Uno de esos golpes que no entienden de fama ni de contratos. La gente que ha visto crecer a su hijo desde abajo, labrando todo en la cancha, se va dejando un vacío que ninguna fortuna llena. Me pasa con mi padre, que en paz descanse, y su recuerdo de la tienda en Gamarra. Supongo que el dolor es el mismo, con o sin título de campeón del mundo.