El 72% de las Empresas B consultadas en Perú reportó un aumento de sus ventas durante los últimos tres años. Además, el 89% considera que la certificación le otorga una ventaja competitiva en su sector, según un estudio de Sistema B Perú y la Universidad Continental que recoge la percepción de compañías que incorporan criterios sociales y ambientales en su gestión.
Los resultados reflejan cómo la sostenibilidad empresarial gana espacio en las estrategias de negocio. Nueve de cada diez empresas participantes afirmaron haber registrado mejoras en algún aspecto de sus operaciones desde que obtuvieron la certificación. Sin embargo, el estudio no establece que el sello sea la causa directa del crecimiento comercial.
Empresas B: ventaja competitiva
La certificación de Empresa B reconoce a compañías que buscan integrar objetivos económicos con compromisos sociales y ambientales. En ese contexto, los resultados del estudio apuntan a una percepción favorable entre las organizaciones consultadas sobre el papel de la sostenibilidad en su desempeño y posicionamiento comercial.
El 89% de las empresas participantes considera que contar con esta certificación representa una ventaja frente a sus competidores. La cifra muestra que estas compañías identifican en sus compromisos de impacto una oportunidad para diferenciarse en el mercado.
No obstante, los resultados corresponden a las percepciones de las empresas incluidas en la consulta. Sin información adicional sobre la metodología, el tamaño de la muestra y la evolución de sus ingresos, no es posible extrapolar los porcentajes a todo el sector empresarial peruano.
Negocio con propósito
Tres compañías peruanas de diferentes sectores ilustran cómo estos principios pueden incorporarse a las operaciones: Höseg, dedicada a la venta de prendas de vestir; Menorca, vinculada al desarrollo inmobiliario; y TREN Textil El Amazonas, una empresa con más de 80 años de trayectoria.
En el caso de Höseg, su propuesta comercial está asociada a iniciativas sociales y ambientales. Por cada producto vendido, la marca siembra un árbol en los Andes y destina parte de sus ventas a la confección de casacas para niños de comunidades altoandinas.
Su fundador y CEO, Juanca Sznak, sostiene que la certificación permitió establecer una estructura de trabajo, fijar objetivos y mantener la coherencia entre el crecimiento comercial y el propósito social de la compañía.
La experiencia muestra una forma de vincular las ventas con compromisos de impacto. Sin embargo, la información proporcionada no detalla qué proporción de sus ingresos proviene de estas iniciativas ni cuánto han contribuido específicamente a su desempeño comercial.
Ciudades sostenibles
En el sector inmobiliario, Menorca incorpora servicios básicos, áreas verdes y espacios recreativos en sus proyectos urbanos formales. La empresa reporta que, desde el inicio de sus operaciones, ha beneficiado a más de 22.000 familias, generado 2,5 millones de metros cuadrados de áreas verdes y plantado más de 37.000 árboles.
Certificada como Empresa B desde 2023, la compañía señala que integra criterios sociales, ambientales y de gobernanza en la gestión de sus proyectos. Su propuesta busca vincular el desarrollo inmobiliario con el bienestar de las personas y el entorno.
Estas cifras corresponden a los resultados reportados por la propia empresa y permiten dimensionar el alcance que atribuye a sus iniciativas. Su impacto efectivo, no obstante, requiere considerar también aspectos como el mantenimiento de las áreas verdes, la calidad de los espacios y los beneficios para las comunidades.
Medir el impacto
TREN Textil El Amazonas representa otro caso de incorporación progresiva de criterios de sostenibilidad. Con más de ocho décadas de historia, la empresa inició en 2018 un proceso para integrar estos principios en su modelo de negocio. En 2021 se convirtió en Sociedad de Beneficio e Interés Colectivo (BIC) y en 2023 obtuvo la Certificación de Empresa B.
Como parte de ese proceso, incorporó la medición de su impacto social y ambiental para disponer de información que ayude a orientar sus decisiones empresariales. La medición busca que los compromisos asumidos se reflejen en la gestión cotidiana y no queden limitados a una declaración institucional.
Para Mariale Soto, directora ejecutiva de Sistema B Perú, la certificación implica revisar de manera permanente las decisiones del negocio y su efecto sobre las personas y el planeta.
“Ser Empresa B no significa solamente cumplir con una evaluación o tener un reconocimiento. Significa preguntarnos constantemente cómo nuestras decisiones pueden generar más valor para el negocio, las personas y el planeta”, señala.
Los resultados de la consulta muestran una percepción favorable sobre la relación entre sostenibilidad y competitividad entre las Empresas B participantes. El desafío está en determinar, con indicadores verificables y comparaciones a lo largo del tiempo, cuánto de esa apuesta se traduce en crecimiento económico y cuánto contribuye a generar beneficios sociales y ambientales duraderos.
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