Más de un siglo después de la época del caucho, las heridas abiertas por la explotación, el desarraigo y la violencia sistemática en la Amazonía peruana continúan demandando justicia. Durante el Tercer Congreso de Arte Amazónico, convocado por el Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica (CAAAP), la mesa de diálogo «Memoria y justicia: La Comisión de la Verdad para la época del caucho» reunió la voz testimonial de las comunidades originarias y el análisis de la justicia transicional para sustentar una petición histórica: la creación formal de una Comisión de la Verdad que investigue los crímenes perpetrados durante el auge cauchero y visibilice el papel cómplice del Estado.

El dolor heredado y el valor de escuchar

Omar Navarro, integrante del pueblo Kukama y representante del Colectivo Tsɨuni, nombre que en lengua originaria significa «escuchar», compartió la vivencia de ser nieto y bisnieto de quienes sobrevivieron a las atrocidades en las cuencas de los ríos Marañón, Napo, Tigre, Ampiyacu, Momón y Yagua. Navarro recordó con emoción a su padre apretando contra sus manos la tichela y el rasgueto, herramientas metálicas empleadas para sangrar los árboles de shiringa, evocando un sufrimiento que las familias aún no logran sanar.

El dirigente sostuvo que la narrativa oficial suele celebrar el caucho exclusivamente como una era de progreso económico y modernización de urbes como Iquitos o Manaos, ocultando el costo humano impuesto a los pueblos indígenas mediante el endeudamiento forzado, el desarraigo de comunidades enteras, castigos letales como las picaduras en árboles de tangarana y la anulación deliberada de sus identidades y lenguas ancestrales. Navarro subrayó que desde 2017 el colectivo viene documentando estos testimonios en un libro que recoge la memoria oral de los abuelos antes de que mueran. Aclaró, asimismo, que la demanda indígena no persigue una indemnización económica, sino un acto de reparación simbólica y el reconocimiento público de que los crímenes del pasado trascendieron la década de 1920 y sentaron patrones de marginación aún vigentes.

Los pilares de la justicia transicional y los crímenes de lesa humanidad

Por su parte, la politóloga y socióloga Iris Jave, investigadora del Instituto de Democracia y Derechos Humanos de la Pontificia Universidad Católica del Perú (Idehpucp), analizó la viabilidad y los alcances de implementar un mecanismo de esta naturaleza. Jave recordó que las comisiones de la verdad, con más de 60 experiencias en el mundo desde los años setenta, tienen por mandato documentar los hechos, identificar responsabilidades institucionales y proponer recomendaciones que fomenten el debate ciudadano, más allá de la estricta sanción penal.

La politóloga y socióloga Iris Jave, investigadora del Idehpucp, analizó la viabilidad y los alcances de implementar un mecanismo de esta naturaleza. (Foto: Inforegión)

La especialista explicó que la demanda del pueblo indígena se sustenta con solidez en los cuatro pilares de la justicia transicional:

  • Justicia y verdad: Entendida en este caso como una justicia restaurativa y de reconocimiento histórico, pues aunque los perpetradores directos ya no vivan, los crímenes de lesa humanidad no prescriben. Esto exige investigar y sistematizar archivos, relatos orales y fuentes documentales para comprender cómo la sociedad y las instituciones permitieron tales abusos.
  • Reparación simbólica: Siguiendo aprendizajes de casos emblemáticos como el Santuario de La Hoyada impulsado por ANFASEP en Ayacucho o las becas educativas Repared, la reparación debe generar espacios conmemorativos dignos y políticas que restituyan la dignidad de los descendientes.
  • Garantías de no repetición: Acciones orientadas a transformar la educación escolar y universitaria, incidir en los medios de comunicación e interpelar las prácticas racistas que normalizaron la explotación.

Memorias largas y agencia política

Jave destacó el concepto de «memorias largas» formulado por la socióloga boliviana Silvia Rivera Cusicanqui, remarcando que los pueblos indígenas no solo cargan con el dolor de las heridas históricas, sino también con una profunda capacidad de resistencia y agencia política.

En esa línea, ambos expositores coincidieron en que el arte, los cantos y la tradición oral constituyen herramientas vivas para desarticular el silencio. La conformación de una Comisión de la Verdad para la época del caucho se perfila así no como un mero trámite administrativo, sino como el punto de partida indispensable para que el Estado peruano asuma su responsabilidad histórica y la sociedad en su conjunto reconozca la memoria amazónica como parte integral de su identidad nacional.

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