“Soy un salvaje peruano. Si os digo que, por línea materna, desciendo de un Borgia de Aragón, virrey de Perú, diréis que no es cierto y que me estoy dando importancia”. El pintor Paul Gauguin dejó esta frase por escrito en su libro de memorias y reflexiones “Antes y después” (Avant et après), redactado en las islas Marquesas entre enero y febrero de 1903, semanas antes de morir. Para Cécile Michaud, directora de Maestría de historia del Arte de la PUCP, se trata de una cita clave en la cual el artista abraza y reconstruye esa identidad mítica vinculada a su infancia en Lima. Un recurso provocador frente a los burgueses de su tiempo y los miembros de la Academia francesa.

Sin embargo, sus años limeños son una experiencia pasada por alto por los historiadores de arte europeos. La razón, según Michaud, resulta “geográfica”. Si bien se ha tomado en cuenta la influencia del arte prehispánico en su obra, dedicándole una bibliografía extensa sobre el tema, no hay investigaciones sobre la conexión con la ciudad y la casa donde vivió. “Es como si, desde Europa, no se hubieran interesado en cruzar el Atlántico para ir a ver qué pasó”, lamenta.

Paul Gauguin fue la síntesis vanguardista entre la modernidad europea y las estéticas no occidentales. Arriba, su obra maestra: “De dónde somos...”, pintado entre 1897 y 1898 en Tahití. (Foto: GABRIEL BOUYS / AFP)
Paul Gauguin fue la síntesis vanguardista entre la modernidad europea y las estéticas no occidentales. Arriba, su obra maestra: “De dónde somos...”, pintado entre 1897 y 1898 en Tahití. (Foto: GABRIEL BOUYS / AFP) / GABRIEL BOUYS

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