19 años ya del terremoto de Pisco y uno que sigue con el corazón apretado cada vez que suena la alarma sísmica. En el trabajo ya hicimos simulacro dos veces este año, y mis hijos en el colegio también practican. No es miedo, es costumbre. Ojalá esta vez sí se tomen en serio lo de las casas informales, que es donde más ha golpeado siempre. Nos toca empujar todos, desde cada barrio.