La península ibérica no fue la única región de Europa afectada por estos grandes cambios tectónicos. Antes de la apertura del océano Atlántico, la actual costa oeste de Francia no existía y estaba unida al bloque ibérico, que hoy comprende España y Portugal. Con la apertura del Atlántico Norte, ese bloque comenzó a separarse de la placa europea: un brazo de la dorsal oceánica avanzó a lo largo del margen continental francés, lo que dio lugar a la apertura del golfo de Vizcaya y a la formación de una microplaca ibérica independiente.
A partir de entonces, esa microplaca inició un desplazamiento hacia el suroeste acompañado de una rotación en sentido antihorario. Más tarde, la presión ejercida por las placas vecinas provocó un deslizamiento hacia el este de unos 200 kilómetros, hasta alcanzar su posición actual. Finalmente, la orogenia alpina empujó el bloque ibérico contra Europa, un proceso que dio origen a la cordillera de los Pirineos.
"Las placas euroasiática y africana se acercan entre cuatro y 6 milímetros cada año", explica Asier Madarieta, investigador de la Universidad del País Vasco (UPV). "El límite entre las placas que rodean el océano Atlántico y Argelia es muy claro, mientras que en el sur de la península Ibérica es mucho más difuso y complejo", agregó. En el extremo occidental del continente, el paisaje también empezó a transformarse.
La península Ibérica ya no se mueve como antes: los satélites detectaron que ahora gira en el sentido de las agujas del reloj. El hallazgo, publicado en ScienceDirect, surgió tras analizar los patrones de tensión y deformación de la corteza terrestre con datos satelitales y registros de antiguos terremotos en la zona de contacto entre África y Europa.
El origen de este giro está en el arco de Gibraltar, una región de deformación tectónica muy compleja que todavía no se conoce con total precisión y que marca el límite entre la placa africana y la microplaca ibérica. Según los investigadores, África empuja directamente a la península por el oeste del estrecho de Gibraltar, mientras que al este esa presión queda en gran medida absorbida por la corteza del propio arco. Ese desbalance de fuerzas explicaría el cambio de movimiento detectado y que la península rote en sentido horario.
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