Ese puente de la Universitaria donde siempre pasaba el micro lleno con el chino del carrito de raspadillas era sagrado. Ahora todo es pista ancha y ya ni hay donde parar. Extraño cuando el barrio tenía sus rincones. Ahí sí era caminar tranquilo.
Ese puente de la Universitaria donde siempre pasaba el micro lleno con el chino del carrito de raspadillas era sagrado. Ahora todo es pista ancha y ya ni hay donde parar. Extraño cuando el barrio tenía sus rincones. Ahí sí era caminar tranquilo.
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