Mi mamá me mandaba al mercado con plata justa, y volvía con el vuelto contadito y un pan francés caliente para el camino. Ahora mis hijos no conocen ni el olor de esa panadería de la esquina.
Mi mamá me mandaba al mercado con plata justa, y volvía con el vuelto contadito y un pan francés caliente para el camino. Ahora mis hijos no conocen ni el olor de esa panadería de la esquina.
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