Cuando la exigencia alcanza su punto máximo, ¿pesa más un nombre o una idea? Esa pregunta, que atraviesa toda la historia del fútbol, encontrará un escenario ideal en el partido de fase de grupos que enfrentará a Portugal y Colombia. Ambos llegan invictos, pero representan dos maneras opuestas de entender el deporte: una confía en el peso de una leyenda; la otra, en la fuerza del colectivo.

Portugal recuperó entusiasmo con la goleada ante Uzbekistán. Cristiano Ronaldo volvió a ser decisivo, ocupó de nuevo las portadas y reinstaló esa vieja sensación de que, aun desafiando al tiempo, siempre puede aparecer cuando el escenario lo reclama. Sin embargo, el rival dejó abiertas algunas dudas. Una goleada no siempre despeja interrogantes; a veces simplemente los posterga. El relato alrededor de la selección portuguesa termina regresando siempre a Cristiano, como si un equipo lleno de talento —Bruno Fernandes, Bernardo Silva, Vitinha, Rafael Leão o Nuno Mendes conforman uno de los planteles más completos del Mundial— todavía sintiera la necesidad de explicar su grandeza a través de un solo hombre.

Colombia, en cambio, ha recorrido un camino menos estridente y quizá más convincente. No ha necesitado actuaciones individuales deslumbrantes para transmitir autoridad. Su fortaleza ha estado en otra parte: un funcionamiento reconocible, una estructura que rara vez se rompe y la certeza de que cualquier futbolista puede asumir el protagonismo si el partido lo exige. No juega para que alguien brille; juega para que el equipo nunca deje de hacerlo. Sus individualidades crecen porque el sistema las potencia y no porque el equipo se subordine a ellas. Allí radica buena parte de su identidad y, probablemente, de su confianza.

Lo interesante es que Portugal tampoco carece de argumentos colectivos. Muy por el contrario. Pero la narrativa siempre vuelve a Cristiano. Colombia parece haber elegido el camino inverso. Ninguno de los dos modelos garantiza el éxito. La historia del fútbol ha coronado equipos sostenidos por un genio y también equipos donde el verdadero genio fue el funcionamiento colectivo. Pero los Mundiales tienen la costumbre de poner esas teorías a prueba. Portugal defenderá la vigencia del héroe. Colombia, la fortaleza del nosotros. Y pocas veces un partido de fase de grupos habrá servido tan bien para discutir esa pregunta fundamental.

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