Siempre me tocó verlos en recitales grabados o en videos desde Buenos Aires, y nada más. Tenerlos en Lima, en el Estadio San Marcos, es otra cosa. Es de esos eventos que te reconcilian con la idea de que el país también puede traer cosas grandes, no solo los mismos festivales de siempre.

Ya estoy viendo cómo cuadrar la agenda con la obra para no perdérmelo. Mi hijo Renzo ya me está jaloneando para ir juntos.