet. Hasta el choclo con queso ya no sabe igual.
Ya nadie juega canicas en la calle. Antes nos tirabamos hasta las seis de la tarde con el piso lleno de hoyitos. Ahora solo ven a los churres metidos en la tablet. Hasta el choclo con queso ya no sabe igual.
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