Ayer una clienta me contó que cerró su local de ropa y recién a los 40 se animó a estudiar repostería. Le quedó temblando la voz pero me enseñó fotos de sus quequitos, están preciosos. Fracasar da miedo, pero quedarse quieto también es un fracaso ¿no? Yo igual con mi salón, arranqué con 2 esmaltes y prestado pero aquí sigo.