CienciaUna resistencia olvidada frenó la expansión de la primera "sociedad de clases" en la España de la Edad de Bronce

Las comunidades antiguas vivían en pequeños asentamientos, muchos protegidos por muros o ubicados en zonas elevadas.

Vista aérea de Motilla del Azuer, un antiguo yacimiento de la Edad de Bronce. Foto: Ángel M. FelicísimoPor Renzo LozaDomingo 18 de Octubre del 2026 · 21:33hgoogle iconLa República en Google

Hacia el 2200 a. C., la sociedad de El Argar comenzó a desarrollarse en el sureste de la península ibérica. Durante los siguientes 450 años, amplió su territorio de unos 5.400 a cerca de 34.000 kilómetros cuadrados. Sin embargo, su expansión hacia el norte encontró comunidades que adoptaron distintas estrategias para impedir que este poder avanzara sobre sus territorios.

Para conocer cómo respondieron estas poblaciones, los investigadores Marcello Peres y Roberto Risch, de la Universidad Autónoma de Barcelona, analizaron 1.517 asentamientos de la Edad del Bronce Temprana. Solo 134 habían sido excavados, mientras que los demás fueron identificados mediante prospecciones arqueológicas. La comparación de los restos encontrados permitió considerar representativos ambos grupos.

Puedes ver

Científicos descubren una nueva especie de flor albiceleste en los andes peruanos y la nombraron en honor a Lionel Messi

Comunidades pequeñas que hicieron difícil el avance de El Argar

Los asentamientos del norte eran muy diferentes de las grandes poblaciones argáricas. Más del 83% ocupaba menos de 1.950 metros cuadrados y apenas el 1,5% superaba una hectárea. Además, más de tres cuartas partes estaban protegidas por muros de piedra o situadas sobre elevaciones rocosas.

El asentamiento de El Argar (marrón) en el sureste de España, con el área de estudio al norte (amarillo), ca. 2200 a 1550 a. C. Foto: Marcello Peres

El asentamiento de El Argar (marrón) en el sureste de España, con el área de estudio al norte (amarillo), ca. 2200 a 1550 a. C. Foto: Marcello Peres

La vida de estas comunidades dependía principalmente de la agriculturay la ganadería. Allí eran frecuentes las piezas de hoces, piedras de molienda y recipientes para almacenar alimentos. También continuaron utilizando puntas de flecha de sílex, un tipo de herramienta que desapareció de El Argar alrededor del 2200 a. C.

El intercambio también conectó a estas poblaciones con El Argar. El cobre y el marfil llegaron hacia el norte, aunque este último solo apareció en el 2% de los asentamientos y disminuía a medida que aumentaba la distancia. Los investigadores consideran que el marfil pudo utilizarse para establecer intercambios y alianzas, más que como símbolo de poder individual.

Puedes ver

Investigadores sudafricanos pintan franjas rojas en las palas de las turbinas eólicas: los resultados sorprenden a los científicos

Fortificaciones y dispersión para resistir

La violencia también formó parte de este escenario. En el norte de Murcia, hasta el 37,5% de los esqueletos argáricos analizados presentaban heridas causadas por armas. En El Azuer, el 48% de los hombres adultos tenía lesiones relacionadas con enfrentamientos, frente al 9,1% de las mujeres.

Ante la expansión argárica, las comunidades del norte siguieron dos caminos. Algunas se fortificaron y recurrieron al enfrentamiento, mientras otras se dispersaron en pequeños asentamientos ocultos. Esta segunda estrategia habría dificultado que El Argar pudiera apoderarse de sus cosechas o controlar a sus habitantes.

La expansión de El Argar finalmente se frenó después de aproximadamente 1800 a. C. y no consiguió avanzar hacia el norte. El estudio muestra así que las sociedades de la frontera también podían influir en el crecimiento de los primeros poderes territoriales de la Europa de la Edad del Bronce.

  • España
  • Arqueología

Leer artículo completo en larepublica.pe →