Adaptar la poesía de Blanca Varela al teatro parece, a simple vista, una empresa abismal. Su palabra es dura, encerrada, sin concesiones ni progresiones lineales. Sin embargo, en “Blanca, ponte un alma” (puesta en escena presentada en el Británico Cultural), el director K’intu Galiano y la actriz Alejandra Guerra asumen el desafío de convertir esos versos en cuerpo, acción, espacio y respiración.

Ambos, tanto el director como su actriz, reflexionan sobre el proceso de bordear la figura de la poeta sin erigir una estatua de bronce a su alrededor, el rigor que implica memorizar un lenguaje no convencional, la brecha entre las nuevas generaciones de intérpretes y la literatura, y el valor espiritual del arte en un mundo dominado por el pragmatismo y la competencia.

Blanca Varela (1926-2009) es una de las grandes poetas de la literatura peruana. (Jorge Sarmiento/Archivo El Comercio)
Blanca Varela (1926-2009) es una de las grandes poetas de la literatura peruana. (Jorge Sarmiento/Archivo El Comercio) / JORGE SARMIENTO

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