Los resultados revelaron un puntaje promedio nacional de 60.2 sobre 100, el cual, en un sistema de calificación vigesimal, equivaldría a 12.04. Se evidenció así una profunda desigualdad territorial: mientras Moquegua encabeza la lista con 71.7, Loreto puntúa 42.6.

Por ejemplo, existen distritos en Lima con niveles de calidad de vida comparables con países europeos, mientras que en provincias hay distritos que viven en condiciones situadas por debajo de la África subsahariana, mencionó Alexandra Ames, especialista en políticas públicas de la casa de estudios.

Así, enfatizó que los resultados deben servir como herramientas prospectivas para cerrar brechas demográficas y territoriales. “Si somos un solo país, no deberíamos permitirnos esta diferencia tan grande”, subrayó.

¿Un Perú sin representatividad?

Juan Carlos Odar, jefe del Observatorio de Políticas Públicas de la UP, señaló que el crecimiento económico, cuyo termómetro es el PBI, es una condición necesaria pero no suficiente por sí sola: el verdadero desarrollo evalúa cómo ese aumento se traduce en la calidad de vida.

El mapa actual muestra una clara división geográfica: mientras regiones de la costa sur como Moquegua y Tacna lideran el avance en los ODS, regiones del oriente y la Amazonía como Loreto y Ucayali representan un Perú “olvidado y poco atendido” que se queda drásticamente atrás.

Cuestionó, por tanto, si el modelo de descentralización ha cumplido sus objetivos y promovió replantear la gobernanza hacia una articulación efectiva entre el Estado, el sector privado y la academia.

Uno de los grandes problemas en la Amazonía es que la población no tiene acceso a agua de calidad. Foto: Istock
Uno de los grandes problemas en la Amazonía es que la población no tiene acceso a agua de calidad. Foto: Istock
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Por su parte, Sebastián García, analista del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), señaló que la población también evoluciona a ritmos opuestos: las regiones de la costa y el sur andino están envejeciendo rápidamente, mientras que las regiones amazónicas mantienen las tasas de fecundidad más altas y una población más joven, pero sin los servicios básicos oportunos.

“Y esto también nos invita a acelerar la capacidad de respuesta que tiene el Estado de la mano del sistema y de la mano también del privado, porque en el país que tendremos en el 2045-2050 se acabará el bono demográfico. Es un país que va a tener un matiz distinto al que estamos viviendo actualmente. [...] Vamos a tener sistemas de salud y de cuidado saturados. Aquello invita a reflexionar sobre cuáles son las soluciones que se deben plantear desde la política pública”, argumentó.

Coincidió, en esa línea, Ames, quien expuso las limitaciones de las encuestas nacionales, como las del INEI, para ofrecer representatividad estadística a nivel departamental y distrital.

“Ahí hay un desafío que también forma parte de la agenda 2030. Hay hay una meta vinculada a los sistemas estadísticos o a mejorar los sistemas estadísticos de los países para poder tener mayor información”, dijo.

Capital en salud y educación

A su turno, Saúl Becerra, presidente del Consejo Directivo del Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (Ceplan), indicó que el 86% de los distritos del Perú no cuentan con Planes de Desarrollo Local Concertado (PDLC), lo que impide asignar inversión de manera estratégica en las zonas más rezagadas.

Advirtió, asimismo, un exceso de políticas desconectadas: en el país existen cerca de 48 políticas nacionales aprobadas y 40 por aprobar, lo que sumará casi 90 políticas que funcionan en simultáneo.

Los esfuerzos, desde su perspectiva, deberían estar enfocados en Salud (ODS 3), Educación (ODS 4), Pobreza (ODS 1) y Empleo (ODS 8), ya que estos actúan como aceleradores o multiplicadores del resto de indicadores.

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