En Urubamba, entre los paisajes del Valle Sagrado de los Incas, una tradición familiar llegada desde Nápoles toma forma en un horno de ladrillos refractarios. Thierry Ferrari, francés de ascendencia italiana, pertenece a la cuarta generación de pizzeros de su familia. Hoy, junto a su esposa, Melody Villegas, desarrolla Forno Napoli, un proyecto gastronómico que busca preservar las técnicas heredadas sin dejar de explorar los sabores del Cusco.
La historia comenzó lejos de los fogones de Urubamba. Thierry viajaba por Estados Unidos y Canadá cuando llegó al Perú y conoció a Melody en Cusco. Después de conversar durante meses, ambos acordaron encontrarse en la Plaza de Armas de la ciudad. Ella trabajaba en una agencia de turismo y él recorría el mundo. El encuentro cambió sus planes: se enamoraron, formaron una familia y decidieron construir un proyecto en común.
Forno Napoli: una herencia napolitana
Para Thierry, hacer pizza no es un oficio aprendido de manera improvisada. Su bisabuelo y su abuelo trabajaron como pizzeros en Nápoles, ciudad donde la pizza forma parte de una tradición gastronómica centenaria. La historia familiar continuó en París, adonde emigró su abuelo por una oportunidad laboral. Thierry nació en Francia, pero creció vinculado a una cultura culinaria que ahora lleva consigo en el Valle Sagrado.
Esa herencia se expresa, sobre todo, en la masa. En Forno Napoli, la fermentación se prolonga entre 30 y 48 horas, un proceso que contribuye a desarrollar su textura y sabor. El resultado busca acercarse al estilo napolitano: una base ligera, bordes elevados y una cocción intensa que deja marcas características en la superficie.
La carta recoge preparaciones tradicionales como la margarita y la diabola, además de alternativas vegetarianas. La intención es mantener una identidad reconocible, sin convertir la propuesta en una reproducción rígida de las recetas europeas.
Un horno hecho a mano
Conseguir en Urubamba un horno adecuado para este tipo de pizza no era sencillo. Thierry decidió construirlo él mismo y recurrió a ladrillos refractarios, capaces de soportar temperaturas elevadas y conservar el calor necesario para una cocción rápida. La pizza se prepara a más de 450 grados, una exigencia técnica que forma parte de la búsqueda de autenticidad del restaurante.
El horno también resume el espíritu del emprendimiento: adaptar los recursos disponibles para sostener un método de trabajo aprendido a través de generaciones. No se trata únicamente de ofrecer un plato, sino de cuidar cada etapa de su elaboración, desde la fermentación de la masa hasta el momento en que sale del fuego.
El proyecto tomó tiempo. Durante aproximadamente un año y medio, la pareja invirtió en la remodelación de una casa de la familia de Melody. El inmueble necesitaba una transformación completa: no tenía techo ni pisos terminados. La restauración dio paso al restaurante y, más recientemente, a un pequeño hospedaje con habitaciones matrimoniales y opciones compartidas.
Sabores del Valle Sagrado
La tradición napolitana encuentra en Urubamba nuevos ingredientes. Melody explica que ambos buscan incorporar productos de la zona sin alterar la esencia de la pizza. Una de las expresiones de esa búsqueda es la preparación con trucha, que conecta la cocina italiana con los sabores del Valle Sagrado.
La carta también cambia con frecuencia. Cada mes, Thierry propone una pizza especial, resultado de pruebas en las que combina ingredientes y evalúa sus posibilidades. Entre las creaciones recientes figuran una preparación con carne molida, condimentos, cebolla y aceitunas, y otra con queso, champiñones, trufa y parmesano.
La exploración no termina en la pizza. Thierry también planea elaborar sus propios jamones, cocidos y curados, además de embutidos. Para ello, se encuentra en proceso de adquirir las máquinas necesarias. Su objetivo es ampliar progresivamente el trabajo artesanal y controlar más etapas de la producción.
Un proyecto compartido
Detrás de Forno Napoli hay también una historia de adaptación. Thierry llegó al Perú sin un trabajo definido y encontró en su relación con Melody una razón para establecerse. Ella, natural de Urubamba, aportó el vínculo con el lugar y la posibilidad de convertir una casa familiar en un negocio. Juntos asumieron la remodelación, la apertura del restaurante y el desarrollo del hospedaje.
El emprendimiento reúne dos trayectorias distintas: la de una familia que ha transmitido el oficio de pizzaiolo durante cuatro generaciones y la de una pareja que decidió apostar por una nueva vida en el Cusco. En esa combinación, la cocina se convierte en un punto de encuentro entre la memoria italiana y el territorio peruano.
En Urubamba, la apuesta de Thierry y Melody consiste en mantener viva una tradición sin dejar de hacerla propia. Cada masa que fermenta, cada pizza que entra al horno y cada nuevo ingrediente que se incorpora a la carta forman parte de esa búsqueda: llevar un pedazo de Nápoles al Valle Sagrado, con el sabor de un lugar que ya sienten suyo.
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